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TECNOLOGÍA

Mario Hernández, responsable de tecnología en el Consejo de Europa: «Los líderes de la industria de la IA saben cómo controlarla»

Las advertencias de los grandes laboratorios de inteligencia artificial han llevado al centro del debate una pregunta: ¿quién controla una tecnología cada vez más capaz de actuar por su cuenta? Para Mario Hernández, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid y presidente del Comité Director sobre Tecnologías Digitales Nuevas y Emergentes del Consejo de Europa, la respuesta exige escuchar a más voces que las de las empresas que la desarrollan.En las últimas dos semanas, las alertas han venido acompañadas de casos concretos. Google ha reconocido que Gemini accedió sin permiso a tres empresas reales durante una prueba de ciberseguridad, mientras OpenAI ha documentado comportamientos de sus modelos que se apartaron de las instrucciones durante entrenamientos y evaluaciones. En España, la AEPD ha recibido la primera notificación de una brecha de datos en la que un agente de IA habría ejecutado el ataque. Estas revelaciones han coincidido con las peticiones de ralentizar el desarrollo de los modelos más potentes y la resistencia a perder terreno frente a China: un debate en el que se entremezclan seguridad, intereses empresariales y competición entre países.En este contexto mediáticamente caótico, Hernández defiende que ya existen herramientas para encauzar la IA, reclama información comprensible sobre sus riesgos y cuestiona la idea de que regular sea un lastre para Europa. También pide ampliar la mirada: además de los chatbots que utilizamos a diario, hay sistemas menos visibles cuyas decisiones pueden afectar a nuestros derechos.Los grandes laboratorios de IA reconocen dificultades para controlar sus propios modelos y agentes. ¿Qué garantías deberíamos exigir antes de permitir que estos sistemas manejen datos, dinero o servicios de forma autónoma?Las últimas revelaciones de Dario Amodei, Sam Altman o Elon Musk… no es la primera vez que ocurren, ya se ha demandado anteriormente una pausa en el desarrollo de los modelos frontera. Cada seis meses suele pasar. ¿Por qué sucede esto? No conocemos realmente las verdaderas razones tecnológicas –entendemos, por supuesto, que estos modelos suponen problemas muy serios, ya los hemos experimentado–, pero creo que lo que se tiene que tener en cuenta, y desde hace mucho tiempo hemos trabajado en ello, es que ya existen medidas tecnológicas, sociotécnicas y jurídicas para intentar encauzar el desarrollo de la inteligencia artificial. No para pararlo, sino para encauzarlo y establecer ciertas exigencias y requisitos que respondan a una gobernanza que sea confiable.¿Tiene sentido el alarmismo repentino de los líderes de la industria de la IA?Es un poco paradójico escuchar que los responsables del desarrollo se quejen o se alarmen de que sus propios desarrollos se les escapan de las manos. Estoy convencido de que ellos son los primeros que saben cómo controlarla. Es verdad que es una tecnología que puede tomar decisiones autónomas y que está en su ADN, como tecnología de redes neuronales, el no saber por qué y cómo se toman esas decisiones. Pero también es cierto que se puede controlar o que si los propios desarrolladores creen que esto va demasiado deprisa pueden parar.¿Y por qué no se frena?Aquí la cuestión es que estamos centrándonos en el mundo privado, y el mundo privado compite. El problema es que, si uno no para, los demás no van a parar. Y luego está la geoestrategia: si un país para, otros países no van a parar. Por eso Amodei, en su carta, reclama que haya algún tipo de acuerdo y de entendimiento global. Naciones Unidas ya está trabajando en ello, pero no hay un acuerdo global. Donde yo trabajo, en el Consejo de Europa, en el Comité de Inteligencia Artificial y ahora en el Comité Directivo de Nuevas y Emergentes Tecnologías Digitales, estamos implicados 70 países, todos los países del G7 y la gran mayoría de los países de la órbita occidental. Nos reunimos periódicamente y trabajamos en cómo establecer determinados requisitos y procedimientos que creemos que deben tenerse en cuenta no solo en el desarrollo, sino también en la aplicación y la implementación de sistemas de inteligencia artificial.