En un bar de hotel en Prenzlau, a hora y media conduciendo hacia el norte desde Berlín, Felix Teichner se sienta junto a Karina Dörk, de la Unión Cristianodemócrata (CDU), administradora distrital de Uckermark, el distrito de la excanciller Merkel. Teicher pertenece al partido ultraderechista … Alternativa para Alemania (AfD), contra el que el resto de los partidos políticos alemanes mantienen un unánime cordón sanitario, pero en este escenario es uno más. Ambos han sido invitados por la asociación empresarial local para hablar de economía y ambos proceden con naturalidad.
Cuando reciben su pan con salchicha, Teicher muestra más pericia en el reto de adivinar qué productos sobre la mesa proceden de la región y cuáles no, entre las risas de la sala. Hace sólo unos meses, la Asociación de Empresas Familiares de Prenzlau proponía abiertamente evitar todo contacto público con AfD, tal como dictaba la consigna de Merz desde Berlín, pero en los círculos económicos de Prenzlau el cordón sanitario económico ha caído en pocas semanas. «Tenemos que dar un escenario a todos los candidatos relevantes y no debe excluir a nadie», justifica Jörn Klitzing de la Cámara de Industria y Comercio de Brandeburgo Oriental. Y se apoya en las encuestas.
Si hoy se celebrasen elecciones parlamentarias en Alemania, AfD sería el partido más votado a escala federal. La última encuesta de Insa, muestra un crecimiento del 1% del voto a AfD, hasta el 27%, mientras que la CDU de Friedrich Merz desciende hasta el 24%, su valor más bajo en los últimos tres meses. Apenas se puede contar con los partidos de izquierdas para un posible frente de resistencia, porque el Partido Socialdemócrata (SPD) permanece hundido en el 14%, Los Verdes en el 13% y Die Linke (La Izquierda) en el 11%. Los liberales del FDP, con el 3%, no obtendrían presencia parlamentaria. «Sin cooperación con la AfD, prácticamente solo quedan coaliciones complicadas de tres partidos difíciles de compaginar», reconoce el jefe de Insa, Hermann Binkert.
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The Economist
AfD ha llegado hasta aquí cultivando el resentimiento contra los extranjeros, defendiendo la abolición del derecho de asilo y prometiendo una reestructuración autoritaria del Estado. Este partido sueña con sacar a Alemania del euro, o al menos dividir la UE en un núcleo cualificado y una periferia sureña de segunda velocidad.
Su imagen de Alemania es rubia, leal, nacionalista y su epicentro de poder no es ni la lesbiana Alice Weidel, ni el bien educado Tino Chrupalla, que comparten la presidencia del partido, sino el populista Björn Höcke, cuyo discurso sobre «reconstrucción nacional» o «cambio de sistema» entra en tensión con el orden constitucional y que no tiene reparos en utilizar un lenguaje y marcos conceptuales asociados a la extrema derecha histórica: la Alemania hitleriana. En su región del este de Alemania, Turingia, Björn Höcke se llevó prácticamente uno de cada dos votos en las últimas elecciones.
AfD se decanta por Putin
El entonces amigo de Donald Trump, Elon Musk, con una megafactoría de vehículos Tesla a media hora de Berlín, apoyó personalmente a los candidatos de AfD en la última campaña electoral. También han recibido apoyos de la Administración estadounidense y hay sospechas de financiación por parte de China y de Rusia, que han obligado a alguna que otra dimisión en el partido. Pero ha sido la guerra en Irán la que ha puesto a la directiva en una disyuntiva difícil de resolver para AfD, que se vio obligada a convocar una cumbre recientemente para definir si, en caso de conflicto, el partido estaba de parte de Trump o de parte de Putin.
La reunión tuvo lugar a puerta cerrada en Cottbus, el pasado 10 de abril, y terminó con su presidenta, Alice Weidel, criticando los «métodos del Lejano Oeste». Después de años buscando proximidad al movimiento MAGA y su posible exportación a Alemania, AfD se ha decantado por la «seguridad energética» que ofrece Moscú y «por la paz».
El Gobierno de EE.UU. está «principalmente» preocupado por asegurar los recursos en Venezuela y Groenlandia, declaró Weidel, que, «como política alemana, me ocupo ante todo de los intereses de nuestro país». «Evaluaremos todas las acciones de todos modos para ver si benefician o no al interés alemán», dejó sin embargo abierta la puerta a Trump.
«Doble rasero»
«Ya llevamos años escuchando quejas de que Putin está violando el derecho internacional», dijo. «Ahora de repente se callan cuando Donald Trump hace hace lo mismo, es decir, ataca la soberanía de un Estado como Venezuela o amenaza a Groenlandia: se están aplicando claramente dobles raseros», denunció, y concluyó que «Rusia tiene intereses de seguridad y Trump está implementando la Doctrina Monroe: es exactamente lo mismo al revés».
Weidel habla en voz alta de lo mismo que piensan muchos alemanes y es uno de los motivos por los que AfD sigue subiendo en las encuestas. Ni en Berlín ni en Bruselas hay nadie dispuesto a analizar las consecuencias de un posible gobierno encabezado por AfD en Alemania. Se prefiere pensar que el partido populista triunfa a escala regional, pero no lo hará a escala federal. Pero a ras de realidad social y económica, se comienza a contemplar como un escenario posible.