Yoweri Museveni –de 81 años y en el poder desde 1986– cumplió los pronósticos y volvió a alzarse con la victoria en las elecciones de Uganda con 71,65% de los votos. Su elección se ha producido en medio de continuos cortes de Internet y fuertes medidas de seguridad … ante posibles disturbios por parte de una oposición que no cree en la limpieza y transparencia de estos comicios. En frente estuvo nuevamente el principal líder opositor, el popular músico Robert Kyagulanyi (43 años), conocido como Bobi Wine, que obtuvo el 24,72% de los votos.
Museveni ha recorrido el país con su característico sombrero de ala ancha y su discurso habitual: promesas de desarrollo económico mezcladas con relatos de su pasado como guerrillero y su etapa posterior como mandatario al frente de un país destrozado. El veterano mandatario presume de haber encabezado el único grupo rebelde de África que, sin una base sólida de apoyos y con pocos colaboradores externos, consiguió derrotar a un ejército profesional y liberar a su pueblo.
«Nuestra victoria no tiene precedentes en África; sólo Cuba y posiblemente China hicieron algo comparable», escribió Museveni en su autobiografía, sembrando la semilla de mostaza. Museveni se sitúa entre los líderes africanos con mayor permanencia en el poder, únicamente superado por Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial, y Paul Biya en Camerún.
Museveni se presenta bajo la bandera del Movimiento Nacional de Resistencia (NRM), partido que actualmente cuenta con 336 de los 529 escaños parlamentarios. El NRM promueve en esta ocasión la continuidad de sus logros a través de su lema de campaña: ‘Proteger los avances: dar un salto cualitativo hasta el estatus de ingresos medio-altos’.
Por otro lado, la Plataforma de Unidad Nacional (NUP), liderada por Bobi Wine, se ha consolidado como la principal fuerza opositora en un país que lleva cerca de cuatro décadas bajo la misma jefatura de Estado. Wine se encuentra actualmente en paradero desconocido después de que su residencia fuera asaltada tras los comicios en una redada policial.
Perpetuidad en el poder
La perpetuidad de Museveni en el poder ha sido facilitada por el impulso de reformas constitucionales: en 2005 se eliminó el límite de dos mandatos tras la instauración del sistema multipartidista, y en 2017 se suprimió la restricción de edad máxima para la presidencia, permitiendo así su actual postulación. Estos cambios han sido fuertemente criticados por la oposición.
Tras tomar el poder mediante la intervención militar del Ejército de Resistencia Nacional y derrocar a Tito Okello, Museveni inauguró un periodo de relativa estabilidad, aunque la celebración de elecciones presidenciales se produjo diez años después de su llegada al Gobierno, en 1996. Desde entonces, las sucesivas reelecciones del presidente han estado marcadas por acusaciones reiteradas sobre violaciones a los derechos humanos y denuncias de falta de transparencia y represión a la oposición.
La figura de Bobi Wine emerge como la de un músico transformado en líder político tras su primera candidatura en 2021. En esa ocasión, Wine rechazó los resultados, argumentando fraude y represión contra sus simpatizantes.
El líder opositor
Wine se encuentra actualmente en paradero desconocido después de que su residencia fuera asaltada tras los comicios
El anterior referente opositor, Kizza Besigye, había sido rival de Museveni en las contiendas de 2001, 2006, 2011 y 2016, cuestionando siempre la legitimidad de los resultados por el margen amplio obtenido por el presidente, que alcanzó aproximadamente entre 60% y 70% de los votos. Como ya ha sucedido en otros países africanos, el propio Besigye fue detenido en Kenia en noviembre de 2024 y trasladado a Uganda, donde enfrenta cargos de «traición» que lo exponen a la pena de muerte.
Amnistía Internacional ha denunciado intervenciones ilícitas de las fuerzas de seguridad en actos de campaña de la oposición. Según Tigere Chagutah, director regional para África Oriental y Austral de la ONG, las autoridades han llevado a cabo una «brutal campaña de represión» e hizo un llamamiento a que se respeten las garantías de los derechos humanos, permitiendo la participación política sin detenciones arbitrarias, tortura u otros tratos degradantes.
Conflictos fronterizos
La inestabilidad alimentada por factores externos también se refleja en los conflictos fronterizos: el enfrentamiento entre el Ejército de la República Democrática del Congo y el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23) afecta a la frontera con Uganda, mientras que la provincia congoleña de Ituri, próxima al territorio ugandés, atraviesa episodios de violencia vinculados a las Fuerzas Democráticas Aliadas, grupo inicialmente fundado en Uganda y actualmente asociado al Estado Islámico.
La economía de Uganda ha sido otro eje de la campaña, reflejando el peso de la agricultura, sector que da empleo al 72% de la población laboralmente activa y representa el 24% del PIB, según datos divulgados por el Banco Mundial. El Gobierno lanzó en julio de 2025 una estrategia de desarrollo orientada a la industrialización sostenible, crecimiento inclusivo y promoción del empleo.
La población, sin embargo, muestra una preocupación prioritaria por el desempleo juvenil, en un país donde la mayoría de los habitantes, 33 de los 46 millones totales, tiene menos de 30 años.
Sucesión dinástica
Jesús Romero, analista internacional especializado en el continente africano, explica a ABC que «tras estos resultados, lo interesante está en el futuro. Museveni tiene 81 años y desde hace más o menos un lustro está preparando una sucesión dinástica. Aunque figuras del régimen han intentado posicionarse, el puesto está destinado a su primogénito, Muhoozi Kainerugaba, Jefe de las Fuerzas de Defensa (el jefe del Ejército). Kainerugaba es un perfil polémico, conocido por sus excesos verbales en redes sociales, pero lidera el Ejército, algo clave para controlar la situación una vez falte Museveni. Sumado con el beneplático del presidente, parece ser suficiente para heredar el país».