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El Banco de Bogotá y Seguros Alfa presentan una solución diseñada para proteger los activos que hacen posible la operación de las pequeñas y medianas empresas colombianas.
Cuando cambiamos las tarifas de nuestros móviles siempre tenemos en el punto de mira la velocidad del ancho de banda y los gigas de internet que nos ofrecen las compañías telefónicas. Sin embargo, se puede dar el caso de que las características contratadas no se ajusten a nuestra petición, por ello, es recomendable realizar un test de velocidad de internet para saber si realmente se ajusta a lo contratado, por si se debería realizar cambios con la compañía contratada.Aplicaciones para realizar las pruebasLa forma más sencilla es realizar el test gratuito que ofrece Google, ya que consiste en transferir cerca de 40 MB de datos para comprobar la velocidad. Además, en menos de 30 segundos es posible saber si la conexión se ajusta a lo contratado, teniendo en cuenta que no recopila ningún dato personal.Otra forma es a través de la función que ofrece la empresa estadounidense Ookla llamada ‘Speedtest’, donde se puede realizar pruebas personalizadas en función del dispositivo, navegador o sistema operativo, además de otorgar información sobre el ping (comprobar el estado de redes). A pesar que avisa y considera legal compartir datos, recopila más información cuando se realizan las pruebas.Por otro lado, la plataforma ‘Fast’ permite ver la velocidad de Internet, mide los tiempos de carga y muestra la ubicación del servidor.Cómo realizar los testPara llevar a cabo las pruebas de velocidad, se tiene que conectar el ordenador o dispositivo al router mediante cable para que no se produzca ninguna pérdida de datos. No obstante, si se utiliza una aplicación móvil, se puede medir con precisión el ancho de banda disponible en cada habitación de la casa.Una vez realizadas las pruebas, se puede reclamar a la compañía o volver a ver películas, series, jugar a videojuegos o teletrabajar.
23/09/2026 a las 05:30h.
La inteligencia artificial llegó a las aulas como una herramienta que podía resolver dudas o agilizar las tareas cotidianas, con la promesa de ayudar al estudiante, pero ahora es un hábito omnipresente que amenaza con alterar el proceso de aprendizaje de cualquier centro docente.
Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) advierte que este fenómeno está provocando una «rendición cognitiva» entre los estudiantes. Es decir, en cuanto su entorno académico presenta una mínima dificultad, los jóvenes delegan el aspecto intelectual en los asistentes virtuales.
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Ana Laura Palacios
El atajo, una tentación difícil de ignorar
La tentación de recurrir a la IA aumenta, sobre todo, cuando los alumnos tienen que hacer frente a la presión de los plazos de entrega. Pero utilizar un agente de IA para resolver un problema de forma inmediata está muy lejos de asimilar el conocimiento, que es el objetivo final de la educación.
«Obtener la respuesta correcta de un chatbot puede crear la ilusión de aprendizaje, pero también puede desencadenar una ‘rendición cognitiva’ en la que los estudiantes recurren a la IA al primer indicio de dificultad», advierte el estudio.
La evolución de los robots humanoides está destinada a que cada vez se parezcan más a las personas. Desde hace tiempo son capaces de hacer cosas que hasta hace poco parecían reservadas solo a los seres humanos. Más allá de poder caminar, correr, saltar, practicar deportes, realizar tareas cotidianas e incluso trabajar en empresas, también hemos visto que son capaces de poder pelear. Ya hemos presenciado diversos combates entre diferentes robots humanoides, pero nunca el rival había sido una persona y esto es precisamente lo que acaba de pasar.El creador de contenido estadounidense Frankie LaPenna se enfrentó el pasado 18 de septiembre a un robot humanoide EngineAI T800 durante un evento en San Francisco organizado por Robot Entertainment Kombat (REK).Esta empresa ya ha organizado varios combates entre robots controlados por personas, pero en esta ocasión dieron un paso más al colocar a un humano dentro de la jaula frente a uno de sus humanoides.El primer combate entre una persona y un robot humanoideTal y como informan desde Interesting Engineering, la organización presentó el enfrentamiento como el primer combate entre un humano y un robot humanoide que, curiosamente, posee el nombre del robot original de la película Terminator, además de recordar al mismo por su apariencia. Dicho esto, el robot, a pesar de que podía moverse, mantener el equilibrio y lanzar golpes, no decidía por cuenta propia lo que quería hacer, sino que estaba controlado a distancia por una persona mediante realidad virtual y otros sistemas de teleoperación.La inteligencia artificial era la encargada de realizar las diferentes acciones, como mantener el equilibrio y no caerse, corregir la postura mientras el operador controlaba todos sus movimientos. En el video se puede apreciar al creador de contenido mantener la distancia al lanzarle varios golpes y el robot apenas se movió al recibirlos. De hecho, poco después empezó a avanzar hacia él y respondió con una patada que mandó al creador de contenido al suelo. Esta fue una de las escenas más llamativas de toda la exhibición.Según datos oficiales de la compañía, el robot EngineAI T800 mide 1,73 metros de altura y pesa entre 75 y 85 kilos, dependiendo de la configuración. En muchos momentos las imágenes son espectaculares y, por los movimientos del robot, podría parecer que todo es real, pero la máquina estaba controlada por un ser humano. Eso sí, tal es la evolución de la inteligencia artificial y de la robótica, que esta demostración sirve perfectamente para analizar y comprobar hasta dónde podrían llegar. Puede que no estemos muy lejos de un combate entre un humano y un humanoide totalmente auténtico.
Hay información que parece no tener la suficiente importancia hasta que toda ella se junta. Por ejemplo, una búsqueda, una ruta o visitar un lugar puede parecer algo pequeño si se trata de forma independiente, pero si se une, puede dibujar una idea bastante precisa de dónde está una persona y qué lugares frecuenta. Precisamente, Google utiliza distintos ajustes para manejar parte de esa información y ahora, por cómo gestiono esos datos de ubicación, Google acaba de recibir una multa de 403 millones de euros de la Comisión de Protección de Datos de Irlanda (DPC).En concreto, consideran que la compañía de Mountain View incumplió el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea) en varias de sus prácticas entre el 25 de mayo de 2018 y el 4 de febrero de 2020.Según informan desde la DPC, la investigación se centró en tres funciones concretas de Google: Actividad en la Web y en Aplicaciones, Historial de ubicaciones y Precisión de la ubicación. La resolución considera que hubo problemas relacionados con la legalidad, transparencia y, en algunos casos, la conservación de los datos.Así funcionan las tres funciones por las que Google ha sido sancionadoEl ajuste de Actividad en la Web y en Aplicaciones permite guardar en la cuenta información sobre la actividad que se ha realizado en determinados servicios de Google, como búsqueda, navegación, y podría incluir datos relacionados con la ubicación. Las autoridades concluyeron que Google no cumplió los principios de legalidad, equidad y transparencia, y tampoco con las obligaciones. También cuestionaron durante cuánto tiempo conservaba esos datos.El Historial de ubicaciones está pensado para registrar lugares visitados y rutas y mostrarlos en la cronología; básicamente, permite registrar los lugares por los que pasa el usuario. En este caso, la DPC también detectó problemas similares en la forma en la que Google obtenía y trataba esos datos, además de una serie de deficiencias relacionadas con la conservación de los datos.El tercer elemento es la Precisión de la ubicación, una función de Android que permite calcular una ubicación más precisa gracias a las señales de GPS, WiFi y móviles y sensores del dispositivo. Se consideró que Google no pudo demostrar adecuadamente el cumplimiento de los principios de legalidad, equidad y transparencia.Google responde y la Organización Europea de Consumidores celebra la decisiónDicho esto, desde Google remarcan que la resolución habla de las prácticas comprendidas entre 2018 y 2020, por lo que no demuestra que estos tres controles funcionen ahora mismo de la misma manera. De hecho, Google ha cambiado algunos de estos sistemas y sus opciones desde entonces.Así que, para revisarlos, el usuario puede consultar Actividad Web y en Aplicaciones desde los controles de actividad de su cuenta de Google y gestionar la Cronología desde Google Maps. En Android, la precisión de la ubicación se encuentra en Ajustes – Ubicación – Servicios de ubicación – Precisión de ubicación, aunque los nombres pueden variar según el dispositivo.Por otra parte, la decisión también ha sido celebrada por la Organización Europea de Consumidores (BEUC), que coordinó todas las denuncias presentadas en 2018 por varias asociaciones europeas. Su director general, Agustín Reyna, considera que es una buena noticia porque responsabiliza a Google y confirma las irregularidades señaladas sobre el uso de los datos de ubicación. «Google lleva años rastreando a cientos de millones de consumidores europeos para obtener la mayor cantidad de información posible sobre ellos. Los datos de ubicación pueden ser extremadamente sensibles, ya que revelan mucho sobre nuestra vida privada: a qué colegio van nuestros hijos, cuántas veces hemos visitado un hospital o incluso un lugar de culto», comenta Reyna.
Jensen Huang, CEO y cofundador de Nvidia, descarta todos los pronósticos que señalan que la inteligencia artificial podría provocar la extinción de la humanidad en la próxima década. «2030 no va a ser el fin del mundo», afirmó en una entrevista con ‘CBS News … ‘, «hay un 0 % de probabilidades de que la IA destruya el mundo».
Huang responde directamente a declaraciones como las de Evan Hubinger, investigador jefe de Anthropic especializado en alineamiento de IA, quien publicó en X que hay más de un 10 % de probabilidad de que esta tecnología pueda «matar a todos los humanos» en los próximos diez años.
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Ana Laura Palacios
«Asustar a la gente es innecesario e irresponsable»
Los discursos catastrofistas responden en muchos casos a intereses mediáticos o políticos más que a evidencias reales, según el líder de Nvidia, quien defiende que estas «narrativas apocalípticas» no están fundamentadas en la ciencia. Además, enfatizó que «asustar a la gente es innecesario e irresponsable».
Aunque la transición de los modelos de IA desde los laboratorios de ensayo hacia productos comerciales exige elevar las medidas de seguridad, opina que dramatizar el proceso desvirtúa el verdadero avance técnico.
Huang garantizó que Nvidia no comercializará herramientas que carezcan de garantías de seguridad, pero está en contra de frenar el ritmo de desarrollo frente a la competencia geopolítica con países como China: «Deberíamos ir tan rápido como podamos al margen de lo que hagan los demás».
«Están pidiendo que se les libere de las leyes que ya tenemos»
Ante las peticiones de otros líderes del sector que reclaman más regulación, el director ejecutivo argumentó que primero deben aplicarse las leyes vigentes sobre responsabilidad de producto, ciberseguridad y daños.
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«Si lees entre líneas, en realidad no están pidiendo más leyes», advirtió Huang sobre las intenciones de las grandes tecnológicas, «están pidiendo que se les libere de las leyes que ya tenemos, y creo que eso es un problema».
Cabe señalar que Nvidia es la principal interesada en mantener el despliegue del sector y evitar todas las trabas burocráticas posibles, ya que lidera el mercado de los chips para IA. Concretamente, en el cuarto trimestre de 2025 dominaba el 68 % del mercado global en capacidad de cálculo suministrada a los centros de datos, según datos de Epoch AI.
La inteligencia artificial generativa continúa extendiéndose en España. El 45,1 % de la población de entre 15 y 64 años utilizó alguna herramienta de este tipo durante el segundo trimestre de 2026, según la última edición del informe Global AI Diffusion elaborado por Microsoft. El porcentaje ha aumentado casi un punto respecto al primer trimestre del año, cuando se situaba en el 44,2 %, y mantiene a España como la sexta economía con mayor adopción de IA generativa del mundo.Por delante se encuentran Emiratos Árabes Unidos (73,3 %), Singapur (64,3 %), Irlanda (49,9 %), Francia (49,6 %) y Noruega (49,4 %). España, en su posición, supera a países como Reino Unido (43,7 %), Países Bajos (43,5 %), Alemania (32,3 %) o Estados Unidos (33%).Qué significa realmente ese 45,1 %El dato, sin embargo, necesita una explicación. No procede de una encuesta en la que Microsoft haya preguntado directamente a los españoles si utilizan ChatGPT, Gemini, Copilot u otras herramientas. La compañía mide lo que denomina ‘difusión de la IA’ como el porcentaje de personas de entre 15 y 64 años que han utilizado algún producto de inteligencia artificial generativa durante el periodo analizado. Para calcularlo parte de datos agregados y anonimizados de telemetría de Microsoft y realiza ajustes teniendo en cuenta factores como la cuota de mercado de los distintos sistemas operativos y dispositivos, la penetración de internet y la población de cada país.Es decir: Microsoft no ha preguntado uno por uno a los españoles ni ha contado todos los servicios de IA que existen. Parte del uso que detecta a través de sus propios datos y, desde ahí, hace una estimación estadística para aproximar cuántas personas utilizan IA generativa en cada país.Microsoft reconoce, eso sí, las limitaciones de su propia medición. “Ningún indicador es perfecto y este no es una excepción”, señala la compañía, que explica que durante el último año han aparecido numerosas herramientas y modelos que todavía no están incluidos en el cálculo actual. El próximo informe ampliará la lista de herramientas incluidas para intentar reflejar mejor el uso real de la IA.La modificación podría elevar las cifras en prácticamente todos los países y especialmente en China, donde actualmente quedan fuera de la medición varias herramientas nacionales con un número importante de usuarios.La IA agranda la brecha entre Norte y SurEl rápido avance de la inteligencia artificial tampoco está llegando por igual a todo el mundo. A la brecha que ya existe en acceso a internet, infraestructuras o competencias digitales se suma ahora la del uso de la IA generativa. Según Microsoft, el 28,8 % de la población en edad de trabajar del denominado Norte Global utiliza estas herramientas, frente al 16,2% del Sur Global.Y, lejos de reducirse, la distancia está aumentando. La diferencia entre ambos grupos era de 12,1 puntos porcentuales en el primer trimestre de 2026 y ha subido hasta los 12,6 puntos en el segundo.La desigualdad no está únicamente en cuánta gente utiliza la IA, sino también en para qué la utiliza. En este punto, Microsoft analizó una muestra de conversaciones con Copilot y encontró diferencias claras: en el Norte Global tienen más peso las búsquedas de información, las compras y las recomendaciones, mientras que en el Sur Global destacan proporcionalmente más los usos relacionados con el aprendizaje, el apoyo académico y la creación o edición de textos, imágenes y código.
