Melissa Parke (Australia, 1966) detiene sus palabras para masticar una respuesta. Piensa, durante esa breve tregua, en cómo sería el día después del fin del mundo y relata, con un detenimiento mayor al del resto de la entrevista, como eligiendo las palabras adecuadas, un … planeta en el que todo podría haberse acabado. «Nikita Khruschov (líder comunista de la Unión Soviética) dijo que los vivos envidiarán a los muertos. Y es verdad», reconoce. Después narra una «lenta muerte por radiación que es básicamente como el ébola: estás sangrando por dentro, tus órganos se desintegran». Incluso si huyes, dice, «no escaparás a la inanición de un invierno nuclear».
Abogada y política, Parke es directora ejecutiva, desde hace tres años, de la Campaña Internacional para Abolir Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés). De ella forma parte también la organización española Alianza por el Desarme Nuclear. En 2017, la coalición que capitanea fue laureada con el Premio Nobel de la Paz pero, a pocos meses de que su galardón alcance la década, la tensión «es más elevada que nunca».
Vuelve a sobrevolar en la política internacional el fantasma nuclear, incluso después de que, hace ya largo tiempo, líderes antagónicos acordaran que «una guerra nuclear nunca puede ganarse y no debe librarse». Así se estrecharon la mano el republicano estadounidense Ronald Reagan y el soviético comunista Mijail Gorvachov, en 1986, en el escenario de una cumbre en Reikiavik. Parece olvidarse, tal premisa, en los tiempos que corren.
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Mikel Ayestaran
— ¿Por qué ha fracasado el mundo en la reducción de la amenaza nuclear?
—Tenemos dos Estados con armas nucleares que han iniciado dos conflictos mayores: Estados Unidos e Israel. Se han hecho amenazas en ambos contextos, los acuerdos de control de armas han terminado, hay una nueva carrera armamentística nuclear en marcha y estamos viendo mucha retórica inquietante de líderes europeos sobre el rearme nuclear.
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—¿Cuándo la amenaza nuclear, que los mandatarios utilizan para tomarse el pulso, se convierte en una realidad?
—Ellos piensan en las armas nucleares en abstracto, dicen que aportan seguridad y estabilidad a través de la disuasión, pero no están hablando de las consecuencias de una detonación nuclear real. De hecho, las pruebas nucleares se han llevado a cabo muy lejos de las capitales porque saben que los efectos son devastadores.
Mucha gente piensa que si hay una guerra nuclear, simplemente van a ser fulminados instantáneamente y no sentirán nada. La realidad es que, a menos que estés en el centro de una detonación nuclear, sufrirás la onda expansiva, quemaduras y radiación. No podemos permitir que esto le ocurra a nadie más y es enteramente posible que suceda por lo que está pasando en el mundo y dada la integración de la inteligencia artificial (IA) en los sistemas de armas nucleares.
—El fin de acuerdos de control de armas bilaterales sitúa el mundo en un escenario incierto. ¿Qué medida sería capaz de garantizar un control duradero? ¿Quién debería dar el primer paso?
—Eliminar las armas nucleares es lo único que puede prevenirlo. El profesor Geoffrey Hinton, que ganó el Premio Nobel de Física por su trabajo en IA hace un par de años, nos dijo en un seminario que si éstas siguen existiendo cuando llegue la superinteligencia, lo cual podría ocurrir en los próximos años, será como si seres extraterrestres estuvieran al mando de armas que pueden destruir a la humanidad. ¿Hay alguna razón para creer que un ser más inteligente que los humanos nos tratará mejor de lo que nosotros hemos tratado a seres que consideramos menos inteligentes?
China nos ha indicado que está muy interesada en las conversaciones sobre el desarme nuclear, pero cree que EE.UU. y Rusia, con alrededor del 90% de las armas nucleares del mundo, deberían ir primero. Tienen más de 5.000 (cabezas nucleares) cada uno, mientras que China tiene alrededor de 600, así que creo que es razonable que esos dos países comiencen el proceso.
