José Vicente Oliver recuerda que, cuando comenzó su carrera como ingeniero forestal a principios de los noventa, cada vez que había un incendio los bomberos solo tenían la radio para coordinarse con el puesto de mando que, normalmente, estaba instalado en el pueblo más … cercano y completamente empapelado con mapas de la zona. «Los servicios de emergencia los coloreaban para decidir por dónde iba cada uno. No había información geolocalizada. Los datos que tenías eran estimaciones a ojo de la altura de las llamas en cada ubicación. A partir de ahí, se iban tomando decisiones», explica en conversación con ABC.
Tres décadas después, en plena era de la inteligencia artificial y del internet de las cosas, la situación es bien distinta. Los papeles y los mapas han dado paso, en buena medida, a pantallas que reciben información procedente de satélites, drones, estaciones meteorológicas y sensores desplegados sobre el terreno por el que avanza el incendio. «La inteligencia artificial está transformando y debe transformar todavía más la gestión de los incendios. Permite analizar con mucho rigor muchas fuentes de datos para desarrollar escenarios y luego definir soluciones y priorizar midiendo sus efectos», explica Oliver, que es catedrático de Ingeniería Forestal de la Universidad Politécnica de Valencia.
El experto destaca el papel que ya desempeñan sistemas como la constelación de satélites Copernicus y Landsat, que proporcionan imágenes actualizadas del terreno para seguir la evolución de los incendios. Esa información se canaliza, entre otros sistemas, a través del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), que recopila y muestra la evolución del fuego. Todo se complementa con los datos que, en algunos casos, recogen drones, estaciones meteorológicas y sensores desplegados sobre el terreno, como los que ya se están empezando a emplear en regiones de España como la Comunidad Valenciana, Madrid o Galicia.
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Poco a poco, todos estos datos empiezan a integrarse en modelos de inteligencia artificial capaces de anticipar la evolución del incendio y apoyar la toma de decisiones de los servicios de emergencia. Aunque esa transición ya está empezando a ocurrir, Oliver sostiene que todavía queda camino por recorrer para sacarle todo el partido a la tecnología, sobre todo en materia de prevención. «La extinción, que es donde más nos centramos siempre, está muy bien y en España contamos con tecnología muy puntera, pero si la mayoría de los recursos se destinan a apagar los incendios y no a evitar que lleguen a producirse, que es lo que ha ocurrido durante décadas, algo se está haciendo mal», dice el catedrático.
El ingeniero remarca que los modelos de IA pueden ser especialmente útiles para elaborar mapas dinámicos de riesgo a partir de información meteorológica, la humedad del combustible, la topografía, la vegetación o el historial de incendios para generar alertas con horas o incluso días de antelación. También puede ayudar a planificar actuaciones preventivas para reducir la vegetación, como las quemas prescritas, el pastoreo dirigido o la selección de la ubicación de cortafuegos y puntos de vigilancia.
«Se trata de una tecnología muy potente para la modelización, el análisis de escenarios y la toma de decisiones», resume el experto. En cambio, relativiza su utilidad en la detección temprana en buena parte de España, donde «el 112 sigue siendo el mejor sensor que tenemos»: «Cada vez que se ve una columna de humo ya hay un montón de gente llamando». Aun así, considera que estas herramientas pueden resultar útiles en áreas especialmente despobladas.
Cuentas pendientes
Ya hay servicios de emergencia que cuentan con simuladores del comportamiento del fuego. Entre las herramientas más avanzadas figura Wildfire Analyst, desarrollada por la empresa española Technosylva, utilizada por la Junta de Castilla y León y presente en una veintena de estados de EE. UU. y Canadá, donde es empleada activamente por varias agencias y empresas. La plataforma permite pronosticar el riesgo de incendio -como las consecuencias para las poblaciones cercanas- y, una vez se inicia, su desarrollo.
«La base es entender el comportamiento del fuego: si lo puedes predecir, lo puedes aplicar en muchos escenarios. Cuando hay un incendio podemos simular en tiempo real cómo se va a desarrollar. La tecnología también permite calcular el riesgo antes de que se produzca un fuego», explica a este diario Joaquín Ramírez, fundador y actual director tecnológico de la empresa, que nació en León y hoy tiene su sede en Estados Unidos, aunque mantiene operaciones en España. A su juicio, la inteligencia artificial aporta un valor añadido porque «ayuda a sintetizar la información y permite agruparlo todo» para facilitar la toma de decisiones.