Publicado: octubre 19, 2026, 12:00 pm
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El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA salió de nuestro planeta el pasado 30 de agosto en un cohete Falcon Heavy de SpaceX. Este instrumento de alta ingeniería, que lleva una década desarrollándose y que ha costado cerca de 4.300 millones de dólares, se encuentra viajando por el espacio exterior camino de su destino final: una órbita alrededor del punto Sol-Tierra L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la superficie terrestre.
Está previsto que llegue aproximadamente a finales de noviembre. Mientras viaja hacia su destino, el equipo ya está realizando las pruebas y los ajustes necesarios para ponerlo en servicio. Una vez en marcha, su objetivo es observar el universo, pero con unos ojos nuevos. En concreto unos ojos dotados de una cámara de 300 megapíxeles, sensible al infrarrojo cercano, y un coronógrafo, un instrumento que bloquea la luz deslumbrante de una estrella para distinguir planetas y discos de polvo cercanos. El observatorio está diseñado para obtener grandes panorámicas del universo, siendo su principal atractivo combinar imágenes muy detalladas con un campo de visión al menos 100 veces mayor que el del Hubble. Los científicos esperan que permita estudiar enormes poblaciones de galaxias y estrellas con rapidez.
Pero para que eso ocurra el telescopio debe estar dispuesto en el espacio tal y como fue diseñado en la Tierra. Y por eso la NASA acaba de realizar una minúscula operación en el observatorio en marcha, pero fundamental para prepararlo para su misión: el equipo del Nancy Grace Roman Space Telescope ha ajustado su espejo secundario aproximadamente una dieciseisava parte del diámetro de un cabello humano para afinar su enfoque.
“Este ajuste modificó ligeramente la altura del espejo secundario sobre el primario. Si extrapolamos esa altura a la del Empire State Building, el cambio es un poco menor que el que se produciría al colocar una sola moneda de un centavo estadounidense en la cima de la torre”, detalla Alden Jurling, ingeniero óptico sénior que trabaja en el proyecto Roman en el Centro Goddard de la NASA.
Inicialmente, las imágenes del instrumento coronógrafo presentaban “una ligera falta de enfoque”, informan desde la NASA. Ahora, “el rendimiento del instrumento cumple con las altas expectativas del equipo”, añaden.
Desde que se lanzó al espacio, los responsables de la misión han estado haciendo los ajustes necesarios para su puesta a punto, especialmente en el Instrumento de Campo Amplio. “Muchos de los objetivos principales de la misión, como el estudio de la materia oscura y la energía oscura, no serían posibles sin él, ¡así que es emocionante y un gran alivio ver que está funcionando bien!”, declaraba el ingeniero Dave Hickey.
Desde que el Instrumento de Campo Amplio se activó en septiembre, el equipo de Roman lo ha sometido a una serie de pruebas para evaluar sus componentes tanto individualmente como en conjunto. “Calibrar un instrumento es como afinar un piano o una guitarra antes de un concierto”, explica Maxime Rizzo, otro de los ingenieros responsables de este elemento. “Se ajusta todo hasta que quede exactamente como se desea y luego se dejan los ajustes sin modificar para que funcione de forma consistente durante su uso”.
