El primer contacto se produjo el pasado martes, dos días después de las elecciones, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y Péter Magyar «discutieron prioridades urgentes» por teléfono. Von der Leyen escribió en X tras la llamada telefónica que « … el trabajo debe hacerse rápidamente en la reconstrucción y reformas, en la restauración del Estado de derecho» Magyar, por su parte, publicó «acordamos que la prioridad más importante es la liberación de los miles de miles de millones de forintos de fondos de la UE que se deben al pueblo húngaro, pero que han sido congelados debido a la corrupción del gobierno de Orbán».
Esta primera conversación, sin que el nuevo primer ministro húngaro hubiese sido oficialmente nombrado todavía, ya resultaba bastante inusual y precipitada. Pero todavía ha sido más ajena a los habituales protocolos europeos la visita de una delegación de la Comisión Europea, que se presentó este viernes en Budapest para negociar personalmente el desbloqueo de los fondos europeos. «Esta delegación es la encarnación directa de la conversación telefónica del martes», explicó la diplomática que la encabezaba, la portuguesa Paula Pinho, que ofrece liberar los fondos europeos retenidos a Hungría, a cambio de que Hungría desbloquee el paquete de 90.000 millones de euros de ayuda militar a Ucrania, que su antecesor, Viktor Orbán, retuvo con su veto y de los que está pendiente no sólo Zelenski, sino todo el sector armamentístico europeo.
La UE decidió por unanimidad otorgar a Ucrania un préstamo sin cargas financieras de 90.000 millones de euros para fabricación de armamento en diciembre de 2025. Posteriormente, el todavía primer ministro húngaro Viktor Orbán vinculó el préstamo a la reanudación de las entregas a través del oleoducto Druzhba, una de las infraestructuras energéticas más grandes y estratégicas construidas por la Unión Soviética y aún hoy crucial para este país sin salida al mar. El 70% del petróleo que consume Hungría llega por esta vía y la gran refinería del país, MOL Százhalombatta, está diseñada para procesar precisamente el crudo ruso tipo Urals, que es el que llega por Druzhba.
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Paloma Esteban
Su rama sur dejó de funcionar el 27 de enero, después de que un ataque ruso dañara una estación de bombeo en la región ucraniana de Leópolis. Orbán nunca dio por buena esta versión oficial, acusó a Ucrania de estar presionando a su gobierno con el corte del crudo y respondió vetando la entrega del préstamo. Pinho garantizó este viernes a Magyar que el presidente ucraniano Volodímir Zelenski se compromete a que una reparación exprés esté lista a finales de abril. El líder ucraniano había hablado esta semana de que podría estar en funcionamiento a finales de abril, pero este viernes Magyar, después de estas conversaciones, se comunicó con el CEO de MOL y habló de que el suministro podría reanudarse «la próxima semana». Su interlocutor, Zsolt Hernádi viajará a Rusia la próxima semana para tratar cuestiones de suministro de petróleo porque, según el nuevo primer ministro húngaro, «no basta con reiniciar Druzhba. También se necesita aceite».
Magyar necesita con urgencia el Fondo de Recuperación
Otra cantidad sobre la mesa son los 10.400 millones de euros del Fondo de Recuperación, la herramienta europea para relanzar las economías después de la pandemia, congelado desde 2022 a causa de las prácticas de gobierno no democráticas de Orbán. La UE dio a Hungría un plazo que expira a finales de agosto para cumplir un conjunto de 27 condiciones para liberar ese dinero y Orbán había cumplido solamente cuatro de ellas.
Esos 27 «superhitos» del Estado de derecho son solo un requisito previo, además de los cuales también deben completarse más de cien «hitos», es decir, reformas y desarrollos legales, algunos de los cuales ya han expirado. Magyar se ha mostrado dispuesto a incluir tantos como le sea posible en su Plan de recuperación apenas ocupe el cargo y ha expuesto las que serán sus primeras medidas de lucha contra la corrupción, afirmación de los derechos de asilo y libertad académica.
Orbán mueve ficha
Tras unos días encerrado en su oficina, Orbán apareció este viernes dispuesto a seguir controlando el partido Fidesz. Anunció la celebración de un congreso el próximo 28 de abril en el que se someterá a la reelección. «Podría ser un mecánico, pero seguiré aquí para liderar el cambio si me votan», dijo, tras plantear que «hay que dar la vuelta al partido» y señalar que «los diputados en el grupo parlamentario no son los que nos convienen, la lista no estaba diseñada para trabajar en la oposición». A esta hora, ningún diputado electo de Fidesz está seguro de llegar a sentarse, por tanto, en el escaño. «La cuestión aquí no es quien dimite, sino que se requiere una renovación completa», dijo, excluyéndose aparentemente de esa estrategia general. «Yo soy el responsable de la derrota electoral», dio un digno paso al frente, «es muy dolorosa porque todos derramamos sangre del corazón, pero debemos soportarla con dignidad y reunir fuerzas para defender lo que hemos construido».
«Ya sea el préstamo para Ucrania o los fondos de recuperación, es en interés tanto de Hungría como de la UE avanzar lo antes posible. Por eso se trata de conversaciones preliminares, destinadas a garantizar que, cuando el nuevo gobierno asuma el cargo, podamos actuar de inmediato y no perder tiempo. Ese es el propósito y el marco de esta reunión», justificó Pinho en una rueda de prensa en Budapest. Sobre los detalles de lo negociado, ha respondido que «las conversaciones no tienen una agenda exhaustiva y puede tratarse una amplia variedad de temas».
«Son conversaciones iniciales, y puede que no podamos cubrirlo todo. El objetivo es iniciar el diálogo, ver dónde se puede avanzar y tirar por ahí primero«, ha zanjado Pinho. Sobre la declaración previa de Magyar, rechazando la acelerada adhesión de Ucrania a la UE, Pinho resolvió que »habrá amplias oportunidades en el futuro para debatir la posición del nuevo gobierno y avanzar en consecuencia«.