Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

La UE mantiene el nivel de compensación por retraso de vuelo, pero no garantiza la maleta de mano gratuita

La Unión Europea ha cerrado un acuerdo político sobre la reforma de los derechos de pasajeros tras una década de bloqueo, según la cual se mantendrán los umbrales y tiempos que dan derecho a reclamar una compensación por retraso de un vuelo (entre 250 y 600 euros) y se impide a las aerolíneas cobrar a las familias o personas dependientes un sobrecoste por garantizar asientos juntos, si bien renuncia a proteger el derecho a embarcar con equipaje de mano sin pagar por ello.Los negociadores del Consejo (gobiernos) y del Parlamento Europeo han consensuado un texto común que detalla la reforma y que este mismo viernes ha recibido luz verde en el comité de conciliación que representa a los Veintisiete, primer paso para cumplir el proceso formal que confirme el entendimiento.El apoyo de los Veintisiete ha salido adelante pese al voto en contra de España y Letonia y las abstenciones de Finlandia y Austria, según han indicado fuentes oficiales.El lunes por la tarde será el turno del comité de conciliación del Parlamento Europeo, que deberá someterlo a votación y podría tumbarlo, aunque distintas fuentes europeas y parlamentarias consultadas por Europa Press consideran que el documento es sólido puesto que ha sido redactado entre los equipos de los dos colegisladores.De hecho, uno de los eurodiputados negociadores y excomisario, Virginijus Sinkevicius, ha celebrado ya en redes sociales el visto bueno de los Veintisiete y confiado en que el lunes será aprobado.»Ningún acuerdo es nunca perfecto, pero el acuerdo de los embajadores demuestra por qué el Parlamento peleó tanto: Derechos de los pasajeros más claros, asientos libres para las familias, más protección para las personas con discapacidad, bonos (de compensación) más justos y una mejor protección sobre los billetes de vuelta», ha resumido el eurodiputado de Los Verdes europeos.Entre las claves de la reforma figura conservar los umbrales de compensación por retrasos, cancelación de vuelos o denegación de embarque que los Veintisiete intentaron relajar y la garantía de que a partir de tres horas de retraso el pasajero tendrá derecho a reclamar.Así las cosas, la reforma —que entrará en vigor doce meses después de que concluya su adopción— establece una compensación de 250 euros para todos los vuelos retrasados en rutas de hasta 1.500 kilómetros, de 400 euros para los vuelos intra-UE o de entre 1.500 y 3.500 kilómetros y de 600 euros para el resto de rutas.También queda claro que los pasajeros podrán embarcar sin sobrecoste alguno con un bulto de mano que quepa bajo el asiento en el avión, pero renuncian a proteger el derecho a subir también sin pagar por ello con una maleta de mano en cabina, tal y como avala una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).A cambio, el acuerdo establece la obligación de que el precio que se ofrezca al usuario incluya por defecto el coste de embarcar en cabina con una maleta de mano, en aras de la «transparencia», y quedará la opción para el viajero que viaje sin ella de optar a un descuento en el momento de la compra.Otras claves del acuerdo, según explican fuentes negociadoras, tienen que ver con reforzar los derechos de los pasajeros por ejemplo cuando acepten como compensación un vale en lugar del reembolso, ya que la reforma deja claro que estos bonos no podrán tener fecha de caducidad, ni condiciones inconvenientes.Asimismo quedan prohibidas las tasas por cambios administrativos de nombre o por errores ortográficos y las aerolíneas estarán obligadas a enviar por correo electrónico a los pasajeros que sufran retrasos o cancelaciones con toda la información pertinente para conocer sus derechos y los pasos a seguir para reclamar la indemnización que les corresponda.En cuanto a las familias, el nuevo marco prevé cambios como que las aerolíneas ya no podrán cobrar para garantizar que los menores se sientan junto a sus padres y también deberán garantizar que si viajan con un carrito para bebés puedan depositarlo en la puerta de entrada al avión y recuperarlo en el mismo lugar al finalizar el vuelo.Las personas con movilidad reducida que pierdan un vuelo porque no se les dio la asistencia necesaria para llegar al embarque, tendrán también derecho a pedir compensación por ello.

