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Trump, un presidente desatado

Dicen que la práctica hace al maestro, pero debe de haber algunas excepciones. El presidente Trump, sin ir más lejos, no parece haber aprendido nada de estrategia en los cinco años largos que ha ejercido el cargo de comandante en jefe del ejército más poderoso de la tierra.La última de sus ocurrencias —bien es verdad que de vida tan corta como la mayoría de las anteriores— ha sido la de intentar cobrar a las navieras nada menos que el 20% del valor de la carga de cada buque por defenderlos durante su tránsito por el estrecho de Ormuz. No sé si las OPAS hostiles siguen un esquema parecido, pero la guerra desde luego que no. No quisiera parecer complaciente con el malvado régimen de los ayatolás, pero tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.Lo curioso de todo esto es que, mientras su presidente pretende pasar factura —poco importa si el pago es en efectivo o, como ha dicho el día después, en inversiones en los EE.UU.— por un tránsito que era gratuito antes de “su” guerra, lo que Washington defiende es justo lo contrario: que, de conformidad con el derecho del mar, nadie puede cobrar por el uso de un estrecho internacional.¿Cómo se llega a este disparate? Solo podemos dar una respuesta especulativa. Donald Trump debe de estar muy frustrado con esta guerra. Tiene multitud de barcos y de aviones, al contrario que la República Islámica que hace tiempo que ha perdido los pocos que tenía. En sus centros de mando, el magnate tiene grandes pantallas que muestran su inmensa superioridad y que le hacen sentir que controla Ormuz. Cada vez que él lo ordena, sus militares destruyen impunemente cualesquiera de los objetivos militares localizados en la costa enemiga. Sin embargo, y por mucho que Trump lo declare abierto, los barcos prefieren no cruzar el estrecho hasta que Teherán anuncia que está de acuerdo.Tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.Ante una afrenta así, el presidente Trump tiene cuatro maneras de abrir el estrecho por la fuerza, como lo haría John Wayne en sus películas. La primera, la más expeditiva, es tomar sus orillas… pero esto tendría un precio en sangre que el pueblo estadounidense no está dispuesto a pagar.La segunda, quizá la más obvia, es arrasar las defensas iraníes en la costa del Golfo. A ello se aplican sus militares, que a menudo se ven obligados a destruir con armas muy costosas radares de navegación, puestos de observación o lanzadores de drones… ninguno de los cuales cuesta más de 10.000 dólares a precios de mercado. Lo peor, con todo, no es el precio, sino que todos ellos son sistemas fáciles de reemplazar y, por su tamaño reducido y mínimos requisitos de conectividad, se pueden ocultar en emplazamientos de todo tipo —incluidas instalaciones civiles, por supuesto— distribuidos a lo largo de más de 1.300 kilómetros de costa.Una tercera línea de acción sería la de defender a los mercantes en y desde la mar. La US Navy podría organizar convoyes para proteger el tráfico, pero sus almirantes son conscientes de que un ataque de saturación cuando se navega muy cerca de tierra no puede rechazarse con garantías, y son precisamente garantías lo que exigen las navieras, las aseguradoras y los marinos mercantes.Queda, por último, una cuarta posibilidad militar, la de hacer pagar a los ayatolás un precio suficientemente alto por el bloqueo, un precio que les convenza de que ese es un camino equivocado. Pero, si Trump no lo logró con los “centenares” de ataques efectuados cada día de las primeras semanas de la guerra, ¿cómo puede esperar que ocurra ahora con solo unas “docenas”? ¿Quién cree, además, sus amenazas después de haberse echado atrás en tantas ocasiones?Le faltan al presidente Trump —quien lo diría cuando maltrató a Zelensky en la Casa Blanca— “cartas” militares para abrir el estrecho de Ormuz. Es verdad que todavía le queda la vía diplomática, pero su inexperto equipo negociador parece incapaz de redactar un memorándum que no dé ventaja a su enemigo. ¿Qué cabe esperar que haga un hombre de su carácter en un apuro como este? Probablemente, fingir. Fingir que tiene la sartén por el mango. El magnate dice que va a cobrar por el tránsito solo para hacer creer a los suyos que controla el estrecho de Ormuz. ¿Qué sus declaraciones crean precedentes que son contraproducentes para los intereses nacionales de los EE.UU.? Mucho me temo que, incluso si es capaz de entenderlo —ni siquiera de eso estoy seguro—, a Donald Trump solo le importa Donald Trump.

