Siria doblega a los kurdos, que controlaban una cuarta parte del país
Donald Trump se fía del nuevo presidente de Siria, Ahmed al Sharaa, de 43 años, un ex líder rebelde yihadista –conocido por su nombre de guerra, Al Golani– por el que en su día Estados Unidos ofrecía una sustanciosa recompensa. Así interpretan … muchos analistas el anuncio de Damasco de que ha alcanzado una tregua y acuerdo de paz con los rebeldes kurdos, después de dos semanas de choques armados en la provincia de Alepo, en los que la intervención o las protestas de la Casa Blanca brillaron por su ausencia.
El acuerdo de paz, anunciado en la capital siria por el presidente Al Sharaa y el enviado norteamericano a la zona (y en el que no estuvo presente el líder de los kurdo-sirios, «debido a que no pudo viajar por el mal tiempo») devuelve a Damasco el control de tres provincias del este y norte de Siria: al-Hasakah, Deir Ezzor and Raqqa, por primera vez en décadas. En esa región se instaló en su día el primer ‘califato mundial’ de Estado Islámico, antes de que fuera desplazado por las fuerzas norteamericanas y sus aliados kurdo-sirios, que así aumentaron su porción de territorio.
Damasco recupera con este acuerdo una cuarta parte de su territorio, que controlaban los kurdos. A cambio, y según consta en el pacto de 14 puntos dado a conocer, el nuevo régimen presidencialista sirio se compromete a «respetar los derechos lingüísticos y culturales kurdos», una etnia no árabe con sus propìa idiosincrasia que habita sobre todo en Siria, Turquía e Irak. El movimiento político-militar kurdo de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), que ha perdido la batalla, se compromete por su parte a retirarse de sus actuales emplazamientos e incluso a «integrarse en el nuevo Ejército sirio», que Al Sharaa está tratando de poner en marcha desde la caída de Bashar al Assad el pasado mes de diciembre.
El representante de Donald Trump para Siria, Tom Barrack, alabó el acuerdo de paz y dijo, según informa la ‘BBC’, que «es un paso más hacia una Siria unificada».
Quien mostró mucho entusiasmo, más incluso que los propios sirios del presidente Al Sharaa, fueron las autoridades turcas. Según informa Reuters, calificaron de «hito histórico» el acuerdo de los árabes de Damasco con los kurdos. Desde la llegada de los islamistas de Al Sharaa al poder, el régimen turco de Erdogan ha cerrado un estrecho pacto de hermandad con Siria dirigido a facilitar la reconstrucción del país después de la guerra civil; a cambio, eso sí, del control militar, en particular de su minoría kurda. Turquía es el país más preocupado por el nacionalismo kurdo y por sus intenciones separatistas porque en su territorio nació y aún opera un movimiento terrorista, de inspiración marxista-leninista, el PKK.
La pérdida del control de un amplio segmento de territorio en Siria reduce el protagonismo político del pueblo kurdo a Irak, donde gozan de un amplio estatus de autonomía, con una suerte de Parlamento, Gobierno y fuerzas de seguridad propias en la región conocida como el Kurdistán iraquí.
Otra cuestión que queda abierta en el acuerdo anunciado por Damasco es el del control de las células islamistas de Estado Islámico que aún siguen operando en el territorio que ceden los kurdo-sirios. En el pasado, la lucha de estos contó con la colaboración de unidades militares norteamericanas de élite, cuyo estatus es objeto de negociación. Los kurdo-sirios también garantizaban hasta hoy la seguridad de varias prisiones donde desde hace años están detenidos miles de yihadistas de Estado Islámico, y que ahora deberán pasar a estar bajo la dirección de Damasco.
El control del Gobierno de Al Sharaa en las regiones que ceden los kurdo-sirios se extiende no solo a las estructuras políticas y administrativas sino también a las económicas. En esas áreas del noreste se hallan los mayores yacimientos de gas y petróleo de Siria.
