Sin grandes anuncios ni gestos solemnes, Donald Trump ha situado a Cuba en el centro de su estrategia de presión máxima en el continente americano. Después de concentrar durante meses su atención en Venezuela e Irán, la Casa Blanca investiga ahora si la isla … almacena drones iraníes, y el propio presidente ha advertido de que, si se confirma, Estados Unidos «se ocupará de ello». La amenaza coincide con una nueva batería de sanciones contra sectores decisivos de la economía cubana —turismo, energía, comercio, finanzas y transporte marítimo— y configura una ofensiva que combina asfixia económica, aislamiento internacional y disuasión militar. El resultado es una escalada que vuelve a colocar a La Habana ante uno de los momentos de mayor presión estadounidense de los últimos años.
La Administración impuso esta semana sanciones contra diez entidades cubanas vinculadas al turismo, la energía, el comercio exterior, las finanzas y el transporte marítimo. La lista incluye el Ministerio de Turismo, las compañías energéticas ENETEC y COREYDAN, el grupo de comercio exterior GECOMEX, la financiera CAUDAL y la empresa marítima GEMAR. También fueron sancionadas organizaciones relacionadas con la vigilancia interna y la represión política, como las Milicias de Tropas Territoriales, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y las Brigadas de Respuesta Rápida.
Las medidas congelan los activos que esas entidades puedan tener bajo jurisdicción estadounidense y prohíben a ciudadanos y empresas de EE.UU. mantener relaciones comerciales con ellas. Su efecto más importante, sin embargo, puede producirse fuera del país. Bancos, aseguradoras, navieras y compañías extranjeras que trabajen con esas organizaciones se exponen a perder acceso al sistema financiero estadounidense o a sufrir sanciones secundarias.
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David Alandete
«EE.UU. seguirá utilizando todas las herramientas a su disposición para afrontar las amenazas a la seguridad nacional planteadas por el régimen comunista cubano y para impulsar las reformas económicas y políticas que den a Cuba un futuro mejor», afirmó el secretario de Estado, Marco Rubio, al hacer el anuncio. Rubio, de padres cubanos exiliados, es un veterano defensor del cambio en la isla.
El objetivo es ampliar el cerco más allá del conglomerado militar GAESA, que controla buena parte de los hoteles, las tiendas en divisas, la logística y las finanzas de la isla. La presión alcanza ahora directamente al Ministerio de Turismo, una de las principales fuentes de moneda extranjera del Estado cubano. El grupo español Meliá ha dejado de gestionar quince hoteles que operaba junto a GAESA, una muestra del efecto que el riesgo de sanciones puede tener sobre las empresas extranjeras.
La campaña coincide con una investigación sobre la posible presencia de armamento iraní en Cuba, algo que ha causado gran alarma en Florida, que está cerca de la isla. Trump confirmó el lunes desde el Despacho Oval que su Gobierno está comprobando si Teherán almacena drones, y posiblemente misiles, en la isla.
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«Si los tienen, y es muy posible que los tengan, nos ocuparemos de ello», dijo el presidente. «No vamos a permitir que ocurra». Trump no presentó fotografías, documentos de inteligencia ni detalles sobre el número o la localización de los aparatos. Sí mencionó que Rubio se encontraba sobre el asunto, para dejar claro que el asunto está ya en la agenda diplomática y de seguridad nacional.
Drones iraníes en Cuba
Las sospechas se apoyan en informes de inteligencia publicados en mayo, según los cuales Cuba habría incorporado desde 2023 más de 300 drones militares de origen ruso e iraní, algo que reveló el medio Axios. Responsables cubanos habrían discutido su posible utilización contra la base naval estadounidense de Guantánamo, barcos militares o instalaciones de Cayo Hueso.
