Colombia vive inmersa en una guerra que lleva décadas golpeándola. La guerra de la cocaína, que ha dejado miles de muertos, de familias rotas, de miseria precedida por una etapa efímera de lujo y prosperidad, transformada en una espiral de codicia, violencia y corrupción, además … de decenas de películas y series, convirtiendo a los grandes capos, como Pablo Escobar, en iconos. Líderes que, una vez muertos, fueron sustituidos por otros, y estos a su vez por otros. Porque esta guerra no la puede ganar sola Colombia, necesita que la ayuden. Y es más, hay quienes responsabilizan al mundo de no frenarla, de no poner fin a su principal motor: el consumo.
Según el informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), publicado el pasado mes de febrero, la producción mundial de cocaína superó las 3.700 toneladas en 2023, un 34 % más que en 2022. El mercado mundial de la cocaína es el que más rápido crece a nivel global de entre todas las drogas y la ONU atribuye esa expansión al aumento de la producción en Suramérica, especialmente en Colombia, que sería responsable del 70%. Según la ONU, en 2025 se estimaba que más de 25 millones de personas eran consumidoras de cocaína.
A pesar del aumento de las incautaciones, casi 500 toneladas en Colombia en 2025, lo que supuso casi el 60% más que el año anterior, esto no es suficiente para erradicar el problema. Un problema que el periodista e investigador británico Toby Muse, que vivió quince años en Colombia, ha denunciado a través de su libro ‘Kilo’ (publicado ahora en español por Capitán Swing). En él recoge de principio a fin –desde la plantación de la hoja de coca en la selva, a la incautación de la droga en el Pacífico– todo el proceso, quienes participan de él, quienes mueren por él y quienes se lucran con esta droga.
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Poly Martínez
«Pasé tantos años viendo generaciones de colombianos muriendo en una guerra que no tiene sentido que quería mostrárselo al resto del mundo», explica a ABC desde Colombia. «Quise escribir para que lo leyeran en Estados Unidos, en España, en Inglaterra…», donde están los consumidores. «Mira, así es la locura de la violencia, del sexo, de la plata, de las drogas; así se siente. Cuando escribí este libro, los textos sobre cocaína eran muy académicos; hablaban de las cifras del crecimiento de hectáreas de coca, toneladas de cocaína. Y la cocaína no es solo eso, la cocaína es una locura de emociones oscuras y yo quería explicar eso al mundo».
A lo largo del libro, Muse se adentra en las selvas, controladas por rebeldes, donde campesinos –muchos de ellos inmigrantes irregulares venezolanos, que huyen de la pobreza en su país– trabajan de sol a sol recolectando la hoja de coca. Personas a las que el periodista británico pone rostro y que viven su particular drama. Cultivadores a los que un día el gobierno prometió, tras la firma de los Acuerdos de Paz, en 2016, ayudas para sustituir los cultivos de coca por otros, como café. Pero las ayudas no llegaron, y los cultivos continuaron.
«Eso fue un fracaso, una gran decepción para mí», confiesa Muse, que vivió con cierta esperanza la llegada de un cambio. «Un nuevo futuro que no estaba basado en la violencia, en la cocaína, en las drogas y el conflicto eterno. Que podríamos construir una nueva Colombia. Y mire dónde estamos diez años después». Reconoce que se llegó a un acuerdo de paz entre miembros de las FARC –no todos– y el gobierno, «pero yo quería paz para toda Colombia y obviamente no la tenemos. Y la cocaína es la razón principal», señala.
Un soldado vigila un cargamento de coca incautado al Clan del Golfo, en puerto Buenaventura (Colombia).
(Afp)
«Las FARC tenían el control de muchos de los lugares donde se sembraba la coca. Cuando bajaron las armas, dijeron claramente al gobierno: ‘Ahora este territorio es tuyo. Hay que introducir un mínimo de ley y orden y hay que proteger a los campesinos. Eso es el proceso de paz. Este territorio ahora es tuyo. Cuídalo.’ Y el gobierno fue incapaz de tomar el control de este territorio. Otros grupos lo hicieron y generó un nuevo ciclo de violencia. Estas elecciones, que se celebran a final de mes, dicen que pueden ser las más violentas en 20 años», afirma.
En las últimas semanas, los atentados se han multiplicado por el país –el pasado mes de abril se produjeron más de 20 ataques en tan solo 48 horas–, así como los asesinatos y secuestros de miembros de los equipos de campaña de varios candidatos, como el populista Abelardo de la Espriella y la uribista Paloma Valencia.
Espiral de violencia
«Es una vieja tradición aquí en Colombia. Antes de todas las elecciones siempre hay una escalada de violencia porque los grupos armados están mandando un mensaje a cualquiera que vaya a convertirse en presidente: ‘Ustedes tienen que pensar en nosotros. Somos capaces de causar mucho caos. Mira la fuerza que tenemos’. Las elecciones siempre son violentas aquí en Colombia, para negociar».
Tras los acuerdos, los grupos armados se multiplicaron, y con ellos la violencia. «Antes teníamos a las FARC, el ELN y el Clan del Golfo. Esos eran los principales. Ahora hay disidencias de las FARC y otros 20 o 30 grupos». Todos ellos quieren hacerse con el control de la cocaína, que cada año alcanza récord de producción en Colombia. «Pablo Escobar ni podría soñar con la cocaína que tenemos aquí».
Granjeros en una plantación de coca en las montañas del departamento de Cauca (Colombia).
(Afp)
Para Muse, el país suramericano está viviendo «la edad dorada de la cocaína. Hay más que nunca, pero también hay más consumo que nunca en Europa, en Inglaterra, en Estados Unidos, nuevos mercados en Asia, África… La cocaína es capitalismo. Siempre está buscando nuevos mercados».
