El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, asegura que mantiene un contacto directo y fluido con su homóloga venezolana, Delcy Rodríguez, que además desde la captura de Nicolás Maduro es presidenta encargada de Venezuela. Wright dijo a ABC que la … cooperación entre ambos gobiernos en materia energética es «total» y que la relación bilateral atraviesa un punto de inflexión sin precedentes, apenas una semana después de que Estados Unidos activara una intervención decisiva sobre el sector petrolero venezolano. El secretario insistió en que Washington busca estabilizar y reactivar el mercado petrolero venezolano, y que el diálogo con las autoridades de Caracas forma parte «de ese esfuerzo conjunto».
Wright, en el cargo desde febrero de 2025, atendió a un reducido grupo de medios a las puertas del Ala Oeste de la Casa Blanca, poco después de participar en una reunión encabezada por Donald Trump con 23 representantes de las principales compañías petroleras con intereses en Venezuela, incluida la española Repsol. El encuentro se produjo en un contexto de vértigo diplomático y económico: la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, el anuncio de que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, la liberación parcial de presos políticos y el inicio de contactos para reabrir la Embajada estadounidense en Caracas. Rodríguez era ministra de Petróleo desde agosto de 2024, además de vicepresidenta de Maduro.
Según el secretario, el cambio de ritmo ha sido tan brusco como profundo. «Nunca he visto un país en el que las condiciones y las relaciones cambien tan rápido», afirmó a ABC. En su relato, las autoridades interinas venezolanas han asumido que «el juego ha cambiado» y que el modelo anterior, marcado por corrupción estructural, criminalidad y la influencia de potencias adversarias a Estados Unidos, ya no es viable. Washington, sostuvo, se encuentra ahora en una posición de fuerza al controlar la comercialización del petróleo venezolano, pero insiste en que ese control se está ejerciendo «masivamente en beneficio de Venezuela». «Estados Unidos está ahora en una posición muy fuerte, porque controlamos ya la venta de su petróleo», añade.
Wright explicó que el crudo se vende ya a precios cercanos al mercado, que los ingresos se canalizan a cuentas controladas por Estados Unidos y que parte de esos fondos se transfieren a las autoridades interinas venezolanas. A cambio, Caracas se compromete a cooperar para mejorar la seguridad interna, reducir la criminalidad y normalizar progresivamente las relaciones bilaterales. «Eso va a llevar tiempo», reconoció, «pero en una sola semana ya hemos visto avances que cambian por completo la trayectoria del país».
Uno de los ejes centrales de la conversación fue Chevron, la compañía estadounidense con mayor presencia histórica en Venezuela y actualmente el mayor productor de crudo del país. Wright subrayó que las decisiones adoptadas por la Administración Trump en los últimos días, junto con «algunas cosas adicionales que podemos hacer», abren a la empresa un camino claro para aumentar su producción en torno a un 50% en un plazo de entre 18 y 24 meses. Insistió en que no se trata de garantías financieras ni de transferencias de dinero público, sino simplemente de autorizaciones regulatorias. «No dinero, no garantías, nada de eso. Solo aprobaciones», recalcó.
Ese aumento de producción implicaría, no obstante, inversiones relevantes en infraestructura. «Cuando creces, tienes que construir instalaciones, invertir en equipos», señaló. En ese contexto, defendió la cifra de 100.000 millones de dólares en inversiones potenciales que Trump ha mencionado para el sector petrolero venezolano. Según Wright, no se trata de un compromiso inmediato ni de una promesa cerrada, sino de una estimación razonable si se proyecta una recuperación sostenida de la industria a lo largo de la próxima década, siempre que Venezuela evolucione hacia un entorno más estable, pacífico y regido por el Estado de derecho.
Recuperar la producción
Preguntado por la posibilidad de que Venezuela recupere los niveles de producción de los años noventa, en torno a los tres millones de barriles diarios, Wright se mostró cauto pero optimista. Admitió que se trata de un crecimiento «enorme», pero consideró que es técnicamente posible «en un horizonte de entre ocho y doce años si se mantienen las condiciones adecuadas». «Venezuela fue durante décadas una democracia próspera, pacífica y aliada de Estados Unidos. Puede volver a serlo», afirmó.
El secretario dedicó también un apartado específico a Repsol, a la que describió con «grandes perspectivas» en el nuevo escenario. Recordó que la compañía española es el mayor productor de gas natural en Venezuela, un recurso clave para sostener el sistema eléctrico del país y, de forma indirecta, para impulsar la producción petrolera. Según Wright, con simples aprobaciones de inversión y sin cambios drásticos en el marco operativo, Repsol podría aumentar de forma significativa su producción de gas, lo que a su vez permitiría elevar la extracción de crudo a nivel nacional y reforzar su propia posición en el país. «Vimos un enorme potencial», resumió, «con mucho optimismo».
Garantías
La cuestión del riesgo fue recurrente entre los ejecutivos presentes. Wright reconoció que, pese a la magnitud de la oportunidad, las compañías necesitan garantías básicas para operar en Venezuela. A su juicio, la principal herramienta de Estados Unidos para reducir ese riesgo no pasa por blindajes contractuales complejos, sino por forzar un cambio real en el comportamiento del Gobierno venezolano. «Lo más importante que podemos hacer es mejorar las condiciones de negocio y la seguridad social en Venezuela», dijo. Ese cambio, añadió, tendría efectos directos también para Estados Unidos: más inversión de empresas estadounidenses, precios energéticos más bajos y una reducción del flujo de drogas y bandas criminales hacia territorio norteamericano.
En su diagnóstico, la intervención de Trump persigue un equilibrio entre presión y colaboración. Washington conserva la capacidad de endurecer las condiciones si Caracas incumple, pero por ahora apuesta por consolidar un proceso gradual que transforme la gobernanza del país. Wright dejó claro que el objetivo final va más allá del petróleo. «No es algo que vaya a pasar la semana que viene ni el mes que viene», advirtió. «Pero la trayectoria es devolver a Venezuela a una democracia de libre mercado y aliada de Estados Unidos».
«La trayectoria es devolver a Venezuela a una democracia de libre mercado y aliada de Estados Unidos»
El secretario asumió que la reconstrucción de infraestructuras y la normalización institucional exigirán años y que cualquier acuerdo deberá sobrevivir a cambios de administración tanto en Washington como en Caracas. Aun así, defendió que las decisiones que se adopten en las próximas semanas pueden fijar un rumbo difícil de revertir. «Hay cambios que se van a hacer muy pronto que alterarán de forma duradera la trayectoria de la producción petrolera», afirmó.
En un momento en el que la oposición democrática venezolana observa con inquietud la aparente sintonía entre Estados Unidos y las autoridades interinas, Wright insistió en que la colaboración actual no implica una renuncia a los objetivos políticos de fondo. «Queremos transformar la gobernanza de Venezuela», dijo. «Y si lo hacemos bien, los beneficios serán mutuos». Con apenas una semana de movimientos, el mensaje que transmitió desde la Casa Blanca fue claro: la apuesta estadounidense en Venezuela ya está en marcha y su alcance va mucho más allá del crudo.