Cuando Steve Coates comenzó a trabajar como abogado para Twitter, en 2013, la red social de micromensajes no se encontraba, precisamente, en su mejor momento. Las pérdidas anuales superaban los 600 millones de dólares, y por mucho que la plataforma crecía en número … de usuarios, con cerca de 220 millones para cuando cerró el curso, la dirección continuaba encontrando importantes obstáculos en su lucha para convertirse en un negocio rentable. Sin embargo, el equipo que estaba detrás estaba contento con su trabajo. «Ese Twitter era un sitio divertido en el que trabajar; todo era muy emocionante. Me quedé ahí hasta 2016; y por entonces lo que había en los equipos era mucho optimismo. Creo que, realmente, todos pensábamos que estábamos ayudando para que la plataforma funcionase como un lugar con libertad de expresión real. Un sitio pensado para ser como una plaza pública virtual», señala el jurista en conversación con ABC.
Pero los números siguieron sin cuadrar, y Coates, como muchos otros, se vio forzado a salir de la red social. En su caso, rumbo a Amazon, desde donde pasó unos años viendo cómo el sitio del pajarito azul iba transformándose hasta que, en 2023, ya como propiedad de Elon Musk, perdía hasta su nombre original para pasar a llamarse X.
Ahora el abogado, especializado en marcas registradas, ha formado equipo con un grupo de empresarios y desarrolladores para crear Operación Bluebird, una nueva compañía que está intentando desarrollar una aplicación de micromensajes que llegaría con el nombre, ahora en desuso, de Twitter. Y es que, según la ley de marcas estadounidenses, si una marca no se utiliza durante tres años consecutivos, y no se muestra interés en su recuperación, esta puede considerarse abandonada y resulta posible que una nueva compañía la explote. Siempre y cuando, claro está, la Oficina de Patentes dé el visto bueno. Y mientras que eso ocurre, o no, más de 150.000 personas han solicitado cuenta para el momento en el que se produzca el lanzamiento de la aplicación.
«Operación Bluebird comenzó a gestarse en julio de 2023, cuando Elon Musk dejó de usar el nombre de Twitter», explica a este diario Michael Peroff, miembro del equipo que está tratando de resucitar Twitter y, como Coates, abogado especializado en en registro de marcas. Peroff señala que, cuando se anunció la llegada de X en sustitución del pájaro azul, se quedó «en shock», porque Musk estaba renunciado de forma gratuita a «una marca mundialmente conocida». «Con el tiempo, pasamos de pensar: ‘¿podemos legalmente demostrar el abandono de la marca? a, si lo logramos y tenemos una plataforma tipo Twitter, ‘¿qué haríamos con ella?’ ‘¿cómo la mejoraríamos?’».
Una red familiar
El plan de Operación Bluebird es que la nueva red social comience a operar para este mismo 2026. Aunque antes tendrán que superar dos escollos importantes. El primero: la Oficina de Patentes de Estados Unidos debe dar su visto bueno. La segunda: X, que no está dispuesta a ceder por las buenas el uso de la marca Twitter; por lo que el pasado 16 de diciembre presentó una demanda civil contra la startup para tratar de impedírselo. En esta, se acusa al equipo de emprendedores de «intentar descaradamente apropiarse de la mundialmente conocida marca Twitter».
X acusa a la startup de «intentar descaradamente apropiarse de la mundialmente conocida marca Twitter». Ha demandado para impedirlo
«No hemos tenido comunicación directa con X, todo se tratará por las vías legales correspondientes. Somos optimistas con el resultado que tendremos, tanto a nivel legal como a nivel de negocio», dice Coates, que remarca que Operación Bluebird ya tiene «planes alternativos» por si finalmente no tuviesen autorización para usar el nombre de Twitter: «Seguiremos adelante, pase lo que pase». Y también saben cómo quieren que funcione su red social. El objetivo es que se convierta en un espacio en el que la gente «se sienta igual que en el Twitter original», pero mejor.
«La red social tendrá elementos familiares, pero también habrá mejores herramientas. Hemos hecho un estudio pormenorizado de todo lo que funcionó en el Twitter original y de lo que no», señala Peroff. «También usaremos inteligencia artificial. No será algo con lo que puedas interactuar, como Grok o ChatGPT, estará ahí para dar algo de contexto a los usuarios sobre el contenido que otros publican», remarca el jurista.
La incitación al odio se perseguirá
«Nuestro enfoque sobre el contenido será también muy diferente al que hay en X y en otras redes sociales. Se han convertido en un entorno peligroso con riesgos reales», apunta Coates, por su parte. Se intuye que la intención de la startup es que la moderación del contenido, y la persecución de las incitaciones al odio, sea más intensa que en otras aplicaciones; aunque esperan conseguirlo sin minar la libertad de expresión de los internautas.
Sea como sea, esperan conseguir crear un espacio en el que todo el mundo se sienta cómodo. Incluidos los menores. «He aprendido mucho de los errores del antiguo Twitter. Aún me acuerdo cuando hace 10 años la red social decidió permitir los vídeos violentos del grupo terrorista ISIS siempre y cuando no los publicase ISIS directamente. Eso me resultó muy difícil de aceptar. Significaba que mis hijos no podían usar Twitter», destaca el extrabajador de la red social del pajarito.