Según el balance presentado hace unas semanas por InSight Crime, el incremento de incautaciones demuestra un mercado global en rápida evolución. También el cambio de rutas y de formas de distribuirla, así como la forma de moverla. De ahí el uso de la cocaína líquida, «cuyo fin es evadir los escáneres modernos», señala este ‘think tank’ especializado en crimen organizado. Las organizaciones criminales también recurren a otros medios de transporte, como los veleros.
«Estamos viviendo la edad dorada de la cocaína. Hay más que nunca, pero también hay más consumo que nunca en Europa, en Inglaterra, en Estados Unidos, nuevos mercados en Asia, África…»
Toby Muse
Periodista
Una de las causas que han permitido la expansión de esta droga a nivel global es la imagen que se proyecta de ella. «De todas las drogas, la cocaína es la que está más relacionada con el capitalismo. En los años 80, se consumía en Wall Street, en Nueva York, en Londres; me imagino algo parecido en España… En los 90, en Rusia, con los nuevos multimillonarios. Y después se vio en Asia, tras la explosión económica. Hay una conexión entre la sofisticación, la riqueza y la cocaína», asegura. Esta imagen nada tiene que ver con la que se tiene de otras sustancias, como la heroína, el fentanilo, la marihuana… «La cocaína es la droga de la gente guapa, del superlujo». Y se transmite a través de películas y series de televisión: «Son como dos mundos: los ricos toman esto y los pobres lo otro».
Morir antes de los 30
En el libro, Muse aborda todos los eslabones de la cadena del proceso de fabricación y distribución cocaína: desde los ‘combos’ (chavales que se dedican al narcomenudeo y aspiran a convertirse en un gran narco), hasta los capos y los sicarios que velan por la vida de sus jefes y de su poder, o los ‘invisibles’ (narcos de guante blanco con negocios legales para blanquear y cerrar tratos)… También pasó al otro lado, el de quienes intentan erradicarla (miembros del Ejército colombiano) o incautarla (barcos de guardacostas de los EE.UU.)
En cada una de esas historias el periodista intenta mostrar el lado humano –y también oscuro– de cada uno de ellos, pero «sin justificarlo». Tras decenas de entrevistas a lo largo de años, reconoce que cuando terminó de escribir el libro, «me di cuenta de que todo el mundo tenía un atisbo de arrepentimiento. Todos habían hecho un trato con el diablo porque la cocaína te hace muchas promesas: ganar mucha plata para tener una novia actriz, modelo, un coche de lujo… Pero el precio es alto, no llegar a los 30 años».
«Muchos hacen un pacto con el diablo: ganar mucho dinero, tener una novia actriz, coches caros… Pero es probable que no llegues a los 30 años»
Toby Muse
Periodista
Muse ha visto cómo algunos de esos sicarios o capos, rebasada esa edad, viven su cuenta atrás. «Ya está llegando el momento en el que el diablo te va a cobrar este pacto. Y entonces quieren salir, dejarlo. Y negociar con el gobierno. Todo el mundo se siente atrapado en este mundo», sostiene.
Ese miedo también lo ha percibido en las fuerzas de seguridad colombianas, que luchan contra la cocaína y ven que, a pesar de los esfuerzos, están perdiendo la guerra. «Estamos haciendo eso, arriesgando la vida y no cambia nada», han confesado con frustración a Muse.
La muerte está muy presente, en uno y otro lado. También alcanza a quienes eligen informar, denunciar lo que está pasando. «Hay una gran cantidad de periodistas colombianos que han muerto por este trabajo». Muse, sin embargo, reconoce que él gozaba de una situación privilegiada. «Yo no me sentí como un blanco porque los periodistas extranjeros tenemos un escudo. Pero a un colombiano lo matan sin pensarlo dos veces y eso es muy triste». Ese fue el caso de Mateos Pérez Rueda, un periodista de 23 años, director de la web ‘El confidente’, asesinado a principios de este mes de mayo por las disidencias de las FARC mientras hacia su trabajo.
El periodista colombiano Mateos Pérez Rueda.
(RR.SS.)
Método Trump
Sobre el futuro de Colombia y cómo ganar esta guerra contra la cocaína, Muse no tiene muchas esperanzas. «Las autoridades van por detrás; hay todo tipo de artilugios, cambian las rutas, los narcos siempre tienen un plan B o un plan C. Esta industria es como un organismo que siempre está en proceso de evolución. Y es el viejo juego del gato y el ratón. Pero, ¿hasta cuándo vamos a seguir haciendo lo mismo?», se pregunta. «Me gustaría que la gente, al terminar mi libro, piense: ¿qué sigue? ¿Vamos a pasar los próximos 50 años haciendo lo mismo? Obviamente, no estamos ganando esta guerra. Hay que buscar una alternativa», reclama.
«Creo que vamos a ver muchas misiones al estilo Bin Laden. Helicópteros sobrevolando México, Ecuador…, extrayendo a alguien o matándolo allá»
Toby Muse
Periodista
Preguntado por los métodos de Trump, cuya Administración ha volado decenas de presuntas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, el periodista británico cree que «vamos a ver una escalada aquí en América Latina en la guerra contra las drogas. Recuerde la misión de Osama bin Laden. Creo que vamos a ver muchas misiones así: dos helicópteros a medianoche, 20 soldados de un grupo de élite llegando a una zona en México, en Ecuador, en Colombia…, extrayendo a alguien o matándolo allá. Creo que vamos a ver mucho de eso porque los americanos están muy frustrados con estos niveles de cocaína, de fentanilo, de heroína…».