22/09/2026 a las 17:07h.
La publicación de investigaciones científicas puede cambiar su formato por completo. Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford presentó Paper2Agent, una herramienta de inteligencia artificial que convierte cualquier estudio académico en un agente de IA interactivo y funcional.
Este nuevo marco tecnológico es capaz de leer un artículo y asimilar sus datos, códigos informáticos y metodologías. Así, el sistema crea un «coautor virtual» al que otros científicos pueden pedirle que ejecute análisis, pruebe hipótesis con nuevos datos o explique los hallazgos del trabajo, todo ello con lenguaje cotidiano.
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Más allá de la lectura de textos científicos
«Los artículos han sido documentos estáticos durante siglos», explicó James Zou, informático y profesor de ciencia de datos biomédicos en Stanford, en LinkedIn, «Paper2Agent los convierte en agentes de IA activos que pueden responder preguntas, aplicar sus métodos y colaborar con otros artículos para realizar nuevos descubrimientos».
Hasta ahora, aplicar los métodos de un estudio ajeno requería instalar software y configurar entornos informáticos, toda una barrera para muchos investigadores. Paper2Agent utiliza una estructura llamada Protocolo de Contexto de Modelo (MCP, por sus siglas en inglés) que conecta los modelos de lenguaje con los datos y herramientas del estudio original.
Desde su captura el pasado enero, Delcy Rodríguez nunca ha estado tan cerca de Nicolás Maduro como esta semana, durante su visita al arranque de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Desde la sede de la ONU en Manhattan, solo hay … que salvar el East River y conducir durante veinte minutos para llegar al Metropolitan Detention Center, la cárcel federal en la que espera juicio el que fuera jefe de la actual presidenta interina de Venezuela.
De momento, Delcy guarda silencio sobre una posible visita a Maduro en la cárcel. En la mañana de este martes, el día de mayor intensidad diplomática de la semana, la mandataria chavista fue preguntada al respecto a la salida de su hotel de lujo en el Midtown de Manhattan. Ella mantuvo silencio, hizo caso omiso y se metió de inmediato en la limusina de seguridad que la conduciría a la sede de la ONU.
La visita de Delcy a Maduro sería una operación de gran complejidad logística, con la seguridad que rodea a una jefa de Estado y con la necesidad de la autorización previa de las autoridades penitenciarias de EE.UU.
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Arranca la Asamblea General
Javier Ansorena
La agenda de la sucesora de Maduro se lo permitiría. Su discurso ante el pleno de la Asamblea General de la ONU no está previsto hasta el mediodía -por la noche en España- del jueves. Aunque es habitual que durante el transcurso de la semana las fechas y horas varíen.
Haya o no visita a Maduro, la situación del que fuera presidente de Venezuela y su entonces vicepresidenta es un ejercicio de contraste. El exdictador venezolano está recluido en una cárcel con condiciones horribles, que ha sido calificada como un «infierno en la tierra». Lleva allí ocho meses y medio y le quedan muchos más por delante, al menos mientras se prepara su juicio, un proceso largo y engorroso.
Delcy, mientras tanto, se codeaba este martes con la plana mayor de la comunidad internacional, elevada por la nueva relación forjada con Donald Trump, basada en el restablecimiento de relaciones desde el acceso de EE.UU. a parte de las reservas de petróleo de Venezuela.
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Ella será la primera persona al frente de la jefatura de Estado venezolana en hablar a la ONU desde 2018 -cuando lo hizo Maduro- y nada más llegar a la ONU fue recibida y saludada por el secretario general de la ONU, António Guterres. Según el portavoz de Guterres, ambos discutieron «reformas económicas en marcha, reestructuración de deuda, iniciativas de diálogo y de cooperación entre la ONU y Venezuela, incluidos asuntos de derechos humanos». Y el martes por la tarde escenificará su alianza con Trump con un encuentro en persona durante la recepción que cada año ofrece EE.UU. a los jefes de las delegaciones que acuden a Nueva York.
Donald Trump aseguró este martes ante la comunidad internacional reunida en la Asamblea General de la ONU que su capacidad para acabar con guerras -un logro discutido en su alcance y compensado con otros conflictos que él mismo ha desatado- se debe a «mi uso … de mis relaciones personales, relaciones muy especiales». Es innegable que el presidente de EE.UU. ejecuta una diplomacia personalísima: delegada a negociadores de su círculo íntimo -su yerno, Jared Kushner, su amigo, Steve Witkoff-, alejada de los foros multilaterales, confiada en su genio para cerrar tratos, con la dinámica del palo y la zanahoria y bajo la sombra de la estrategia del ‘mad man’, el hombre loco impredecible.
Las alfombras de la sede de la ONU en Nueva York y las decenas de actos, conferencias y recepciones que se organizan en sus márgenes son el escenario ideal para esta diplomacia. Esta semana, los mandatarios de todo el mundo se cruzan por los pasillos del edificio a la orilla del East River y Trump lo aprovechó este martes: desató un ‘blitz’ de su diplomacia personal para lograr los éxitos que se le resisten en las dos principales guerras que afectan al mundo: las de Irán y Ucrania. El multimillonario neoyorquino, en su optimismo proverbial, aseguró que los acuerdos están muy cerca. Pero Trump mezcla de forma habitual la realidad con sus deseos.
Esa actividad frenética arrancó en cuanto el presidente de EE.UU. bajó del podio de la Asamblea General, donde había dicho que tiene por delante una «gran decisión que tomar»: si debe o no «aniquilar» Irán si el régimen de Teherán no llega a un acuerdo aceptable para poner fin a la guerra.
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Javier Ansorena
Frente a esa amenaza -poco habitual en el foro en el que se busca la paz y la concordia mundiales-, Trump cambió el tono poco después y aseguró que las negociaciones con Irán van viento en popa. Detalló que Witkoff y Kushner se habían reunido «durante tres horas» con una delegación iraní, liderada por su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi.
El encuentro fue «muy productivo» dijo Trump. «Creo que hay mucho impulso por su parte para llegar a un acuerdo. Eso es lo que hemos escuchado hoy», añadió y aseguró que habría otra reunión similar a corto plazo.
Según la televisión estatal iraní, el encuentro fue solicitado por EE.UU. y estuvo dominado por las condiciones que Teherán busca imponer para la reapertura del Estrecho de Ormuz, pieza clave del impacto global de la guerra, el paso marítimo asfixiado por el conflicto y por donde pasan una quinta parte del petróleo y del gas globales.
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En cualquier caso, la realidad es que no se producía un encuentro en persona entre negociadores iraníes y estadounidenses desde junio, cuando se alcanzó un memorándum de entendimiento que luego naufragó por la exigencia de Irán de tener Ormuz bajo su control.
Y hubo más movimientos en Nueva York. Trump también tuvo una reunión con un grupo de nueve países árabes, quienes más interés tienen en que se ponga fin a la guerra. Ellos son quienes más sufren el impacto militar y económico del conflicto. A su vez, Araghchi también se reunió con el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, primer ministro de Qatar, un mediador clave con EE.UU.
Donald Trump, reunido con los líderes de Irak, Turquía, Jordania, Catar, Siria y Egipto.
(AFP)
Trump hizo algunas de estas declaraciones sobre Irán con la compañía de un gran protagonista del otro conflicto: Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, que mantuvo una reunión bilateral con el multimillonario neoyorquino. Mientras que la guerra de Irán está en un ‘impasse’ de guerra económica con operaciones militares esporádicas, la de Ucrania vive una de sus fases más duras desde que Rusia la desató hace cuatro años y medio.
«Creo que vamos a llegar a un acuerdo», dijo Trump sobre esta segunda guerra. «Hemos hablado mucho sobre ello, también con el presidente Putin», añadió en referencia al presidente de Rusia. Este mes, Witkoff y Kushner viajaron a Moscú para verse con Vladimir Putin y tratar de reabrir un proceso negociador congelado durante meses.
«Va a ocurrir algo», dijo confiado Trump. Pero es la misma persona que en campaña pronosticó que lograría el fin de la guerra «en 24 horas».
«Espero que podamos acabar esta guerra y que el presidente Trump nos ayude»
Volodímir Zelenski
Presidente de Ucrania
Trump y Zelenski hablaron de la posibilidad de que Ucrania fabrique sus propios misiles antiaéreos Patriots, clave para su defensa frente a los ataques de Rusia. Pero, al mismo tiempo, el presidente ucraniano reconoció que salió de la reunión sin ninguna garantía «concreta».
«Espero que podamos acabar esta guerra y que el presidente Trump nos ayude», dijo Zelenski, que confió en que el proceso negociador se mueva «todo lo rápido que sea posible, incluso antes del invierno».
La llegada del frío es clave en la guerra. Ambos países están atacando por el flanco de la energía: Rusia bombardea infraestructuras eléctricas ucranianas y Ucrania ataca refinerías rusas. Una posibilidad es que el acuerdo comience desde una tregua de ataques energéticos. Este miércoles, el jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, reanudará los esfuerzos en una reunión en Nueva York con su homólogo ruso, Sergei Lavrov.
María Corina Machado lleva meses escuchando que puede regresar a Venezuela cuando quiera. Esta semana, en Panamá, ABC pudo comprobar que hacerlo es bastante más complicado. Este diario había viajado hasta allí para acompañarla en una travesía que debía terminar en Venezuela, primero por … mar y, cuando esa posibilidad se frustró, por aire a través de las islas neerlandesas del Caribe. En menos de 24 horas se cerraron sucesivamente la salida en barco desde Panamá y los intentos de volar a Aruba y Curaçao. Eran los intentos quinto, sexto y séptimo de regresar a su país desde que salió clandestinamente de él nueve meses antes.
La sucesión permite reconstruir ahora por primera vez la dimensión completa de un regreso que se ha intentado por aire, tierra y mar. Algunos episodios ya eran conocidos, como el avión que tuvo que regresar a Virginia cuando se dirigía a Curaçao el 26 de junio o el intento, dos días después, de tomar un vuelo comercial desde Panamá a Caracas. Otros no habían trascendido hasta ahora. Entre aquellos dos episodios y lo ocurrido esta semana hubo otros dos planes, uno de ellos por tierra, que tampoco prosperaron. Después llegaron los tres intentos de Panamá que ABC conoció directamente: el barco, Aruba y de nuevo Curaçao.
El quinto era probablemente el más elaborado. Durante días se había preparado una travesía marítima desde Panamá que pretendía llevar a Machado de regreso a Venezuela reduciendo al mínimo la dependencia de autorizaciones de terceros países. Una pequeña embarcación de recreo debía cruzar el Canal de Panamá el 21 de septiembre para situarse en el Caribe. La operación estaba avanzada hasta el punto de que se habían realizado los trámites para el zarpe, presentado la documentación de algunos de los pasajeros y organizado una navegación de aproximadamente dos días. ABC iba a viajar a bordo para contar aquella última etapa.
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David Alandete
La salida estaba prevista para la noche del lunes al martes. Quienes íbamos a embarcar habíamos preparado ya nuestro equipaje para varios días en el mar cuando llegó la noticia de que no habría viaje. La empresa que había proporcionado la embarcación comunicó una avería importante en uno de los motores, relacionada con dos cilindros, según la explicación trasladada a los organizadores. No planteó esperar a una reparación ni ofreció inmediatamente otra embarcación: canceló el servicio y comunicó que devolvería el dinero.
