A primera hora de la mañana de este lunes en Downing Street, una comparecencia del primer ministro no suele responder a una rutina informativa, sino a la necesidad de fijar posición con rapidez ante asuntos que, por su impacto económico o diplomático, pueden escalar … en cuestión de horas. Con ese contexto, Keir Starmer compareció ante los medios este lunes para responder a la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles al Reino Unido y a varios países europeos debido a la oposición al plan del presidente estadounidense de hacerse con Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca.
Con tono grave, Starmer describió el escenario como «una situación muy seria» y enmarcó su intervención en una idea que repitió con insistencia: la necesidad de clarificar cuáles son los valores que guían la política exterior británica en un momento que definió como el «más turbulento en las últimas semanas». Según el primer ministro, el Reino Unido sostiene valores que «no fueron improvisados», sino que se «construyeron pacientemente con el tiempo», y añadió que defenderlos resulta relevante precisamente cuando las alianzas tradicionales se ven sometidas a tensiones derivadas de decisiones unilaterales. En la práctica, el mensaje busca equilibrar dos objetivos que, en este caso, chocan entre sí: preservar la relación estratégica de Londres con Washington sin aceptar que el vínculo atlántico se transforme en una relación condicionada por amenazas.
El detonante de la comparecencia se produjo tras unas declaraciones de Trump, realizadas el fin de semana, en las que anunció la intención de imponer aranceles del 10% a partir del 1 de febrero para el Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos y Finlandia, con un incremento al 25% desde el 1 de junio.
En el centro del conflicto está Groenlandia, cuya «seguridad importa e importará más a medida que el cambio climático reconfigure el Ártico», dijo el premier, antes de añadir que «a medida que las rutas marítimas se abren y la competencia estratégica se intensifica, el alto norte requerirá mayor atención». El argumento británico se apoya en una constatación geopolítica que no ha dejado de crecer en los últimos años, puesto que el retroceso del hielo y la apertura de rutas marítimas en el norte incrementan el interés militar, logístico y energético de la zona, pero también en un límite político que el Gobierno británico no está dispuesto a cruzar, y es que esa competencia se traduzca en presión territorial contra un aliado.
«El futuro pertenece a Groenlandia»
Ese límite se formuló en términos de principios, con un mensaje dirigido tanto a Washington como al resto de socios occidentales. «Hay un principio aquí que no puede dejarse de lado porque va al corazón de cómo funciona la cooperación internacional estable y fiable», afirmó Starmer, quien aseveró que «cualquier decisión sobre el futuro estatus de Groenlandia pertenece al pueblo de Groenlandia y al Reino de Dinamarca solamente».
En paralelo, Starmer rechazó sin matices el instrumento elegido por Trump. «El uso de aranceles contra aliados es completamente equivocado», afirmó, y añadió que «no es la forma correcta de resolver diferencias dentro de una alianza». Para el premier, decisiones de ese tipo perjudican a los trabajadores, a las empresas y al conjunto de la economía nacional, además de introducir incertidumbre en sectores que dependen de flujos transatlánticos estables.
Sobre la guerra comercial
El jefe del Ejecutivo británico evitó, no obstante, anunciar una respuesta inmediata en forma de represalias, y reiteró que una guerra comercial «no interesa a nadie». «No hemos llegado a ese punto, mi meta es asegurarme de que no lleguemos a ese punto», aseguró.
Starmer subrayó que Reino Unido y los Estados Unidos son «aliados y socios cercanos», y que esa relación «importa profundamente», y se declaró determinado a mantenerla «fuerte, constructiva y centrada en resultados», una prueba de que la relación bilateral es, a ojos del Gobierno británico, un activo estructural que no puede ponerse en riesgo de forma impulsiva.
Starmer añadió que mantiene contacto diario con figuras clave de la administración Trump, al tiempo que sostuvo que «Gran Bretaña es un país pragmático. Buscamos acuerdos. Creemos en la colaboración. Preferimos soluciones a los eslóganes», pero «ser pragmáticos no significa ser pasivos y colaborar no significa abandonar los principios», por ello, concluyó, «trabajaremos con nuestros aliados: en Europa, en el marco de la OTAN y con Estados Unidos, mantendremos el diálogo abierto» y «defenderemos el derecho internacional».