¿De qué manera se ha avanzado ya en este comité?Ya hemos elaborado un tratado internacional, el primer tratado internacional en materia de inteligencia artificial, derechos humanos, democracia y Estado de derecho. Lo acabamos en 2024, salió a firma y lo han firmado ya 21 países, incluida la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Japón, Israel y Reino Unido. Además, la UE lo ha ratificado recientemente, en mayo de 2026. Faltan cuatro ratificaciones para que entre en vigor. Ya teníamos un tratado internacional con acuerdos lo suficientemente generales para poner de acuerdo a países tan diferentes. Tenemos países de Latinoamérica, de Asia, de América del Norte y de Europa. Ahora mismo estamos trabajando en una metodología de evaluación de impacto: cómo evaluar los sistemas de inteligencia artificial antes de que se implementen –también cuando se implementan, pero sobre todo antes–.Es decir, no se trata de un foro exclusivamente europeo. ¿Son acciones ajenas a los líderes de la industria de la IA?A mí me llama la atención muchas veces que gente tan importante y tan informada no esté al tanto de estas iniciativas. Es verdad que, cuando se habla de Europa, se habla de la Unión Europea, porque tiene mucha más potencia y capacidad política. Pero hay otros foros, y este es un foro en el que llevamos trabajando muchos años. No es exclusivamente europeo, no es eurocentrista, sino que adopta posturas más generales en las que podamos estar de acuerdo. Desde el punto de vista jurídico no adoptamos categorías jurídicas europeas, pero sí categorías democráticas y de Estado de derecho que compartimos con otros países diferentes. Al final compartimos la preocupación de que la tecnología gobierne al ser humano e intentamos que sea al revés: establecer garantías para que sea el ser humano el que siempre esté al control de la tecnología. Creo que, si estuviéramos un poco más al tanto de todas estas iniciativas, no solamente europeas, también de otros países que ya existen, se podrían poner en marcha. De hecho, la carta de Amodei muchas veces habla de eso: «¿Por qué no intentamos llegar a un acuerdo?». Ya está.¿Ya está?Bueno, no es tan fácil, verdaderamente, porque una cosa es la teoría y otra la práctica, pero hemos trabajado y hemos llegado a ciertos acuerdos. Muchas de las cosas que ponía Dario Amodei en su carta, por ejemplo, que haya terceros observadores independientes que evalúen, están en el convenio marco. En nuestra evaluación metodológica también están y en el reglamento de la Unión Europea también. No inventan la rueda: lo que ellos prevén que debería adoptarse ya lo hemos previsto personas que llevamos años trabajando en eso.Habla usted de un tratado internacional de 2024, sin embargo, la inteligencia artificial avanza tan rápido que un acuerdo de hace dos años puede parecer ya antiguo. ¿Cómo se evita que las normas nazcan desfasadas y acabemos legislando para antes de ayer?En 2024, que es verdad que es casi la Edad de Piedra, lo que intentamos al elaborar este tratado internacional era adoptar un enfoque tecnológicamente neutral, es decir, no centrarnos en algún tipo de expresión tecnológica. Si te das cuenta, unos años antes habían salido los transformers y ChatGPT, y fue la evolución que, por ejemplo, cambió un poco la estructura del reglamento de la Unión Europea. Tuvieron que incorporar algunas menciones a estos modelos de interés generalista y eso modificó un poquito la estructura del reglamento. En nuestro caso no fue así porque nuestro enfoque era mucho más neutral. Nos centrábamos en unas características de la inteligencia artificial que pueden aplicarse tanto a aquellos transformers como ahora a la inteligencia agéntica y a otros modelos.¿Sigue entonces pudiéndose siendo relevante en la actualidad?Las garantías y los requisitos que se establecen en este convenio marco son tan de principios que, por ahora, toda la tecnología que se ha ido desarrollando encaja en este marco. No es intentar inventar la rueda, es adoptar los ordenamientos jurídicos actuales y las burocracias actuales para que puedan albergar los retos de esta inteligencia artificial. Y los retos no son tecnológicos, siguen siendo sociotecnológicos y sociojurídicos: que no se vulnere la privacidad, que no se vulnere la libertad de expresión, que no se vulneren las garantías democráticas. El enfoque que adoptamos –y es una ventaja del Consejo de Europa, que solo se centra en derechos humanos, Estado de derecho y democracia, no en tecnología– es intentar preservar esos objetivos, y no desde un punto de vista tecnológico concreto. Eso es uno de los valores añadidos de este tratado y de esta metodología que utilizamos en el Consejo de Europa.En esos acuerdos participan países con intereses y posiciones muy diferentes, por ejemplo en Europa tal vez se apuesta más por ser conservadores mientras Trump rechaza frenar el desarrollo de la IA. ¿Hasta dónde debería llegar la potestad