No existe ningún elemento que permita afirmar que la avería no fuera real y esa fue la explicación proporcionada por la compañía. Pero la cancelación se produjo cuando faltaban apenas unas horas para la salida y cuando los preparativos administrativos estaban prácticamente terminados. Para quienes llevaban días organizando la operación, una ruta preparada durante tiempo desaparecía de repente y obligaba a comenzar de nuevo.
Machado decidió hacerlo aquella misma noche. En lugar de esperar a que pudiera resolverse el problema mecánico, su equipo comenzó a buscar un avión que permitiera aproximarse a Venezuela a través de alguna de las islas neerlandesas situadas frente a su costa y completar desde allí el último tramo. En cuestión de horas, una operación marítima se convirtió en aérea. Se consiguió un primer aparato para salir a primera hora del martes hacia Aruba.
Panamá expidió unpasaporte diplomático especial por razones humanitarias que «no implica que se le dé la ciudadanía panameña»
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Aquella alternativa introducía además un elemento que hasta ahora no se conocía: la documentación con la que Machado podía viajar. Venezuela no le había expedido un nuevo pasaporte y el suyo llevaba años vencido. En las semanas anteriores, algunos países habían alegado precisamente la ausencia de un documento vigente para permitirle hacer escala. Ante ese obstáculo, Machado solicitó a Panamá una solución documental que le permitiera desplazarse.
Panamá le expidió un pasaporte diplomático especial por razones humanitarias que, en estas circunstancias, debía funcionar como un salvoconducto para sus desplazamientos. Según fuentes diplomáticas panameñas, la medida está amparada por la legislación del país, que permite conceder este tipo de documentación a ciudadanos extranjeros de reconocida trayectoria. «Ello no implica que se le dé la ciudadanía panameña o cargo diplomático», explicaron a ABC esas fuentes.
Este diario pudo examinar personalmente el documento en Panamá. No acredita que Machado haya adquirido la nacionalidad panameña ni, por tanto, que haya renunciado a la venezolana. El documento recoge que nació en Venezuela y le proporciona documentación diplomática para viajar, pero no establece en ningún lugar que haya adquirido la ciudadanía de Panamá. La distinción es importante porque, mientras todavía se intentaba organizar la salida, comenzaron a circular copias de un manifiesto de vuelo acompañadas de la afirmación de que Machado había obtenido la nacionalidad panameña.
Documento de vuelo para el trayecto finalmente denegado de María Corina Machado a Curaçao.
(ABC)
No era lo que decía el documento que ABC tuvo delante. La concesión respondía a un problema mucho más concreto: Machado necesitaba documentación vigente para desplazarse por terceros países después de que Venezuela no le hubiera proporcionado un nuevo pasaporte. Panamá había decidido resolver ese obstáculo por razones humanitarias, no naturalizarla.
El primer avión debía salir hacia Aruba a primera hora del martes, pero apareció entonces un problema administrativo sobre la naturaleza del vuelo. Había sido comunicado inicialmente como privado y surgieron objeciones sobre su consideración como operación comercial, lo que obligaba a nuevos trámites y plazos. Aquella primera salida quedó frustrada, pero el equipo no abandonó el plan: consiguió otro aparato y comenzó a preparar una segunda salida para más tarde.
Aruba, Bonaire o Curaçao
Para entonces ya era evidente que la operación había dejado de ser conocida únicamente por quienes participaban en ella. Los movimientos en el aeropuerto, los trámites y los planes de vuelo habían puesto en marcha consultas entre distintas autoridades. El planteamiento del equipo de Machado era que ella disponía de documentación válida, no estaba sometida a ninguna restricción de salida en Panamá y pretendía viajar legalmente hasta una de las islas. La decisión sobre permitirle aterrizar correspondía, por tanto, a las autoridades neerlandesas.
Aruba terminó comunicando que el avión no podría aterrizar. El sexto intento acababa de fracasar antes del despegue, pero todavía quedaban alternativas y durante las horas siguientes se prepararon planes de vuelo hacia Curaçao y Bonaire. Los tres destinos llegaron a estar sobre la mesa mientras se sucedían las gestiones y conversaciones.
Curaçao tenía además un significado especial. Era precisamente la isla a la que Machado había conseguido llegar después de abandonar clandestinamente Venezuela en diciembre y también el destino del avión que había tenido que regresar a Virginia el 26 de junio. Durante unas horas volvió a aparecer como una posibilidad. Finalmente, tampoco se autorizó el aterrizaje y Bonaire quedó descartada en el mismo proceso.
ABC pudo comprobar durante esas horas que no se trataba simplemente de rutas discutidas como hipótesis. Había aviones, horarios, documentación y planes de vuelo. Algunos pasaportes habían sido ya sellados para la salida y los preparativos continuaban mientras llegaban respuestas y se buscaban nuevas alternativas. Los planes hacia las tres islas permanecieron formalmente abiertos durante algún tiempo, pero ninguna de las opciones podía ejecutarse. El séptimo intento había terminado.
Siete intentos fallidos
La historia había comenzado casi tres meses antes. El 26 de junio, después de los terremotos que devastaron parte de Venezuela, Machado decidió que no podía continuar esperando indefinidamente fuera del país. Salió de Manassas, Virginia, en un avión privado rumbo a Curaçao, desde donde pretendía continuar hacia Venezuela. El aparato estaba ya en vuelo cuando el piloto recibió instrucciones de regresar al aeropuerto de origen.
Según la explicación recibida entonces por quienes viajaban con Machado, la compañía para la que trabajaba el piloto había recibido una comunicación estadounidense. Se estudiaron incluso aeropuertos alternativos en Estados Unidos, pero el piloto comunicó que sus instrucciones eran regresar a Manassas y que no estaba autorizado a aterrizar en otro lugar. El avión dio media vuelta. Fue el primero de los siete intentos.
Dos días después llegó el segundo. Machado viajó a Panamá y compró un billete de Copa Airlines con destino a Caracas. Según la reconstrucción realizada por su equipo, la compañía recibió desde Venezuela la advertencia de que transportar a Machado podía afectar a sus permisos para operar en el país. La dirigente opositora no consiguió embarcar y aquella segunda ruta quedó también cerrada.
Lo que no había trascendido hasta ahora es que los preparativos continuaron durante los meses siguientes. ABC ha podido confirmar que hubo un tercer intento que contemplaba regresar por tierra. El plan dependía de autorizaciones y gestiones con otro país y finalmente no llegó a ejecutarse. Algunos detalles de aquella ruta se mantienen reservados porque las personas que participaron en su preparación consideran que podría seguir siendo utilizada en el futuro.
Hubo después un cuarto intento mediante otra combinación de rutas para aproximarse a Venezuela y completar la última etapa del viaje. Tampoco prosperó. Los responsables de la operación han pedido igualmente preservar los detalles de esa vía. Lo relevante para reconstruir la secuencia es que entre finales de junio y septiembre no hubo una espera pasiva. Se estudiaron y prepararon sucesivamente alternativas terrestres, aéreas y marítimas hasta desembocar en la operación que esta semana llevó a ABC a Panamá.
En menos de tres meses, Machado había tratado de regresar mediante un avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá. Ninguna de esas vías había conseguido llevarla hasta Venezuela.
En menos de tres meses, la presidenta electa trató de volver en avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá
La sucesión resulta especialmente significativa porque durante estos meses distintos responsables estadounidenses han sostenido públicamente que Machado es libre de regresar a su país. El propio Donald Trump negó el 8 de julio estar impidiéndoselo. «Yo no le dije que no regresara. Creo que es una buena persona», dijo a los periodistas a bordo del Air Force One después de asistir a la cumbre de la OTAN en Turquía.
Los hechos de esta semana no permiten atribuir todos los obstáculos a una única decisión ni a un único Gobierno. En Panamá hubo una avería comunicada por una empresa privada. En Aruba y Curaçao fueron las autoridades neerlandesas las que finalmente no permitieron las operaciones. En junio hubo decisiones procedentes de Venezuela y comunicaciones estadounidenses. Colocados uno detrás de otro, sin embargo, los siete episodios dibujan una realidad bastante más compleja que la aparente sencillez de afirmar que Machado puede regresar cuando quiera.
Reunión en Nueva York
Todo esto sucedía, además, mientras Delcy Rodríguez se encontraba en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas. El contraste resultaba inevitable. La dirigente que heredó buena parte de las estructuras de poder después de la captura de Maduro podía desplazarse hasta Estados Unidos mientras Machado, premio Nobel de la Paz y principal figura de la oposición, pasaba el martes en Panamá buscando sucesivamente un barco y después un avión que le permitieran recorrer el camino contrario.
La escena ayuda también a entender la Venezuela surgida después del 3 de enero. Estados Unidos capturó a Maduro y lo trasladó a Nueva York, pero optó por conservar buena parte de las estructuras estatales y militares que habían funcionado bajo el chavismo. Rodríguez se convirtió en la interlocutora para administrar esa transición y Washington ha construido desde entonces con su Gobierno una relación basada en el petróleo, la seguridad, las deportaciones y la estabilidad institucional.
La paradoja es que salir de Venezuela había resultado posible en circunstancias aparentemente mucho más difíciles. La noche del 8 de diciembre de 2025, con Maduro todavía en Miraflores y los servicios de seguridad buscándola, Machado abandonó clandestinamente el país, llegó hasta la costa y se internó en el Caribe en una pequeña embarcación. Después de una navegación accidentada consiguió alcanzar Curaçao y desde allí comenzó el viaje que acabaría llevándola a Oslo para recibir el Nobel.
Nueve meses después, Maduro está preso en Nueva York y Machado ha recibido el Nobel de la Paz, ha entrado dos veces en la Casa Blanca y ha visto cómo Estados Unidos adquiría sobre Venezuela una capacidad de influencia que parecía inimaginable cuando tuvo que escapar. Pero regresar ha resultado hasta ahora más difícil que salir. Esta semana, quienes íbamos a acompañarla pudimos comprobarlo mientras una posibilidad desaparecía detrás de otra.
Han sido siete intentos por aire, tierra y mar. Los tres últimos se concentraron en menos de 24 horas: primero una embarcación que no pudo zarpar, después un avión hacia Aruba y finalmente una nueva tentativa a través de Curaçao, con Bonaire como última alternativa. Todos terminaron de la misma manera. Machado pudo completar la primera travesía del Caribe cuando Maduro todavía gobernaba Venezuela; la segunda, concebida para devolverla a casa después de su caída, sigue pendiente.
El simbolismo no pudo ser mayor: mientras María Corina Machado, la líder de la oposición democrática en Venezuela, veía sus intentos de regresar a su país frustrados, Donald Trump y Delcy Rodríguez escenificaban su alianza en Nueva York con un encuentro en persona. Una … entente entre el presidente de EE.UU. y la presidenta interina de Venezuela que tiene como derivada el alejamiento de la transición política hacia la democracia, en la que Machado es una figura clave.
El encuentro ocurrió durante la recepción tradicional que organiza cada año el presidente de EE.UU. durante la Asamblea General de la ONU y en la que se invita a los jefes de todas las delegaciones de los países miembros que viajan hasta Nueva York.
El primer encuentro entre Trump y Delcy fue en el Lotte Palace, un hotel lujoso del Midtown de Nueva York, a pocas manzanas de la sede de la ONU, y que ha acogido esta recepción en los últimos años.
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No fue una reunión casual, ni el simple saludo que todos los mandatarios dan al anfitrión cuando llegan a la recepción. Fue un encuentro medido, con un formato acordado por ambos países desde hace días.
El viernes pasado, el embajador de EE.UU. ante la ONU, Mike Waltz, confirmó que ocurriría en los márgenes de la Asamblea General de la ONU bajo el formato de ‘pull aside’, algo así como ‘hacer un aparte’.
Es un formato que no llega a la reunión bilateral, con menos protocolo, sin una agenda detallada y sin una comparecencia conjunta ante los medios. De hecho, Trump y Delcy se vieron alejados de la prensa, en un acto cerrado a los medios en el que ni siquiera estuvo el ‘pool’ de la Casa Blanca, el grupo de periodistas que se turna en la cobertura de las actividades del presidente de EE.UU.
La reconversión de una figura del chavismo
El formato, sin embargo, no resta relevancia política al encuentro. Es la escenificación de la nueva relación entre EE.UU. y Venezuela, que arrancó hace ahora 263 días, cuando Trump ordenó y ejecutó la captura de Nicolás Maduro.
Ese mismo día, el 3 de enero, Trump ya mostró la hoja de ruta que guiaría la nueva relación con Venezuela: control del país y control del petróleo. «Vamos a controlar el país hasta que se pueda hacer una transición segura, apropiada y juiciosa», dijo entonces el presidente de EE.UU. La figura a través de la que se ejercería ese poder era Delcy, hasta entonces vicepresidenta de Maduro, gerifalte del chavismo, vinculada a innumerables tramas de corrupción dentro y fuera de su país.
