El Papa ha rezado en el cementerio de Lampedusa ante la tumba de un bebé de seis meses rescatado en un naufragio en 2020. «Quienes han fallecido en este mar son víctimas tanto de las decisiones tomadas como de las decisiones que no se tomaron», … ha lamentado antes de recordar que «Europa posee un potencial único» para resolver la crisis migratoria.
Trece años después del emblemático viaje del Papa Francisco a Lampedusa, León XIV ha regresado este sábado a esta isla del Mediterráneo que ha sido el punto de llegada a Europa para cientos de miles de inmigrantes. «En este lugar, más que las palabras, hablan los gestos», ha reconocido nada más llegar.
Primero ha visitado el cementerio de Cala Pisana, donde quince tumbas custodian los restos de inmigrantes. El Papa ha rezado en silencio y ha dejado una corona de flores en la de un bebé de seis meses llamado Yusuf, fallecido en un naufragio en 2020 a solo cuatro millas de la costa. Su madre era una guineana de 17 años. Lo rescataron con vida frente a las costas de Libia, pero falleció de hipotermia antes de llegar al hospital. «¿Por qué tan pronto, hijo mío? Mamá y papá te querrán para siempre», le recuerda una dedicatoria en inglés.
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Desde allí se ha trasladado hasta el punto de Italia situado más al sur. Allí está la enorme escultura llamada Puerta de Europa, que sirve de punto de referencia a quienes intentan llegar en pateras. Es un monumento para inmigrantes fallecidos o desaparecidos en el Mediterráneo que mide cinco metros de alto por tres de ancho. La obra, de cerámica y hierro para reflejar los rayos de sol y ser visible desde lejos, fue realizada en 2008 por el artista Mimmo Paladino.
Allí, un niño inmigrante ha entregado al Papa un balón de fútbol del Mundial y le ha explicado el motivo en una carta leída en voz alta: «Hace diez años, mi historia comenzó aquí en Lampedusa. Estaba solo y había perdido muchísimas cosas, sobre todo a mi madre. Dicen que no paré de llorar hasta que me dieron un balón hecho con papeles. Ese balón se quedó en mi corazón y no he dejado de jugar. Espero que este balón que te regalo ahora pueda llegar a algún niño y hacerlo feliz».
León XIV, con una familia de inmigrantes, se encamina a la Puerta de Europa, el monumento que recuerda a los ahogados en los naufragios de pateras.
(Reuters)
En medio de un fuerte viento, y con el rumor de las olas de fondo, el Papa ha atravesado en solitario el umbral de esa puerta, y luego ha caminado entre las rocas del acantilado hasta llegar al punto más alto. Allí se ha detenido para contemplar el horizonte y escuchar en silencio el drama que cela este lugar.
Muelle Favaloro lleva el nombre del Papa Francisco
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La tercera parada ha sido en el muelle de Favaloro, donde suelen desembarcar los supervivientes, para saludar a un grupo de migrantes rescatados el viernes por la noche por la Guardia Costera. Hoy, en el centro de acogida hay 114 personas, pero a lo largo de estos años han pasado por aquí 182.000 migrantes. Desde este sábado, el muelle llevará el nombre del Papa Francisco.
La cita final ha sido en una explanada con campos deportivos cerca del mar, donde León XIV ha celebrado una misa ante unas 20.000 personas. «Lampedusa es un pequeño pedazo de tierra en medio del mar, pero desde hace muchos años carga sobre sus hombros grandes interrogantes, profundas heridas y alegres esperanzas que pertenecen al mundo entero», le ha explicado allí el alcalde de Lampedusa, Filippo Mannino. «Es el lugar donde muchas personas han buscado salvación, dignidad y un futuro. Algunas han encontrado una nueva perspectiva; otras nunca llegaron», ha recordado.
«Quienes han fallecido en este mar son víctimas de la indiferencia hacia el bien común, la corrupción en sus lugares de origen y un sistema que genera pobreza y exclusión»
León XIV
Papa
«Estoy aquí para deciros que el Papa sigue acompañándoos, os apoya y os anima», le ha respondido en su saludo antes de la misa, para explicar el contexto de sus gestos. «Pero no he venido a dar discursos, sino a celebrar la eucaristía», ha precisado. Sin embargo, en la homilía no se ha ahorrado palabras fuertes.
«Quienes han fallecido en este mar son víctimas tanto de las decisiones tomadas como de las decisiones que no se tomaron», ha dicho antes de distribuir responsabilidades. Luego, ha precisado que se refiere a «la indiferencia hacia el bien común y la corrupción en sus lugares de origen, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que alimenta los prejuicios y el desprecio, la idea de que esos problemas no nos conciernen, los cálculos criminales de quienes se lucran con el drama ajeno, el lento y difícil paso de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas integrales y consensuadas».
El Pontífice ha rezado ante la tumba de Yusuf, quien pereció con solo seis meses en un naufragio en 2020.
(Reuters)
En contraste, el Papa ha solicitado «que la inmensidad del dolor que observamos nos haga comprender lo radical que es esta llamada» a construir una «civilización del amor», que «debemos dar forma espiritual, cultural, jurídica, política y económica». «Contamos con los recursos y las oportunidades necesarios para hacer realidad la esperanza», ha asegurado.
Europa tiene potencial único
León XIV ha reconocido que el fenómeno migratorio plantea un «desafío trascendental a las sociedades europeas», pero ha recordado que «Europa posee un potencial único» y «una responsabilidad equivalente» para afrontarlo.
«Por su ubicación geográfica y su estructura institucional, Europa es capaz de afrontar la crisis de manera integral, integrando la ayuda de emergencia en un plan estratégico a largo plazo, capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de modo que nadie se vea obligado a emigrar. Todo ello velando por el respeto a la dignidad de cada persona. Es una tarea que incumbe a las instituciones públicas, pero también a toda la sociedad civil y a la Iglesia».
«Europa es capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo»
El Papa ha recordado que en Tenerife abordó el contraste entre la «cultura de la acogida» y la «vocación turística». «Para muchos, las vacaciones son solo distracción, ligereza, despreocupación y parece que haya que levantar un muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes. Tened la audacia de pensar de otra manera», les ha pedido. La propuesta del Papa es que «cualquiera que pase un tiempo, incluso de descanso, en esta isla, pueda volverse más humano al medirse con vuestra caridad, con lo que el mar os ha enseñado, con los encuentros que os han formado».
El testigo silencioso de la visita de casi cuatro horas a la isla ha sido el Mediterráneo. Según Acnur, desde que comenzó el año, lo han atravesado 14.388 personas para llegar a Italia, de las cuales 2.758 lo han hecho en junio. Más de la mitad, un 56%, ha entrado por Lampedusa. Pero en ese mismo periodo han fallecido o desaparecido 1.397 inmigrantes que intentaban recomenzar su vida en Europa. Ahora descansan bajo sus aguas. Como recordaba el Papa Francisco, el Mediterráneo es también un cementerio.