«Jamás, ni en mi estudiosa juventud, ni siquiera a comienzos de ese año 68, hubiera podido imaginar tal fiesta», decía Simone de Beauvoir sobre los inicios de la revueltas de aquel mayo de finales de los sesenta, si bien mantuvo una mirada crítica sobre … la evolución del conflicto durante el mes siguiente, cuando las protestas derivaron en enfrentamientos ciegos y luchas de facciones. Casi seis décadas después los estudiantes franceses han vuelto a tomar las calles de todo el país en unas movilizaciones que ya dejan decenas de detenidos y cientos de heridos.
El germen de estas manifestaciones a lo largo y ancho del Estado se localiza en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, una ciudad al sudeste de París, donde los profesores se declararon en huelga el pasado 17 de septiembre. Protestaban por la falta de personal y de recursos cuando los alumnos decidieron unirse a ellos y bloquear el centro con contenedores de basura y vallas de obras cercanas. Tres semanas después, la movilización estudiantil se ha extendió por toda Francia en un contexto de intenso debate político en el que la Inteligencia gala ha llegado a acusar a la izquierda de promover e instrumentalizar las protestas.
Las imágenes de la movilización de este instituto incendiaron las redes sociales y atrajeron, el lunes siguiente, al diputado de Francia Insumisa Louis Boyard, que brindó oficialmente su apoyo a los estudiantes en un vídeo. «Estos jóvenes de los suburbios transmiten un mensaje precioso: simplemente les piden libertad, igualdad y fraternidad. Y si no se lo conceden, vendrán a por ello», afirmó en su mensaje el parlamentario de la formación de izquierdas liderada por Jean-Luc Mélenchon.
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Enric Bonet
Las protestas se propagaron como la pólvora a los institutos cercanos, y el 24 de septiembre -una semana después de esa concentración primigenia- cerca de diez centros de la región de París estaban bloqueados por los estudiantes, que defienden las mismas reivindicaciones que sus compañeros de Créteil. Desde este instituto aseguran que el movimiento no es de carácter político, sino estudiantil, y que se basa en cuestiones concretas propias de cada escuela.
Deterioro de las condiciones de aprendizaje
En términos generales, las protestas que cruzan el país denuncian un deterioro generalizado de las condiciones de aprendizaje, entre las que destaca la escasez de personal. Existe una falta grave de profesores, muchos de los cuales no han sido sustituidos, así como de enfermeras escolares. También critican la degradación de las instalaciones, con edificios insalubres, ausencia de calefacción y aire acondicionado, ventanas tapiadas y condiciones higiénicas cuestionables.
En unas manifestaciones que el pasado martes lograron congregar a 450.000 personas, según los sindicatos, y 256.000, de acuerdo con el Gobierno, los estudiantes se quejan también de las carencias del equipamiento, con falta de mesas y sillas, así como de ordenadores y proyectores. Asimismo, protestan por el hacinamiento y hablan de aulas superpobladas, lo que, afirman, repercute negativamente en la calidad de la enseñanza.
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A las reivindicaciones se han sumado también los sindicatos estudiantiles, que han extendido las quejas a la situación económica actual. En este sentido, exigen un aumento de las ayudas económicas para los jóvenes y se oponen a las medidas presupuestarias previstas por el Gobierno, que, consideran, pueden aumentar el coste de la vida y de los estudios para los hogares más humildes.
Posible instrumentalización
Mientras las movilizaciones se encaminan hacia su primer mes de duración con las clases suspendidas desde el miércoles hasta el viernes, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha acusado al partido izquierda radical Francia Insumisa de alentar las protestas y los disturbios a partir de un informe de la Inteligencia gala. Por su parte, el partido de Mélenchon lo niega y culpa al responsable del Ejecutivo de «conspiracionismo».
Algunos medios que han accedido al documento, como ‘Le Monde’ y ‘Le Figaro’, se han mostrado más cautos. «Aunque los servicios de inteligencia observan la influencia de la extrema izquierda capaz de llevar las riendas de los bloqueos, la demostración que hacen parece más bien ilustrar una voluntad de algunas organizaciones políticas o sindicales de aprovecharse de un movimiento estudiantil especialmente disperso y espontáneo y, por lo tanto, difícil de controlar», escribió el primero.
En esta línea, a lo largo de estas tres semanas, se han añadido a las protestas sindicatos de docentes y personal escolar, que comparten las mismas reclamaciones que los alumnos e inciden en la escasez de personal y la congelación de los salarios. También los padres se han unido a las movilizaciones con el objetivo de gestionar las concentraciones y proteger a los menores durante los enfrentamientos con las fuerzas del orden.
Los principales sindicatos interprofesionales también han terminado marchando en las protestas junto a los estudiantes y han convocado jornadas de huelga nacional como muestra de su oposición a las medidas de austeridad y a los recortes presupuestarios del Gobierno. Incluso el sector agrícola hizo un llamamiento a unirse a las movilizaciones de estos jóvenes.
Concurrencia con otras protestas
Estas concentraciones estudiantiles han concurrido en el tiempo con las protestas protagonizadas por otros colectivos, como el de funcionarios y jubilados, que han protagonizado sus propias movilizaciones en contra de la congelación de los salarios de los trabajadores públicos y las pensiones para rebajar el déficit, contempladas en el Proyecto de Ley de Presupuestos. Además, en algunas de las manifestaciones se han visto chalecos amarillos, símbolo de los movimientos por la justicia social.