En un proceso supervisado por el jefe de la diplomacia de EE.UU., Marco Rubio, Trump encontró en Delcy una figura del régimen chavista dispuesta a la cooperación, con el petróleo como gran protagonista. Ahora, pocos días después de haber cerrado un acuerdo con Venezuela para tomar el control de parte de las reservas de crudo venezolanas, el encuentro en Nueva York cimenta esa alianza, con el proceso democrático que representa Machado arrinconado.
En ese contexto en el que Trump ejerce su control sobre Venezuela, con la relación «excelente» que asegura mantener con Rodríguez, es en el que Machado no ha podido regresar a su país.
La plana mayor de la Casa Blanca
Los detalles ofrecidos por la Casa Blanca sobre el encuentro son escasos, pero la cita entre Trump y Delcy pareció ser de mucho más empaque que un ‘pull aside’ convencional. Según la oficina de Trump, al encuentro también acudió buena parte de la playa mayor del entorno del presidente: estuvieron el propio Rubio, con quien la presidenta interina ha estado en comunicación constante todo este tiempo; Scott Bessent, departamento del Tesoro, uno de los departamentos que levantaron las sanciones contra Delcy la primavera pasada; Susie Wiles, mano derecha de Trump como su jefa de Gabinete; y Stephen Miller, el principal asesor político del presidente. Por parte de la delegación venezolana, solo aparecía el nombre de su presidenta interina.
El cara a cara con Trump es una victoria diplomática para Delcy, con EE.UU. como trampolín para regresar a los grandes escenarios de la diplomacia internacional. La presidenta interina tuvo un breve encuentro con António Guterres, secretario general de la ONU; saludó con carantoñas a Pedro Sánchez; se codeó con mandatarios de todo el mundo y, como colofón, se vio con el líder de la primera potencia mundial.
El jueves, Delcy se convertirá en la primera persona en la jefatura de Estado de Venezuela que se dirige a la Asamblea General de la ONU desde 2018. Aquel año lo hizo Maduro. Ahora, mientras Delcy se pasea por las alfombras de la ONU, el que fuera su jefe espera juicio muy cerca de allí, al otro lado del East River, en una celda de aislamiento de una cárcel federal de Brooklyn.
Mandatarios de tres continentes aunaron este martes sus voces en la sede de Naciones Unidas para exigir límites urgentes e internacionales al impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre los menores, advirtiendo de que la comunidad global no puede permitirse repetir los errores de las redes sociales ni tardar una década en legislar.El foro de alto nivel ‘Protegiendo a los niños en la era de la IA’, celebrado en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, congregó a líderes como Emmanuel Macron (Francia), Pedro Sánchez (España), Anthony Albanese (Australia) y William Ruto (Kenia), junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.Durante su intervención, Macron trazó un paralelismo directo con la eclosión de las redes sociales e insistió en que los gobiernos no pueden «tardar diez años» en actuar.»Durante diez años dejamos a nuestros niños y adolescentes evolucionar en un sistema que apenas dominábamos (…) y vimos aparecer una epidemia de trastornos psíquicos, problemas de salud mental y obesidad vinculados con absoluta claridad a estas prácticas», denunció el presidente galo.Macron alertó de que la tecnología ya está enraizada en la cotidianidad infantil: «Todos vuestros hijos y adolescentes que usan servicios de mensajería (como WhatsApp u otros) interactúan con chatbots de IA que imitan ser un amigo, les dan consejos, responden a sus ansiedades y, por tanto, tienen un impacto directo en su desarrollo».Ante este escenario, exigió que «ningún modelo de IA, por defecto, se ponga en manos de los niños antes de haber sido probado, evaluado y autorizado». Para avanzar en esta agenda, propuso fijar una cita de seguimiento durante el Foro de París sobre la Paz (10 y 11 de noviembre) que permita coordinar una metodología común, procesos y financiación.La cita contó también con la visión del sector y el director de asuntos globales de OpenAI, Chris Lehane, situó la IA a la altura histórica de invenciones como «la rueda, la imprenta, la electricidad y el transistor», remarcando que va más allá de las redes sociales.»Por esa misma razón, es fundamental que acertemos en esto, en particular cuando se trata de la infancia», afirmó Lehane, quien defendió la necesidad de instaurar controles estrictos de edad, límites de uso y herramientas adaptadas como su iniciativa ‘Chat for Teens’.Por su parte, Sánchez abrió su discurso evocando la película de ciencia ficción ‘2001: A Space Odyssey’, concretamente cuando la supercomputadora HAL 9000 se niega a abrir las compuertas de la cápsula y le dice al astronauta Dave Bowman: «Lo siento, Dave. Me temo que no puedo hacerlo».»Ahora nos toca a nosotros decir: ‘Lo siento, IA; me temo que no podemos permitirte eso'», sentenció el jefe del Ejecutivo español, subrayando que las máquinas deben servir a la humanidad y no al revés.Sánchez abogó por fijar una edad mínima obligatoria para el acceso a chatbots y alertó sobre la proliferación de material íntimo y pornográfico falso generado con IA, cuyas víctimas son mayoritariamente menores de edad.En una línea similar, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, defendió verificaciones de edad contundentes y sacó a colación sus recientes contactos con gigantes tecnológicos, entre ellos Tim Cook, exconsejero delegado de Apple, para exigir rendición de cuentas a las plataformas.En tanto, Von der Leyen situó la protección de los menores en el entorno digital como una «responsabilidad ineludible» y una prioridad de soberanía regulatoria democrática.El consenso de estos líderes contrastó frontalmente con el discurso pronunciado ante la Asamblea General por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien rechazó tajantemente cualquier «esquema globalista» que pretenda intervenir o regular la tecnología, y anunció que la documentación oficial estadounidense sustituirá el término inteligencia artificial por el de «superinteligencia» (SI).El pulso internacional en torno a la IA se trasladará este miércoles al Consejo de Seguridad de la ONU. Bajo la presidencia del ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, el órgano celebrará un debate formal sobre IA y seguridad internacional en el que se espera la participación del científico Yoshua Bengio y de los directores ejecutivos Sam Altman (OpenAI), Dario Amodei (Anthropic) y Clément Delangue (Hugging Face)
Donald Trump acababa de sacar a Nicolás Maduro del poder cuando hizo algo incluso menos previsible que semejante operación: descartar de entrada a María Corina Machado. Apenas unas horas después de la captura, el 3 de enero, compareció en su mansión de Mar-a- … Lago y a efectos prácticos la apartó de la transición: «Creo que sería muy difícil que ella fuera la líder. No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene ese respeto».
La frase confundió sobre todo a una oposición venezolana que entonces estaba en estado de euforia por la captura del dictador. Machado había sido durante años su figura más reconocible, contaba con importantes aliados en Washington y su partido, con ella inhabilitada de forma arbitraria, había ganado con contundencia las últimas elecciones. Pero Trump acababa de dejar claro que derrocar a Maduro no significaba entregar inmediatamente el poder a quien había encabezado la lucha contra él. Era la primera señal de que la transición que preparaba Washington iba a ser muy distinta de la que muchos habían esperado.
Todo aquello resultaba especialmente extraño en una Administración cuya diplomacia estaba en manos de Marco Rubio, durante años uno de los principales defensores de Machado en Washington y que, siendo senador, había llegado incluso a promover su candidatura al Nobel de la Paz. Rubio se había consolidado ya como uno de los hombres fuertes del Gobierno: disciplinado y leal a Trump, capaz de acumular responsabilidades y, al mismo tiempo, con unas credenciales republicanas difíciles de cuestionar. Durante sus años en el Senado había hecho de la oposición a las dictaduras de América Latina una de sus principales señas de identidad.
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Y probablemente ningún dirigente de la oposición democrática venezolana había defendido con tanta vehemencia como Machado la necesidad de una política de máxima presión como la que Trump y Rubio acababan de llevar hasta sus últimas consecuencias. Durante años había reclamado sanciones contra el régimen y sus fuentes de financiación y sostenido que Maduro, protegido por un formidable aparato represivo y amparado por Cuba, Rusia e Irán, no abandonaría jamás voluntariamente el poder. En 2019 lo formuló sin demasiados rodeos: «Es evidente que no va a ceder el poder sino ante la amenaza real de una fuerza superior a la que ellos aplican».
Y, sin embargo, apenas consumada aquella operación, la prioridad de Washington pasó a ser otra. Desde entonces, en la Casa Blanca se vio a Trump oscilar entre un evidente afecto personal hacia Machado y la defensa de una transición que descansaba, al menos inicialmente, sobre Delcy Rodríguez y buena parte de las estructuras que habían sobrevivido a Maduro. En público podía elogiar a Machado; su Gobierno, mientras tanto, administraba con enorme cautela cualquier movimiento que pudiera alterar el entendimiento alcanzado en Caracas.
Entre el afecto y el distanciamiento calculado
La contradicción quedó especialmente visible en marzo. El día 6, Trump recibió por segunda vez a Machado en la Casa Blanca, en un encuentro reservado de unas dos horas al que asistieron también Rubio y Susie Wiles, la jefa de Gabinete. Machado insistió en algo que para ella resultaba evidente: debía regresar a su país. La respuesta que recibió fue que convenía esperar. La situación seguía siendo extremadamente delicada y Washington consideraba prioritario consolidar primero el nuevo equilibrio venezolano.
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Apenas unos días después volvió a aparecer el otro Trump. Durante una cena en Doral, epicentro del exilio venezolano en Florida, llamó por teléfono a Machado y puso la conversación en altavoz ante varios de los presentes. La saludó con afecto: «Todo el mundo te ama aquí». Era una escena muy propia del presidente, especialmente receptivo al reconocimiento de figuras que, a su vez, gozan de prestigio entre sectores que considera próximos.
Existía una curiosa división de funciones. Trump podía seguir llamando en altavoz a Machado cuando le convenía y Rubio evitar con cara de circunstancias una ruptura pública con quien había sido durante años su aliada
Mientras tanto, desde otros niveles de la Administración comenzaban a llegar mensajes bastante menos amables. En julio, Axios recogió comentarios anónimos de altos cargos que describían los intentos de Machado de regresar después de los terremotos como «oportunismo político» y algo «grotesco». Uno sostenía que quería «una foto repartiendo nuestra ayuda»; otro la acusaba de intentar que la emergencia venezolana girara «en torno a ella». Eran valoraciones anónimas, no la posición pública expresada por Trump o Rubio, pero revelaban hasta qué punto existían reservas dentro del Gobierno sobre su regreso.
La división de funciones podía resultar desconcertante. Trump seguía expresando afecto por Machado y Rubio evitaba una ruptura pública con quien durante años había sido una de sus principales aliadas venezolanas, mientras otros funcionarios transmitían una posición mucho más severa. Uno resumió aquella incomodidad con una pregunta: «¿Pero ahora qué hacemos, instalarla nosotros?».
Machado nunca había pedido que Estados Unidos la instalara en ningún sitio. Tampoco reclamaba soldados ni protección norteamericana para regresar. Quería volver a su país y hacer lo que había hecho durante años, incluso en la clandestinidad y bajo persecución: recorrer Venezuela y ejercer allí su liderazgo político. La dificultad era otra. Su mera presencia podía alterar el delicado arreglo construido alrededor de Delcy Rodríguez precisamente cuando Washington comenzaba a obtener de aquel Gobierno resultados concretos en petróleo, seguridad, deportaciones e inteligencia.
En este juego de equívocos entraba y salía un viejo conocido de la oposición venezolana: Richard Grenell, amigo personal de Trump y uno de esos hombres a los que el presidente ha recurrido para misiones de todo tipo. Fue embajador en Alemania, director interino de Inteligencia y enviado para asuntos especialmente delicados, entre ellos Venezuela. Ya durante el primer mandato había abierto un canal propio con el chavismo: en septiembre de 2020 se reunió discretamente en México con Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y uno de los principales jerarcas del régimen, en un contacto que cultivaría con el paso de los años.
El enviado especial de Trump, Richard Grenell, junto a Nicolás Maduro, en Caracas en enero de 2025. Al fondo, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy.
(EFE)
La reentrada de Grenell en la crisis venezolana fue especialmente polémica en enero de 2025. Trump lo envió a Caracas días después de tomar posesión por segunda vez y entró en Miraflores para reunirse en persona con Maduro y Jorge Rodríguez. Salió de allí con seis estadounidenses liberados y un acuerdo para que el régimen aceptara vuelos de deportados desde Estados Unidos. La fotografía con Maduro causó malestar entre quienes esperaban que el regreso de Trump significara recuperar sin matices la política de máxima presión, embargos y sanciones.
