A Europa se le acumulan las crisis y parece que tiene que ir improvisando cada vez para salir de ellas. En el continente tienen claro que el conflicto tiene un coste demasiado alto a muchos niveles y los líderes se han unido este jueves en la cumbre del Consejo Europeo en torno a la diplomacia: no quieren entrar en la guerra de Oriente Próximo y pretenden que, en palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, «se dé una oportunidad» a las negociaciones. El llamamiento general ha sido a la desescalada a la vez que los 27 estudian ya cómo paliar los efectos por ejemplo sobre el mercado energético sin ‘mojarse’, como ya se sabía, con una misión para reabrir el Estrecho de Ormuz, aunque sí quieren coordinarse con los socios del Golfo, en línea con los esfuerzos anunciados en un comunicado conjunto por Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos, Italia y Japón para trabajar en la zona y que el desbloqueo se produzca, dicen, «cuando se den las condiciones». Los países europeos son conscientes de que Donald Trump no tiene un plan claro para Irán, y mientras la UE va profundizando en el suyo para que la guerra ‘de triple coste’ (humano, económico y de valores) no sea otro golpe para el proyecto comunitario.»El Consejo Europeo hace un llamamiento a la distensión y a la máxima moderación, a la protección de la población civil y las infraestructuras civiles, y al pleno respeto del Derecho internacional por parte de todas las partes, incluidos los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho internacional humanitario. En este sentido, insta a que se establezca una moratoria sobre los ataques contra instalaciones energéticas y de abastecimiento de agua. El Consejo Europeo lamenta la pérdida de vidas civiles y está siguiendo de cerca las repercusiones de gran alcance de las hostilidades, incluidas las que afectan a la estabilidad económica», recogen literalmente las conclusiones de la cumbre, en las que también se respalda el posible refuerzo de las misiones Aspides y Atalanta, pero «en línea con los respectivos mandatos».Francia, de hecho, ha pedido «una moratoria sobre las infraestructuras civiles y la población civil en este conflicto» y una «rápida desescalada», expresiones respaldadas en el texto final del cónclave por el resto de jefes de Estado y de Gobierno. En la misma línea habló el canciller alemán, Friedrich Merz, que ha ido virando su posición hacia un rechazo a las acciones de Estados Unidos y de Israel. «Solo podremos implicarnos cuando callen las armas. Entonces, estaremos en estrecho contacto no solo con Israel, sino también con los Estados del Golfo. Y entonces podremos hacer muchas cosas, incluso en lo relativo a las rutas marítimas y mantenerlas abiertas», expuso.Por su lado, Pedro Sánchez considera que la posición española es la que debe liderar el bloque comunitario, con el trasfondo de «no a la guerra» que lanzó Moncloa hace ya más de 20 días. «La UE se basa en decisiones compartidas, el derecho internacional, la paz y el respeto. Eso es ahora lo que se está poniendo en cuestión», recordó el presidente del Gobierno, que hizo un llamamiento al resto de líderes europeos: «En momentos de turbulencias los gobiernos sostengamos los principios y los valores que nos han traído décadas de paz, prosperidad y certidumbre. Si hacemos eso desde Europa podremos acabar con esta guerra pronto».El objetivo, sostuvo el jefe del Ejecutivo, tiene que ser «acabar con esta guerra pronto», porque solo de esa forma, añadió, se puede «volver a sentar en la mesa aquellas partes que hoy están enfrentadas y encontrar soluciones pacíficas a conflictos que, por desgracia, no solamente están costando en vidas humanas, sino también en refugiados».Esa dureza la mostró también la Alta Representante, Kaja Kallas, que aseguró que la ofensiva de Trump es contraria al derecho internacional, y lamentó no tener «una bola de cristal» sobre cuándo va a parar la guerra. «Estamos viendo el caos que está causando en Oriente Próximo, pero también las ramificaciones que tiene en el resto del mundo», recordó. Al mismo tiempo, insistió en la idea de que ahora mismo no se dan las condiciones para una misión de reapertura del Estrecho de Ormuz: «La situación por el momento es demasiado volátil. Así que necesitamos pone el foco en desescalar la guerra y después buscar medidas que podamos adoptar». De hecho, reconoció contactos diplomáticos con Irán para «buscar una solución» a las tensiones y al conflicto.En una parte de la cumbre participó también el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que pidió «acabar ya la guerra», en un mensaje a Washington y Tel Aviv. «Ha llegado el momento de acabar esta guerra que corre el riesgo de descontrolarse por completo, causando un inmenso sufrimiento a los civiles y propagándose por toda la economía mundial», sostuvo el dirigente portugués, que ya está en los últimos meses de su mandato. Guterres mantuvo el mismo discurso que los líderes europeos: «Es el momento de que la