La familia Berlusconi controla el cuarto partido político más votado en Italia, Forza Italia (FI), y lo hace sin necesidad de presentarse a elecciones internas, pues la formación depende financieramente de ella. No es una anomalía nueva en este partido ni en este país. La … novedad es que, tres años después del fallecimiento de Silvio Berlusconi —el próximo 12 de junio se cumple el aniversario—, sus hijos Marina y Pier Silvio están moviendo ficha con una ambición que puede alterar el perfil ideológico del partido y tensar la coalición de gobierno de Giorgia Meloni.
Marina Berlusconi, de 59 años, presidenta de Fininvest, el ‘holding’ de familia, repite a quien le pregunta que no tiene interés en dedicarse a la política. Sin embargo, no lo descarta su hermano Pier Silvio, que se ocupa de MediaForEurope, la antigua Mediaset. A sus 57 años bromea con que su padre no entró en política hasta que cumplió los 58. Por ahora ambos se conforman con controlar la marca del partido y condicionarlo como principales financiadores, pues son los garantes de créditos por valor de 90 millones de euros. Por eso, su sola presencia levanta suspicacias: convocan reuniones, preguntan, señalan. Y en Italia cada gesto suyo genera especulación.
«Creo que es inevitablemente necesario (que Forza Italia) cuente con caras nuevas, ideas nuevas y un programa renovado», dijo alto y claro Pier Silvio en julio, durante la presentación de la parrilla de Mediaset. Meses después, en febrero, en una entrevista concedida al ‘Corriere della Sera’, su hermana Marina también solicitó cambios. «Comienza una nueva etapa, en la que hay que mirar hacia adelante y construir el futuro. (…) El destino de FI está en manos de FI; yo soy empresaria. ¿Y qué tiene de extraño que una empresaria pida menos burocracia, más liberalizaciones y menos impuestos? Como ciudadana, además, puedo esperar un poco más de valentía en materia de derechos civiles».
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Javier Martínez-Brocal
En el partido entienden que están solicitando una agenda política con cesiones en derechos civiles, eutanasia, aborto, o políticas LGTBI. Adaptarán su programa ante las próximas elecciones generales italianas, que se celebrarán en primavera u otoño de 2027, para que FI sea «la llave del gobierno», un partido bisagra de corte liberal que pueda hacer acuerdos tanto a la derecha como a la izquierda del panorama político italiano.
Diferentes de la actual derecha
El sociólogo Massimiliano Panarari, el mayor experto sobre el fenómeno político y mediático berlusconiano, piensa que las decisiones de Marina Berlusconi «responden sobre todo a una idea estratégica: utilizar Forza Italia, el partido de la familia, como un instrumento para proteger intereses económicos y promover una visión política distinta de la actual derecha italiana».
Su nuevo programa supone «una concepción del papel del Estado y de las políticas económicas diferente» de la de Giorgia Meloni y alejada de posiciones de la Liga. Por ejemplo, «defender la libertad de empresa, los intereses financieros y alinear al país con una visión europeísta y conservadora, típica del Partido Popular Europeo». Quiere que FI atraiga los votos de «un sector liberal de centroderecha capaz de dialogar –al menos potencialmente– con el centroizquierda». «En un escenario futuro de equilibrio entre bloques, Forza Italia podría convertirse en el elemento capaz de inclinar la balanza», asegura.
Calculan que con un cambio de enfoque podrían pasar del actual 8,2% a atraer a entre el 10% y el 20% del electorado
Ningún otro partido ocupa ese espacio político, calculan que con un cambio de enfoque podrían atraer a entre el 10% y el 20% del electorado (actualmente atraen al 8,2%), sobre todo de votantes que no se sienten representados por la polarización entre dos bloques. «Marina Berlusconi aspira a que Forza Italia ocupe ese espacio, y sea un partido más centrista, más liberal, más moderado y también reformista», concluye Panarari.
En su contra tiene que controlar las deudas del partido no es suficiente para conseguir cambiarlo. «El partido sigue dividido y está poco arraigado en el territorio, sobre todo si se le compara con Hermanos de Italia (de Giorgia Meloni) y la Liga de Salvini, y eso impide traducir el proyecto en resultados electorales», avisa Gianluca Pastori, profesor de Historia de las Relaciones Políticas en la Universidad Católica de Milán. En su opinión, además, «la lógica centrista parece chocar con un escenario político que tiende a la polarización. Será difícil encontrar espacio para el consenso».
Una familia al mando
La anomalía de Forza Italia consiste en que el programa no lo aprueba un congreso general del partido, sino la familia propietaria. Esta condición dio lugar recientemente a una situación curiosa. Marina Berlusconi convocó el pasado 10 de abril en una de sus empresas en Milán al secretario general del partido y ministro de exteriores, Antonio Tajani. En la reunión participó Gianni Letta, amigo y consejero de Silvio Berlusconi, y Danilo Pellegrino, director general de Fininvest, la sociedad que gestiona los negocios de los Berlusconi. Aunque el único con cargo oficial en Forza Italia era Tajani, fruto de ese encuentro fueron sustituidos los jefes del partido en la Cámara de diputados y en el Senado, y reemplazados por perfiles más cercanos a «la familia». Son solo los primeros pasos de un cambio más profundo.
En una nota del pasado 12 de mayo, Marina Berlusconi justificaba sus intervenciones, pues considera «totalmente natural que yo mire con atención y cariño» a FI. A la vez, aseguraba su «pleno respeto de las funciones y la autonomía de la dirección del partido». Sobre las actuales maniobras, se ha limitado a asegurar que no está haciendo acercamientos a la izquierda con el objetivo de «influir en la elección del futuro presidente de la República», prevista para 2029. Sin ninguna mención a la coalición de gobierno.
Marina y Pier Silvio saben que son necesarios para gobernar el país. Se llevan bien con Giorgia Meloni y aprecian la estabilidad que ha aportado, pero también repiten que Forza Italia necesita un perfil diferente. Si dan el paso y desplazan su formación hacia posiciones demasiado liberales, desestabilizarían la coalición actual y complicarían que la Lega acepte entrar con ellos en un futuro gobierno. Hasta ahora los Berlusconi no lo han hecho, pero podrían hacerlo. Y en política italiana, las posibilidades pesan tanto como las acciones.