Imagínese leerle a un burócrata europeo de los años noventa lo que la Unión Europea, concebida como un proyecto de paz, haría tres décadas después. Buques de guerra bajo el mando de la UE estarían derribando misiles balísticos en el Mar Rojo. El bloque entrenaría … a más de 86 000 soldados ucranianos, proporcionándoles dos millones de cartuchos de munición, para matar a los invasores rusos de forma más eficaz. Uno de sus programas de mayor gasto sería un paquete de préstamos de 150 000 millones de euros (172 000 millones de dólares) para que los Estados miembros compren armas. Todo ello sonaría absurdo.
El «instrumento militar» de la UE se encuentra «ahora en una encrucijada», afirma el general Sean Clancy, presidente del Comité Militar de la UE, en declaraciones a The Economist desde su oficina en Bruselas. El comité asesora a la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, y supervisa operaciones militares como Aspides, la misión naval en el mar Rojo. El general Clancy es el primer general de cuatro estrellas irlandés en un siglo. Sus prioridades durante el último año han sido tomar medidas drásticas contra la flota fantasma de Rusia, facilitar el desplazamiento de las fuerzas militares por Europa y mejorar las defensas contra los drones.
En teoría, el Estado Mayor de la UE —que, para mayor confusión, es distinto del Comité Militar del general Clancy— sigue comprometido con la creación de un cuerpo militar de entre 50 000 y 60 000 efectivos. «Esto se ha convertido en un mero ejercicio sobre el papel», afirma Sven Biscop, del Instituto Egmont, un think tank de Bruselas. «Nadie cree que ese cuerpo militar vaya a existir jamás». En cambio, una nueva «capacidad de despliegue rápido» (RDC, por sus siglas en inglés), de 5000 efectivos, es más real.
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El general Clancy compara estas unidades con los antiguos grupos de combate de la UE, formaciones muy denostadas que nunca se pusieron a prueba y cuyas tropas permanecieron en sus países de origen. «Ahora contamos con ejercicios muy proactivos, entrenamiento operativo y la preparación de cada RDC», afirma. «Está en ejercicio. Está entrenada. Está disponible». Los 27 Estados miembros tendrían que ponerse de acuerdo para su despliegue. Sin embargo, esa perspectiva se está tornando más realista, afirma el general: «cada vez vemos más que se está considerando la utilización de la RDC».
Los europeos creen que la OTAN está en crisis
Resulta tentador ver estas fuerzas como un ejército europeo en ciernes, que algún día podría llenar el vacío dejado por Estados Unidos, que ahora afirma expresamente que espera que Europa lidere la defensa convencional del continente. En las últimas semanas, el ambiente en Europa se ha vuelto cada vez más sombrío, pues Donald Trump y otras figuras han cuestionado repetidamente el futuro de la OTAN. En enero, Mark Rutte, secretario general de la alianza, ridiculizó la idea de que la UE —o, de hecho, Europa— pudiera defenderse por sí misma. «Sigan soñando», dijo, para horror de muchos europeos. «No pueden». Sin embargo, visto desde dentro, el objetivo parece muy diferente.
Cuando se le pregunta si los grupos de combate podrían enfrentarse cara a cara con el ejército ruso, el general Clancy deja claro que algo así no está previsto. «No se trata de ir a la guerra», dice. «Se trata de apoyo [y] estabilización» —los términos se refieren a misiones menos peligrosas, como la evacuación y la ayuda en caso de catástrofes—. Esto apunta a una paradoja. Cada vez más, los europeos creen que la OTAN está en crisis, al ver que Estados Unidos se aleja de sus aliados europeos o incluso se vuelve en contra de ellos. Sin embargo, en lugar de abandonar la alianza, se aferran a ella con más fuerza. «Con esta Comisión», dice Biscop, refiriéndose al mandato de Ursula von der Leyen como presidenta, «rápidamente surgió el consenso de que el papel de la UE sería facilitar que los miembros de la UE cumplan sus objetivos con la OTAN».
