La reunión del jefe del Comando Sur de Estados Unidos con altos mandos militares cubanos en el perímetro de la Base Naval de Guantánamo no debe verse como un simple gesto protocolar. En política internacional, y mucho más en situaciones de máxima tensión, los movimientos … militares raras veces son inocentes.
Cuando un jefe militar estadounidense de ese nivel se presenta en una de las fronteras más sensibles del hemisferio, inspecciona la seguridad de la base, revisa la protección del personal y conversa con mandos del régimen cubano, es legítimo preguntarse qué está ocurriendo realmente.
La versión pública habla de seguridad operativa, protección del perímetro y canales de comunicación. Pero en el contexto actual, esa explicación parece insuficiente. Estados Unidos ha intensificado la presión contra el régimen cubano; se han producido sanciones contra figuras políticas, militares y de inteligencia; Washington ha declarado que Cuba representa un serio problema de seguridad regional; y el caso de Raúl Castro, señalado por el asesinato de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, ha colocado a la cúpula histórica del castrismo ante un escenario judicial y político de enorme gravedad.
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ENTREVISTA
Susana Gaviña
Una lectura posible es que Washington no solo esté hablando de seguridad fronteriza. Puede estar observando el terreno, calculando riesgos, estudiando el comportamiento de las Fuerzas Armadas cubanas y evaluando hasta qué punto determinados altos mandos estarían dispuestos a evitar un choque inútil cuando llegue la hora de ejecutar decisiones ya tomadas en el plano judicial, político o estratégico.
El precedente venezolano
No se trata necesariamente de una invasión clásica ni de una guerra abierta. El precedente venezolano ha demostrado que Estados Unidos puede optar por operaciones quirúrgicas, de precisión, destinadas a capturar o neutralizar a figuras acusadas de graves crímenes, reduciendo al máximo el costo humano, el caos interno y el daño colateral. Si ese es el modelo que Washington estudia para Cuba, Guantánamo ocupa un lugar central: es territorio bajo control militar estadounidense, situado dentro de la isla, con infraestructura, comunicaciones, defensa propia y una larga historia de tensión con el régimen comunista.
La Base Naval de Guantánamo nació de los acuerdos firmados entre Cuba y Estados Unidos a comienzos del siglo XX, después de la guerra hispano-cubano-estadounidense. En 1903 se estableció el arrendamiento de áreas en la bahía de Guantánamo para estación naval y carbonera. El Tratado de Relaciones de 1934 mantuvo ese arreglo: Cuba conservaba la soberanía última, pero Estados Unidos mantenía control y jurisdicción sobre el área arrendada mientras no hubiera acuerdo mutuo para terminarlo o abandono estadounidense de la base.
El general Francis L. Donovan (i), durante una inspección este viernes, en la Estación Naval estadounidense en la bahía de Guantanamo (Cuba).
(EFE)
Antes de 1959, la relación entre la base y Cuba era muy distinta. Existían tensiones nacionalistas, porque parte de la población cubana veía aquel enclave como una herida a la soberanía nacional. Pero en la práctica cotidiana no había una frontera de guerra entre el Estado cubano y la base estadounidense. Había intercambio, trabajo, comercio y una relación relativamente normal entre la instalación militar estadounidense y la población de Guantánamo, Caimanera y Boquerón. Miles de cubanos trabajaban allí como obreros, mecánicos, cocineros, constructores, choferes, empleados de mantenimiento y personal de servicio. La base formaba parte de la economía local.
Tampoco existía, antes de 1959, la militarización hostil que luego desarrolló el castrismo. Había cercas, controles y presencia militar, como corresponde a una instalación naval, pero no una frontera ideológica, cerrada, minada y convertida en símbolo de confrontación permanente. Esa realidad cambió radicalmente con la llegada de Fidel Castro al poder. El régimen comunista transformó Guantánamo en un instrumento propagandístico contra Estados Unidos y en una línea de choque militar, política y simbólica.
A partir de los años sesenta, el perímetro de la base se convirtió en una de las fronteras más tensas de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. Durante la Crisis de los Misiles de 1962, Guantánamo estuvo en máxima alerta. Las familias del personal estadounidense fueron evacuadas y la base se preparó para un posible ataque. En 1964, Fidel Castro ordenó cortar el suministro de agua a la base, obligando a Estados Unidos a buscar soluciones de emergencia y a desarrollar mayor autosuficiencia.
