Otra vez el corte de las comunicaciones. Otra vez un régimen decapitado, pero que sigue controlando a la población. Como ya pasara en otras ocasiones, la última durante las protestas en enero, el Gobierno iraní ha cortado cualquier conexión a internet lo que impide … a los iraníes comunicarse con sus familias fuera del país.
«Desde el sábado al mediodía no sé nada de mi familia», comenta a ABC Sarah, una iraní exiliada en Madrid. Su familia vive en Teherán y pudo hablar con ella a través de varios mensajes. Solo sabe que estaban bien, a pesar de que los ataques israelíes y estadounidenses impactaron muy cerca de su casa y que intentaron huir al norte del país, pero sin mucho éxito. «Las carreteras hacia el norte, que es la zona más segura, están colapsadas», comenta Sarah. Ella ha tenido suerte porque logró comunicarse algo con sus seres queridos. Otros muchos ni siquiera esa, lo que aumenta el estrés y la preocupación, como ya pasara hace un mes.
Sobre este control que ejerce el régimen en las comunicaciones, existe toda una estrategia que ha ido cambiando y mejorando con el tiempo, y sobre todo con las protestas.
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Bruno Pérez
«A pesar del bloqueo de X, Instagram, Facebook y Telegram, el hecho de que más del 80% de los iraníes utilicen VPN ha obligado al régimen a cambiar de enfoque. No solo quieren bloquearte; quieren vigilarte dentro de las plataformas», explica para ABC el doctor Arash Beidollahkhani, investigador del Instituto de Desarrollo Global de la Universidad de Mánchester.
Experto en el aparato represivo tecnológico del régimen, Arash Beidollahkhani asegura que estos bloqueos son una ‘cortina de humo’ digital que permite al Estado desconectar internet mientras mantiene operativos los servicios internos de propaganda. «En esta oscuridad informativa es donde opera la verdadera máquina de matar. Cuando se corta internet, el ‘coste político’ del asesinato desaparece porque ningún vídeo puede subirse. Esto permitió la horrible carnicería en los días críticos del 7 y 8 de enero». Según datos de las organizaciones humanitarias, en esos días, las fuerzas de seguridad asesinaron a más de 7.000 personas.
Ante la falta de esta conexión, pocos son los testimonios que se han podido recoger desde dentro de la república islámica. Algunos vídeos comenzaron a circular a primeras horas de la mañana.
Estas imágenes reflejan las dos caras de una misma moneda que ahora mismo es Irán: por un lado, multitud de gente llorando la muerte de su líder, el ayatolá Jamenei. La emisora estatal IRNA difundió imágenes de grandes multitudes reunidas en las plazas Imán Jomeini y Enghelab, en el centro de Teherán, para rendir homenaje y mostrar su apoyo al sistema político. Los dolientes también se congregaron en ciudades como Isfahán, Tabriz y Borazjan. La gente sostenía imágenes de su difunto líder, ondeaba la bandera de la República Islámica y coreaba al unísono.
«Cuando se corta internet, el ‘coste político’ del asesinato desaparece porque ningún vídeo puede subirse. Esto permitió la horrible carnicería en los días críticos del 7 y 8 de enero»
Arash Beidollahkhani
Investigador de la Universidad de Mánchester
El país ha iniciado 40 días de luto por la muerte del ayatolá y la de casi medio centenar de altos funcionarios de seguridad que, según EE.UU., también murieron en los ataques del sábado, junto con la hija, el yerno y el nieto de Jamenei. «Todos estamos dispuestos a convertirnos en mártires, pero no estamos dispuestos a dejar que la revolución se vaya», dijo un hombre de la ciudad de Qazvin en una entrevista transmitida por IRNA.
No todos los iraníes se sintieron afectados por la noticia. Muchos civiles en diversas partes del país celebraron abiertamente la muerte de Jamenei, con la esperanza de que marcara el inicio de la transición de Irán a la democracia. Los iraníes se despertaron este domingo con la confirmación de que el líder supremo que gobernó Irán durante más de 36 años había muerto en los ataques estadounidenses e israelíes lanzados el sábado. Su muerte fue anunciada primero por el presidente estadounidense Donald Trump y luego por los medios estatales iraníes.
A pesar de esta confirmación, las dudas sobre la muerte de Jamenei aún existían esta mañana. «Estamos buscando fotos del cuerpo de Jamenei o algo que nos demuestre que está muerto porque ahora nos entra la duda. Hasta que digan exactamente cómo se ha muerto», dudaba Sarah, una exiliada iraní en España. Al igual que ella, muchos dudan de que lo que llevaban esperando desde hace casi 50 años fuera verdad: «Esto es increíble, es un sueño».
La diáspora en el Reino Unido
En la diáspora iraní asentada en el Reino Unido, la noticia de la muerte del líder supremo ha generado sentimientos encontrados. La enfermera Farzaneh R. tiene 45 años y lleva veinte viviendo en Londres, adonde llegó tras abandonar Irán a comienzos de la década de 2000.
Desde su localidad al oeste de la capital británica, explica que la primera reacción fue visceral: «Cuando leí la noticia sentí que algo se me removió por dentro, como si por fin terminara una etapa que nos marcó a todos». Sin embargo, añade que esa sensación no se traduce en una alegría sin matices. «Hay gente que está eufórica, que habla de libertad como si fuera inmediata», afirma, pero matiza que en su caso la emoción se mezcla con una inquietud persistente.
«Estoy aliviada, porque para mí ese hombre representa décadas de represión, de miedo, de ver cómo encarcelaban a estudiantes y cómo mataban a jóvenes en las calles. Pero al mismo tiempo no puedo dejar de preguntarme cuál es el precio de todo esto». «Me preocupa que la respuesta sea más violencia, más inestabilidad, y que quienes paguen sean los que siguen allí, mi familia, mis amigos».
En su opinión, la desaparición de una figura central no garantiza una transformación estructural. «El sistema no es una sola persona. Me encantaría creer que esto abre la puerta a un cambio real, pero también sé que las estructuras siguen ahí».
Su marido, Amir H., que emigró con ella y hoy trabaja en el sector tecnológico, comparte la sensación de que se ha producido un momento histórico, aunque introduce un matiz distinto. «Entiendo que haya celebraciones», señala, «porque para muchos simboliza el fin de una era muy oscura». No obstante, insiste en que conviene separar el impacto emocional del análisis político. «No creo que la muerte de un líder signifique automáticamente una transición ordenada. El poder en Irán está distribuido en redes complejas, y esas redes no desaparecen de un día para otro». Además, matiza que «tampoco le tocaba a Estados Unidos e Israel hacer esto». Y añade otra preocupación: «Cuando un país se siente atacado desde fuera, las autoridades tienden a endurecer el control dentro».