Desde que desapareció del radar de las autoridades, tras la destrucción del gasoducto ruso-alemán Nord Stream en septiembre de 2022, Serhii Kuznietsov llevaba una vida discreta y relativamente tranquila, aunque muy agitada y nada fácil de financiar. Hasta su detención el 13 de … agosto de 2025, había viajado de manera regular por el mundo, acumulando en su pasaporte más de dos docenas de visados de países como Francia, España y Canadá.
Mientras aparentemente disfrutaba de unas vacaciones familiares en un bungalow, en un pueblo de la provincia de Rímini, la Policía italiana irrumpió en la vivienda en cumplimiento de una orden de arresto europea emitida en Berlín. Quienes presenciaron su captura indicaron después que Kuznietsov se entregó pacíficamente, sin poner resistencia, frente a la mirada de su esposa e hijos.
Su paso por las cárceles de máxima seguridad en Italia antes de su extradición fue sumamente turbulento. El 31 de octubre de 2025, Kuznietsov inició una huelga de hambre radical en protesta por las condiciones de su reclusión. En cartas enviadas a través de su abogado, denunciaba con indignación que las autoridades italianas lo estaban tratando como al «criminal número uno», manteniéndolo aislado junto a reclusos de extrema peligrosidad vinculados a Daesh.
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Rosalía Sánchez
La huelga se prolongó durante días y le hizo perder nueve kilos de peso de forma acelerada. Su esposa, Halina, llegó a describir su estado de salud como «crítico» ante el Defensor del Pueblo ucraniano antes de que Kuznietsov depusiera la protesta tras recibir garantías sobre sus derechos penitenciarios. Tras ser extraditado a finales de noviembre de 2025, su día a día ha transcurrido en condiciones de aislamiento casi total en el centro de detención de Hamburgo.
Aunque la Fiscalía alemana asegura tener pruebas sustanciales contra él, incluyendo llamadas telefónicas interceptadas y conversaciones privadas con su esposa tras su detención, Kuznietsov mantiene una postura de silencio absoluto en el proceso. Su defensa asegura que se trata de «pura disciplina militar». Sus abogados presentarán declaraciones de sus superiores que certifican que, como oficial, tiene estrictamente prohibido revelar detalles de operaciones.
Mientras la acusación lo retrata como el cerebro y líder operativo que falsificó identidades para alquilar el yate Andromeda y coordinó la colocación de potentes explosivos en el fondo del mar Báltico, sus allegados lo describen como un veterano militar y empresario del sector energético que cumplió con su deber de defender a su patria tras la invasión rusa. A las puertas del tribunal de Hamburgo, grupos de manifestantes ucranianos se congregan para apoyarlo como soldado en una «guerra justa».
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En su expediente consta que se alistó voluntariamente para defender a Ucrania tras la invasión y permaneció en servicio activo hasta diciembre de 2023. Los informes de la Fiscalía General de Alemania apuntan a que Kuznietsov, aprovechando su rango de capitán retirado y su experiencia en las Fuerzas Especiales ucranianas (SOF) y el Servicio de Seguridad (SBU), ejerció como el patrón o comandante de la embarcación Andromeda y la dirigió rumbo al gasoducto.
A pesar de su experiencia como buceador, su implicación no consistió en ponerse el traje de neopreno, sino en organizar la logística en tierra y capitanear el yate. Utilizando un pasaporte falso bajo el nombre de Serhii Kulinich, alquiló la embarcación y fue el encargado de coordinar el traslado del equipo desde el puerto de Rostock, en Alemania, hasta la zona de la isla danesa de Bornholm.
Expertos en buceo a grandes profundidades
Para ejecutar el trabajo, las cargas explosivas se colocaron a unos 70 u 80 metros bajo el agua y Kuznietsov presuntamente lideró un equipo de cuatro buceadores profesionales de aguas profundas y un experto en explosivos. Entre el grupo de submarinistas que operaban bajo su mando, la investigación identifica formalmente a Volodímyr Zhuravlev. Detenido en Croacia en agosto, es un buceador profesional e instructor con formación avanzada, contratado expresamente por su capacidad para soportar inmersiones técnicas extremas en el Báltico y colocar los pesados bloques de explosivos militares. La acusación yambién menciona a Svitlana y Yevhen U., que dirigían una escuela de buceo en su país. Zhuravlev trabajaba para ellos como instructor, y la Fiscalía sospecha que proporcionaron soporte técnico para la compleja operación de descompresión e inmersión en las profundidades.
Aunque Kuznietsov no llevara a cabo la inmersión, su experiencia en operaciones especiales fue clave para supervisar un reto mayúsculo, el de bucear a 80 metros en las aguas frías y de baja visibilidad del mar Báltico. Una operación de este tipo requiere mezclas especiales de gases, como el Trimix, paradas prolongadas de descompresión y una precisión absoluta para manejar artefactos de entre 14 y 27 kilos sin sufrir accidentes mortales. Según la acusación, Kuznietsov fue la mente militar en cubierta que garantizó que los buceadores cumplieran su cometido con éxito.