Grenell había pedido a Machado una lista de diez presos políticos cuya liberación pudiera negociar con el régimen. Ella se negó a escoger solo diez
Grenell representaba otra sensibilidad y otras prioridades: hablar con quien tuviera el poder efectivo, aunque Washington no reconociera su legitimidad. Había hablado con Machado en varias ocasiones y, según fuentes consultadas entonces por ABC, ella estaba dispuesta a asumir incluso el riesgo de encontrarse con él en Caracas, a sabiendas de que el régimen podía detenerla. El encuentro nunca se produjo. Grenell no comunicó a Machado que finalmente no la vería hasta encontrarse ya en el aeropuerto, a punto de abandonar Venezuela. Ella quedó esperando y expuesta además al aparato de vigilancia del régimen que llevaba meses tratando de localizarla.
Las diferencias venían de antes. Grenell había pedido a Machado una lista de diez presos políticos cuya liberación pudiera negociar con el chavismo. Ella se negó a escoger sólo diez: reclamaba la liberación de todos. Para Machado, después del fraude electoral, las inhabilitaciones y la represión, no tenía sentido administrar pequeños gestos del régimen como si fueran avances reales hacia una transición. Para quienes defendían un enfoque más transaccional, aquello reforzaba la impresión de que su posición dejaba poco margen para una negociación que necesariamente tendría que hacerse, al menos durante algún tiempo, con partes del viejo poder.
El efecto bumerán contra Machado
La paradoja era considerable. La misma firmeza que durante años había convertido a Machado en la venezolana más próxima a la doctrina de máxima presión comenzaba ahora a convertirse en un problema para una estrategia estadounidense basada en negociar con algunos supervivientes del régimen. Grenell llevaba desde 2020 hablando con los hermanos Rodríguez; Machado llevaba esos mismos años y más sosteniendo que negociar indefinidamente con ellos sólo servía para prolongar la vida del sistema.
Como suele ocurrir en la segunda Administración Trump, hubo poco espacio para que esas diferencias internas se manifestaran abiertamente. Había figuras de las que cabía esperar una defensa más firme de Machado, empezando por Rubio, que durante años había sido uno de sus principales aliados en Washington. Pero la política oficial estaba ya fijada alrededor de una transición gradual y hubo muchas más filtraciones críticas contra Machado que voces dispuestas a discutir públicamente aquella estrategia, incluso después de que ella hiciera un gesto tan extraordinario como dedicarle el Nobel a Trump y acabar entregándole la propia medalla del premio.
Machado le entregó a Trump la medalla del Nobel de la Paz en su visita a la Casa Blanca en enero de 2026.
A ello se añadía la visión del aparato de inteligencia norteamericano. Después de la captura de Maduro, la pregunta inmediata no era solamente quién había ganado las elecciones, sino quién podía controlar de un día para otro las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia, la policía, los ministerios, PDVSA y las demás estructuras del Estado. Machado poseía una legitimidad electoral considerable; Delcy Rodríguez y otros supervivientes del régimen conservaban buena parte de las palancas inmediatas del poder.
La mejor muestra de aquella prioridad llegó apenas dos semanas después de la caída de Maduro. El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Caracas y mantuvo una reunión de unas dos horas con Rodríguez centrada en cooperación de inteligencia, estabilidad económica y seguridad. Era una señal inequívoca de con quién estaba construyendo Washington su relación inmediata dentro de Venezuela.
John Ratcliffe, director de la CIA, junto a Delcy Rodríguez en enero de este año.
En el fondo, habían cambiado las prioridades. Durante años, Washington había hablado de devolver Venezuela a la democracia. Tras la caída de Maduro, la urgencia era evitar un vacío de poder, mantener el Estado funcionando, asegurar el petróleo y conservar cierto control sobre los militares y los servicios de seguridad. Todo ello pesó, al menos inicialmente, tanto como la reclamación de entregar el poder a quienes Estados Unidos había reconocido como vencedores de las elecciones. Diosdado Cabello seguía dentro. Los hermanos Rodríguez también. Y alrededor del nuevo entramado económico comenzaban a reaparecer viejas figuras como Alejandro Betancourt.
Este empresario representaba bastante bien el tipo de intermediario capaz de sobrevivir a escenarios políticos muy distintos. Betancourt había construido una enorme fortuna durante los años del chavismo y, cuando necesitó abrir puertas en Estados Unidos, contrató a Rudy Giuliani, entonces abogado personal de Trump, que llegó a intervenir ante el Departamento de Justicia en relación con una investigación que le afectaba. También recurrió a Ballard Partners, una de las firmas de lobby mejor conectadas con el universo trumpista.
El empresario venezolano Alejandro Betancourt.
Cuando Washington rediseñó el negocio petrolero venezolano, Betancourt volvió a aparecer en el centro de la escena a través de NABEP. El contraste con Machado era evidente: mientras ella defendía una ruptura política con quienes habían administrado el chavismo, la nueva arquitectura económica estadounidense necesitaba interlocutores capaces de operar dentro de unas estructuras que habían sobrevivido a Maduro.
Fue en ese contexto cuando el regreso de Machado empezó a convertirse en una historia propia. Después de los terremotos de junio decidió que no podía continuar indefinidamente en el extranjero mientras Venezuela atravesaba una catástrofe y comenzó una sucesión de operaciones para volver. Fueron siete intentos. Unos llegaron más lejos que otros, algunos quedaron frustrados durante su preparación y otros se detuvieron cuando prácticamente estaban en marcha. La acumulación de obstáculos terminó componiendo su propia odisea.
Siete vías para regresar a Venezuela
El primero de aquellos intentos fue Curaçao. El 26 de junio Machado despegó de Virginia en un avión privado rumbo a la isla, desde donde pretendía continuar hacia Venezuela. Las autoridades neerlandesas habían autorizado inicialmente el aterrizaje creyendo que la operación contaba con el respaldo de Washington. Después de que desde Estados Unidos se aclarara que aquel regreso no formaba parte de la política de la Administración, el permiso quedó revocado. El aparato ya estaba en el aire y tuvo que regresar.
Dos días después lo intentó desde Panamá por una vía mucho más sencilla. Pretendía embarcar en un vuelo de Copa hacia Caracas. Tampoco pudo hacerlo. Después llegaron otros tres intentos, con distintas combinaciones por tierra, aire y mar, diseñadas para aproximarla a Venezuela sin depender de una entrada convencional por Maiquetía. Unas rutas se cerraron antes de comenzar; otras llegaron más lejos. Ninguna consiguió llevarla hasta su país.
La posición pública de Washington fue evolucionando mientras se acumulaban esos fracasos. Rubio y otros altos cargos sostuvieron después que Machado era libre de regresar. El 8 de julio fue el propio Trump quien negó que le estuviera impidiendo hacerlo. «Yo no le dije que no regresara. Creo que es una buena persona», dijo a periodistas a bordo del Air Force One. Aquella era desde entonces la posición pública de la Casa Blanca. Pero los obstáculos no desaparecieron.
La mujer a la que Washington había pedido durante años que resistiera a Maduro encontraba ahora, después de la caída del dictador, enormes dificultades para regresar a su propio país
Para septiembre habían fracasado ya cinco intentos. La operación Ítaca nació para intentar romper aquel laberinto. Panamá se convirtió en su base y el plan estaba mucho más avanzado que los anteriores. Una pequeña embarcación de recreo cruzó el Canal el 21 de septiembre y debía salir en la madrugada siguiente desde la vertiente caribeña. El viaje se presentaría como una travesía de varios días. Los trámites migratorios estaban completados y prácticamente todo dispuesto cuando la empresa que había facilitado el barco comunicó una inesperada avería.
La explicación oficial fue exactamente esa: un problema mecánico. El equipo que participaba en la operación habló con propietarios, responsables y autoridades, pero obtuvo siempre la misma respuesta. Entre algunos de quienes conocían los preparativos surgieron inevitablemente sospechas por el momento en que se produjo la avería, aunque no existía prueba alguna de que hubiera detrás algo distinto a lo que se les había comunicado. Lo único cierto era que la vía marítima desde Panamá acababa de venirse abajo apenas unas horas antes de zarpar.
Machado decidió no esperar. Si el barco no podía salir, había que acercarse de otra manera hasta la costa venezolana. En cuestión de horas se diseñaron dos alternativas sucesivas utilizando las islas neerlandesas situadas frente al país. La primera pasaba por Aruba. El plan era volar hasta la isla y completar desde allí por mar el último tramo hasta Venezuela. Tampoco pudo ejecutarse. El antecedente de junio y la sensibilidad de las autoridades neerlandesas ante cualquier operación relacionada con Machado pesaban sobre cualquier movimiento de ese tipo.
Cerrada Aruba, quedó todavía una última posibilidad: volver a Curaçao, precisamente la isla que había protagonizado el primer fracaso tres meses antes. Era el séptimo intento y, de algún modo, cerraba el círculo. Se estudió de nuevo una llegada por aire y una salida posterior por mar hacia Venezuela. Tampoco fue posible. Las puertas que se habían cerrado en junio seguían siendo difíciles de abrir en septiembre y la operación terminó descartándose.
Así, los dos últimos intentos, sexto y séptimo, acabaron respectivamente en Aruba y Curaçao. La operación Ítaca, concebida precisamente para reducir al mínimo las dependencias externas y recorrer en sentido inverso la ruta por la que Machado había escapado nueve meses antes, terminó sin que pudiera comenzar su última travesía.
Siete intentos, siete caminos y siempre el mismo resultado. No hay pruebas de una decisión coordinada para impedir que Machado vuelva ni de que los distintos obstáculos respondan a una causa común. Los episodios tuvieron naturalezas diferentes: permisos que no llegaron, rutas descartadas, decisiones de distintos gobiernos, problemas logísticos y finalmente una avería cuando una embarcación estaba preparada para salir. Pero para quienes han participado directamente en algunos de esos preparativos, la acumulación de adversidades resulta cada vez más difícil de contemplar como una simple sucesión de casualidades.
Hay además una imagen difícil de obviar. La mujer a la que Washington había pedido durante años que resistiera a Maduro consiguió salir clandestinamente de Venezuela cuando el dictador seguía en Miraflores y todo su aparato de seguridad la buscaba. Nueve meses después, con Maduro preso en Nueva York, ha intentado siete veces recorrer el camino inverso y no lo ha conseguido.
Todo esto tuvo además un efecto político sobre Machado. Hasta entonces había medido cada palabra para evitar una confrontación con Trump, el presidente que había llevado hasta el extremo la presión contra Maduro. Pero cada fracaso hacía más visible la distancia entre la transición que ella imaginaba y la que estaba construyendo Washington. Ya no se trataba solamente de cuándo regresaría, sino de qué tipo de Venezuela encontraría cuando finalmente pudiera hacerlo.
Para Trump, el problema empezaba a adquirir además una dimensión doméstica. Su apoyo entre algunos sectores hispanos se había deteriorado mientras las redadas migratorias del ICE alcanzaban lugares como Doral, epicentro del exilio venezolano y un importante vivero republicano. Entre algunos dirigentes de Florida aparecía la preocupación por el coste político de una situación difícil de explicar a una comunidad que había celebrado la captura de Maduro esperando que aquello desembocara rápidamente en un cambio completo de régimen.
El contraste se hacía todavía mayor mientras Delcy Rodríguez profundizaba su relación con Washington. La dirigente que había heredado el Gobierno de Maduro podía viajar a Nueva York y avanzar en un entendimiento construido alrededor del petróleo, la seguridad, las deportaciones y otros intereses compartidos. Machado, mientras tanto, seguía fuera después de siete intentos de regresar.
Eso deja a Trump ante una paradoja que se ha ido haciendo más visible con el paso de los meses. Capturó a Maduro, pero Delcy sigue gobernando. Diosdado Cabello conserva poder. Washington negocia petróleo y seguridad con estructuras y figuras procedentes del antiguo sistema. Y Machado, la dirigente que durante años había identificado su causa con la política de máxima presión estadounidense, continúa sin poder regresar a Venezuela.
Las prioridades de Donald Trump
Trump, en realidad, nunca ocultó del todo sus prioridades. Habló de liberar Venezuela y acabar con Maduro, pero desde el 3 de enero dejó claro que había mucho más en juego. En Mar-a-Lago anunció que las grandes petroleras estadounidenses entrarían en el país para reconstruir la industria. También habló abiertamente de la riqueza que Estados Unidos esperaba obtener del subsuelo venezolano y, pocos días después, anunció la entrega de decenas de millones de barriles para su venta bajo supervisión estadounidense.
La democracia estaba en el discurso, pero nunca fue la única prioridad. También estaban el petróleo, la reducción de la presencia rusa, china e iraní, la inmigración, el narcotráfico y la seguridad. Y había una idea de fondo: después de emplear un poder militar extraordinario para sacar a Maduro, Estados Unidos pretendía evitar que el día siguiente escapara de su control.