de un país o de un bloque como la Unión Europea para detener una tecnología privada? ¿Quién debería tener la última palabra sobre si un sistema está listo para utilizarse?Voy un poquito antes de esa pregunta. Cuando estamos debatiendo si la tecnología es lo suficientemente agresiva, si nos va a matar a todos y entonces hay que pararla, los principales actores de todo ese debate son empresas privadas. Me gustaría que en la conversación también se diera voz a otras personas que no tuvieran intereses económicos en estos problemas. Anthropic va a salir a bolsa a finales de 2026. OpenAI también quería salir a bolsa para captar ampliaciones de capital. No quiero decir que haya agendas concretas en materia económica, pero creo que estos debates, que conciernen a tantas personas y que son tan horizontales, no deberían restringirse a personas que tienen intereses económicos en cómo se desarrolla la tecnología.¿Y quién debería tener voz en esto?Debería ampliarse mucho el debate a otro tipo de expertos y a la sociedad, por supuesto. Al final hablamos de una tecnología que ofrece avances absolutamente innegables y muy beneficiosos para la sociedad, pero que en algunos aspectos concretos va a exigir ceder otros beneficios de los que también disfrutamos: privacidad, protección de datos, cómo entendemos el uso de la tecnología en democracia… Decidir sobre eso no debería corresponder a unas pocas personas o países. Debería existir una conversación más global y, además, cada país también tiene que fomentar ese diálogo: qué tipo de sociedad queremos tener cuando la tecnología puede influir mucho tanto en los beneficios como en los perjuicios. Y tomar decisiones. Ese debate no se está teniendo.¿Por qué no?En el Consejo de Europa somos representantes de gobiernos. Hay 70 gobiernos implicados, más 64 ONG. Tenemos bastantes voces de la academia, de la tecnología y de organizaciones internacionales con las que hablamos de esto. Sí existen foros en los que se está hablando y hay que darles voz. Porque parece que los únicos mensajes que llegan a la opinión pública son los apocalípticos: la inteligencia artificial nos va a matar, va a dominarnos, etcétera. Lo cual es cierto, no hay que negar los riesgos que tiene esta tecnología, porque los tiene. Pero, si nos quedamos en eso, vamos a darles la posibilidad a los que pueden frenar esa tecnología de decidir cómo se desarrolla y cómo se frena.Ha mencionado usted los riesgos. Muchas personas hablan con un chatbot como si fuera un espacio privado y se sorprenden al descubrir que sus conversaciones pueden utilizarse para entrenarlo. ¿Cómo hacemos que sean conscientes de lo que están compartiendo? ¿Y por qué debe ser el usuario quien se oponga a ese uso, en lugar de que la empresa le pida permiso expresamente?Creo que las dos preguntas están muy anudadas y hacen referencia a lo mismo. De forma general, ¿quién se lee los términos, por ejemplo, de las cookies? Y, por otra parte, los términos se expresan de una manera para desincentivar la lectura. Cuando compras un medicamento el prospecto no dice cuál es la formulación química, porque no la entiendes. Expresa de una manera entendible lo que puede pasar si tomas demasiada medicina, si la tomas mal o si tienes alguna contraindicación. Eso es lo que estamos demandando con nuestros acuerdos: la entendibilidad de los modelos. Es un poquito más complejo, pero ya hay muchas empresas de auditabilidad algorítmica que te dicen: «Lo que queremos es hacer algo así como un prospecto para que sea entendible el uso de la inteligencia artificial». Hay países que lo exigen. En Europa se exige. Por otro lado, la gente ya empieza a darse cuenta de que la inteligencia artificial no es gratuita, de que todo lo digital no es gratuito. Empieza a ser consciente de la privacidad que se cede. Pero eso solo sucede cuando ya ha habido problemas.Como académico, ¿trabaja en esta sensibilización?Es aburrido decir: «No utilices inteligencia artificial o ChatGPT porque todo lo que estás vertiendo va a ser o puede ser utilizado, porque es una empresa americana y la protección de datos en esa empresa no es lo mismo». Pero podemos ser muy pedagógicos. Es lo que les digo, por ejemplo, a algunos familiares: «¿Tú le darías una foto de tu hijo a un desconocido por la calle?». Y dicen: «Por supuesto que no». Pues es lo que estás haciendo cuando subes una fotografía a una red social. Incluso peor, porque se queda en un servidor y no sabes muy bien cuál es el régimen jurídico de ese servidor que está en otro país, que seguro no es tan garantista como el europeo, que es el más garantista. Ese tipo de conversaciones y de enseñanza tiene que estar ahí, no solamente para la gente joven, que lo acaba sabiendo, sino para toda la gente. Si no está, estamos fallando en algo.