El acuerdo que Donald Trump asegura estar negociando para poner fin a la guerra con Irán empieza a tomar forma, aunque por ahora más a través de filtraciones, declaraciones contradictorias y borradores difundidos por medios iraníes que mediante anuncios oficiales.El acuerdo provisional, que … no ha sido confirmado por la Casa Blanca, contempla un alto el fuego de sesenta días durante el cual ambas partes negociarían un pacto nuclear definitivo, la reapertura total del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, la liberación de hasta 24.000 millones de dólares de fondos iraníes congelados, el eventual levantamiento de sanciones y la reconstrucción de Irán, mientras Teherán mantendría por ahora su programa de enriquecimiento de uranio y quedarían fuera de la negociación sus misiles balísticos y su red de milicias aliadas en Oriente Próximo.
Trump ha advertido este viernes a Irán que «ponga sus cosas en orden» y asegura, en un mensaje publicado a través de su red social Truth Social, que la supuesta versión del plan de paz que Teherán divulgó «no tiene relación con la verdad». También acusa al régimen de los ayatolás de ser «personas muy deshonrosas a la hora de negociar».
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David Alandete
El jueves, el presidente estadounidense afirmó desde el Despacho Oval que ambas partes habían alcanzado ya un «gran acuerdo» y avanzó que, una vez completados los documentos finales, podría celebrarse una ceremonia de firma «quizá en Europa» en los próximos días. Según varias fuentes diplomáticas citadas por la cadena CNN, esa firma podría producirse incluso este fin de semana en Ginebra, con asistencia del vicepresidente JD Vance.
Este viernes, sin embargo, como ha solido hacer por las mañanas, Trump volvió a endurecer el tono. Acusó a Teherán de actuar de forma «deshonrosa» por filtrar a la prensa una versión del pacto que, según él, «no tiene nada que ver con los términos acordados por escrito». El presidente denunció especialmente las informaciones iraníes sobre el estrecho de Ormuz y advirtió que los ataques contra la navegación en esa vía marítima estratégica son «totalmente inaceptables».
Pese al cruce de acusaciones, las filtraciones procedentes de medios oficiales iraníes ofrecen por primera vez una descripción relativamente detallada de lo que se negocia. Según la agencia estatal IRNA y otros medios próximos al régimen islámico, el documento se encuentra en su fase final y serviría como acuerdo provisional para abrir ese período de negociación de sesenta días.
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Durante ese plazo se discutirían los asuntos más complejos: el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones económicas, la liberación de activos congelados y las compensaciones por los daños causados durante la guerra. Teherán sostiene que exige la liberación de 24.000 millones de dólares actualmente bloqueados en el extranjero, así como un futuro proceso para levantar las sanciones estadounidenses. Varios medios de Estados Unidos revelan que Israel se opone a la descongelación de los activos iraníes.
Bloqueo de fondos iraníes
En materia nuclear, Irán no aceptaría nuevas limitaciones inmediatas y mantendría su derecho al enriquecimiento de uranio mientras continúan las negociaciones. Los medios iraníes también aseguran que el texto excluye cualquier discusión sobre el programa de misiles balísticos o el apoyo de Teherán a grupos armados aliados en Oriente Próximo como la milicia libanesa Hizbolá, dos cuestiones que Israel considera esenciales. De ser así, un acuerdo en estos términos sería muy similar al que Barack Obama negoció en su presidencia.
Precisamente Israel observa las conversaciones con creciente escepticismo. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha mantenido contactos frecuentes con Trump y sostiene que cualquier acuerdo definitivo debe eliminar las reservas de uranio enriquecido iraní, desmantelar su programa nuclear y limitar sus capacidades militares. Fuentes israelíes citadas por los medios estadounidenses consideran improbable que un memorando inicial desemboque necesariamente en un acuerdo permanente. Habría por lo tanto margen para negociar y presionar.
El borrador filtrado también contempla una reapertura gradual del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, aunque Irán rechaza cualquier cesión de control sobre esa ruta. Quedarían además por resolver cuestiones técnicas complejas, como la retirada de minas navales y las garantías necesarias para que las compañías marítimas vuelvan a operar con normalidad.
Fuentes cercanas a las negociaciones describen el posible acuerdo como una primera fase política destinada a detener las hostilidades y ganar tiempo para resolver los aspectos más delicados. La segunda fase, reconocen incluso los negociadores, será mucho más difícil, y podría prolongar el bloqueo del Estrecho.
Ormuz, punto clave de fricción
La cautela de ambas partes responde también a los antecedentes. Trump ha anunciado en numerosas ocasiones durante las últimas semanas que un pacto estaba al alcance de la mano para después regresar a las amenazas militares. De hecho, mientras el presidente habla ya de una posible ceremonia de firma, los funcionarios iraníes insisten en medios estatales en que el texto aún debe ser revisado y aprobado por las instituciones de la república islámica.
La guerra comenzó en febrero cuando Trump decidió recurrir a la fuerza para golpear las instalaciones nucleares y militares iraníes, convencido de que una demostración de poder obligaría a Teherán a aceptar un acuerdo imposible de lograr durante años de negociaciones. Desde el primer momento sostuvo que los ataques no buscaban una guerra prolongada, sino forzar una rendición diplomática que eliminara la amenaza nuclear iraní y permitiera presentar una paz negociada bajo su liderazgo.
Desde entonces se ha repetido una secuencia ya habitual aquí en Washington. Cuando la tensión amenaza con dispararse y los mercados buscan señales de estabilidad, Trump suele comparecer o publicar mensajes en los que asegura que el acuerdo está cerca, que las conversaciones avanzan o que se ha producido un progreso decisivo.
Ha ocurrido varias veces durante este conflicto, el patrón de amenazas por la mañana, optimismo al final del día. Los inversores celebran la perspectiva de una desescalada, pero las negociaciones vuelven después a atascarse. Esta vez, sin embargo, las filtraciones de un borrador, los preparativos para una posible firma en Europa y las conversaciones sobre sus términos concretos sugieren que podría existir algo más sólido que en ocasiones anteriores.