«China nos ha indicado que está muy interesada en las conversaciones sobre el desarme nuclear, pero cree que EE.UU. y Rusia deberían ir primero»
Melissa Parke
Directora ejecutiva de la ICAN
—Preparar infraestructuras y profesionales para una guerra nuclear, ¿sería normalizar lo inaceptable o garantizar la seguridad de un futuro posible?
—Es muy importante que los países hagan este proceso de intentar prepararse porque lo que descubrirán es que no hay respuesta posible a una detonación nuclear. La única forma en que puedes prepararte es previniéndola, y por eso el Comité Internacional de la Cruz Roja se ha unido a la campaña de ICAN sobre el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), porque no hay respuesta de emergencia posible.
Un submarino nuclear, el HMS Artful, tras su incorporación oficial como buque de guerra a la Marina Real británica en una ceremonia en la base naval de Faslane, en Escocia.
(AFP)
—Francia apostó por el rearme y ofreció su paraguas nuclear a los socios europeos. España no lo aceptó y eligió la diplomacia. ¿Esta apuesta deja a nuestro país en una posición de vulnerabilidad?
—El rearme nuclear para Europa significa simplemente que será la primera región en ser destruida. Europa desaparecerá en una guerra nuclear, es como vivir en una casa de dinamita. Me alegró estar en la Conferencia de Seguridad de Múnich a principios de este año y escuchar al presidente Sánchez rechazar el rearme, diciendo que cualquier sistema que requiere cero errores y constante corrección es un juego, no una garantía. Lo que nos gustaría ver de España es que esas palabras se acompañan con acciones y eso es unirse al TPAN.
—Una de las razones por las que podría darse una guerra nuclear es que un conflicto bélico que no lo era termine escalando. ¿En qué guerra ahora mismo podría darse este escenario?
—Donde haya armas nucleares hay un riesgo. Los países están combinando sus sistemas militares nucleares y convencionales, lo cual es extremadamente peligroso. Se puede ver cómo pueden ocurrir accidentes, como vimos el año pasado cuando Ucrania lanzó un ataque con drones contra una base aérea rusa y destruyó unos nueve o diez de sus bombarderos nucleares. Podría haber sido interpretado por Rusia como un ataque a sus fuerzas nucleares, en cuyo caso podrían haber respondido con armas nucleares. Afortunadamente no lo hicieron, pero ese es el tipo de cosas que pueden pasar.
«¿Hay alguna razón para creer que un ser más inteligente que los humanos (la IA) nos tratará mejor de lo que nosotros hemos tratado a seres que consideramos menos inteligentes?»
Melissa Parke
Directora ejecutiva de la ICAN
—Quienes persiguen la carrera nuclear parecen desoír las opiniones de la población en favor de sus intereses. ¿La destrucción del mundo depende del ego de unos pocos?
—Sí, parece que ese es el caso. Por eso necesitamos liderazgo de los países que no tienen armas nucleares. Necesitamos un país, como España, que se alce y no lo acepte como legítimo. Las élites políticas están desconectadas de lo que quiere la gente común, golpea el corazón la creencia de que estas armas confieren seguridad y estatus.
—Desafíos como la guerra nuclear o la IA, que usted relaciona, requieren una nueva forma de pensar. ¿Están nuestros líderes a la altura de este nuevo pensamiento?
—Se trata de voluntad política. La mayoría del mundo, al unirse al TPAN, está mostrando esa intención que otros países que tienen armas nucleares o que dependen de estas en sus políticas de seguridad no están mostrando. El autor Yuval Noah Harari habla del poder de la imaginación humana para redirigir nuestra ingeniosidad de la autodestrucción a la autocreación, y eso es lo que la mayoría están haciendo con este tratado. Son una minoría que dependen de las armas nucleares los que no están mostrando liderazgo. No están pensando creativamente.