¿Los usuarios también tienen que tener una actitud proactiva, informarse?Es una responsabilidad compartida. Como el reto es tan horizontal y transversal, las responsabilidades tienen que ir en muchos ámbitos. Creo que todos sabemos que subir una fotografía a un chat o decir cualquier tipo de intimidad no es una conducta que proteja nuestra privacidad. A veces hacemos caso omiso a las garantías que nos plantean las instituciones. Y nosotros tenemos también parte de responsabilidad de lo que nos pasa.Entre toda esta vorágine alarmista de los líderes tecnológicos, la Agencia Española de Protección de Datos ha notificado un primer ataque hecho por un agente de IA. ¿A la gente le importa que le ‘hackee’ una máquina en lugar de una persona? ¿O, al igual que aceptamos las cookies, aceptamos que una máquina nos puede robar los datos?Ya estamos en Black Mirror [ríe]. Estamos empezando a ser conscientes de los verdaderos problemas a los que nos enfrentamos y no hemos visto casi nada de lo que puede llegar a pasar. Por eso estamos a tiempo todavía de establecer estos marcos de gobernanza responsable en las sociedades democráticas. Me gusta también hablar de que la mayoría del debate se va hacia los grandes modelos de lenguaje, los LLM y los chatbots. Pero hay muchos sistemas de inteligencia artificial que no conocemos, que se emplean en el ejército, en las fuerzas de seguridad o en la seguridad nacional. Esos están más escondidos y creo que también deberían salir a la palestra y ser escrutados por la opinión pública. Al final, a mí me da igual que me vulnere un derecho fundamental una máquina o una persona. Es verdad que a las máquinas se les puede escapar el control. Ese es el peligro: la capacidad de tomar decisiones de manera autónoma y de adaptarse a un entorno. Ese es el verdadero problema de estos sistemas. Precisamente por eso tenemos que tener estos principios que intenten orientar y prever cuáles pueden ser los problemas. Y hacer planes de mitigación, e incluso de prohibición llegado el caso.Si nos ocurre algo así, una brecha perpetrada por una máquina, ¿qué protección tenemos hoy en España? ¿Quién responde por los daños y a dónde pueden acudir las personas afectadas?En España hay muchas instituciones. Parece que siempre nos hacemos de menos, pero España es un país que se ha tomado esto muy en serio y el Gobierno tiene bastantes iniciativas. Tenemos el INCIBE, la Agencia Española de Protección de Datos, la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial. Tenemos varios mecanismos a los que podemos acudir. La gente no los conoce y eso es un problema. Ya tenemos un marco administrativo y gubernamental al que podemos acudir los ciudadanos. Existe. Lo que se desconoce es esa existencia y cómo acceder a él.España aparece entre los países con mayor uso de IA generativa. ¿Estamos aprendiendo a utilizarla con criterio o la estamos incorporando más deprisa de lo que entendemos sus riesgos?Vamos poco a poco aprendiendo y siendo conscientes. ¿Cuánto tiempo llevamos con inteligencia artificial? Llevamos muy poquito tiempo. Queremos que esto sea absolutamente idílico desde el primer momento. A veces lleva tiempo tomar conciencia de los riesgos y de la trascendencia de utilizar la tecnología de ciertas maneras.En el caso de los menores, ¿qué debería demostrar un sistema de IA para que una familia pudiera confiar en que su hijo lo utilice?Conocerla. Te pongo un ejemplo un poco simplificado, con una medicación. El niño puede tomar algún tipo de medicación. Si sabes que tiene unas contraindicaciones muy fuertes, la vas a poner muy lejos de su alcance. Por eso tienes que saber cuáles son las contraindicaciones de esa medicación. Tienes que conocer y saber cuáles son los riesgos de ese medicamento. Lo mismo podríamos hablar de un sistema de inteligencia artificial: ¿qué riesgos tiene?, ¿cómo funciona?, ¿qué puede implicar o cómo puede impactar en la vida de mi hijo? En función de eso, confío o no confío. En un chatbot que sé que tiene determinados guardarraíles voy a confiar más. Es cierto que eso no es una garantía, porque ya hemos visto que ciertos modelos son capaces de saltarse los guardarraíles que se pueden establecer. Pero estamos ante modelos configurados de una determinada manera. Lo fundamental es que lo conozcamos. Para eso hay que exigir al fabricante y al proveedor. Creo que eso también pone un poco de responsabilidad en toda la cadena, en todo el ciclo de vida de un sistema de inteligencia artificial: desde que se diseña hasta que se implementa, se desarrolla y llega al consumidor. El consumidor también tiene su propia responsabilidad. Es la última. No hay que poner el foco entero en el consumidor, pero no hay que olvidar su responsabilidad.