La conquista comercial de los países emergentes por parte del Occidente desarrollado, con el tiempo ha resultado contraproducente, porque los ha convertido —principalmente China— en competidores fuertes y temibles.En un futuro cada vez más tecnológico, la lucha entre las grandes potencias por el control … de territorios estratégicos y recursos naturales, como el petróleo, el gas, las tierras raras y el agua, ha comenzado y parece imparable.
La reacción a la globalización es ahora el proteccionismo, la autonomía y la independencia.
Sin embargo, el proteccionismo conduce a la desglobalización e implica una reestructuración de las redes comerciales y financieras que prioriza la resiliencia sobre la eficiencia, fragmentando vínculos sensibles como los semiconductores y los minerales estratégicos, y promoviendo soluciones regionales.
Para Occidente, esto genera presiones inflacionarias, una mayor dependencia de la diversificación y una disminución del dominio financiero estadounidense, aunque el dólar mantiene su centralidad.
Las empresas buscan adoptar modelos de doble origen para ubicar los procesos de producción o los servicios en países geográficamente próximos y acceder a centros estadounidenses y regionales para obtener economías de escala.
En este segundo mandato, la administración Trump ha reinterpretado el concepto de «América Primero» adoptando la antigua Doctrina Monroe de las esferas de influencia, ahora rebautizada como ‘Doctrina Donroe’.
El objetivo es intervenir para resolver conflictos mediante negociaciones que beneficien a Estados Unidos y al mismo tiempo, afirmar, con acciones concretas y sin hipocresía, que el hemisferio occidental es su esfera de influencia exclusiva.
El resultado que Estados Unidos busca es negar a competidores como China el control de recursos vitales en general y en particular en su Hemisferio.
Trump, para aislar a China, quiere neutralizar a los aliados más importantes de la potencia asiática.
EE.UU. quiere neutralizar a Irán, quiere atraer a otro aliado como Rusia utilizando la resolución de la guerra en Ucrania e invitándolo al ‘Board of peace’ de Gaza, que según las intenciones del presidente estadounidense podría convertirse en perspectiva en la nueva ONU, pero controlada por él y Estados Unidos.
La antigua Doctrina Donroe incluye muchas iniciativas geopolíticas y por supuesto en particular a Latinoamérica porque, como sabemos, la expansión china, que pasó por África, también ha llegado al continente latinoamericano.
En América Latina, China ha ejercido su poder blando en los últimos años a través del comercio, las inversiones en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) (un proyecto global de cooperación económica e infraestructura lanzado por China en 2013, cuyo objetivo es revitalizar las antiguas Rutas de la Seda por tierra y mar para conectar Asia con Europa, África y América Latina) en los sectores de energía, transporte y 5G (por ejemplo, State Grid en Brasil, Huawei en Argentina), y la diplomacia cultural.
En América Latina, China también ha puesto énfasis en la conectividad, la coproducción y la interdependencia, cultivando bases locales a través del empleo y la infraestructura.
La reciente iniciativa estadounidense en Venezuela es una clara respuesta a China, que ya había socavado la Doctrina Monroe y, entre otras cosas, adquiría junto a Rusia petróleo a precios muy bajos.
Sin embargo, la competencia con China ya se ha extendido más allá del hemisferio occidental, alcanzando el ciberespacio y el Ártico.
En el Espacio, China está integrando satélites en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), expandiendo estaciones terrestres globales y considerando el dominio orbital como un arma de guerra, acortando la distancia con Estados Unidos. En el Ártico, China, como «estado cuasiártico», invierte en la Ruta del Mar del Norte, rompehielos (más que Estados Unidos) y ciencia militar con Rusia, país que la OTAN considera no pacífico.
No es un caso que Trump quiere usar Groenlandia para bloquear a China y también a Rusia.
El tema Groenlandia y de su compra por parte de Estados Unidos está creando tensiones con Europa que defiende el territorio porque está bajo la égida de Dinamarca.
Es de estos días, una respuesta dura amenazando con aranceles del presidente estadounidense, que ha interpretado al envio simbólico en el número de tropas de ocho países europeos en Groenlandia como un enfrentamiento.
La falta de diálogo de la una y de la otra parte es seguramente a la base de las tensiones y no ayuda las relaciones transatlánticas.
Probablemente, como sugiere la líder italiana Giorgia Meloni, dialogando, el tema Groenlandia podría resolverse a través de un fortalecimiento en el territorio de la OTAN, institución que representa tanto a Europa como a Estados Unidos.
Digo podría, porque parece que el presidente Trump quiere la propiedad de Groenlandia.
Esta competencia abierta entre Estados Unidos y China implica que el enfoque de Europa se está desplazando de la liberalización a la necesidad de resiliencia y reducción de riesgos.
