«Lo que se vio en Rumanía es algo poco habitual en las democracias». Así define Laura Stefan, directora de Expert Forum, lo ocurrido en su país después de que el Tribunal Constitucional anulara la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2024. Aquella decisión, … adoptada tras la desclasificación de documentos de inteligencia que apuntaban a una campaña de manipulación digital, financiación opaca y posible interferencia extranjera, interrumpió un proceso electoral en el que Calin Georgescu había ganado la primera vuelta.
En este punto, la pregunta sigue siendo si el Estado actuó para proteger la democracia o si, al hacerlo, dañó la confianza de una parte de los ciudadanos en el propio sistema porque «todavía no tenemos la imagen completa», reconoce Alexandru Damian, director de programas del Centro Rumano de Políticas Europeas.
Así, lo que se sabe es que Calin Georgescu no era un desconocido en la política rumana. En campaña se construyó una imagen de hombre apartado por el sistema, víctima de las élites y defensor de la patria frente a Bruselas, los partidos tradicionales y la influencia occidental. Pero quienes lo han seguido de cerca lo describen como «una figura con vínculos antiguos en redes de poder». En ese punto coinciden las dos voces: logró presentarse ante parte de la sociedad como un ‘outsider’, pero subrayan que el candidato que prometía combatir al ‘establishment’ nunca fue ajeno a él.
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Enrique Serbeto | Corresponsal en Bruselas
Alexandru Damian remarca que «siempre formó parte del sistema». Tras las investigaciones abiertas contra él, ha alimentado una imagen de hombre perseguido por las instituciones y defensor de una Rumanía soberana, cristiana y enfrentada a las élites. En ese punto, Alexandru lo compara con una puesta en escena al estilo putinista, algo que sigue calando en sectores decepcionados de la sociedad rumana. Es recibido como un líder injustamente apartado al que le impiden propiciar un cambio, y cuya elección representó un gesto de hartazgo.
Por eso su caso no puede reducirse a TikTok. Según Alexandru, y tal como apuntan los informes de inteligencia, su aparato propagandístico se alimentó, posiblemente, tanto desde dentro de Rumanía como desde el exterior. Para Laura Stefan, el problema añadido es que «lo vimos venir, escribimos sobre él y preguntamos por él», pero «hubo un silencio muy profundo por parte de las autoridades».
Sobre el terreno, la maquinaria se puso en marcha rápidamente. Alexandru Damian subraya que hubo canales de televisión que lo apoyaron, como el caso de Realitatea TV, lo que demuestra que su discurso también encontraba altavoces que reforzaban su imagen. La desinformación fue un ruido de fondo que encontró un eco en parte de la diáspora rumana en Europa, donde muchos votantes arrastraban una sensación de distancia respecto a Bucarest.
Incapacidad defensiva de las democracias
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Por lo expuesto, reducir lo ocurrido a una campaña viral sería quedarse en la superficie. Para Laura Stefan, lo ocurrido fue «un síntoma de una enfermedad ya existente» ante la incapacidad de las democracias para defenderse con herramientas analógicas frente a posibles formas digitales de manipulación, financiación opaca e interferencia extranjera.
«Seguimos operando con reglas que funcionaban en el mundo analógico, mientras vivimos en un mundo digital». Antes, recuerda, «una autoridad electoral podía dirigirse a una televisión, exigir la retirada de una información o imponer una sanción». Ahora, con las redes sociales, la escala del problema es otra: «Es como intentar vaciar el océano con una cucharilla».
Expert Forum fue una de las organizaciones que detectó la dimensión anómala del fenómeno Georgescu. Laura Stefan asegura que monitorizaba la actividad en internet y que vieron cómo el candidato crecía de forma muy visible en exposición en redes sociales, especialmente en TikTok. «Lo vimos venir», sostiene. Por eso, su conclusión es que las autoridades no hicieron su trabajo o no quisieron hacerlo.