Ahí reside la paradoja de Trump en Venezuela. Durante años, Machado vio en la máxima presión el instrumento necesario para quebrar al régimen y abrir una transición democrática. Trump la concibió también como una herramienta para recuperar influencia, reforzar la seguridad estadounidense y rediseñar la relación económica con Venezuela. Ambos coincidían en sacar a Maduro. Nunca estuvo tan claro que compartieran la misma idea sobre lo que debía suceder después.
Nueve meses más tarde, Maduro está en Nueva York, Delcy Rodríguez gobierna en Caracas y María Corina Machado sigue fuera de Venezuela. Ha intentado regresar siete veces. Las dos últimas puertas fueron Aruba y Curaçao, dos pequeñas islas frente a la costa venezolana desde las que su país parece casi al alcance de la mano.
La última operación llevaba un nombre tomado de la vieja historia del regreso a casa: Ítaca. Por ahora, Ítaca sigue al otro lado del Caribe.
María Corina Machado consiguió escapar de Nicolás Maduro, pero nueve meses después, con Maduro preso en Nueva York y buena parte del mundo que conoció entonces transformado, no ha conseguido regresar a Venezuela. Y según ha podido saber ABC y ha visto en primera persona … esta semana, lo ha intentado siete veces, por tierra, aire y mar, desde Estados Unidos, Panamá, islas del Caribe y otros lugares, mediante vuelos comerciales, aviones privados y embarcaciones preparadas para recorrer en sentido inverso la ruta por la que salió clandestinamente de su país. Todos los intentos han terminado de la misma manera.
El último fracaso se produjo este martes, cuando se cerró también la posibilidad de alcanzar Venezuela a través de dos de las islas neerlandesas del Caribe frente a Venezuela, Aruba y Curaçao. Era la alternativa improvisada después de que una supuesta avería frustrara, apenas unas horas antes, la salida por mar desde Panamá. Machado volvió así a quedarse a las puertas de su país. Su equipo había bautizado el plan como operación Ítaca, una referencia al regreso a casa después de una larga odisea. Pero Ítaca tendrá que esperar. La sucesión de averías, permisos retirados, rutas cerradas y obstáculos de última hora ha sido tal que, para varios testigos directos de este periplo, empieza a resultar difícil atribuirlo todo a una simple acumulación de coincidencias.
La paradoja resume buena parte de lo sucedido en Venezuela desde enero. Cuando Maduro seguía en Miraflores y todo su aparato de seguridad buscaba a Machado, ella consiguió abandonar clandestinamente el país, internarse de noche en el Caribe y alcanzar Curaçao. Ahora Maduro está encarcelado en Estados Unidos, pero la dirigente que encabezó la oposición y cuyo candidato ganó las elecciones de 2024 sigue sin encontrar una ruta que le permita volver. El hombre del que tuvo que escapar ya no está allí. Buena parte del sistema que construyó, sí.
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Javier Ansorena
Machado salió de Venezuela en la noche del 8 de diciembre de 2025, disfrazada, sin pasaporte y a bordo de una pequeña embarcación. Desde entonces ha recorrido medio mundo: Oslo, Roma, Washington, Santiago de Chile, Madrid y Panamá. Ha recibido el Nobel de la Paz, ha entrado dos veces en la Casa Blanca, ha visto caer a Maduro y ha asistido desde fuera a la transformación del régimen que combatió durante más de dos décadas. Sólo le ha faltado aquello que desde el principio había prometido hacer: regresar.
El aparato chavista conserva, pese a la caída de Maduro, buena parte del control de las fronteras y de los resortes de seguridad del Estado. A ello se añadió durante los primeros meses una considerable cautela internacional ante cualquier movimiento que pudiera alterar el delicado equilibrio establecido alrededor del Gobierno interino de Delcy Rodríguez. La posición pública de Washington, sin embargo, ha sido clara después. Marco Rubio y otros altos cargos sostuvieron que Machado podía regresar cuando quisiera y, el 8 de julio, el propio Trump negó que estuviera impidiendo su vuelta. «Yo no le dije que no regresara. Creo que es una buena persona», dijo a los periodistas a bordo del Air Force One después de la cumbre de la OTAN en Turquía.
Lo cierto es que las dificultades continuaron. Después de los terremotos del 24 de junio, Machado decidió que no podía seguir esperando indefinidamente fuera. Venezuela atravesaba una catástrofe, la oposición necesitaba reorganizarse y, a su juicio, la transición corría el riesgo de convertirse en una fórmula permanente que mantuviera en el poder a buena parte de quienes habían gobernado con Maduro. Comenzó entonces una sucesión de intentos para volver que ha terminado convirtiéndose en otra odisea.
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El 26 de junio despegó de Virginia en un avión privado rumbo a Curaçao. Desde allí pretendía alcanzar Venezuela, previsiblemente por mar, del mismo modo en que había salido. Las autoridades neerlandesas habían autorizado inicialmente el aterrizaje. El permiso, sin embargo, fue retirado cuando el avión de Machado ya estaba en el aire y tuvo que regresar. Aquel episodio dejó además una dificultad añadida: cualquier nuevo intento de utilizar las islas neerlandesas quedaba desde entonces sometido a un escrutinio mucho mayor.
Dos días después volvió a intentarlo desde Panamá. El domingo 28 de junio trató de embarcar en un vuelo de Copa hacia Caracas, pero tampoco pudo subir al avión. Hubo después otros intentos, con distintas rutas y fórmulas, que tampoco llegaron a completarse. Unas alternativas se cerraron durante su preparación; otras no pasaron de sus últimas fases. Cada fracaso reducía las posibilidades disponibles y hacía necesario preparar el siguiente con mayor discreción.
Para cuando Machado regresó a Panamá en septiembre habían fracasado ya cinco fórmulas distintas. El sexto y el séptimo intento debían ser diferentes. No habría un vuelo directo a Venezuela y se intentaría reducir al mínimo el número de autorizaciones necesarias. Durante días, los detalles se mantuvieron compartimentados entre un grupo muy reducido. El punto de partida, la ruta y la hora se fueron comunicando sólo a quienes necesitaban conocerlos. Nueve meses después de escapar por el Caribe, Machado había decidido recorrer el camino inverso.
Panamá se convirtió en la base de la operación Ítaca. Una pequeña embarcación de recreo cruzó el Canal el 21 de septiembre y debía partir en la madrugada siguiente desde el Caribe. El viaje iba a presentarse como una travesía de varios días por aquellas aguas. Los trámites migratorios estaban hechos y prácticamente todo preparado cuando la empresa que había facilitado el barco comunicó una inesperada avería. El equipo habló con los propietarios, con las autoridades y con quienes habían intervenido en los preparativos. La explicación que recibieron fue siempre la misma: un problema mecánico impedía zarpar. Era el sexto intento frustrado.
Machado decidió no esperar. En cuestión de horas comenzó a prepararse una séptima alternativa: aproximarse por aire hasta una de las islas situadas frente a Venezuela y completar desde allí por mar la última etapa. Tampoco funcionó. El antecedente de Curaçao complicaba cualquier nueva operación y finalmente quedó descartada la posibilidad de volar a las islas. Era el séptimo fracaso.
Nadie ha aportado pruebas de que exista una decisión coordinada para impedir el regreso de Machado. Tampoco las hay de que todos estos episodios tengan una causa común. Pero la acumulación resulta llamativa para quienes han participado directamente en los preparativos: permisos que desaparecen, vuelos que no pueden realizarse, rutas que se cierran y, finalmente, una embarcación que queda inutilizada por una avería cuando estaba prácticamente lista para zarpar. Son hechos distintos y con explicaciones distintas. Juntos han producido siempre el mismo resultado.
Entre aquella primera travesía por el Caribe y este regreso frustrado han transcurrido apenas nueve meses, pero Venezuela ha cambiado de una manera que entonces parecía difícil de imaginar. Maduro está preso en Nueva York, Estados Unidos ha intervenido directamente en el país y la vieja retórica antiimperialista del chavismo prácticamente ha desaparecido de un Gobierno que ahora negocia con Washington petróleo, deportaciones, inteligencia y seguridad. Lo que no ha desaparecido es buena parte de la estructura que sostuvo durante años al régimen.
Diosdado Cabello continúa en el poder, parte del aparato represivo permanece intacto y muchos de quienes prosperaron durante el chavismo han encontrado acomodo en el nuevo escenario. Delcy Rodríguez ha demostrado una extraordinaria capacidad para ceder en casi todo aquello que Washington considera prioritario y conservar a cambio una parte esencial del poder. El gran acuerdo petrolero impulsado por Estados Unidos ha devuelto además al centro de la escena a figuras procedentes de la Venezuela chavista, entre ellas Alejandro Betancourt.
Es difícil encontrar nueve meses más intensos en la historia reciente de Venezuela. Y en el centro de toda esta saga sigue estando una dirigente política que pasó de ser inhabilitada y perseguida a recibir el Nobel de la Paz, para después contemplar desde el extranjero la caída del hombre que la obligó a esconderse sin que aquello abriera automáticamente las puertas para su regreso.
Cuando recibió el Nobel, Machado llevaba más de un año viviendo en la clandestinidad, perseguida por un aparato chavista cuyas distintas familias, enfrentadas por viejas rencillas y luchas internas, coincidían al menos en una cosa: su rechazo a quien se había convertido en el principal símbolo de una resistencia irreductible al régimen. Su carrera la había llevado de fundar Súmate y enfrentarse a Hugo Chávez en los años más duros de la revolución bolivariana a ocupar un escaño en la Asamblea Nacional, ser expulsada de ella, sufrir una inhabilitación política y finalmente ganar por una mayoría abrumadora las primarias de la oposición de 2023.
Durante 2024 recorrió Venezuela subida al techo de camionetas y automóviles, megáfono en mano y abriéndose paso entre multitudes. Vestida de blanco, cubierta a menudo con los rosarios que le entregaban sus seguidores, con la bandera venezolana en una mano, repetía de pueblo en pueblo que el cambio era posible, que Venezuela podía volver a ser libre y que había que vencer el miedo. Las caravanas improvisadas, las carreteras abarrotadas y la gente corriendo junto a los vehículos sólo para tocarla terminaron convirtiéndola en la principal amenaza electoral para el chavismo.
Maduro no quiso enfrentarse a ella en las urnas. El régimen la inhabilitó después de haber obtenido importantes concesiones de la Administración de Joe Biden, incluida la liberación de Alex Saab. Machado señaló entonces a la académica Corina Yoris para sustituirla y el chavismo tampoco permitió su inscripción. Al final aceptó a un diplomático discreto y prácticamente desconocido para el gran público, Edmundo González Urrutia.
También perdió contra él. Eso muestran las actas recopiladas y publicadas por la oposición y las conclusiones de observadores independientes como el Centro Carter. Tras las presidenciales del 28 de julio de 2024, el Consejo Nacional Electoral proclamó vencedor a Maduro sin publicar las actas que sustentaban el resultado. La oposición sí consiguió las suyas y mostraban una victoria contundente de González. Estados Unidos acabó reconociéndolo como presidente electo.
Maduro, sin embargo, siguió en Miraflores y la represión aumentó. Dirigentes de Vente Venezuela fueron detenidos, otros huyeron del país y varios de los colaboradores más cercanos de Machado tuvieron que refugiarse en la Embajada de Argentina en Caracas. Allí permanecieron durante 412 días bajo vigilancia constante de los servicios de seguridad. Machado también desapareció. Cambió de escondite, limitó sus movimientos y continuó dirigiendo desde la clandestinidad una organización que el régimen trataba de desmantelar.
Sólo volvió a dejarse ver el 9 de enero de 2025, cuando salió para encabezar una manifestación en Caracas, un día antes de que Maduro se juramentara. Después volvió a desaparecer. En mayo, sus colaboradores consiguieron abandonar la Embajada de Argentina en una misión clandestina bautizada como Operación Guacamaya. El régimen sostuvo que se había tratado de una negociación; Machado y Estados Unidos lo presentaron como una extracción. La respuesta fue otra oleada represiva y, semanas después, la detención de Juan Pablo Guanipa junto con decenas de dirigentes y colaboradores opositores.
Así transcurrió casi todo 2025, con Machado escondida en algún lugar de Venezuela, perseguida por un aparato de seguridad que no conseguía encontrarla y al frente de una estructura política que tampoco había conseguido destruir. Hasta que el 10 de octubre sonó el teléfono. Al otro lado estaba Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, para comunicarle que acababan de concederle el Premio Nobel de la Paz.
Para entonces había ya un nuevo inquilino en el Despacho Oval. Trump llevaba meses hablando abiertamente de su propia aspiración al Nobel y algunos de sus colaboradores habían hecho campaña públicamente por él. Cuando Oslo anunció a Machado, el director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, acusó al Comité de haber puesto «la política por encima de la paz». La reacción resultaba especialmente llamativa porque Machado había sido hasta entonces uno de los dirigentes venezolanos más próximos a Estados Unidos y había apostado buena parte de su estrategia internacional a la llegada de Trump.
