La reciente visita al Líbano del ministro de Asuntos Exteriores sirio, Asaad al Shaibani, encierra una lección que en gran medida ha pasado desapercibida en Occidente. Oficialmente, la visita tenía como objetivo confirmar el deseo de Damasco de desarrollar relaciones bilaterales con su … vecino para abordar cuestiones de interés común, tales como la seguridad fronteriza –en particular, para frenar el contrabando– o la situación de los desplazados sirios.
Pero nadie en el país se deja engañar. El general Hicham Jaber comenta que «en principio, este tipo de visita es necesaria y positiva. El Líbano tiene muchos asuntos que tratar con las autoridades sirias. Por tanto, siempre necesita mantener buenas relaciones con quienquiera que gobierne en Damasco». Con un toque de ironía, el oficial chií observa que «ya fuera en Beirut con Nabih Berri (presidente del Parlamento), en el Palacio de Baabda con Joseph Aoun (presidente del país) o en el Gran Serrallo con Nawaf Sala (primer ministro), la visita se desarrolló casi como si fuera un jefe de Estado. Por no hablar del recibimiento en Trípoli –ciudad al norte del Líbano– ¿Para qué?».
Ashraf Rifi, diputado de dicha ciudad septentrional, no se plantea esa pregunta. Como afirma, «Trípoli es la capital de los suníes», considera que «es totalmente natural que el señor Shaibani la visitara, sobre todo teniendo en cuenta que la ciudad siempre ha sido considerada una prolongación histórica de Siria».
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Nathalie Duplan
Esta expresión no es del agrado de todos y se hace eco del eslogan que aparecía en unas pancartas al paso del ministro de Exteriores sirio: «Trípoli al Sham». Dado que el término «Sham» (Levante) se refiere a Siria o a la Gran Siria (Siria, el Líbano, Jordania y Palestina), esta denominación niega, en la práctica, la existencia del Líbano. Los vídeos que circulan por las redes sociales y en los que se ve al ministro sirio mezclándose con la multitud, que incluso lo aupó a hombros, ponen de manifiesto la popularidad de Ahmed al Sharaa entre la comunidad suní del Líbano.
«Los suníes de Trípoli han encontrado al líder, Al Sharaa, y el punto de referencia que les faltaba», señala Fouad Abou Nader, ex comandante en jefe de las Fuerzas Libanesas. Tras asegurar que «el sentimiento de pertenencia al Líbano sigue siendo frágil», se pregunta: «¿Es esta lealtad suní hacia Siria una reacción frente a Hizbolá o está profundamente arraigada en su cultura y sus convicciones?». Por ese motivo, resume la situación con serias dudas sobre el futuro del país: «En Dahiyeh, los suburbios del sur de Beirut, la gente está agradecida a Irán. En Trípoli, llevan a hombros al ministro del señor Al Sharaa. ¿A quién le importa el Líbano y le jura lealtad?».
«¿Es esta lealtad suní hacia Siria una reacción frente a Hizbolá o está profundamente arraigada en su cultura y sus convicciones?»
Fouad Abou Nader
Ex comandante en jefe de las Fuerzas Libanesas
Una fuente diplomática europea autorizada hace el siguiente análisis: «Esta visita refleja un deseo de normalización, aunque no cabe descartar del todo la posibilidad de una acción contra Hizbolá».
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Fabrice Balanche, especialista en Siria, confirma que se trata de una «visita de buena vecindad», pero tiene lugar «en el contexto de las declaraciones de Trump» sobre Hizbolá. Desde hace ya varias semanas, el presidente de Estados Unidos ha sugerido que Siria debería «ocuparse» de esta guerrilla chií aliada de Irán, catalogada como grupo terrorista por la Casa Blanca y también la UE. Balanche añade que «los yihadistas chechenos sueñan con enfrentarse a Hizbolá y establecer un bastión en el Líbano, ya que la normalización en Siria les está privando de su libertad y de su poder. Es posible que algunos ya se encuentren en el norte del Líbano organizando milicias islamistas». Aunque resulta difícil estimar cuántos son, Balanche recuerda que «en Idlib había unos 3500 uigures (procedentes de la levantisca región china de Xinjiang), y los chechenos eran aún más numerosos».
Una fuente de los servicios de seguridad confirma este análisis: «Existe una gran tensión en Siria, sobre todo porque Al Sharaa no controla la totalidad de su Ejército, que está compuesto por diversas facciones. Combatientes chechenos, uigures y uzbekos, entre otros, han entrado en el Líbano. Otros se concentran en las fronteras».
Diluir la responsabilidad
Najib Fayad, antiguo jefe del Grupo Gamma (un ‘think tank’ y gobierno en la sombra en el Líbano), sugiere que «uno de los objetivos de esta visita podría ser que el presidente sirio, a través de su ministro, se distancie de posibles acciones de estos yihadistas en el Líbano; ya que son combatientes que estaban de su lado cuando él aún era conocido como Al Jolani».
El general Jaber coincide con esta opinión: «Al Sharaa quiere transmitir a las autoridades libanesas que el Gobierno sirio no es responsable de ciertos combatientes indisciplinados que podrían llegar a su territorio en cualquier momento. Algunos se han infiltrado en la región de Akkar, en el extremo norte, y podrían amenazar con avanzar hacia Trípoli».
Abbas, de Nabatiye y opositor a Hizbolá, teme por encima de todo un enfrentamiento entre las comunidades chií y suní. A su juicio, «un conflicto entre nosotros y los sirios es inevitable. Todos sabemos que hay chechenos y uigures desplegados a lo largo de las fronteras norte y este del Líbano. Con el tiempo, Siria querrá deshacerse de ellos porque son incontrolables. Sin embargo, sus países de origen se niegan a readmitir a hombres tan profundamente adoctrinados. En consecuencia, corren el riesgo de verse envueltos en un enfrentamiento militar, que es lo único que probablemente reduciría significativamente su número. Su presencia en Siria estuvo motivada por consideraciones sectarias. Y la ideología es una de las cuestiones más complejas de resolver, especialmente cuando se trata de tensiones entre suníes y chiíes».
«Los yihadistas chechenos sueñan con enfrentarse a Hizbolá y establecer un bastión en el Líbano»
Fabrice Balanche
Especialista en Siria
El general Jaber comparte esta opinión: «Las autoridades sirias no gestionan estos combatientes chechenos y uigures. Creo que están bajo control turco». A Turquía se le atribuye, más o menos directamente, el ascenso al poder de Al Sharaa en Siria. Por ese motivo, el general subraya la influencia de Turquía en la región: «El Gobierno o los servicios de Inteligencia turcos incluso amenazan a Al Sharaa si hace algo no autorizado por Ankara. En cualquier momento, podrían volver a estos grupos en su contra. Los combatientes de Idlib, ya sean uigures o chechenos, detestan a Turquía, pero no pueden dar un paso sin ella, porque es quien realmente los controla».
Mientras el ministro Asaad al Shaibani era aclamado en el Líbano, Damasco contabilizaba los muertos y heridos tras el ataque más mortífero desde el atentado con bomba contra una iglesia en la capital, ocurrido en junio de 2025. Días después, otro atentado sacudió el final de la visita del presidente de Francia, Emmanuel Macron, primer líder occidental en visitar la nueva Siria de Al Sharaa. Ningún grupo ha reivindicado los atentados, pero las sospechas recaen sobre fundamentalistas suníes o grupos disidentes vinculados al Daesh (Estado Islámico).