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Agustín Pery
El general Clancy detalla la distribución de responsabilidades. Afirma que los miembros piensan «cada vez más» en el apartado 7 del artículo 42, la cláusula de defensa mutua de la UE. Sobre el papel, es más fuerte que el artículo 5, el equivalente de la OTAN, más antiguo y conocido. Sin embargo, en la práctica, las dos organizaciones tienen tareas distintas. Las fuerzas de la UE deben actuar por debajo del umbral del artículo 5, que se refiere a una guerra de gran envergadura en Europa, afirma. «No queremos difuminar las líneas entre lo que hace la UE y lo que es responsabilidad de la OTAN», subraya, señalando que se consulta frecuentemente con los altos mandos de la OTAN para evitar duplicidades. «Tengo muy claro que debemos mantenernos en ese carril».
No obstante, la frontera entre las misiones de estabilización de baja intensidad y los conflictos de alta intensidad se está difuminando. Tomemos como ejemplo la Operación Aspides, la misión liderada por la UE para defender la navegación en el Mar Rojo, que comenzó en febrero de 2024 y se prorrogó este febrero. Ha protegido a 600 buques hasta la fecha, afirma el general Clancy. Los buques de guerra franceses bajo su mando han derribado tres misiles balísticos lanzados por los hutíes con base en Yemen, mientras que un buque alemán interceptó un cuarto. Las fuerzas navales también han derribado 20 drones.
Aspides podría desempeñar un papel en la reapertura del estrecho de Ormuz
Sin embargo, la operación Aspides también puso de manifiesto los límites del poderío militar de la UE. Al inicio de la misión, la Hessen, una fragata alemana, disparó accidentalmente contra un dron estadounidense de última generación con dos costosos misiles interceptores SM-2, que fallaron el blanco. Más adelante ese mismo año, la Hessen, al regresar de Asia, evitó por completo el Mar Rojo. «En general, el despliegue dejó claro a varias marinas su capacidad drásticamente insuficiente en materia de defensa aérea, lo que también afectó a los daneses y a los belgas», afirma Alex Luck, analista naval.
Se ha rumoreado que Aspides podría desempeñar un papel en la reapertura del estrecho de Ormuz. Sin embargo, Johann Wadephul, ministro de asuntos exteriores de Alemania, afirmó que la misión había sido «ineficaz» incluso en su tarea actual; enviarla a una estrecha vía navegable bajo un fuego aún más intenso sería absurdo. «En realidad, no puede suceder nada hasta que haya algún tipo de cese de las hostilidades», reconoce el general.
Sin embargo, hay mucho que la UE puede hacer sin llegar a una guerra a gran escala. Muchos Estados miembros se muestran escépticos ante la implicación de la UE en asuntos bélicos, pero acogen con agrado su papel en la unificación de las industrias de defensa del continente. Europa utiliza una docena de tipos diferentes de tanques; Estados Unidos utiliza uno. El objetivo de la UE es ofrecer incentivos para que los países compren más dentro del continente y, por tanto, menos en el extranjero, un proceso que implica fricciones tanto con Estados Unidos como con los miembros europeos de la OTAN no pertenecientes a la UE, como el Reino Unido, cuyas empresas saldrán perdiendo.
La movilidad militar es otro ámbito en el que el superpoder de la UE —la regulación— tiene un impacto directo en la preparación para la guerra. El objetivo del bloque es contar con un «Schengen militar», en referencia a la zona sin fronteras de la UE, para el año que viene, con un plazo de solo tres días para autorizar el traslado de gran material militar a través de las fronteras —un proceso que actualmente puede llevar más de un mes—. El presupuesto de la UE para 2028-2034, que se está negociando ahora y se ultimará en 2027, debería multiplicar por diez el gasto en movilidad militar, afirma el general Clancy. «Putin no se va a dejar intimidar por nuestras estrategias o políticas», reconoce el general. «Lo que sí lo intimidará será su aplicación».
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