¿Cree que las advertencias de los grandes empresarios tecnológicos pueden servir para impulsar el trabajo que se lleva años haciendo desde las instituciones?Creo que este tipo de mensajes un poco apocalípticos tienen que ser contestados de alguna manera por las instituciones públicas para contextualizarlos, no para negarlos, porque de verdad existen estos riesgos. Vamos a contextualizar todo lo que se está haciendo y a abordarlo de una manera más general, más omnicomprensiva: los riesgos, las ventajas, los problemas que tenemos que abordar y cómo se tienen que abordar. Es una oportunidad. Todas estas personas tienen el foco mediático y deberíamos ser capaces de meternos en ese foco y ofrecer una alternativa, una contextualización, una fotografía un poquito más real, que responda más a la realidad.¿Y qué sería más urgente poner en marcha en materia de normas y garantías?La cuestión no es una sola medida. Hay muchas medidas que hay que tomar. Los retos tienen mucho calado en muchas áreas. Igual que en otros momentos de avances tecnológicos hemos tenido que actuar en muchísimas dimensiones y desde muchos puntos de vista, esto también exige esa seriedad. Hay que ser conscientes de que los problemas complejos requieren soluciones y respuestas complejas. No hay fórmulas mágicas. Hay que trabajar mucho, hay que entenderse mucho. Hay que afrontar problemas complejos desde foros complejos: educación, responsabilidad, derecho, economía, política… todo ámbito afectado tiene que ofrecer su respuesta y, entre todos, intentar embridar los riesgos que hay.

¿Qué es el 'debilitamiento'? La manera que la IA puede acabar con el ser humano y por qué algunos expertos creen que ya ha empezado

En las últimas semanas, los temores a que una inteligencia artificial (IA) superdesarrollada pueda acabar con la humanidad están más vigentes que nunca, pero lo que no está muy claro es cómo ocurriría.De hecho, y pese a que la opinión pública puede tender a pensara en una guerra nuclear o en un conflicto entre hombres y máquinas al estilo de la película Terminator, los expertos alertan de que esta debacle puede producirse de una manera más sutil. Es lo que llaman «debilitamiento».Se trata de la erosión gradual de nuestro pensamiento crítico, nuestra capacidad de planificación e incluso nuestras habilidades emocionales, a medida que cedemos cada vez más responsabilidad a las máquinas.El doctor Samuele Vinanzi, profesor titular de Robótica e Inteligencia Artificial en la Universidad Sheffield Hallam, cree que este es el verdadero riesgo que la IA supone para el mundo, recoge el Daily Mail.»Con el tiempo, esas pequeñas decisiones podrían dejarnos con una población que tiene dificultades para pensar sin la ayuda de una IA, y que es menos capaz de comprender, verificar y anular los sistemas de los que depende», dice el profesor Vinanzi.Lo peor es que según un creciente número de investigaciones, este preocupante proceso ya ha comenzado.Vinanzi cree que ninguno de los escenarios dramáticos y apocalípticos, como que la IA se haga con el control de las infraestructuras eléctricas o nucleares, es realista. «En mi opinión, tienden a pasar por alto hasta qué punto cualquier acción en el mundo real sigue dependiendo de las personas, los materiales y la infraestructura», dice.En cambio, el doctor Vinanzi sí tema al «debilitamiento», que describe como «la lenta erosión de las capacidades humanas que se produce al delegar cada vez más tareas a las máquinas».»Esto no sucede de la noche a la mañana; más bien, se va acumulando mediante muchas pequeñas decisiones: los psicólogos denominan ‘descarga cognitiva’ al hábito de recurrir a herramientas externas para ahorrar esfuerzo mental», explica.En otras palabras, cuanto más dejamos que un ordenador se encargue de escribir, programar, investigar y tomar decisiones, más natural nos parece ese atajo y más difícil resulta dejar de usarlo.El profesor pone el ejemplo de hace unas semanas, cuando el ejército estadounidense estuvo a punto de abordar un barco con bandera china porque un chatbot de inteligencia artificial generó falsamente un informe afirmando que transportaba piezas para un programa de armas nucleares.»El desastre se evitó únicamente porque alguien se detuvo a hacer preguntas: precisamente el tipo de pensamiento crítico que corremos el riesgo de perder», afirma el doctor Vinanzi.