Las reformas del régimen cubano, un parche para un sistema podrido

La reciente comparecencia del dictador Miguel Díaz-Canel, anunciando nuevas «reformas» económicas, llamando a inversores extranjeros y abriendo ciertos espacios a cubanos residentes en el exterior, no debe interpretarse como verdadera apertura. Es otra maniobra tardía, limitada y forzada por las circunstancias.El régimen castro- … comunista no reforma porque crea en la libertad económica. No abre espacios porque respete la iniciativa privada. No convoca a los cubanos del exilio porque reconozca sus derechos. Lo hace porque Cuba se hunde en una crisis terminal, porque las protestas ciudadanas crecen, porque el hambre, la miseria, los apagones y el colapso nacional son imposibles de ocultar, y porque las presiones de Estados Unidos se han intensificado.

Ya ha ocurrió antes. Después de las grandes protestas de julio de 2021, el régimen se vio obligado a permitir las llamadas MIPYMES como válvula de escape ante el descontento popular. No lo hizo por convicción ni por respeto al emprendimiento. Lo hizo para ganar tiempo, aliviar la presión social y proyectar la imagen de que algo estaba cambiando. Ahora repite la fórmula: ante una crisis mucho más profunda, vuelve con reformillas económicas, promesas imprecisas e invitaciones a invertir en una nación donde no existe Estado de derecho.

Noticia relacionada

Camila Acosta

Cuba no necesita parches. Cuba necesita una profunda reforma económica y una reforma política total. Necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista. Necesita que desaparezca el monopolio de la llamada empresa estatal socialista, responsable de décadas de improductividad, corrupción, ineficiencia y ruina.
Las empresas estatales deben pasar al sector privado, a cooperativas verdaderas, a propietarios reales, a emprendedores e inversionistas capaces de producir, competir y responder ante la sociedad.

Cuba necesita una economía de mercado real, donde se liberen las fuerzas productivas, se genere riqueza, se creen empleos, se produzcan alimentos, bienes y servicios sin el control asfixiante del Partido Comunista.

La agricultura cubana, destruida por la colectivización, el abandono y el control estatal, necesita una transformación radical. Las tierras deben ser devueltas a sus legítimos dueños cuando corresponda, y otras entregadas en propiedad plena a campesinos y ciudadanos verdaderamente interesados en hacerlas producir. Quien trabaje la tierra debe tener derecho a ser dueño de ella. Debe poder sembrar lo que desee, vender lo que produzca, importar maquinarias, fertilizantes, semillas, tecnología y todo cuanto necesite. También debe poder exportar libremente, sin intermediarios estatales, sin permisos políticos, sin confiscaciones y sin chantajes.

Newsletter

Esa es la liberalización que necesita Cuba: completa, profunda e irreversible. No una caricatura de apertura administrada por los mismos responsables del desastre.

Un hombre revisa su viejo Lada de la época soviética mientras el buque ARC Caribe de la Armada colombiana llega a La Habana con ayuda humanitaria.

(AFP)

Un régimen acorralado

La tesis fundamental es clara: el régimen solo concede pequeños espacios cuando se ve acorralado. Y cuando el escenario le resulta más favorable, retrocede. Lo hizo durante décadas. En los tiempos del subsidio soviético, colectivizó la economía, destruyó la propiedad privada, estatizó la agricultura y copió el modelo centralizado de tipo soviético. Cuando cayó el bloque socialista y se quedó sin oxígeno, permitió ciertos trabajos por cuenta propia. Pero cuando comenzó a recibir petróleo, dinero y apoyo político desde la Venezuela chavista, volvió a limitar, perseguir, ahogar y controlar esos pequeños espacios.
Eso mismo intentará hacer ahora si logra sobrevivir a las presiones actuales. Si en el futuro encuentra un nuevo padrino económico, una nueva Unión Soviética, una nueva Venezuela, o cualquier gobierno ideológico dispuesto a subvencionarlo; si consigue vivir de las ayudas de China, Rusia, Vietnam, México u otros aliados políticos; si logra que aumenten los recursos de proyectos de asistencia de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega, Japón, Canadá u otros países occidentales, entonces volverá a cerrar los espacios que hoy promete abrir.
Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes. El sistema judicial depende del Partido Comunista. La Fiscalía, los tribunales, la policía, la Seguridad del Estado y la Asamblea Nacional, responden al mismo mando político. Por tanto, ningún inversionista, ningún emprendedor, ningún campesino y ningún cubano del exilio que decida invertir tendrá garantías reales.