Machado habló con el presidente aquel mismo día. Según relató después el propio Trump, ella le dijo que aceptaba el premio también en su honor. Pero el Nobel no terminó con la persecución ni solucionó el problema más inmediato. La nueva premio Nobel seguía escondida en Venezuela y no podía presentarse tranquilamente en Maiquetía con una maleta y tomar un avión a Oslo.
La operación para sacarla se preparó durante semanas. En diciembre abandonó su escondite disfrazada y llegó hasta la costa. Allí subió a una pequeña embarcación y se internó en el Caribe durante la noche. Navegaron con olas de hasta tres metros, sufrieron problemas mecánicos y dificultades con el sistema de navegación y durante horas existió incluso el riesgo de que las fuerzas estadounidenses desplegadas en la zona confundieran aquella pequeña embarcación con alguna de las lanchas utilizadas por narcotraficantes.
Finalmente consiguieron contactar con una embarcación de Grey Bull Rescue y Machado alcanzó Curaçao. Los contratiempos hicieron imposible llegar a Oslo a tiempo para la ceremonia y su hija tuvo que recibir el premio en su nombre. Machado llegó después. Pasadas las dos de la madrugada del 11 de diciembre apareció en el balcón del Grand Hotel ante los venezolanos que seguían esperándola y dejó allí una promesa: «Vine a recibir el premio en nombre del pueblo venezolano y lo llevaré de vuelta a Venezuela en el momento oportuno».
Apenas unas semanas después Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela, capturó a Maduro y lo trasladó a Nueva York. Parecía el desenlace natural de aquella historia. Maduro había caído, la oposición había demostrado con sus actas que había ganado las elecciones y su principal dirigente acababa de recibir el Nobel de la Paz. Muchos asumieron que Machado podía regresar. No fue así.
Washington había derribado a Maduro, pero optó por conservar buena parte de las estructuras del Estado. La Casa Blanca temía que una ruptura inmediata deshiciera las Fuerzas Armadas, los servicios de seguridad, la Administración y la industria petrolera, provocando más violencia, caos y nuevas oleadas migratorias. Para mantener Venezuela funcionando, Trump recurrió a alguien que ya estaba dentro: Delcy Rodríguez.
La vicepresidenta de Maduro pasó a encabezar el Gobierno interino. Era una elección cargada de contradicciones. Durante años Washington la había sancionado como una de las figuras centrales del aparato chavista. Ahora se convertía en la pieza fundamental para conservar en pie buena parte del Estado mientras comenzaba su transformación. No se trataba de desmontar el chavismo de un día para otro, sino de evitar el vacío de poder y conducir una transición controlada.
Para Machado aquello planteaba una paradoja formidable. Estados Unidos había hecho lo que durante años parecía imposible, pero el poder no había pasado a quienes las actas de 2024 señalaban como vencedores de las elecciones. Decidió entonces llevar su batalla a Washington.
Machado entró en la Casa Blanca el 15 de enero. Allí entregó a Trump la medalla de oro que acompaña al Nobel, colocada en un gran marco dorado con una dedicatoria en la que agradecía su «extraordinario liderazgo». Recordó además el precedente histórico de la medalla con la imagen de George Washington que el marqués de Lafayette había entregado a Simón Bolívar. Trump aceptó el regalo, elogió a Machado y calificó el gesto como una muestra de «respeto mutuo». La estrategia estadounidense hacia Venezuela, sin embargo, siguió su curso.
Washington continuó trabajando con Delcy Rodríguez y Machado inició una campaña mucho menos vistosa que aquellas caravanas por Venezuela. Despachos, congresistas, senadores, funcionarios, asesores. Había que explicar una y otra vez que estabilidad y democracia no tenían por qué ser incompatibles y que una transición dirigida indefinidamente por quienes habían formado parte del chavismo podía terminar convirtiendo lo provisional en permanente.
Machado tenía los votos. Delcy tenía el Estado. Trump tenía la última palabra.
Hubo una segunda reunión con Trump el 6 de marzo, más reservada y sin la carga simbólica de la primera. Machado insistió en su intención de regresar. La situación venezolana seguía siendo extremadamente delicada y la prioridad de Washington continuaba siendo preservar la estabilidad de una transición que apenas comenzaba.
Para Machado, sin embargo, cada mes fuera del país tenía un coste. Había pasado años resistiendo dentro de Venezuela y ahora contemplaba desde el extranjero cómo se construía el nuevo orden posterior a Maduro. Empezó a viajar por Santiago de Chile, Washington, Madrid y otras capitales, reuniéndose con políticos, empresarios y diplomáticos. Cuanto más viajaba, más evidente resultaba el problema. Su liderazgo nunca se había construido en despachos de Washington ni en recepciones europeas, sino en las carreteras, pueblos y plazas de Venezuela.
Los terremotos del 24 de junio cambiaron finalmente la ecuación. Miles de muertos, ciudades golpeadas, hospitales desbordados y una respuesta del Estado que Machado consideraba insuficiente. Desde fuera contemplaba la mayor emergencia sufrida por Venezuela en años y decidió que ya no se trataba sólo de cuándo convenía políticamente regresar. Su país atravesaba una catástrofe y ella seguía a miles de kilómetros.
Comenzaron entonces los siete intentos que han terminado esta semana en Panamá. Cada fracaso hizo más difícil el siguiente y fue estrechando las rutas disponibles. No existe una explicación única para lo ocurrido: decisiones de distintos gobiernos, problemas logísticos, permisos que no llegaron, rutas que dejaron de ser viables y finalmente una avería cuando la embarcación estaba prácticamente preparada. La posición pública de Washington era que Machado podía regresar. La realidad es que, siete intentos después, todavía no lo ha conseguido.
El fracaso llega además cuando Delcy Rodríguez prepara un viaje a Nueva York durante la Asamblea General de Naciones Unidas. La dirigente que heredó el Gobierno de Maduro puede viajar a la ciudad en la que este permanece preso mientras profundiza una relación con Washington construida durante meses alrededor del petróleo, la seguridad y otros intereses compartidos. Machado, mientras tanto, no ha podido recorrer el camino contrario.
Nueve meses antes salió clandestinamente de Venezuela buscando fuera el apoyo necesario para cambiar su país. Desde entonces ha recibido el Nobel, ha visto caer a Maduro, ha entregado su medalla a Trump y ha tratado siete veces de regresar. La primera travesía pudo completarla cuando el chavismo la perseguía y Maduro seguía en Miraflores. La segunda, cuando Maduro ya no está allí, ni siquiera ha podido comenzar.
La operación se llamaba Ítaca porque debía terminar donde había empezado toda la historia. Por ahora, después de siete intentos, Ítaca sigue al otro lado del Caribe.
La cita entre las principales organizaciones agrarias (Asaja, COAG, UPA y Unión de Uniones) y el ministro de Agricultura Luis Planas ha terminado con un importante anuncio y una nueva fecha a señalar en todos los calendarios del campo español. Las ayudas al gasóleo agrícola, de 20 céntimos por litro en la actualidad, serán prorrogadas hasta el 31 de diciembre. Esta medida se aprobará en el Consejo de Ministros del martes que viene, en lo que será el tercer paquete contra los efectos del conflicto en Oriente Próximo, que estalló el pasado mes de febrero. El titular de Agricultura ha abierto también las puertas a elevar la cuantía de este apoyo por encima de los 20 céntimos por litro actuales. «Vamos a hacerlo teniendo en cuenta los márgenes actuales, que hasta ahora eran de 20 céntimos por litro y el límite máximo de compensación del 70% del sobrecoste tanto en gasóleo como en fertilizantes, que autorizó la Comisión Europea (CE9 el pasado 29 de abril». Planas ha añadido que España recibirá 50,17 millones de euros de la Reserva Agrícola de la Política Agraria Común (PAC), que su Ministerio ya ha repartido entre las comunidades autónomas. «Estamos en fase de discusión interna para llevar al Consejo de Ministros este paquete y continuar apoyando al sector, a nuestros agricultores y ganaderos», ha apuntado el ministro quien también ha abierto la puerta estudiar algunos temas de ámbito fiscal que impactan en el sector agrícola. Planas ha anunciado la disposición de Agricultura para estudiar, junto a la Agencia Tributaria, el mecanismo de compensación del gasóleo agrícola dentro del Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH), así como en el IVA. Tampoco excluyen aplicar un pago más directo de este tipo de ayudas sin vincularlas a estos dos tributos, así como analizar la relación del gasóleo y los fertilizantes en el régimen simplificado del IVA y la tributación por módulos. «Vamos a estudiar la forma en que contribuir fiscalmente para compensar este sobrecoste en materia de gasóleo y fertilizantes», ha insistido el titular de Agricultura en referencia a una situación geopolítica que describe como «extraordinaria». El uso de fertilizantes cae hasta un 30% Planas, que ha descrito la reunión como «positiva y constructiva» destacando el diálogo regular que mantiene con las organizaciones agrarias, no ha aclarado si los apoyos a la compara de fertilizantes también se prorrogarán. Sí ha alertado el ministro sobre una utilización de entre un 2 5 y 30% inferior a la de campañas anteriores. El ministro ha asegurado que «no es una buena noticia» con las ayudas existentes y subrayado que las subvenciones actuales son temporales y extraordinarias. El titular de Agricultura ha remitido al Plan Nacional de Fertilizantes y a la búsqueda de formas para ahorrar en el uso de estos insumos. Las agricultores seguirán con las movilizaciones La reacción de las principales organizaciones agrarias (Asaja, COAG, UPA, Unión de Uniones y Cooperativas Agroalimentarias) a las palabras de Luis Planas se han movido entre el escepticismo y la decepción, a la espera de lo que aprueba el Consejo de Ministros en una semana. Entre los más escépticos el presidente de Asaja, Pedro Barato, quien se ha limitado «a valorar la voluntad y el próximo martes valoraremos el contenido» en referencia al siguiente Consejo de Ministros. Tanto Barato como el resto de organizaciones han coincidido en que las movilizaciones anunciadas – aunque aún sin calendario concreto- se mantienen. El presidente de Asaja también ha pedido que, si en el contexto actual, no se puede ser competitivo les hagan la vida más fácil a los agricultores y ganaderos en el ámbito de la Política Agraria Común (PAC). Un planteamiento similar ha puesto sobre la mesa el secretario general de COAG Andrés Góngora, quien ha reconocido que «veníamos con mucha esperanza después de la semana pasada y puedo decir que nos vamos un poco desilusionados». El máximo responsable de COAG insta a implicar a otros ministerios como Economía y Hacienda, así como a las comunidades autónomas. Góngora ha advertido que «el incremento brutal de los costes de producción en determinados productos puede dejar sin sembrar miles de hectáreas con un impacto en el precio de la alimentación y en la soberanía alimentaria». Un punto en el que el representante de COAG cree que España necesita «recuperar soberanía» ante las decisiones de algunas potencias, que impactan en el día a día de la sociedad española «y también en su cesta de la compra». Por todo lo anterior, insta a que el próximo paquete de medidas sea «importante» y con medidas medio y largo plazo. En una línea similar se mueven tanto el secretario general de UPA, Cristóbal Cano como el coordinador nacional de Unión de Uniones, Luis Cortés. El primero ha instado a la continuidad de la ayuda a la compra de gasóleo de 20 céntimos por litro, así como a que se aplique una deducción cuando se tribute por estimación objetiva «de al menos el 35% en el caso de la factura del gasóleo y del 15% de la de los fertilizantes». También cree que es «una buena noticia» la liberación de 50,17 millones de la reserva de crisis de la PAC para EspañaEl rol de las comunidades autónomas Cano ha recordado que las comunidades autónomas pueden complementar «hasta en un 200%» esta ayuda europea. «Seremos muy beligerantes con las comunidades autónomas para den ese paso y ayuden a resarcir al sector de una situación de crisis por el aumento de los costes de producción», ha aseverado. También ha apostado por establecer «un tope máximo al precio del gasóleo agrícola» para transformarlo definitivamente en un gasóleo profesional.Críticas a las administraciones públicas Cortés, de Unión de Uniones, se ha mostrado «defraudado» tras la reunión con Planas y lamentado que «no vemos más que buena voluntad ya que quienes tienen que aprobar realmente las medidas son Economía y Hacienda que brillan por su ausencia». El coordinador nacional de Unión de Uniones ha reprochado que un gasóleo agrícola a 2 euros el litro «genera el doble de ingresos» y considera que las administraciones públicas se enriquecen en este contexto.