El consejo de Elon Musk a los jóvenes: «Obtén una educación lo más amplia posible»

La inteligencia artificial está cambiando la forma de trabajar y de relacionarse con la tecnología, pero, según Elon Musk, también debería cambiar la manera en la que los jóvenes se preparan para el futuro. El empresario considera que especializarse demasiado pronto en una única materia puede no ser la mejor estrategia en un escenario dominado cada vez más por sistemas de inteligencia y robots. Su apuesta pasa por todo lo contrario: construir una formación amplia que combine disciplinas muy diferentes. Artes, ingeniería, ciencias y conocimientos generales deberían formar parte de esa base porque, en su opinión, comprende distintos ámbitos que serán fundamentales para saber qué pedir a las máquinas y aprovechar realmente sus capacidades. La recomendaciónde Elon Musk para los jóvenesEl magnate compartió esta reflexión durante una entrevista con CGTN, en la que explicó cómo debería plantearse la educación de niños y jóvenes ante el desarrollo de la inteligencia artificial. «Mi recomendación para la educación sería obtener la educación de base más amplia posible», afirmó Musk. Para él, esa formación no debería quedar restringida a las materias técnicas, sino incorporar conocimientos procedentes de ámbitos muy diferentes. «Eso incluye artes y ciencias, ingeniería, un conocimiento general amplio», señaló. La idea que defiende es que disponer de una visión extensa permite comprender mejor diferentes problemas y, sobre todo, identificar qué información o instrucciones necesita una máquina para ofrecer una respuesta útil. El razonamiento de Musk parte de un escenario en el que buena parte de las tareas que actualmente realizan las personas podrían terminar siendo asumidas por robots y sistemas de inteligencia artificial. En ese contexto, considera que una de las principales capacidades humanas será determinar qué se quiere conseguir y saber transmitirlo correctamente a la tecnología. Para Musk, el conocimiento no solo sirve para acumular información, sino también para formular mejores preguntas. En su opinión, cuanto mayor sea la base de conocimientos de una persona, más posibilidades tendrá de interactuar correctamente con los sistemas de inteligencia artificial. «Para saber qué pedirles a los robots, necesitas ser capaz de formular la pregunta», explicó en la entrevista. El empresario relacionó esta capacidad con la denominada ‘ingeniería de prompts’, una práctica centrada en diseñar instrucciones para conseguir que una herramienta de IA genere el resultado buscado. «Con el conocimiento general más amplio posible, estarás en mejor capacidad de formular las preguntas», añadió. Musk considera que esta capacidad será especialmente relevante a medida que los sistemas tecnológicos sean capaces de ejecutar tareas cada vez más complejas: «Tienes que transmitir cuáles son tus deseos al robot». 

Google Chrome estrena una función para seguir leyendo una web en el punto exacto donde la dejaste

Cambiar del móvil al ordenador para seguir leyendo la página web es algo bastante habitual, pero volver a buscar el punto exacto donde se había dejado puede resultar tedioso. En este sentido, Google Chrome ya cuenta con una función que permite enviar una pestaña al ordenador o viceversa para acceder rápidamente a la misma página web al cambiar de dispositivo, pero ahora acaba de recibir una mejora: podrá recordar dónde estaba el usuario a la hora de cambiar de dispositivo. Básicamente, la idea es que Chrome recuerde el contexto y no obligue a perder tiempo al usuario. Tal y como explican desde The Verge, esto quiere decir que si alguien estaba leyendo un artículo largo, un documento o algún tipo de informe muy extenso, y decide continuar en otro dispositivo, la página se abrirá directamente en el mismo punto en el que la dejó.La novedad también tiene en cuenta los formularios, ya que conserva los campos que ya se habían rellenado, por lo que es posible empezar a complicar uno en el móvil y terminar las dos posiciones en el ordenador sin tener que introducir de nuevo la información, algo que sin duda puede resultar bastante molesto. Esta actualización puede resultar bastante útil para quienes consultan o trabajan con documentos muy extensos y necesitan cambiar de dispositivo durante el proceso. Google también introduce novedades de Gemini en ChromeLa inteligencia artificial ya podía analizar páginas web, documentos y vídeos de Google, pero ahora amplía su capacidad a más contenidos como los podcasts y vídeos de otras plataformas. En la versión de ordenador, Gemini puede identificar las ideas principales de estos contenidos en contra de información concreta o ayudar a aclarar determinados momentos una vez que el audio o vídeo se ha reproducido por completo.Además, el navegador empieza a generar cuestionarios interactivos a partir del contenido que aparece en la pestaña. Puede generar preguntas sobre unos apuntes, una investigación o un vídeo para destacar los conceptos principales y comprobar si el usuario ha entendido lo que estaba estudiando.En concreto, esta última función se está desplegando inicialmente en inglés en Estados Unidos y la India para la versión del escritorio, aunque Google asegura que llegará a más regiones y también a más móviles en los próximos meses. 