diplomacia prevalezca sobre la guerra».La guerra, en general, tiene una vertiente peliaguda para la UE: la energía, como parte de la fórmula para reforzar la competitividad del bloque (y ahí llegan las diferencias). Sánchez se reivindicó como el principal defensor de la energía renovable para Europa como solución a las consecuencias de la crisis. «La energía de la UE no es el petróleo y el gas, es el agua y el sol», expuso. Por su parte, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, pide tener en cuenta «las especificidades» de cada Estado miembro a la hora de avanzar en la transición energética. Y coincidió en que cada vez es más necesario deshacerse de dependencias: «La mejor manera de tener un horizonte energético previsible y fiable es aumentar la producción interna de energía».En uno de los puntos clave, las discusiones sobre el futuro del Sistema de Comercio de Emisiones de la UE (ETS) -que España defiende a capa y espada- no han generado grandes sobresaltos, pese a la oposición de algunos países, ya que la mayoría reconoce su papel clave para financiar tecnologías verdes y reducir la contaminación. Varios Estados miembros esperan la revisión que la Comisión Europea presentará antes del verano, en línea con el Acuerdo de París y el objetivo climático de 2040. Algunos gobiernos piden extender más allá de 2034 las asignaciones gratuitas de emisiones y ralentizar su eliminación a partir de 2028, mientras persiste un amplio consenso sobre la importancia de reforzar la independencia energética mediante energías renovables, incluida la nuclear, con excepciones como Austria.Zelenski, a seguir esperando por la ayudaUcrania fue el otro plato fuerte de la cumbre. Viktor Orbán no desbloquea la ayuda de 90.000 millones de euros para Kiev con cargo a deuda europea, y no lo hace porque el oleoducto de Drzhuba sigue sin funcionar para que el petróleo ruso llegue a Budapest: sin crudo no hay dinero, le ha dicho el primer ministro húngaro a un Zelenski que se ha comprometido ante los líderes a reparar «lo antes posible» la vía, dañada por los ataques rusos. Pero de momento habrá que esperar. «La posición de Hungría es muy simple. Estamos preparados para ayudar a Ucrania cuando recibamos nuestro petróleo, que está bloqueado por ellos. Hasta entonces no habrá ninguna decisión favorable a Ucrania», dijo Orbán en Bruselas. El veto se demostró de nuevo en el hecho de que ni Hungría ni Eslovaquia secundaron las conclusiones sobre el tema.Y recibió la reprimenda de sus homólogos. Kallas, por ejemplo, ve electoralismo en la postura magiar. «Si tienen un problema con el petróleo, su vecina Croacia puede proveerles ese crudo. Es una postura constructiva de los Veintisiete. Pero supongo que en tiempos de elecciones, la gente no es racional», recordó. Orbán afronta comicios en abril y los sondeos no le son favorables. Mientras, Costa recordó que la decisión de ayuda ya fue respaldada en diciembre por los 27, con Hungría, República Checa y Eslovaquia quedándose fuera de ese reparto. «El principio que rige el funcionamiento de la Unión Europea es el de la lealtad y la fiabilidad. Y doy por hecho que todos los Estados miembro de la Unión Europea lo respetan», espetó sobre el asunto el canciller alemán.Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, aseguró que la UE tiene que mostrarse firme: «Debemos resistir la tentación de recurrir a lo que nos resulta cómodo simplemente porque los siguientes pasos parecen demasiado difíciles». En este sentido, la maltesa apuntó que Europa «necesita la fuerza económica que justifique el papel que debemos desempeñar». En materia de energía, destacó que Europa está diversificando su mix energético y que esto ya está empezando a dar sus frutos. Sin embargo, argumentó que «esto no significa que seamos inmunes a las crisis de precios».También habló de la situación de Oriente Próximo. «Los ataques contra los países del Golfo son condenables y deben cesar de inmediato», esgrimió, al tiempo que, como el resto de líderes europeos, pidió que el foco se centre en la desescalada y no en un conflicto que se alargue y tenga consecuencias todavía más profundas a nivel global. Al mismo tiempo, la jefa de la Eurocámara reclamó no perder de vista «la continua guerra de agresión ilegal de Rusia en Ucrania».La OTAN busca una salida para el bloqueo de OrmuzEn cuanto a la OTAN, su secretario general, Mark Rutte, anunció este jueves que están trabajando en una vía para el desbloqueo del Estrecho de Ormuz y al mismo tiempo defendió que Irán no puede desarrollar sus capacidades nucleares, en línea con lo planteado por Donald Trump. «Un Irán nuclear habría supuesto potencialmente una amenaza directa para el futuro de Israel, pero también, de nuevo, para todo Oriente Medio y para Europa», sostuvo en rueda de prensa. «En cuanto al estrecho de Ormuz, todo el mundo está de acuerdo en que este estrecho no puede permanecer cerrado. Tiene que volver a abrirse lo antes posible. Esto es crucial para la economía mundial», cooncluyó.