Porque el problema no es solamente económico. El problema es político y estructural. En Cuba no existe independencia de poderes

Aunque el régimen escriba nuevas normas en papeles, esas normas no tendrán valor cuando choquen con la voluntad del poder. En una dictadura de partido único, la propiedad privada siempre está condicionada. El negocio privado existe mientras el régimen lo tolere. La empresa prospera mientras no incomode. El emprendedor avanza mientras no piense libremente, no reclame derechos, no financie causas independientes, no desafíe al poder político.
Por eso estas medidas no representan libertad económica. Representan supervivencia política. Son concesiones calculadas, revocables, condicionadas y vigiladas. No buscan empoderar al ciudadano, sino oxigenar a la dictadura. No buscan reconstruir la nación, sino salvar al régimen.

Cuba necesita garantías

Cuba necesita mucho más que permisos parciales para invertir. Necesita garantías constitucionales, libertad de empresa, propiedad privada plena, independencia judicial, pluralismo político, libertad de prensa, libertad sindical, elecciones libres y separación real de poderes. Sin eso, cualquier reforma económica será una trampa o una ilusión.
El régimen pretende remendar un traje completamente podrido. Pero Cuba no necesita remiendos. Cuba necesita cambiar de sistema y abrir de una vez las puertas a la libertad política y económica.
Mientras quienes destruyeron la nación sigan controlando las reglas del juego, ninguna «reforma» será confiable. Mientras el Partido Comunista conserve el monopolio del poder, toda apertura será reversible. Y mientras no exista libertad plena, el pueblo cubano seguirá siendo rehén de los mismos que provocaron la ruina y ahora pretenden presentarse como solucionadores.
Estas no son reformas, son parches. Y Cuba no necesita parches: necesita libertad.

José Daniel Ferrer

Ex-preso político y activista cubano
José Daniel Ferrer es un conocido opositor cubano que ha pasado al menos 14 años en las cárceles cubanas por denunciar la falta de libertades en la isla. Pertenece al conocido como grupo de los 75, que fueron encarcelados en la Primavera Negra, entre los que había periodistas, activistas y opositores. Tras años negándose a cambiar la cárcel por el exilio, finalmente salió de Cuba el pasado otoño, instalándose en Miami, desde donde sigue su labor para devolver la democracia a su país.

Muere María Isabel Fraga, hija del expresidente Manuel Fraga, en una misión humanitaria en Madagascar