Influencers que no existen, cuentas robadas y promociones falsas: así utilizan los estafadores a los creadores para engañarte

Imagina que un influencer al que sigues recomienda unas zapatillas, que te vayas de vacaciones a un determinado hotel o una inversión en algún negocio que parece una oportunidad única. Llegado el caso, confías plenamente en él, pulsas en el enlace que menciona y haces el pago, pero solo después descubres que todo era falso. Lo más preocupante es que el creador que te llevó hasta allí puede no haber tenido nada que ver con la estafa, aunque tú creas que sí.Esto tiene que ver con que los ciberdelincuentes están aprovechando la confianza que hay entre los influencers y sus seguidores para hacer que los fraudes clásicos parezcan unas meras recomendaciones legítimas. Tal y como explican desde Panda Security, en estos tiempos los creadores también se han convertido en una importante herramienta para los ciberdelincuentes de cara a impulsar esta serie de campañas.Uno de los ejemplos más sonados fue el caso de 7Vuelos, que te contamos también desde 20bits. Lo que ocurrió fue que una falsa agencia de viajes en 2025 ofrecía paquetes baratos a destinos internacionales. Alrededor de 90 influencers promocionaron sus servicios y algunos de sus seguidores terminaron pagando por viajes que no existían. Este caso demuestra el poder que tiene una recomendación cuando procede de alguien en el que el usuario confía. El problema no ha hecho nada más que aumentar ese atractivo para los estafadores a medida que crece este negocio. De hecho, desde Infoadex calculan que la inversión en influencers en España alcanzó los 128,7 millones de euros en 2025, un 23,5% más que el año anterior.¿Cómo logran los ciberdelincuentes realizar este engaño?En primer lugar, no necesitan convencer al creador para utilizarle como imagen, ya que una de las técnicas consiste en copiar su identidad, haciendo uso de sus fotografías, nombre, biografía e incluso publicaciones. La Ertzaintza alertó en noviembre de 2025 de perfiles falsos que se hacían pasar por personajes públicos para contactar con sus seguidores y ofrecerles supuestas inversiones en criptomonedas.Aunque otra posibilidad es robar la cuenta auténtica. ElFBI ha advertido de campañas en las que los delincuentes secuestran perfiles verificados mediante phishing o ingeniería social y después utilizan su audiencia para distribuir estafas o enlaces maliciosos con la esperanza de que simplemente un puñado de ellos pueda caer y ser víctima.Además, con la llegada de la inteligencia artificial, ni siquiera hace falta que exista el influencer, ya que, debido a la evolución de esta tecnología, los delincuentes pueden fabricar al propio creador. En el pasado mes de julio, VerificaRTVE detectó varios perfiles de falsos influencers generados con IA que se presentaban como personas reales: uno superaba el millón de seguidores y otro tenía más de 240.000.¿Qué hacer en estos casos?Al ver una cara conocida o una cuenta verificada o miles de seguidores, puede generar sensación de que es una promoción auténtica, pero realmente puede ser todo lo contrario. Dicho esto, ante esta situación hay que buscar información sobre si esa promoción es cierta o existe e incluso contactar con la supuesta empresa a la que hace referencia.También, si redirige algún tipo de página, hay que comprobar la dirección web, revisar quién está detrás. Y, sobre todo, desconfiar de algún tipo de oferta extraordinaria como de cualquier mensaje que presione para pagar rápidamente, venga de quien venga.Pero lo más recomendable es aplicar el sentido común y tener en cuenta que, por mucho que un influencer recomiende algo, no quiere decir que sea legítimo, sobre todo, teniendo en cuenta la evolución de todo tipo de técnicas de suplantación de identidad que corren a día de hoy.