La fuente de la noticia es https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/farandula/notas/aleks-syntek-recibe-una-invitacion-de-la-universidad-del-perreo/ Aleks Syntek recibió una peculiar invitación de la Universidad del Perreo, institución creada por el reguetonero Wisin, …
El Congreso de los Diputados estudiará acabar con las penalizaciones económicas que sufren los trabajadores que han cotizado 40 años o más a la Seguridad Social y que adelanten su jubilación. La Cámara Baja ha votado a favor de tramitar una proposición de ley en este sentido presentada por Podemos. La iniciativa ha salido adelante gracias a los votos a favor de PSOE, Sumar, Podemos y los socios de investidura del Gobierno, incluido Junts. El inesperado respaldo de los socialistas, que el pasado mes de junio habían rechazado una iniciativa similar, ha sido clave para que la iniciativa saliera adelante. El PP, que también se opuso aquella vez, se ha abstenido y Vox, ha votado en contra. La norma que ha presentado Podemos prevé acabar con los coeficientes reductores para los trabajadores que se jubilen anticipadamente con cuarenta años o más cotizados. Tanto si lo hacen voluntariamente, como si se ven abocados a ello tras perder su empleo a pocos años de alcanzar la edad legal de retirarse. Estos coeficientes reducen la pensión inicial en función de cuánto se anticipe el retiro. Con la norma actual, las personas que adelantan su jubilación involuntariamente con más de 41 años cotizados sufren un recorte de su pensión que oscila entre el 26% para quienes la anticipan cuatro años hasta el 0,5% en el caso de hacerlo un mes. Adelantar un año resta un 5% de la pensión, hacerlo dos, un 13% y hacerlo tres, un 19,5%. Esta reducción dura para siempre.En muchos casos, son trabajadores que iniciaron su vida laboral muy jóvenes y en condiciones difíciles y que se quedaron sin trabajo cuando les quedaba poco para jubilarse. Algo que le sucedió a la generación que estaba cerca de jubilarse cuando estalló la crisis financiera de 2008. Además, comparten el denominador común de haber cotizado a la Seguridad Social más de lo exigido legalmente para jubilarse con el 100% de la pensión (en 2027 este periodo será de 37 años).»Son personas que no solo han cumplido con sus familias y con la Seguridad Social, han cumplido con ese país y han sido quienes más tiempo han contribuido al sostenimiento de lo público», ha defendido Ione Belarra, secretaria general de Podemos, que se ha encargado de defender la proposición de ley desde la tribuna en el Congreso. La toma en consideración aprobada este martes implica que los grupos podrán presentar enmiendas para modificar el texto y debatirlas, pero no garantiza su aprobación final. De hecho, no es extraño que las iniciativas acaben metidas en un cajón en las Cortes mientras se prorroga indefinidamente el plazo para enmiendas. Algo particularmente relevante cuando a la legislatura actual le queda menos de un año en el mejor de los casos. Los grupos debatirán la iniciativa, pero introducirán cambiosLos grupos parlamentarios han reconocido la necesidad de abordar la situación de los jubilados con carreras largas que se ven penalizados, pero han discrepado de varios de los puntos de la propuesta de Podemos. Desde el PSOE el diputado Alberto Mayoral ha anunciado el voto positivo de su formación, pero no ha entrado a valorar el fondo del texto. «Vamos a votar que sí porque creemos que hay que hablar de aquellos españoles y españolas que eran muy mayores para reincorporarse al mercado laboral y demasiado jóvenes para no ser penalizados», ha trasladado. No obstante, ha añadido que analizarán con el Pacto de Toledo las herramientas para hacerlo de manera sostenible. En el grupo popular, que se ha abstenido, han reconocido que se producen «muchas injusticias» dentro de este colectivo, pero consideran que el texto, tal y como está planteado, «puede ser inasumible». En concreto, han criticado que se quieran despenalizar también las jubilaciones anticipadas voluntarias y que se recojan «efectos retroactivos amplísimos, aunque reconocen que la penalización actual «es realmente injusta». Por su parte, Vox -que ha votado en contra- ha calificado de «paripé sin escrúpulos» la proposición de ley de Podemos porque «reduce una reclamación seria a siete páginas que no se sostienen», en referencia a la extensión del texto. El grupo parlamentario ha cuestionado que se ponga la frontera en los 40 años cotizados sin explicar por qué y ha criticado que se dispense el mismo trato a quien anticipa cuatro años o cuatro meses. Desde Sumar, hermano menor de la coalición, han respaldado la proposición de ley, pero han señalado que «debe ser mejorada sustancialmente». En concreto, el grupo parlamentario ha criticado que la regla propuesta es «excesivamente rígida» porque quitaría la penalización a los trabajadores con 40 años cotizados, pero la dejaría igual a aquellos que trabajaron 39 años y 11 meses. También han cuestionado que también se busque eliminar la penalización a los trabajadores que se jubilaron voluntariamente. «No se podemos tratar de la misma manera a quien se jubila de forma anticipada que a quien ha sido expulsado del mercado laboral», ha trasladado la diputada Aina Vidal. Entre los socios de investidura del Gobierno, las opiniones también han sido favorables, incluida la de Junts. Desde el PNV han trasladado que las penalizaciones actuales «no son proporcionales y no reflejan el esfuerzo real de quienes han contribuido durante décadas», mientras que EH Bildu ha trasladado que «no es justo, razonable y mucho menos legítimo» que se penalice a quienes han cotizado 40 años o más. El grupo parlamentario de Junts ha trasladado que «trabajar 40 años no merece castigo, sino reconocimiento» y en ERC han recordado que su grupo ya presentó una iniciativa para abordar esta cuestión en 2018 y han trasladado su temor a que la iniciativa no llegue a convertirse en ley. «Nos da miedo que vuelva a pasar lo de siempre», han trasladado.
Malas noticias de nuevo para los consumidores españoles. A la subida del coste de la vida y el imparable ascenso de las gasolinas, podría añadirse una enorme subida en la próxima revisión de la Tarifa de Último Recurso (TUR) del gas, prevista para el próximo 1 de octubreSegún las estimaciones de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el precio del consumo de gas para los hogares acogidos a la modalidad TUR.2, con consumos de entre 5.000 y 15.000 kWh anuales, pasaría de 4,12 a unos 6,95 céntimos por kWh, lo que supone un encarecimiento cercano al 69%.De esta forma, para un hogar con calefacción de gas y un consumo anual de 9.000 kWh, la factura pasaría de unos 600 euros a alrededor de 910 euros al año. «Aunque el incremento del precio de la energía rondaría el 69%, el impacto final sería menor debido al peso de los costes fijos, impuestos y alquiler del contador. Aun así, el sobrecoste anual se situaría en torno a los 310 euros, un 54% más que con los precios actuales», explica la OCU en un comunicado. La principal causa de esta subida está en el sistema de cálculo de la TUR: » En el último trimestre del año aumenta el peso del denominado gas estacional, que representa cerca del 47% del coste de aprovisionamiento. Los futuros del gas utilizados para calcular esta parte de la tarifa cotizan actualmente en niveles elevados, lo que podría llevar a duplicar prácticamente el coste de la materia prima. Los peajes, cargos regulados y otros componentes también serán revisados a partir del 1 de octubre cuando entra el nuevo año gas, pero tendrían una incidencia limitada en el incremento». Pese a este escenario, este colectivo aconseja «no abandonar precipitadamente la tarifa regulada», ya que «la TUR sigue siendo por ahora más competitiva que las ofertas del mercado libre, con ahorros que hasta ahora alcanzaban al menos el 22% frente a las mejores tarifas de precio fijo y más del 40% respecto a numerosas propuestas comerciales». Eso sí, la OCU recomienda «revisar las condiciones de las tarifas del mercado libre a partir de octubre, ya que algunas ofertas fijas que antes resultaban menos atractivas podrían ganar competitividad si se confirma la subida prevista. Para ello, conviene analizar no solo el precio del kWh, sino también el término fijo, la duración de las condiciones contratadas y la existencia de servicios adicionales».Por otro lado, esta organización recomienda apuntarse a su X Compra Colectiva de Energía, que busca reunir el mayor número posible de consumidores para negociar mejores tarifas de gas y luz con las comercializadoras. La participación es gratuita y sin compromiso a través de la web Quiero pagar menos luz. El año pasado se inscribieron más de 33.000 usuarios que consiguieron un ahorro medio de 75 euros anuales solo en electricidad.
La fuente de la noticia es https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/musica/notas/triurbano-renace-entre-boleros-guitarras-y-nuevas-historias/ Después de varios años de pausa, las guitarras y voces de Triurbano vuelven a encontrarse. Esta agrupación …
Los ministros de Economía y Agricultura, Carlos Cuerpo y Luis Planas, han mantenido un encuentro este lunes con los representantes de la industria agroalimentaria, los fabricantes de fertilizantes y los de piensos para alimentación del ganado, así como de los sindicatos mayoritarios Comisiones Obreras y UGT. Una reunión que se enmarca en la ronda que está manteniendo el vicepresidente primero del Gobierno, para abordar las medidas destinadas a paliar los efectos del conflicto en Oriente Próximo más allá del 30 de septiembre. En la misma, el Ejecutivo ha garantizado su apoyo al sector agroalimentario después de que caduque el actual paquete de medidas. En conversación con ‘La Información Económica’ el presidente de la Confederación Nacional de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFC), Fernando Antúnez, ha confirmado que los ministros no contemplan prolongar las actuales ayudas a la compra de fertilizantes – de 92,5 euros por hectárea para los cultivos de regadío y de hasta 38,33 euros para los de secano – más allá de este año. Fuentes del Gobierno han asegurado tras la reunión que han trasladado al sector agroalimentario «la voluntad de seguir apoyándole tras finalizar la vigencia del actual Plan de Respuesta al impacto de la guerra de Irán». Esto es, a cierre de este artículo, el próximo 30 de septiembre. A principios de este mes, el Ministerio de Agricultura anunció el abono de 494,57 millones de euros por este concepto a 249.000 agricultores.En la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) hablan de un sobrecoste energético de cerca de 7.400 millones de euros para la industria manufacturera y se posicionan a favor de prorrogar las medidas por la guerra en Irán más allá del próximo 30 de septiembre, «especialmente las vinculadas al transporte y los combustibles profesionales». Entre las propuestas que han realizado a ambos ministros «ayudas directas para que las empresas eviten que los sobrecostes energéticos, logísticos o aseguradores puedan comprometer su actividad», así como reforzar y adaptar los «instrumentos públicos de apoyo a la internacionalización» que ofrezca a las empresas alternativas para su financiación, así como avales y liquidez en un contexto en que el riesgo aumenta. «Preocupación» por la escalada del gasóleo El representante de los fabricantes de piensos para la alimentación animal y presidente de Cesfac, aplaude todas los apoyos a los productores adoptados hasta la actualidad en lo relacionado con insumos como los fertilizantes. Sin embargo, ha mostrado su «preocupación» por la escalada del gasóleo. Antúnez añade que este repunte coincide con «mala cosecha de cereal nacional, que incrementa nuestra dependencia del exterior». Antúnez (Cesfac) lamenta que esta situación se produzca «con la segunda mejor cosecha mundial de la historia» aunque con un repunte de los precios por la compleja geopolítica actual caracterizada por los conflictos de Estados Unidos con Irán y la guerra en Ucrania, que ya está afectando a infraestructuras por las que exporta su grano este último país. El presidente de la asociación que agrupa a los fabricantes de piensos anima apunta que traer materia prima es cada más complejo. «No hay suficiente soja, por ejemplo. Estimamos un sobrecoste de 40 euros por tonelada en la carne de porcino y hasta 15 euros en la de pollo», apunta Antúnez.Un polémico reglamento . También han pedido una prórroga que les permita adaptarse al nuevo Reglamento Europeo, que impedirá desde el 1 de enero importar materias primas y derivados de territorios desforestados después de 2021 en el caso del ganado bovino, el café, el chocolate o la madera. «Muchos importadores nos dicen que faltan mercados», advierte Antúnez. Según el ‘Balance de Cereales’ del Ministerio de Agricultura para la campaña 2025-2026 España tendrá unas necesidades estimadas de 37,66 millones de toneladas de las que 27,71 millones se dedicarán a alimentación animal. Las estimaciones de cosecha de cereal para 2025-2026 en España se sitúa en 18,6 millones de toneladas, esto es por debajo de la media de las cinco campañas precedentes (19,47 millones de toneladas).Ronda de contactos de Cuerpo La reunión se ha produce dentro de los encuentros de Cuerpo con diferentes sectores económicos para abordar las medidas contra el repunte de precios más allá del 30 de septiembre, cuando está previsto que venza el actual paquete de medidas. Ambos han recordado que el actual plan tiene un capítulo agro específico de 1.107 millones de euros, incluida a la ayuda a la compra de fertilizantes. A la cita con los titulares de Economía y Agricultura han acudido la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), la Asociación Española de Fertilizantes (ACEFER), la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE) así como de la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA). También han acudido miembros de la Confederación Nacional de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFAC), la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE) y de los sindicatos mayoritarios UGT y Comisiones Obreras.
La fuente de la noticia es https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/musica/notas/tributo-al-legado-musical-de-roberto-carlos-sera-en-caguas/ El romanticismo y la nostalgia se unirán en “Detalles & emociones”, tributo al Rey de la Música …
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