El modelo señalado es el Shahed-136, un aparato iraní de largo alcance y bajo coste que Rusia ha utilizado masivamente contra Ucrania. Puede transportar más de cuarenta kilos de explosivos y actuar en grupos destinados a saturar las defensas aéreas. El exgobernador de Florida Jeb Bush advirtió la semana pasada en un discurso de que esos drones representan una amenaza que Estados Unidos no puede ignorar. El diputado republicano Carlos Giménez sostuvo que su alcance permitiría golpear no solo Florida, sino objetivos mucho más alejados en territorio estadounidense.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya había advertido durante una visita a Guantánamo que las fuerzas estadounidenses estaban preparadas «para cualquier contingencia posible». El embajador ante Naciones Unidas, Mike Waltz, ha ido más lejos al presentar al régimen cubano como una amenaza directa para la seguridad nacional. Según Waltz, Rusia y China mantienen en la isla instalaciones de inteligencia, puestos de interceptación de señales y personal dedicado a vigilar bases estadounidenses.
La acusación cambia el marco estratégico de la Administración Trump y la posible argumentación para forzar el cambio en la isla. Cuba deja de ser presentada en Washington únicamente como una dictadura responsable de represión interna y pasa a ser tratada como una plataforma desde la que los adversarios de EE.UU., sobre todo ahora Irán, pueden operar en el Caribe. Esa interpretación conecta la política cubana de resistencia con la guerra contra Irán y con la estrategia empleada en Venezuela, de tutela controlada.
Presión máxima en la isla
La Administración Trump ya había elevado la presión en mayo con la imputación federal de Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas de Hermanos al Rescate, en el que murieron cuatro personas. La acusación abrió la posibilidad jurídica de una operación similar a la realizada contra Nicolás Maduro, aunque Trump dijo entonces que no veía necesaria una escalada militar.
«El lugar se está desmoronando. Han perdido realmente el control de Cuba», afirmó. tras la imputación Preguntado sobre una eventual captura de Castro como la ejecutada contra Maduro, respondió: «No quiero decirlo».
La estrategia que se perfila tiene ahora varias fases. La primera es impedir el suministro de combustible, dificultar los pagos internacionales y hacer que las empresas extranjeras consideren demasiado arriesgado operar con el Estado cubano. La segunda es sancionar a dirigentes, procesar a figuras históricas del régimen y aumentar el coste personal para quienes controlan las instituciones. Tras eso, Trump ordena verificar ahora si existen drones o misiles iraníes y exigir su retirada antes de que puedan emplearse.
Con el embargo vigente y sin recibir ya los envíos de petróleo venezolano, Cuba sufre apagones prolongados, gran escasez de combustible, problemas de transporte y dificultades para importar alimentos, medicinas y equipos eléctricos de todo tipo. Una delegación de cuatro diputados demócratas que visitó La Habana denunció esta semana que el bloqueo energético provoca un daño indiscriminado sobre la población.
Los legisladores Delia Ramírez, Teresa Leger Fernández, Mark Pocan y Maxine Dexter afirmaron que religiosos, agricultores, médicos, empresarios y organizaciones civiles les trasladaron una misma impresión, que la isla está siendo «estrangulada hasta la muerte». Pocan comparó la situación con una «Gaza silenciosa», sin bombardeos pero con cortes de electricidad que impiden conservar alimentos, trabajar o acceder a suministros médicos.
La Habana mientras acusa a Washington de buscar el colapso económico como paso previo a un cambio de régimen. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó las sanciones de expresión de una política «criminal y genocida», informa EFE. El dictador Miguel Díaz-Canel sostiene que una intervención provocaría «un baño de sangre de consecuencias incalculables».
Trump, sin embargo, parece convencido de que el régimen se encuentra en su momento de mayor debilidad desde el derrumbe de la Unión Soviética. La pérdida del apoyo material y financiero venezolano, la reducción de la capacidad iraní, la crisis energética y el temor de las empresas extranjeras han estrechado el margen de maniobra de La Habana.
Washington puede perseguir ahora varios objetivos simultáneos: una retirada verificable de la presencia iraní, rusa y china; reformas económicas y liberaciones de presos políticos; una negociación con sectores del propio régimen, como ya han revelado contactos anteriores, o, en última instancia, un relevo de poder semejante al que promovió en Venezuela. Por ahora, la Casa Blanca mantiene abiertas todas esas vías y combina presión económica, aislamiento diplomático y amenaza militar. El horizonte lo marcó el propio Trump hace apenas unas semanas, cuando aseguró que tomar Cuba sería «el gran honor» de su vida.