Los cuatro astronautas que viajaron alrededor de la Luna con Artemis II serán premiados en Tenerife

Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los cuatro astronautas que forman la tripulación de Artemis II, la misión de la NASA que en abril llevó de nuevo a los seres humanos alrededor de la Luna, recibirán la medalla Stephen Hawking el próximo 17 de octubre durante la inauguración del festival Starmus en Santa Cruz de Tenerife.El festival, que mezcla ciencia y espectáculo para acercar la ciencia al público y fue creado por el astrofísico Garyk Israel y el músico, astrofísico y guitarrista de Queen Brian May, reúne a científicos, astronautas, premios Nobel y artistas. La octava edición tendrá lugar del 17 al 22 de octubre en Tenerife y La Palma y celebrará los 10 años de la medalla Stephen Hawking.Se premia su capacidad y habilidad para explicar la misiónDurante aquel viaje de unos 10 días y tras recorrer alrededor de 1,1 millones de kilómetros en la nave Orion, la tripulación alcanzó una distancia máxima de 252.756 millas de la Tierra o, lo que es lo mismo, a más de 406.000 kilómetros de la Tierra. En el sobrevuelo lunar, los astronautas lograron captar imágenes de la cara oculta de la Luna y precisamente fue su capacidad y habilidad para explicar la misión la que se reconoce desde el festival para otorgarles el galardón.Destacan sus entrevistas, seguimiento en redes sociales, conexiones en directo e iniciativas educativas, además de su forma de contar la preparación y los retos que afrontaba Artemis II. La medalla fue creada en 2016 por Stephen Hawking y Starmus para reconocer a quienes acercan la ciencia y la exploración del universo en la sociedad.El reconocimiento a la histórica misión continúa además con el vínculo del festival con la exploración espacial, después de contar en sus 15 años con nueve astronautas del programa Apolo, entre ellos Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Jim Lovell.

Así es ‘La Odisea’ creada con IA de Elon Musk: 15 días, 2.070 imágenes y más de 1.500 vídeos para hacer el piloto

15 días, 2.070 imágenes y 1.558 vídeos. Esto es todo lo que ha necesitado Grok Imagine para dar forma a su particular versión de La Odisea, aunque de momento no es la película que Elon Musk prometió. Por ahora, solo es un episodio piloto creado totalmente con inteligencia artificial que sirve para comprobar hasta dónde puede llegar esta tecnología cuando intenta recrear una producción con un aspecto cinematográfico.Musk ya anunció que quería crear su propia versión de La Odisea con IA y en el pasado mes de julio aseguró que Grok Imagine produciría antes de finales de 2026 una película completa basada en la obra de Homero que fuera, literalmente, «históricamente precisa y fiel a su arte». Explican que, antes de que apareciera este nuevo proyecto, Grok Imagine ya había sido puesto a prueba en un concurso dedicado precisamente a la Odisea. X (Twitter) invitó a los usuarios a crear escenas de la obra utilizando las funciones de vídeo y voz de la IA.Un concurso para demostrar el rendimiento de Grok ImagineEn el concurso había 175.000 dólares en premios: 100.000 para el primer puesto, 50.000 para el segundo y 25.000 para el tercero. El ganador fue un creador llamado Nem Pérez, que presentó un vídeo de unos cinco minutos centrado, entre otras partes de la historia, en la princesa Nausicaa y los feacios. Explicó que utilizó a Grok para investigar, escribir y preparar los planos, mientras que Imagine se encargó de animar y visualizar las escenas.El capítulo piloto ha sido desarrollado junto a Genre AI y presentado como una demostración de las posibilidades que actualmente posee Grok Imagine para crear una producción audiovisual completamente con IA. Como hemos mencionado, para fabricar este episodio han hecho falta 15 días de trabajo y una cantidad considerable de contenido, como 2.070 imágenes y 1.558 vídeos, una cifra que nos da una buena referencia sobre la cantidad de material que puede ser necesario para construir una producción de este tipo.Además, el proceso tampoco consiste en solo escribir una descripción u obtener una escena determinada. Grok Imagine explica en su propia cuenta de X que las generaciones se organizan como si fueran diferentes planos de una película. Es decir, antes de crear nuevas escenas, también se preparan imágenes de referencia para intentar mantener una mayor coherencia entre personajes y escenarios. Que no se note que es IAIncluso la herramienta recomienda introducir pequeñas imperfecciones en algunas imágenes para que no todo tenga un aspecto demasiado limpio y uniforme, ya que así es menos evidente que se ha hecho con inteligencia artificial. El resultado final todavía está en construcción y Grok Imagine asegura que está trabajando en episodios cortos de La Odisea y que espera continuar con el proyecto.Habrá que esperar entonces si se termina convirtiendo en la película completa que Musk prometió o si finalmente se queda con una serie de episodios generados por inteligencia artificial.