María Isabel Fraga, hija primogénita del expresidente de la Xunta Manuel y fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne, ha fallecido a los 78 años de edad cuando participaba en un viaje humanitario en la isla africana de Madagascar. La mujer era conocida como Maribel y, según fuentes de su entorno familiar, su círculo cercano está trabajando en los trámites para su repatriación. Por el momento, no ha trascendido a los medios las circunstancias de su muerte y su cuerpo se mantiene en la isla africana a la espera de poder ser repatriado. María Isabel se encontraba en el país africano colaborando sobre el terreno en iniciativas de ayuda y acompañamiento a personas vulnerables.A diferencia de la relevancia pública que alcanzó su padre en la política española, María Isabel optó siempre por una vida discreta y alejada de los focos. Médica de profesión, desarrolló su carrera en el ámbito sanitario y nunca mostró interés por seguir una trayectoria política. Tras su jubilación, centró gran parte de sus esfuerzos en proyectos de carácter social y humanitario, una labor que se convirtió en una de sus principales prioridades.María Isabel era la mayor de los hijos del matrimonio formado por Manuel Fraga y Carmen Estévez. Sus hermanos son Carmen, José Manuel, Ignacio, Adriana y Amalia, esta última incorporada a la familia bajo la tutela del exministro. Mientras Carmen Fraga desarrolló una destacada carrera política como eurodiputada del Partido Popular, María Isabel eligió un camino diferente, marcado por la medicina, la ayuda a los demás y una vida alejada de la notoriedad pública. De hecho, fue una de las personas que más cerca estuvo de su padre durante sus últimos años, ocupándose de sus cuidados antes de su fallecimiento en 2012.La trayectoria política de su padre, Manuel FragaManuel Fraga Iribarne, el padre de la fallecida, nació en noviembre de 1922. Hijo de emigrantes, se formó en Derecho, Política y Economía, y abordó las tres disciplinas en su dilatada trayectoria profesional, pero su gran pasión fue la política, con la que entró en contacto con menos de 30 años al asumir, en 1951, la Secretaría General del Instituto de Cultura Hispánica.Cesó como ministro de Franco en 1969, año del Estado de Excepción marcado por los conflictos universitarios en Madrid y Barcelona, y por movilizaciones obreras. En 1973, se desplazó a Londres para ejercer como embajador de España en el Reino Unido y dos años después, fallecido el dictador, fue designado vicepresidente de Gobierno para Asuntos de Interior y ministro de la Gobernación, hasta julio de 1976, en el primer Gobierno de la Monarquía.Menos de un año después, en marzo de 1977, funda y lidera el partido Alianza Popular (AP), con el que en junio del mismo año concurrió a las primeras elecciones democráticas. En el año 1989, Manuel Fraga impulsó la refundación de AP, que se reconvirtió en el Partido Popular (PP) cuyas riendas dejaría ese mismo año en manos de José María Aznar. Por su parte, decidió regresar a los orígenes y desembarcó en Galicia, concurriendo como jefe de filas del PP gallego a la cita electoral de diciembre de 1989.En estas elecciones, el político alcanzó su primera mayoría absoluta, que le sirvió para desbancar a las fuerzas que habían formado el tripartito dirigido por Fernando González Laxe y convertirse en presidente de la Xunta de Galicia.Al frente del Ejecutivo autonómico se mantuvo durante casi 16 años, puesto que revalidó la mayoría absoluta obtenida en 1989 en las siguientes citas electorales de 1993, 1997 y 2001. En 2005, tras una legislatura marcada por el hundimiento del ‘Prestige’ —en noviembre de 2002— y varias crisis en el seno del Partido Popular de Galicia, volvió a intentarlo y se quedó a un escaño. En enero de 2006, Manuel Fraga cedió el liderazgo del PP gallego al actual presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y se fue a Madrid como senador, puesto en el que se mantuvo hasta pocos meses antes de su fallecimiento, ocurrido en 2012.

Chile, a tres meses de Kast y la incubación de un 'outsider'

Chile no se enfrenta únicamente al desgaste prematuro de un gobierno. Lo que comienza a evidenciarse es algo mucho más profundo: el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política. Durante más de tres décadas, el país transitó entre izquierdas y derechas atrapadas … en una lógica pendular que prometía cambios profundos, pero que muchas veces terminó reproduciendo las mismas prácticas, los mismos códigos de poder y la misma desconexión con la ciudadanía.
La llegada de José Antonio Kast al poder fue interpretada por muchos como una oportunidad para corregir ese rumbo. Más que una adhesión ideológica absoluta, gran parte del electorado buscaba orden, seguridad, estabilidad y una Administración capaz de volver a poner las prioridades del ciudadano común en el centro de la discusión pública. Sin embargo, los primeros meses de gobierno comienzan a instalar interrogantes legítimas, especialmente entre quienes confiaron en la promesa de una forma distinta de ejercer el poder.

Porque cuando durante años se critica el uso del aparato estatal como espacio de acomodo político, la ciudadanía espera coherencia. Resulta difícil explicar que exparlamentarios terminen aterrizando en cargos diplomáticos de alta relevancia mediante designaciones que inevitablemente son percibidas como compensaciones políticas. Más aún cuando esas mismas prácticas fueron duramente cuestionadas desde la oposición, particularmente por el nombramiento de figuras políticas sobre diplomáticos de carrera. Y es precisamente ahí donde comienza a instalarse la percepción de que el discurso empieza a tensionarse con la práctica.

