La violencia con armas de fuego es una lacra que golpea a EE.UU. cada día. Pero es incluso más dramática y dura de encajar cuando ocurre una tragedia como la de esta semana en Bend, una ciudad de Oregón: una matanza perpetrada por un … menor contra menores.
Un adolescente de 16 años entró este jueves en un colegio de primaria de esta ciudad idílica del oeste de EE.UU., entre bosques y montañas adorados por los amantes de la naturaleza, y mató a tres niños y una maestra. Los estudiantes tenían 5, 8 y 11 años. El autor también hirió a un menor de 7 años y a otro docente, que se encuentran en estado crítico.
La matanza podría haber sido mucho peor si el atacante hubiera tenido más tiempo. Pero lo evitó un vecino, que vio al chico entrar al colegio con un arma larga. El vecino también estaba armado, entró en el centro escolar y consiguió dar con el joven y abatirlo antes de que aumentara la masacre.
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Javier Ansorena
Los medios estadounidenses han identificado al atacante como John J. Griffin. Al parecer, el arma pertenecía a su madre. Pero fue adquirida a pocos días del cumpleaños del joven, por lo que se sospecha que fue un regalo para él.
«Mi hijo era un buen chico, de verdad», dijo Shauntai May Nickerson, la madre del atacante, a la prensa que acudió a su hogar. «Si hubiera podido evitar esto, lo hubiera hecho», añadió, pero no dio detalles de cómo el joven pudo acceder al arma.
«Al miembro de la comunidad que intervino de forma heroica y evitó una pérdida mayor de vidas, quiero decirte que sé que tu acción acarrea un gran peso emocional y que sepas que mis pensamientos están contigo», dijo la gobernadora de Oregón, Tina Kotek.
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Ese héroe es Kaylub Giamanco, de 36 años, según confirmó a la cadena de televisión NBC su hermano, Kyle. Giamanco tiene dos hijas en el colegio y la familia era amiga del menor que resultó herido. Giamanco es carpintero y pasó por casualidad delante del centro escolar a la hora del ataque. No iba a recoger a sus hijas, sino que regresaba a su casa en la pausa del almuerzo. Su hermano aseguró que Giamanco no se siente un héroe porque no llegó a tiempo de salvar más vidas.
Giamanco pudo abatir al tirador porque dio la casualidad que justo pasaba delante del colegio a la hora del ataque
De momento, una de las víctimas ha sido identificada: la de 5 años, de nombre Rhoam Summer. Su padre, Kelik, compartió un mensaje en Facebook tras el tiroteo en el que dijo que el jueves fue «el peor día de nuestra vida. Mi hijo Rhoam ha muerto en el tiroteo escolar. Estamos rotos y perdidos, pero estamos rodeados de amigos y familia que nos protegen».
La tragedia empezó un poco antes de la una de la tarde, en plena hora lectiva. Era una jornada especial para los alumnos: el día en el que se sacan la foto de clase. El joven llegó armado hasta el aparcamiento del colegio y allí se enfrentó con el conductor de una ranchera que salió a su paso. Le disparó varios tiros y destrozó una de las lunas del vehículo, pero no acabó con el conductor, que fue el primero en llamar a la Policía.
Las autoridades llegaron al lugar en pocos minutos. Pero, para entonces, el atacante ya había logrado entrar en el colegio, disparando a las puertas, que estaban bloqueadas. Y acabó con la vida de los tres niños y de la docente, además de herir a otras dos personas. Antes de que aparecieran los agentes, Giamanco consiguió localizar al atacante y acabar con él.
«Es el peor día de nuestra vida. Mi hijo ha muerto en el tiroteo escolar. Estamos rotos y perdidos»
Kelik Summer
Padre de una de las víctimas
«Un miembro de la comunidad que vio al sospechoso entrar al colegio le siguió dentro del centro y se enfrentó a él», dijo el jefe de la Policía de Bend, Mike Krantz.
Sin la intervención de Giamanco, la tragedia podría haber sido mayor. El colegio, la Escuela Elemental Silver Rail, acoge a 400 alumnos, desde preinfantil hasta quinto de primaria, y cuarenta docentes y trabajadores.
Una maestra del centro, Kathy Sheil Smith, aseguró a la cadena local KPTV, que vio al atacante llegar a la escuela desde la ventana de su clase y avisó de inmediato a las oficinas. Cerró su puerta, llevó a sus estudiantes a una esquina de la clase y les pidió que mantuvieran la calma. «Tenían mucho miedo, sus miradas eran algo difícil de contemplar», contó. «Algunos niños rezaban, otros consolaban a compañeros».
Un lugar tranquilo eclipsado por la matanza
La matanza provocó una conmoción inmediata en Bend, la principal ciudad del centro de Oregón, con 107.000 habitantes. Es un lugar rodeado de bosques y montañas de gran belleza, ideal para el excursionismo y el esquí, un entorno fantástico donde nadie espera que algo así ocurra. Pero ni siquiera es la primera vez. Hace solo cuatro años, un atacante abrió fuego a mansalva en un supermercado: disparó cien veces, mató a dos personas y después se pegó un tiro.
«Es un día oscuro, un día horrible. Y un día que nos afecta tanto, con tanta profundidad, a tantos de nosotros. No hay palabras para explicar la pérdida que hemos sufrido hoy», dijo la alcaldesa de Bend, Melanie Kebler, durante una vigilia organizada el jueves por la noche en un parque de la ciudad.
Además del lamento por las víctimas, había exigencias de un mayor control de armas, un debate eterno en EE.UU. en el que los tiroteos y las matanzas apenas cambian las regulaciones. Oregón, sin embargo, es uno de los estados con normas de control de armas más exigentes, con mayores restricciones en su acceso que en la mayor parte del país.
La matanza en Silver Rail es el último episodio de una de las vertientes más dolorosas de las muertes con armas de fuego en EE.UU.: los tiroteos en escuelas e institutos. Desde el de Columbine, en Colorado, en 1999, que conmocionó a la primera potencia mundial, las matanzas se han repetido. La peor fue la de la escuela Sandy Hook, en Newtown (Connecticut) en 2012, en la que un joven de 20 años mató a 20 niños y seis docentes. Otras de gran envergadura han sido las de Uvalde (Texas), en 2022, con 19 niños y dos docentes muertos, o la de Parkland (Florida) con 17 fallecidos.