La Guerra Fría terminó con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991 gracias a la ‘perestroika’ y la ‘glásnost’ (reforma y transparencia) acometidas por Gorbachov tras llegar al Kremlin en 1985. … Pero el fin del Telón de Acero no habría sido posible sin otro hecho histórico igual de trascendente, aunque menos recordado hoy: la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), que tuvo lugar en Helsinki del 30 de julio al 1 de agosto de 1975.
Durante aquellos días, en la capital de Finlandia se reunieron por primera vez los dirigentes de 35 países capitalistas y comunistas para firmar un acta que redujera sus choques políticos y militares en consonancia con la nueva ‘distensión’ que habían alcanzado las dos superpotencias de la época: Estados Unidos y la URSS. Con la presencia, y la firma, de sus entonces presidentes, Gerald Ford y Leonid Brézhnev, los Acuerdos de Helsinki fueron criticados en Occidente por legitimar las fronteras del Telón de Acero, como quería poner por escrito la Unión Soviética para blindar sus anexiones territoriales tras la Segunda Guerra Mundial. Pero también incluyeron unos principios que consagraban el respeto a los derechos humanos y las libertades.
Con el tiempo, dichas cláusulas permitirían una relajación del autoritarismo comunista y una mayor participación política de organizaciones sociales, como la ONG Grupo de Helsinki en Moscú y el sindicato Solidaridad en Polonia, que fueron decisivas para que los países del este de Europa alcanzaran la democracia. Tras el desmoronamiento del bloque comunista, la Conferencia se convirtió en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), hoy en horas bajas por el conflicto de Ucrania y la Nueva Guerra Fría que sacude al mundo en el siglo XXI. Por ese motivo, y por tener una frontera con Rusia de 1.300 kilómetros que hoy permanece cerrada, Finlandia intenta recuperar su papel histórico como mediador de paz en un planeta cada vez más convulso.
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Rosalía Sánchez
«Los conflictos en el mundo de hoy están al alza. La gran diferencia es que, tras la Guerra Fría, los conflictos solían ser locales. Pero ahora se han vuelto regionales: la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, Israel-Palestina, Israel-EE.UU.-Irán, Irán y los países del Golfo… Y todos vemos ahora que tienen ramificaciones globales, que pueden ser en el precio de la energía, petróleo, gas, comida, fertilizantes o presiones inflacionarias generales que vienen del cierre del estrecho de Ormuz», explica el presidente finés, Alexander Stubb, a un grupo de medios internacionales invitados a Helsinki, entre ellos ABC.
El encuentro tiene lugar en el palacio presidencial de la capital, en un salón decorado con dos cuadros de batallas y ventanales con vistas al puerto y la bahía. Stubb, con chaqueta pero sin corbata, despliega un discurso sólido y bien argumentado para compaginar el ADN mediador de los finlandeses, que se enseña en los colegios, con su reciente militarización ante la cada vez más peligrosa amenaza rusa.
El presidente finés, Alexander Stubb, atiende a un grupo de medios extranjeros, entre ellos ABC.
(Pablo M. Díez)
«Vivimos junto a un vecino que tiene tendencias imperialistas y eso ha creado una especie de psique nacional. Ahora tenemos un país en el que el 80% de la población está dispuesta a defender nuestra independencia, lo que básicamente son cifras israelíes», explica Stubb. Tras mantener durante décadas su neutralidad, tanto Finlandia como Suecia se adhirieron a la OTAN tras la invasión rusa de Ucrania, por lo que se encuentran junto a los países bálticos y del este de Europa en primera línea ante las constantes incursiones de drones lanzados por el Kremlin.
«Vivimos junto a un vecino que tiene tendencias imperialistas y eso ha creado una especie de psique nacional. Ahora tenemos un país en el que el 80% de la población está dispuesta a defender nuestra independencia»
Alexander Stubb
Presidente de Finlandia
En su opinión, «Ucrania está ahora en una posición mucho mejor que en cualquier otro momento de esta guerra. El primer año fue de supervivencia. Los tres siguientes de resistencia. Y ahora son matemáticas. Desde este punto de vista, Ucrania está en todo lo alto. En los cinco últimos meses, y perdonen que sea macabro, Ucrania ha matado o herido a una media de 35.000 soldados rusos. En marzo, Ucrania lanzó por primera vez más misiles contra Rusia que viceversa. Y en abril fue la primera vez que Ucrania recuperó más territorio del que perdió. Por eso, la mayoría de la población rusa está ahora empezando a oponerse a la guerra».
Amigo personal de Trump gracias a su pasión por Estados Unidos y el golf, Stubb quiere desinflar ese rol y se conforma con hacerle llegar al presidente de EE.UU. una idea de cada diez: «Por supuesto, mi principal foco es sobre Ucrania». Pero eso no excluye que abogue por «el multilateralismo, basado en instituciones internacionales, reglas y cooperación, frente a la multipolaridad, que ahora China y Rusia parecen estar dirigiendo de forma común».
Firme defensor de la reforma del orden internacional para dar peso a las potencias emergentes del denominado Sur Global, «porque el mundo dominado por Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial ya no existe», Stubb saca a relucir su gen finés para la resolución de conflictos.
«El mundo dominado por Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial ya no existe»
Alexander Stubb
Presidente de Finlandia
Gracias al espíritu de los Acuerdos de Helsinki, Finlandia se ha erigido en un mediador internacional desde África hasta Asia pasando por Oriente Próximo, ahora en llamas. «Porque estamos en Helsinki, sería muy útil que, cuando acabe el conflicto, un número de países de esa región se reunieran aquí para emular lo que hicimos en 1975», propone unas negociaciones que también se podrían aplicar a Rusia y Ucrania. Citando al presidente Martti Ahtissari, quien fue premio Nobel de la Paz en 2008 y cuya fundación está participando en 17 procesos de paz, Stubb confía en que eso sea posible algún día porque «todos los conflictos se pueden resolver y lo que empezamos los humanos también lo podemos terminar».