Donald Trump sorprendió al mundo cuando, tras arrancar el ataque conjunto de EE.UU. e Israel contra Irán, sostuvo sin disimulo que su objetivo último era un cambio de régimen que derribe la República Islámica y la dictadura de los ayatolás. Pero, ¿quién asumirá … los pedazos rotos del Irán que dejen los clérigos islamistas?
La incertidumbre manda todavía en qué resultado conseguirán Trump y su aliado israelí, Benjamin Netanyahu, cuando el polvo de las explosiones se asiente y se inicie una hipotética transición política. Es evidente que la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, supondría una apertura decisiva a ese proceso. Pero donde sí hay certeza es sobre la figura mejor colocada para liderar la transición: Reza Pahlevi, el hijo del último sah de Irán.
Esa respuesta no era evidente hace unos meses. Pahlevi lleva toda la vida tratando de tumbar a los ayatolás, sin ningún éxito. Ellos fueron los que derrocaron a su padre, el último monarca de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, en 1979. Y los que le forzaron a vivir en el exilio desde entonces, como un príncipe heredero sin tierra.
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Carlota Pérez
Pahlevi ha sido considerado un político débil, sin apoyos, disuelto entre la fractura eterna de la oposición iraní, dividida entre ideologías y etnias, entre monárquicos, izquierdistas, seculares, kurdos, baluchis, árabes… Negado por muchos, en un recuerdo de los abusos que también tuvo el régimen de su padre.
Eso ha cambiado. La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es sin duda ahora la figura más prominente, y la que da apariencia de estar posicionada para liderar la transición política, con dos pilares básicos: democracia y secularismo. Y acaba de ocurrir lo que él ha exigido con fuerza en los últimos tiempos: que Donald Trump se aleje de la negociación nuclear con la República Islámica y se centre en el cambio de régimen. Nadie puede estar hoy más satisfecho y esperanzado por el rumbo de los acontecimientos que el hijo del sah.
La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es la figura más prominente para liderar la transición, con dos pilares básicos: democracia y secularismo
Pahlevi, el hijo mayor del sah, estaba en plena preparación para asumir algún día la monarquía iraní cuando en 1979 se produjo la revolución en el país de Oriente Próximo, que acabó en la teocracia de los ayatolás. A él le sorprendió en EE.UU., cuando se formaba como piloto de combate en la base aérea de Reese, en Texas. Nunca regresó a su país.
Este sábado, tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel, aseguró que podría volver a Irán «pronto» y se postuló, una vez más, como la figura que debe asumir el control del país en su transición democrática, como lleva meses defendiendo.
El perfil de Pahlevi ha crecido con fuerza por varios factores. Por un lado, la decisión de Trump de atacar a Irán el pasado junio, que mostró la debilidad en su respuesta del Gobierno de Teherán. El hijo del sah ha conseguido hacerse un hueco en el entorno trumpista, con elogios al presidente de EE.UU. y a los republicanos. También ha ganado impulso con las tácticas agresivas de sus seguidores, que han conseguido aprovechar el momento para convertir el apoyo a Pahlevi en una dicotomía: o con el hijo del sah o con el régimen islamista.
En las manifestaciones multitudinarias y trágicas de Irán del pasado diciembre, con el combustible de la penosa situación económica del país, Pahlevi ha encontrado la legitimidad que le ha faltado durante décadas. Muchos iraníes gritaban «¡Javid sah!» (‘Larga vida al sah), dentro de una nostalgia colectiva sobre la vida antes de los ayatolás, en especial entre quienes están muy lejos de recordarlas, los jóvenes de la ‘generación Z’, que salieron en masa a las calles.
Las protestas no consiguieron resultados y la represión del Gobierno se cobró miles de víctimas (entre 7.000 y 30.000, según las estimaciones).
Discurso en Múnich
Pero, hace unos días, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Pahlevi reunió a cerca de 250.000 personas en una movilización para pedir apoyo a la causa de la oposición iraní. Allí volvió a exigir que no hubiera negociación con el régimen, sino combate. También ha asegurado que ha conseguido la defección de cerca de 10.000 miembros de las fuerzas armadas, de la Policía y de funcionarios del régimen islamista, aunque es algo difícil de comprobar.
En una entrevista pocas horas antes del ataque, Pahlevi insistió en que el problema no es la amenaza nuclear de Irán, ni su apoyo a milicias islamistas en todo Oriente Próximo, ni sus ambiciones con misiles de largo alcance. «La verdadera amenaza es el propio régimen», aseguró a la cadena australiana ABC. «Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear. El radicalismo, el terrorismo, la amenaza nuclear, la inestabilidad regional… todo eso se evaporará al instante en el mismo minuto en el que el régimen no esté ahí», defendió.
Trump ha sido muy escéptico sobre la capacidad de Pahlevi de liderar la transición en Irán. El mes pasado, aseguró que el hijo del sah es alguien «muy simpático». «Pero no sé qué apoyo tendría en su propio país», dudó el presidente de EE.UU., en una posición comparable a la que mostró sobre la venezolana María Corina Machado, y su capacidad de liderar la transición en su país tras la captura de Nicolás Maduro.
«Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear»
Reza Pahlevi
Hijo del sah
Pese a esas dudas, Trump ha hecho exactamente lo que Pahlevi pedía. Ir más allá de acuerdos con el régimen islamista y buscar un cambio de régimen. Una decisión que se debe más a las presiones de Israel y a sus propios intereses, pero que el hijo del sah compartió con el negociador principal de Trump, Steve Witkoff, durante encuentros en los últimos días y semanas.
«Queridos compatriotas, los momentos del destino están frente a nosotros», compartió Pahlevi en su mensaje a los iraníes tras los ataques. Calificó la operación militar de EE.UU. e Israel como una «intervención humanitaria» que tiene como objetivo la República Islámica, «no el país y la gran nación de Irán».
En su mensaje, aseguró que el régimen está «en colapso», instó a las fuerzas armadas y de seguridad que se unan a la causa opositora y pidió a la ciudadanía que, por ahora, se quede en casa. «En el momento apropiado, que yo anunciaré con precisión, podréis volver a las calles para la acción final», dijo, con una voluntad clara de tomar el control de la situación. «Estamos cerca de la victoria final», les dijo. «Quiero estar junto a vosotros tan pronto como sea posible para que juntos podamos recuperar y reconstruir Irán».
Plan de prosperidad y transición
Esa victoria final sería el comienzo del plan de prosperidad y de transición democrática que él mismo ha diseñado. En su plan, ese proceso estará basado en cuatro principios: respeto a la integridad territorial de Irán (lo que le enfrenta a otros opositores, como los kurdos), separación de religión y Estado, libertades individuales e igualdad para todos los ciudadanos y derecho a elegir una forma de gobierno democrático. Establece que él tomaría el control de un Gobierno provisional para estabilizar el país y organizar un referéndum sobre el tipo de Gobierno que desean, con la posiblidad de una monarquía que volvería a convertirle en sah. Después, elecciones. Y, con ellas, su salida del poder, como no deja de prometer.
Muchos en Irán han desconfiado de Pahlevi. Consideran que tendría demasiado poder en sus manos en esta transición. Y recuerdan que el ayatolá Jomeini, el líder islámico en la revolución, también decía que iba a dejar el poder y dedicarse a estudiar el Corán una vez derrocado el sah.