Noticia relacionada

María J. Errázuriz

Y ahí aparece uno de los principales problemas de la política chilena contemporánea: la incoherencia entre el discurso y la práctica.
Pero quizás donde más se profundiza la distancia entre expectativa y realidad es en el ámbito social. Chile se enfrenta hoy a una ciudadanía agotada por listas de espera interminables, deterioro en la salud pública, inseguridad creciente, aumento sostenido del coste de la vida y una sensación cada vez más evidente de abandono institucional. Mientras miles de familias ajustan sus presupuestos para sobrevivir, el debate político pareciera seguir atrapado en disputas ideológicas, equilibrios internos y protección de determinados intereses estructurales.
La ciudadanía no solo evalúa indicadores económicos. Evalúa sensibilidad, proporcionalidad y sentido de justicia. Cuando los costes del ajuste recaen principalmente sobre quienes dependen de servicios públicos debilitados, inevitablemente comienza a instalarse una percepción de desigualdad moral y política.

Newsletter

Y es precisamente ahí donde empieza a incubarse un fenómeno mucho más profundo.
Porque el chileno común comienza a sentir que las diferencias entre unos y otros terminan siendo menos profundas de lo que prometían en campaña. Cambian los gobiernos, cambian los relatos, cambian los discursos, pero demasiadas veces las prácticas permanecen intactas.

Chile podría estar entrando no solo en el fin de un ciclo político, sino en el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política

Ese agotamiento ya no alcanza únicamente a los partidos políticos tradicionales. También compromete a sectores empresariales, comunicacionales y grupos de poder que durante años terminaron administrando, validando o protegiendo los mismos espacios de influencia, contribuyendo a una creciente desconexión entre las élites y la ciudadanía.
Y, cuando las instituciones dejan de escuchar, las sociedades inevitablemente comienzan a buscar nuevas voces.
Por eso Chile podría estar acercándose a un escenario donde el próximo liderazgo relevante no emerja desde las estructuras políticas tradicionales, sino desde el clamor popular. No desde las élites partidarias, sino desde alguien capaz de interpretar el cansancio ciudadano frente a décadas de polarización, promesas incumplidas y desconexión con la realidad cotidiana.
Porque cuando la política tradicional se encierra sobre sí misma, los ‘outsiders’ dejan de ser una anomalía para transformarse en una consecuencia inevitable.
Así las cosas, Chile podría estar entrando no solo en el fin de un ciclo político, sino en el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política.

Carlos Escaffi R.

Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y fundador de Relaxiona Internacional

El Supremo de EE.UU. prohíbe a Alabama ejecutar presos con nitrógeno por «sufrimiento inhumano innecesario»

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha prohibido al estado de Alabama, en el sureste del país, utilizar gas nitrógeno para ejecutar presos por considerar que viola la Octava Enmienda de la Constitución, que protege a los ciudadanos del uso de castigos crueles … o inusuales.
La decisión del Supremo respalda la de un tribunal de menor instancia que había bloqueado previamente la ejecución de un hombre al impedir que se utilizara este procedimiento, según informaciones de la emisora estadounidense NPR.

Ahora, el Supremo ha indicado que la apelación presentada por el estado ha sido rechazada. Esta decisión ha favorecido que este preso, identificado como Jeffery Lee y que fue condenado por un doble asesinato en 1998, gane algo de tiempo tras recurrir el uso del nitrógeno, que provoca varios minutos de sufrimiento por asfixia.

Riesgo de dolor severo antes de la muerte

El tribunal ha indicado que este gas presenta un «riesgo sustancial de provocar un dolor severo antes de la muerte». Periodistas y abogados han denunciado en el pasado que aquellos sometidos a este tipo de ejecuciones suelen retorcerse de dolor y vomitar, lo que supone un «sufrimiento inhumano innecesario».
No obstante, en una serie de sentencias que datan de 2008, el Supremo dictaminó que cuando los condenados a muerte impugnan el método de ejecución, deben proponer un método alternativo que no viole la Octava Enmienda. En este caso, Lee sugirió que Alabama lo ejecutara mediante fusilamiento.