La reglobalización está acelerando la fragmentación económica global, obligando a Europa a priorizar la resiliencia sobre la eficiencia abierta, con políticas como la ‘Autonomía Estratégica Abierta’ para reducir la dependencia de la energía, los chips y los minerales esenciales.
Esto tiene consecuencias: una mayor protección frente a China incrementa los costos y las tensiones comerciales, mientras que la hostilidad de Trump 2.0 está obligando a la UE a navegar por un ‘G-Zero’ sin reglas compartidas para una competencia justa.
En términos de impacto económico, Europa se enfrenta a una sobrecarga industrial debido a las exportaciones chinas de automóviles eléctricos y ecológicos de bajo costo, lo que está agravando el declive de la manufactura y complicando las transiciones digital y ecológica.
La desglobalización aumenta la inflación mediante interrupciones en la cadena de suministro (por ejemplo, Ucrania con la energía), reduce la productividad debido a la menor competencia global y presiona la competitividad contra el capitalismo de Estado estadounidense/chino.
El progreso europeo hacia un mercado único y un marco jurídico común, voluntario y armonizado para las empresas innovadoras es lento, con riesgos de estancamiento.
En este panorama, las presiones geopolíticas sobre Europa siguen aumentando.
El presidente Trump está imponiendo aranceles y ejerciendo su poder con acciones agresivas también con sus aliados Europeos que, no cabe duda, están sorprendidos por los modales.
Estados Unidos está posicionando a Europa como un cliente no soberano en inteligencia artificial y tecnologías verdes, mientras que Rusia y China explotan la brecha transatlántica entre Estados Unidos y la UE.
La UE ve a Estados Unidos y al presidente Trump, también por sus modales, como un actor que quiere alterar el orden global fuera del derecho internacional que por cierto ya muy debilitado.
Los modales de la Administración estadounidense hacen discutir y mucho, pero no pueden ser la excusa para no ver que el orden mundial conocido ya estaba cambiando silenciosamente, favoreciendo de manera clara a la gran potencia asiática.
La UE lucha por lograr autonomía estratégica, pero si bien la reducción de riesgos es difícil de lograr con China siendo su segundo socio comercial más importante, la soberanía en inteligencia artificial y tecnologías digitales se ve complicada por el dominio estadounidense.
Sin una mayor integración, especialmente fiscal y estratégica, la UE corre el riesgo de perder relevancia.
La UE intenta responder a estos desafíos para reducir sus vulnerabilidades geopolíticas, pero se enfrenta a resistencia interna, centralización en Bruselas y un sistema de gobernanza que necesita ser revisado.
Las prioridades de la Unión Europea deberían incluir un mercado único integrado, la movilidad del capital y la innovación escalable, pero la incertidumbre política en cada país y la presión sobre Trump debido a las próximas elecciones de mitad de mandato representan una amenaza adicional.
Las vulnerabilidades estratégicas de la UE conllevan una mayor exposición a la interferencia extranjera en componentes críticos debido a la rápida reestructuración de los proveedores, con riesgos cibernéticos en el hardware informático y sanciones fragmentadas (EE.UU./UE/Reino Unido frente a Rusia/China).
La dependencia de China para paneles solares, baterías y materias primas amenaza la soberanía digital y la transición ecológica, agravada por la hostilidad de Trump hacia las regulaciones de la UE.
Trump 2.0 y los aranceles estadounidenses están reduciendo el superávit comercial de la UE con Washington, lo que alimenta las tensiones con Pekín, que, como se ha señalado anteriormente, tiene una sobrecarga industrial en la UE.
¡Europa debe todavía comprender hacia dónde se dirige el mundo!
El cambio de paso, la actuación agresiva y determinada de Estados Unidos para limitar la competencia de China es claro, porque quiere preservar y revitalizar su futuro, y eso, al contrario que confundir Europa, tendría que despertarla .
Se requiere una profunda reflexión para construir una estrategia geopolítica europea, que actualmente no es clara ni unificada.
La falta de independencia de Europa en las áreas más estratégicas, no la puede ver aislada.
La Unión Europea, lejos de ser autosuficiente, debe construir una estrategia geopolítica, una capacidad de liderazgo, de diálogo y fortalecerse en todos los aspectos (tecnológico, industrial, militar, etc.) para reducir sus retrasos.
Por otro lado, debe decidir con pragmatismo qué lado tomar.
La lógica dice que el lado que debe tomar es lo de Estados Unidos, un país democrático, sin duda más afín respecto a China; aunque con unos Estados Unidos declaradamente más exigente respecto al pasado.
Una UE finalmente consciente de la realidad y de sus difíciles desafíos, sin perder sus valores, actuando con poca ideología y mucho pragmatismo, puede afrontar el futuro como parte importante de un Occidente más grande, competitivo y prometedor, que también debe incluir a países como Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia e India.