El dato central de la campaña era la contradicción entre visibilidad y financiación: Georgescu declaró oficialmente «cero lei» o, lo que es lo mismo, cero gasto electoral. Pero su presencia digital alcanzó una escala incompatible con una campaña convencional sin recursos. Expert Forum documentó esa exposición, publicó informes sobre su crecimiento en internet y, según su directora, se pidió a la autoridad electoral que controlara la financiación mientras la campaña seguía en marcha. Pero la respuesta fue que lo revisarían después de las elecciones.
«Hoy en día la Justicia electoral debería empezar a moverse en plazos estrechos y con información incompleta»
Laura Stefan
Directora de Expert Forum
Para ella, aquello invertía el sentido mismo del control electoral porque «hay que detectar a tiempo irregularidades, no hacerlo cuando el resultado ya se ha producido». Por ese motivo, «hoy en día la Justicia electoral debería empezar a moverse en plazos estrechos y con información incompleta. Las redes sociales presentes en Europa no son originales de Europa, ni tienen incentivos para entregar información a los Estados afectados. Por eso, exigir a los tribunales una prueba en tiempo real es imposible. En democracia, habrá que operar con información incompleta». Para Laura Stefan, Europa necesita desarrollar «anticuerpos» frente a estas amenazas. No basta con reaccionar, sino que la protección de las elecciones debe empezar antes, y quien no lo entienda será «presa fácil de depredadores más grandes».
Dualidad en la calle
¿Qué efectos ha dejado este caso en Rumanía un año y medio después? En la calle, contrastan dos respuestas bien distintas. Una: «La política es como cualquiera en otro país». La otra: «es una locura». Y es que la elección anulada terminó en los tribunales sin veredicto favorable para Calin Georgescu. Y, así, sus efectos siguen dejándose notar. Laura Stefan lo resume desde la actualidad más inmediata: «Rumanía ha vivido recientemente una moción de censura contra el Gobierno, impulsada por los socialdemócratas junto a los extremistas, y el presidente ha tenido que nombrar a un nuevo candidato a primer ministro para intentar reconstruir una mayoría». Además, Stefan observa una confusión creciente en el lenguaje institucional porque «el nuevo candidato fue presentado como una figura tecnócrata, pero en el futuro Gobierno aparecen rostros vinculados al Partido Socialdemócrata y el propio aspirante procede de la política europea. Es un poco confuso el lenguaje que se utiliza en Rumanía».
Alexandru Damian va más allá y sostiene que el impacto ha sido «extraordinario», pero para mal. Desde la anulación electoral, han crecido los sentimientos antieuropeos, con Alianza para la Unión de los Rumanos como una fuerza capaz de rondar entre el 35% y el 40% de los votos en las encuestas. Ese crecimiento se alimenta de una campaña de desinformación que describe como «intensa y visible«.
«Ya no estamos jugando en nuestro patio con pequeños enemigos, todo esto se está volviendo global»
Laura Stefan
Además, la falta de una explicación institucional ha agravado el clima. Para él, la ausencia de relato oficial ha dejado espacio a las versiones alternativas y a la propaganda. En ese punto, Laura Stefan contrapone Rumanía con Moldavia. El país vecino, que «estaba sometido a una mayor presión rusa, reconoció la amenaza, la documentó, presentó informes ante el Parlamento y permitió que las preocupaciones fueran discutidas y respondidas públicamente». En Rumanía, sigue faltando un informe equivalente que explique con claridad lo ocurrido y por qué el Estado no actuó antes.
Laura Stefan acaba resumiendo el caso con una imagen clara: «Ya no estamos jugando en nuestro patio con pequeños enemigos, todo esto se está volviendo global». Las amenazas son cada vez mayores, y quienes quieren influir en unas elecciones disponen de herramientas más potentes. Rumanía sigue dejando una pregunta abierta que ya no pertenece solo a Bucarest: cómo se defiende una democracia analógica cuando los adversarios entienden mejor el terreno en el que se libra la batalla digital.