Elena no debería estar en el mostrador de una parafarmacia mínima en la calle East Lake de Mineápolis, apenas un pasillo estrecho con vitaminas, champús o antigripales. No debería, porque tiene 16 años y lo suyo es que esta tarde estuviera haciendo las tareas … o cosas de adolescentes. Cuando entiende que la visita no es de un agente federal, sino de un reportero, la joven llama por teléfono a su madre, una inmigrante mexicana que regenta el negocio junto a su marido.
«Nos hemos encerrado en casa, llevamos más de una semana así, dice al otro lado de la línea la madre, Marisa (ninguno de estos nombres es real). «Mi hija se ofreció a ayudar, los niños están haciendo el papel que nos toca a nosotros». Como en tantas familias de origen inmigrante en Estados Unidos, los hijos han nacido aquí y son ciudadanos estadounidenses, pero los padres no.
La razón del encierro: el miedo a caer en una de las redadas del ejército de agentes migratorios desplegados por Donald Trump en la principal ciudad de Minnesota. «No salimos ni a tirar la basura», asegura esta inmigrante de origen mexicano.
East Lake es un centro neurálgico de la comunidad hispana de Mineápolis, un corredor plagado de restaurantes, tiendas de comida, negocios de envío de divisas, peluquerías, contables, lavaderos de coches. Está plagado de murales coloristas, de orgullo mexicano y hasta cuenta con una estatua de Emiliano Zapata. Es siempre un hervidero de gente. Debería ser incluso en días como hoy, con las temperaturas hundidas hasta los 20 grados bajo cero. Pero ahora parece un pueblo fantasma.
«Hay temor, hay mucho temor», explica el reverendo Michael Morales, de la cercana iglesia Luz del Mundo. «Estamos en una zona roja», dice sobre este corredor hispano de East Lake. En las últimas semanas, ha sido uno de los objetivos de la ‘migra’, como por aquí llaman a la Policía de inmigración y aduanas (ICE, en sus siglas en inglés). Las apariciones de los agentes han sido constantes.
Este mismo domingo, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, de quien dependen el ICE y el resto de fuerzas federales que participan en esta operación, anunciaba que en Mineápolis han sido detenidas 3.000 personas en las seis semanas que ha durado por ahora el despliegue. Noem defendía que se ha arrestado a «criminales extranjeros ilegales que estaban matando a estadounidenses, dañando a niños y haciendo reinar el terror en Mineápolis».
Agentes de Inmigración
«Con que tengas la cara de latino, les vale para que seas arrestado, agredido y lastimado»
Marisa
Hispana en Mineápolis
Aquí los vecinos cuentan otra historia. «Que hagan las detenciones que tengan que hacer, aquí nadie queremos criminales», dice Diana Espitia, que tiene una oficina de viajes en Mercado Central, un centro comercial que es una institución en East Lake. «Pero cazar a la gente en las calles, en sus casas, por la apariencia que tienen, es otra cosa».
Esa es una de las quejas que se repiten en esta comunidad. La ‘migra’ no está yendo a por criminales. Son redadas indiscriminadas, que pueden afectar a cualquiera que pase por ahí. Con independencia de su estatus legal. Hay varias demandas interpuestas contra las autoridades federales por la detención de ciudadanos.
«Entiendo que los agentes de inmigración tienen que hacer su trabajo», dice Marisa a través del teléfono de su hija. «Pero no te dan la oportunidad de mostrar que tienes un estatus, te arrestan, te golpean, te maltratan y a lo último ya entonces deciden revisar tu caso y si tienes visa o permiso. Pero ya te golpearon y medio mataron». Ella dice que tiene un visado con un permiso de trabajo de cuatro años, igual que su marido. Y que no tienen antecedentes penales, ni encontronazos con la justicia. «Pero a ellos no les importa; con que tengas la cara de latino, les vale para que seas arrestado, agredido y lastimado».
Pasaporte estadounidense
Es evidente que no se fían. Lo mismo que Espitia, que saca de su bolsillo su pasaporte estadounidense. Es un documento que cualquier estadounidense guarda en el fondo de algún cajón, esperando algún viaje internacional. Ella, como muchos otros en Mineápolis, ya no sale de casa sin él. Le da miedo las consecuencias de caer en una redada y no tenerlo en la mano.
El resultado de esta situación se siente en las aceras congeladas de East Lake. Muchos restaurantes están sin abrir. Es algo que afecta no solo a barrios como este, sino a toda la ciudad. Las cocinas sobreviven con inmigrantes, muchos de ellos indocumentados, como en la gran mayoría de las ciudades del país. Y los trabajadores no se la juegan. Muchos por aquí recuerdan cómo hace unos días unos agentes federales pararon a almorzar en un restaurante de comida mexicana. Después volvieron a parar, esta vez para detener a empleados.
Hispanos en East Lake
En la primera foto, murales hispanos en East Lake, un centro neurálgico de esta comunidad en Mineápolis. Diana Espitia, propietaria de una oficina de viajes en Mercado Central, en la segunda imagen. En la tercera, Consuelo Perea, dueña de una tienda de alimentos
JAVIER ANSORENA
Otro impacto doloroso: muchos padres no llevan a los niños al colegio, las autoridades educativas están ofreciendo clases por internet para paliar la situación. «La gente no viene a la iglesia, la gente ni saca al perro», dice el reverendo Morales.
Casi todos los negocios del barrio tienen pegados carteles en los que se establece que no se permite la entrada a los agentes de ICE ni ningún otro cuerpo de seguridad federal. Algunos, como el supermercado y casa de comidas Morelia, aparentan estar cerrados, con la puerta metálica echada. Pero es solo una medida de precaución, para controlar quién entra y sale. Dentro su dueña, Consuelo Perea, sirve unos tacos de carnitas y cuenta que la situación es «desesperante», que a mucha de la gente encerrada, que no va a trabajar, «se les están agotando los fondos económicos».
La ‘migra’ no ha forzado la entrada en su negocio, aunque sí paró a vecinos en el aparcamiento. Y entró en otros, como en la cercana panadería San Miguel. Aquí casi todo el mundo tiene a un familiar, un vecino, un amigo, un compañero de trabajo afectado por la redada.
Minnesota
«A mucha de la gente encerrada, que no va a trabajar, se les están agotando los fondos económicos»
Consuelo Perea
Dueña de un restaurante
«No sé por qué, pero él odia a los latinos», dice Marisa sobre el presidente Trump, de vuelta en la pequeña tienda que ahora regenta su hija mayor. «Para él somos basura, algo que no vale nada. No se da cuenta de que somos mano de obra barata y que pagamos impuestos». Ahora se plantea dejar de hacerlo. Si la situación continúa, dice que regresará a México en mayo, cuando sus hijas acaben el curso escolar. «Así no podemos vivir».