La cifra más alta en una década

47

personas

fueron ejecutadas durante el 2025

Esta decisión se produce en medio de un aumento en el número de ejecuciones anuales que tienen lugar en Estados Unidos. Según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, en 2025 los estados ejecutaron a 47 personas, la cifra más alta en más de una década. A lo largo de este año la cifra asciende a 15. Además, el presidente, Donald Trump, ha intentado ampliar el uso de esta pena durante su segundo mandato, a pesar de que actualmente solo hay tres personas en el corredor de la muerte a nivel federal.

Newsletter

Desde la ONU han alertado en varias ocasiones de que este tipo de ejecuciones por hipoxia de nitrógeno «podría constituir tortura u otro trato o castigo cruel, inhumano o degradante conforme a la normativa internacional de Derechos Humanos».

Tensión en Belfast: «Esto parece una zona de guerra, pero aquí vive gente normal»

«Esto parece una zona de guerra, pero aquí vive gente normal», le dice a ABC una mujer de pelo rubio y ojos claros que está sentada en una silla plegable frente a la puerta de su casa en Lendrick Street mientras, a unos pasos … de distancia, se ven los restos de varios coches calcinados. Frente a ella, que no quiere decir de dónde es, varias ventanas aparecen cubiertas con tablones de madera. En otras hay cristales rotos y daños visibles tras dos noches de graves disturbios en distintos puntos de Belfast, que han devuelto a la ciudad imágenes que muchos habitantes no querían repetir.
La frase de esta vecina resume el ambiente que se respiraba este viernes en la capital norirlandesa. Belfast parece tranquila. Muchos comercios han reabierto, los autobuses vuelven a circular en horario regular y los niños han regresado a las calles. Sin embargo, bajo esa aparente normalidad se percibe la inquietud.

Patrullas policiales recorren de forma constante algunas de las zonas más afectadas, y en varios puntos permanecen estacionados vehículos de las fuerzas de seguridad. La noche del jueves fue considerablemente más tranquila que las dos anteriores, pero la presencia policial recuerda que todo está preparado para responder a nuevos incidentes.

Noticia relacionada

Ivannia Salazar

La violencia estalló tras el ataque sufrido por Stephen Ogilvie, un vecino de 44 años, por parte de Hadi Alodid, un solicitante de asilo sudanés. Las imágenes de la brutal agresión provocaron una profunda conmoción pública. Ogilvie, quien según la prensa local tiene dificultades de aprendizaje, sufrió heridas gravísimas y continúa en coma inducido mientras la investigación sigue abierta. Lo que comenzó como una protesta motivada por la indignación derivó en violentos disturbios y enfrentamientos con la Policía.
Este viernes, Belfast intentaba recuperar el pulso. En calles como Lendrick Street, McMaster Street, Blondin Street, Shankill Road o Sandy Row, las consecuencias siguen visibles y la vida cotidiana continúa desarrollándose alrededor de restos de coches quemados, con padres de la mano de sus hijas o señoras paseando a sus perros.

Mucha cautela

Pero lo que sorprende no son únicamente los daños materiales, sino la cautela. Nadie parece completamente relajado. Los vecinos observan a los desconocidos, incluyendo a los periodistas, con atención, algunos hablan en voz baja y miran alrededor antes de responder a una pregunta. La desconfianza es visible, aunque no se expresa de forma hostil. Parece una costumbre adquirida en una ciudad donde la prudencia formó parte de la vida cotidiana durante demasiado tiempo.

Newsletter

Al principio, cuesta que salgan las palabras. Varias personas rechazan hablar y otras responden con frases breves y evasivas. Sin embargo, cuando bajan la guardia, empiezan a aparecer relatos más complejos. Historias de miedo, de frustración, de convivencia y también de cansancio. La sensación de que Belfast vuelve a ser observada a través del cristal de los peores capítulos de su historia incomoda a muchos residentes.
«Todo está siempre hirviendo bajo la superficie», explica un taxista nigeriano que lleva más de veinte años viviendo en Irlanda del Norte y pide no ser identificado. Casado con una norirlandesa protestante, asegura que las fracturas históricas nunca desaparecieron completamente. «La gente piensa que esto va solo de inmigración, pero no es así. Aquí cualquier cosa puede convertirse en una chispa, siempre hay algo debajo esperando para prender». «Si mañana desaparecieran todos los inmigrantes, encontrarían otro motivo para pelear. Este lugar lleva mucho tiempo dividido», dice, en una reflexión que aparece durante la jornada en boca de más personas.

