En cada elección a la presidencia de Perú se abre una caja de Pandora de la que emerge el lado más feo del país: el racismo y el desprecio al otro. En la primera vuelta, el insulto racista dio un paso adelante: el … partido de Rafael López Aliaga buscó anular las llamadas mesas ‘900.000’, que se ubican en las áreas rurales más pobres del país bajo el pretexto de que carecían de legalidad.
El domingo, los peruanos escogerán al próximo presidente entre Keiko Sofía Fujimori y Roberto Sánchez, una elección que muestra la grieta social y geográfica entre sus electores y que ha desencadenado diatribas racistas que se expresan en las redes sociales y algunos medios de comunicación.
El día del debate presidencial se hicieron patentes las diferencias entre Fujimori y Sánchez. Mientras ella llegó acompañada de su abogada, Giuliana Loza, los dos vicepresidentes y su equipo técnico, Roberto Sánchez acudió con su esposa, sus dos hijas, sus padres y su suegra.
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Paola Ugaz
Esas diferencias se expresan también entre sus electores. Mientras Keiko Sofía Fujimori concentra sus preferencias en la capital del país, Lima, y las zonas urbanas de clase media y alta, Roberto Sánchez tiene a sus votantes en el sur andino y las zonas rurales pobres de Cajamarca, Amazonas y Huánuco.
En elecciones anteriores, el expresidente Pedro Pablo Kuczynski declaró que los ciudadanos de los Andes no votan bien porque «el oxígeno no llega al cerebro» al vivir en áreas que sobrepasan los mil metros de altura. También destacan los comentarios del padre de la excandidata a la presidencia Lourdes Flores Nano, quien calificó al expresidente Alejandro Toledo como «el auquénido de Harvard».
El autor de ‘Nos habíamos choleado tanto’, Jorge Bruce, declaró en su día que la elección entre Ollanta Humala y Keiko Sofía Fujimori hizo destilar «la violencia racista» que refleja «rabia y miedo, que es una reacción de incomprensión a lo que expresa el electorado al usar insultos como serrano, ignorante, cholo (mestizo) taimado o resentidos».
«Te gusta la música andina pero no se acepta aún a los músicos, vas a los restaurantes de cocina peruana pero no se trata bien a los productores del campo… no sirve de nada que nos engañemos como país, la segregación sigue ahí», finalizó Bruce.
Sobre el racismo
«Es una reacción de incomprensión a lo que expresa el electorado al usar insultos como serrano, ignorante, cholo (mestizo) taimado, resentidos»
Jorge Bruce
Psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú
En la primera vuelta, el exalcalde de Lima y candidato a la presidencia, Rafael López Aliaga, solicitó a través de sus abogados que anularan todos los votos realizados en las mesas ‘900.000’ porque, según él, carecen de valor legal, ya que nadie puede verificar si se votó siguiendo las normas. Para López Aliaga, si se hubiesen anulado las mesas ‘900.000’, que ascienden a un millón de electores, habría entrado a la segunda vuelta y por esa razón, calificó la elección de «fraudulenta».
Las mesas ‘900.000’ se crearon en 2006 y, según el Jurado Nacional de Elecciones, «son fundamentales para que los peruanos que viven en las zonas más alejadas y de difícil acceso puedan ejercer su derecho al voto y así se pueda reducir el abstencionismo».
En 2021, Keiko Sofía Fujimori no reconoció la derrota ante el expresidente Pedro Castillo y organizó que los estudios de abogados más importantes de Lima enviaran a sus equipos a ciudades de los Andes donde ganó Pedro Castillo, como Cuzco, Puno, Cajamarca, Moquegua, Amazonas, San Martín, Arequipa, Madre de Dios, Apurímac, Huancavelica, Tacna, Ayacucho y Áncash, para «probar el fraude en mesa», al tiempo que pidió que se anularan miles de votos porque, según los fujimoristas, «las firmas de los votantes no cuadraban con las firmas en sus documentos de identidad».
El peor lado de la sociedad
Ana Lucía Mosquera, catedrática y especialista en diversidad, explicó a ABC que «lamentablemente, las elecciones muestran lo peor que tiene una sociedad» y, en este caso, lo más destacable es el racismo en Perú.
«Se desacredita a un votante como ignorante y a partir de este día se crean narrativas donde se normaliza el racismo al usar términos como ignorante, provinciano, cholo o serrano como una manera de cancelar al que no vota a tu gusto», dijo Mosquera. Y añade: «Se construye un orden lógico donde el racismo se valida y se reproduce masivamente y sin ningún límite en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los programas de ‘streaming’».
«En el Perú valoramos mucho lo que la gente produce gracias a su cultura, pero no valoramos a las personas que lo producen ni los vemos como ciudadanos. Nos gusta ir a los pueblitos mágicos, pero no nos gusta ver a las personas que viven en esos pueblitos mágicos como ciudadanos que tienen derecho de votar, que tienen derecho a expresarse, que tienen derecho de vivir o que tienen derecho a marchar», explicó Mosquera.
«El racismo se valida y se reproduce masivamente en los medios de comunicación y en las redes sociales»
Ana Lucía Mosquera
Catedrática y experta en diversidad
En Perú, no fue hasta 1979 cuando se declaró que los analfabetos pudieran votar. Desde que Perú regresó a la democracia en 2000, algunos políticos han expresado que para votar se deben tener conocimientos académicos. Por ejemplo, un columnista calificó al electorado como «electarado» para burlarse del producto final de cada elección y descalificar a los electores.
«Somos un país fracturado porque nos hemos enfocado un montón en lo que tenemos que dar hacia afuera, pero no hemos mirado hacia adentro y hacia quiénes queremos ser como ciudadanos. Y en elecciones hay gente que deshumaniza al otro y no se le reconoce como ciudadano. Hay una reflexión que hacer como país donde se reconozca a las personas como iguales al igual que reconoces su acervo cultural», finalizó Mosquera.
Mientras tanto, el exministro de Educación, Ricardo Cuenca, dijo a ABC que «una constatación indiscutible, en estos tiempos de discriminación y racismo, es el papel de la educación, a través de la formación ciudadana». «Es tarea de la escuela formar personas que respeten y valoren la diferencia como factor fundamental para una convivencia democrática. Sin esa formación ciudadana que incluye aprender a relacionarnos entre diferentes de manera simétrica no puede haber democracias de calidad», añadió.
En los departamentos andinos de Cuzco, Ayacucho, Junín, Apurímac, Huancavelica y Áncash, más del 60% de la población tiene el quechua como idioma materno y en otras regiones se hablan el aimara y 56 dialectos entre las comunidades de la Amazonía. Según cifras oficiales, Lima, con 12 millones de habitantes, es, después de Cuzco, la ciudad con el mayor número de hablantes de quechua.
El próximo 7 de junio postulará por cuarta vez a la presidencia Keiko Sofía Fujimori contra Roberto Sánchez, quien reivindica el legado de Pedro Castillo. Se espera que quien salga ganador culmine su período de gobierno, ya que, desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes y cerca de un millar de ministros.