A partir de los años sesenta, el perímetro de la base se convirtió en una de las fronteras más tensas de la Guerra Fría en el hemisferio occidental
También se produjeron incidentes armados, penetraciones denunciadas, disparos, heridos y muertos. Documentos estadounidenses registran episodios en los que militares cubanos fueron detectados dentro o cerca del perímetro y se produjeron intercambios de fuego. La propaganda cubana, por su parte, ha denunciado durante años la muerte y heridas de guardias fronterizos cubanos por disparos procedentes de la base. Como ocurre en toda frontera militarizada, las versiones de ambos lados no siempre coinciden, pero el hecho central es indiscutible: después de 1959, Guantánamo dejó de ser un punto de convivencia práctica y se convirtió en una frontera de confrontación.
Otro elemento dramático fue el campo minado. Durante la Guerra Fría, decenas de miles de minas fueron colocadas alrededor del perímetro de la base. Ese cinturón de muerte no solo simbolizaba la desconfianza entre Estados Unidos y el régimen cubano; también tuvo consecuencias humanas. Cubanos que intentaban escapar, quedaron expuestos a un peligro mortal. Guantánamo fue al mismo tiempo refugio, frontera y trampa.
La crisis de los balseros
Para miles de cubanos, sin embargo, la base también representó una posibilidad de escape. Durante años, muchos vieron en aquel territorio controlado por Estados Unidos una puerta desesperada hacia la libertad. La expresión más grande de esa realidad ocurrió durante la crisis de los balseros de 1994. Decenas de miles de cubanos huyeron por mar de la opresión, la miseria y la falta de futuro impuestas por el régimen. Muchos fueron llevados a campamentos temporales en Guantánamo, donde vivieron durante meses en tiendas, alambradas e incertidumbre, esperando una solución migratoria. Aquellos campamentos demostraron hasta qué punto la base no era solo una instalación militar, sino también un escenario del drama humano cubano.
Hoy, más de un siglo después de su creación, la base de Guantánamo vuelve a ocupar el centro de la tensión histórica entre Cuba y Estados Unidos. La diferencia es que ahora el régimen cubano está más débil que nunca: quebrado económicamente, desprestigiado internacionalmente, sin legitimidad interna, con una población exhausta y con una cúpula envejecida que ya no puede engañar a nadie.
Ahora el régimen está más débil que nunca: quebrado económicamente, desprestigiado internacionalmente, sin legitimidad interna, con una población exhausta y con una cúpula envejecida
Por eso la reunión entre mandos estadounidenses y cubanos en el perímetro de Guantánamo debe interpretarse con seriedad. Estados Unidos puede estar colocando cada pieza en su sitio: revisando la seguridad de la base, estudiando la postura de las Fuerzas Armadas cubanas, midiendo la posibilidad de cooperación o neutralidad de altos mandos y preparando un escenario en el que cualquier operación futura sea rápida, precisa, efectiva y lo menos traumática posible para el pueblo cubano.
Cerrar un círculo
Raúl Castro y la cúpula histórica del castrismo saben que el tiempo juega en su contra. El caso de los pilotos de Hermanos al Rescate no es una simple disputa política: se trata del derribo de aeronaves civiles y de la muerte de cuatro hombres. Si la justicia estadounidense avanza hasta sus últimas consecuencias, el régimen tendrá que decidir si protege a una figura que pertenece al pasado o si evita arrastrar a toda Cuba a una crisis mayor.
eL general Francis L. Donovan, durante una inspección este viernes, en la Estación Naval estadounidense en la bahía de Guantanamo.
(EFE)
Guantánamo fue primero una base naval pactada en medio de una relación desigual; luego fue una fuente de empleo y convivencia práctica; más tarde se convirtió en frontera de la Guerra Fría, campo minado, escenario de disparos, migraciones y tensiones. Ahora podría estar convirtiéndose en el punto desde el cual Estados Unidos observa, calcula y prepara el desenlace de una dictadura que ha oprimido a Cuba durante 67 años.
La historia parece cerrar un círculo. El mismo lugar que durante décadas el castrismo usó como símbolo de propaganda antiestadounidense puede terminar siendo el espacio desde el cual se garantice que el final de la tiranía sea más preciso, más ordenado y menos caótico. Guantánamo no es solo una base militar. Es una frontera histórica. Y en esa frontera puede estar empezando a escribirse el último capítulo del poder castrocomunista.