«La gente piensa que esto va solo de inmigración, pero no es así. Aquí cualquier cosa puede convertirse en una chispa»

Taxista nigeriano

Los vecinos hablan de inmigración, de pobreza, del problema de la vivienda, de integración. E inevitablemente también hablan del presente. Y del pasado. Y coinciden en que no hay una explicación única para lo que está pasando.
Buena parte de las zonas afectadas figuran entre las más desfavorecidas de Irlanda del Norte, son barrios donde muchas familias se enfrentan a dificultades económicas y donde algunos expresan la sensación de competir por unas ayudas sociales que consideran cada vez más escasas, lo que alimenta las frustraciones. «Los ricos llaman a esa gente escoria (scumbags)», comenta un residente de un barrio bien utilizando un término muy despectivo para referirse a sectores marginados.

Un conflicto que afecta a todos

Una mujer mayor, norirlandesa que regenta una pequeña tienda de barrio, declara que «a mí me da igual quién viva aquí, mientras trabajen, paguen impuestos y contribuyan a la sociedad». Y habla de los cambios que ha experimentado Belfast durante las últimas décadas y de la rapidez con la que algunos barrios han transformado su composición demográfica. «Y entiendo que cada uno tenga su religión y sus costumbres, pero también creo que la gente tiene que integrarse». «Aquí hemos vivido demasiados años con miedo a quienes ocultaban su cara. No me gustan los pasamontañas en las protestas y tampoco me gusta que nadie vaya completamente cubierto por la calle, incluyendo a las mujeres con burka, que parece que estamos en Afganistán».
En un barrio acomodado de mayoría católica, un vecino insiste en que «la gente habla de un conflicto entre inmigrantes y la extrema derecha, pero cuando pasa algo así nos afecta a todos». También recuerda que esta semana algunos colegios suspendieron sus clases, parte del transporte público canceló servicios y muchas personas evitaron desplazarse por miedo a encontrarse atrapadas entre manifestantes y cordones policiales. «La mayoría de la gente simplemente quiere ir a trabajar en paz, recoger a sus hijos y volver a casa».
Y es que muchos habitantes de Belfast no se sienten protagonistas de la crisis, sino víctimas indirectas de sus consecuencias, entre ellas, la de convivir con una palabra que parecía pertenecer al pasado: miedo. Y que ahora también aparece entre quienes llegaron desde otros países.
Una enfermera filipina que trabaja en el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) recuerda el momento en que aterrizó en Belfast en 2021, cuando el Reino Unido buscaba entonces personal sanitario para cubrir vacantes esenciales por la pandemia. «Siempre me sentí bienvenida», explica, pero «ahora tengo miedo. Y no creo que seamos solo las personas de piel oscura».

«Siempre me sentí bienvenida. Pero ahora tengo miedo. Y no creo que seamos solo las personas de piel oscura»

Enfermera filipina

Su historia resume una de las contradicciones que atraviesan el debate actual. El Reino Unido necesita trabajadores extranjeros en sectores esenciales como la sanidad, los cuidados o la hostelería. Al mismo tiempo, la inmigración se ha convertido en una de las cuestiones más sensibles de la Política británica.
Esa contradicción apareció también durante el viaje hacia Belfast. «Hay gente que llega al país y no se integra, como el del cuchillo», aseguraba un pasajero británico en el avión. Además, defendía la necesidad de «una inmigración legal, seria y ordenada» porque «la gente quiere saber quién entra, que se comprueben sus antecedentes y que se integren, empezando por aprender bien inglés». Con contundencia, concluye que «si pedir eso es de extrema derecha, pues entonces soy de extrema derecha».