Publicado: julio 15, 2026, 2:45 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/internacional/trump-un-presidente-desatado_7014749_3.html

Dicen que la práctica hace al maestro, pero debe de haber algunas excepciones. El presidente Trump, sin ir más lejos, no parece haber aprendido nada de estrategia en los cinco años largos que ha ejercido el cargo de comandante en jefe del ejército más poderoso de la tierra.

La última de sus ocurrencias —bien es verdad que de vida tan corta como la mayoría de las anteriores— ha sido la de intentar cobrar a las navieras nada menos que el 20% del valor de la carga de cada buque por defenderlos durante su tránsito por el estrecho de Ormuz. No sé si las OPAS hostiles siguen un esquema parecido, pero la guerra desde luego que no. No quisiera parecer complaciente con el malvado régimen de los ayatolás, pero tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.

Lo curioso de todo esto es que, mientras su presidente pretende pasar factura —poco importa si el pago es en efectivo o, como ha dicho el día después, en inversiones en los EE.UU.— por un tránsito que era gratuito antes de “su” guerra, lo que Washington defiende es justo lo contrario: que, de conformidad con el derecho del mar, nadie puede cobrar por el uso de un estrecho internacional.

¿Cómo se llega a este disparate? Solo podemos dar una respuesta especulativa. Donald Trump debe de estar muy frustrado con esta guerra. Tiene multitud de barcos y de aviones, al contrario que la República Islámica que hace tiempo que ha perdido los pocos que tenía. En sus centros de mando, el magnate tiene grandes pantallas que muestran su inmensa superioridad y que le hacen sentir que controla Ormuz. Cada vez que él lo ordena, sus militares destruyen impunemente cualesquiera de los objetivos militares localizados en la costa enemiga. Sin embargo, y por mucho que Trump lo declare abierto, los barcos prefieren no cruzar el estrecho hasta que Teherán anuncia que está de acuerdo.

Tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.

Ante una afrenta así, el presidente Trump tiene cuatro maneras de abrir el estrecho por la fuerza, como lo haría John Wayne en sus películas. La primera, la más expeditiva, es tomar sus orillas… pero esto tendría un precio en sangre que el pueblo estadounidense no está dispuesto a pagar.

La segunda, quizá la más obvia, es arrasar las defensas iraníes en la costa del Golfo. A ello se aplican sus militares, que a menudo se ven obligados a destruir con armas muy costosas radares de navegación, puestos de observación o lanzadores de drones… ninguno de los cuales cuesta más de 10.000 dólares a precios de mercado. Lo peor, con todo, no es el precio, sino que todos ellos son sistemas fáciles de reemplazar y, por su tamaño reducido y mínimos requisitos de conectividad, se pueden ocultar en emplazamientos de todo tipo —incluidas instalaciones civiles, por supuesto— distribuidos a lo largo de más de 1.300 kilómetros de costa.

Una tercera línea de acción sería la de defender a los mercantes en y desde la mar. La US Navy podría organizar convoyes para proteger el tráfico, pero sus almirantes son conscientes de que un ataque de saturación cuando se navega muy cerca de tierra no puede rechazarse con garantías, y son precisamente garantías lo que exigen las navieras, las aseguradoras y los marinos mercantes.

Queda, por último, una cuarta posibilidad militar, la de hacer pagar a los ayatolás un precio suficientemente alto por el bloqueo, un precio que les convenza de que ese es un camino equivocado. Pero, si Trump no lo logró con los “centenares” de ataques efectuados cada día de las primeras semanas de la guerra, ¿cómo puede esperar que ocurra ahora con solo unas “docenas”? ¿Quién cree, además, sus amenazas después de haberse echado atrás en tantas ocasiones?

Le faltan al presidente Trump —quien lo diría cuando maltrató a Zelensky en la Casa Blanca— “cartas” militares para abrir el estrecho de Ormuz. Es verdad que todavía le queda la vía diplomática, pero su inexperto equipo negociador parece incapaz de redactar un memorándum que no dé ventaja a su enemigo. ¿Qué cabe esperar que haga un hombre de su carácter en un apuro como este? Probablemente, fingir. Fingir que tiene la sartén por el mango. El magnate dice que va a cobrar por el tránsito solo para hacer creer a los suyos que controla el estrecho de Ormuz. ¿Qué sus declaraciones crean precedentes que son contraproducentes para los intereses nacionales de los EE.UU.? Mucho me temo que, incluso si es capaz de entenderlo —ni siquiera de eso estoy seguro—, a Donald Trump solo le importa Donald Trump.

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