El fútbol es el deporte rey en prácticamente todo el planeta. Desde Nueva York a Tokio, las camisetas de Leo Messi o Cristiano Ronaldo se reconocen de inmediato. Este fenómeno global no entiende de culturas, colores ni religiones. Sin embargo, existe una excepción llamativa dentro … del mundo judío: los ultraortodoxos de barrios como Williamsburg, en la cosmopolita Nueva York, viven al margen de la tecnología moderna y sus niños solo pueden jugar con juguetes tradicionales, ajenos al balón y a las figuras del fútbol mundial.
Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que unos judíos de Viena rompieron todos los moldes, compitiendo al máximo nivel en numerosas disciplinas deportivas y convirtiendo su club en un símbolo internacional: el Hakoah Wien. Una entidad con una historia singular y un contexto único que, todavía hoy, tiene mucho que contar.
Para encontrar los orígenes de este club hay que remontarse a comienzos del siglo XX en la ciudad de Viena, donde el doctor Matthias Marschik, a través de su trabajo ‘Depicting Hakoah: Images of a Zionist Sports Club in Interwar Vienna’ (‘Describiendo a Hakoah: imágenes de un club de deportes sionista en la Viena de entreguerras’), cuenta que la ciudad era un lugar de contrastes. En los cafés se hablaba de arte y ciencia, pero en las calles de la capital austriaca crecía un antisemitismo que pronto se volvería un arma política. El Imperio austrohúngaro se caía tras la Primera Guerra Mundial y la nueva República de Austria intentaba definirse como una mezcla entre la modernidad y la nostalgia imperial. La capital, conocida como la ‘Viena roja’ por su fuerte movimiento socialista, era también un hervidero de tensiones étnicas y religiosas.
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Los judíos representaban entonces una parte fundamental de la vida cultural, científica y económica de la ciudad, pero también se convirtieron en blanco fácil de los discursos nacionalistas. Fue en ese momento cuando un grupo de judíos decidió desafiar los prejuicios de la sociedad desde el deporte. Inspirados por las ideas del médico y escritor Max Nordau, quien defendía el concepto del «judaísmo muscular», crearon un club que rompía con la imagen tradicional del judío intelectual y débil. Así nació en el año 1909 el Hakoah Wien (‘hakoah’ significa «la fuerza» en hebreo), con el propósito de demostrar que los judíos también podían ser fuertes, competitivos y lucir con orgullo su identidad.
Actuales instalaciones del SC Hakoah.
(Toni Asensio)
En este punto hay una divergencia importante, para ello hay que entender que, tal y como cuenta el doctor Marschik, en aquellos años los deportes y deportistas del Hakoah Wien eran de orientación sionista. Por ese motivo, eran minoría los que querían tomar el camino de la ‘diferenciación judía’; es más, eran considerados como extremos por un amplio grupo de judíos.
Más que un club deportivo
Sea como fuere, el Hakoah se convirtió rápidamente en algo más que un club deportivo; fue una respuesta elegante y pacífica a la exclusión. En una Viena que oscilaba entre la cultura brillante de los cafés y el odio soterrado que acabaría desembocando en el auge del nazismo, el equipo representaba una minoría que se negaba a esconderse o exiliarse. Sus victorias no solo llenaban los estadios y juntaban a la comunidad judía, sino que hacían de cada gol o medalla un fuerte mensaje que mandar a la sociedad vienesa y austriaca.
El club contó con muchas disciplinas deportivas que quedaron en lo más alto de los podios, entre ellos de natación o lucha libre. Y fue precisamente haciendo honor al nombre del club, «la fuerza», con lo que arrasaron en Europa, transmitiendo en los lugares a los que iban la doctrina sionista a través del deporte. Sintiéndose y haciendo sentir que eran fuertes y diferentes.
En el transcurso de los años de competición, varios deportistas llegaron a la disciplina del club de Viena. Su popularidad por sus buenas actuaciones llevó a que su nombre se extendiera tanto por el Viejo Continente como por América. Incluso consiguieron que se acercaran a la entidad prominentes figuras judías como el escritor Franz Kafka.
Club de lucha Hakoah Wien.
(SC Hakoah)
Al principio de los años veinte, el club ya contaba con un estadio ubicado en el actual Prater de Viena, unas instalaciones en las que sus aficionados pudieron disfrutar de las diversas disciplinas deportivas del Hakoah, pero, en mayor medida, seguir a los futbolistas de un equipo profesional que estaba de moda en Austria. La popularidad precisaba de resultados y el equipo respondió con creces. Transcurridos quince años de su fundación consiguió su primer – y único – campeonato liguero (1924-1925).
El héroe fue el portero
La consecución de este trofeo dejó una de las mejores historias de aquellos años, siendo el portero quién metió el gol decisivo de la liga. Además, no fue a la salida de un córner en el minuto 90 como ocurre actualmente, sino que lo hizo de jugador tras romperse el brazo y no poder ser sustituido. Con el brazo en cabestrillo jugó de atacante y, por uno de esos regateos del destino, acabó por conseguir el único título de fútbol del club. Su nombre era Alexander Fabian y, como no podía ser de otra manera, el título dio a conocer al Hakoah en más rincones de Europa.
Esa popularidad llegó a oídos del presidente del West Ham y ambos equipos concertaron un partido en Inglaterra. En ese encuentro, otra heroicidad, el equipo de Viena venció a los ‘hammers’ por 0-5 en un encuentro en el que las crónicas de aquellos años hablan de cómo el equipo vienés desplegó un juego bonito y vistoso. Con esta victoria judío-vienesa se consumó un hito, la primera derrota de un equipo inglés en tierras británicas a manos de un club extranjero.
La historia del Hakoah Wien continuaba. El siguiente paso fue aterrizar en Estados Unidos para hacer una gira de fútbol, algo que en el balompié de aquellos años no era nada común. En el contexto estadounidense, el llamado ‘soccer’ no era el deporte predominante. Aun así, y debido a su enorme popularidad, el club vienés consiguió en su cuarto partido llenar uno de los estadios hasta la bandera, alcanzando así el récord de asistencia. Ese récord se mantendría durante varios años hasta que Pelé anunciara que se retiraba del fútbol con el New York Cosmos. Tras la gira por EE.UU., algunos jugadores se quedaron al otro lado del océano por varias razones: la primera, la oferta económica; la segunda, el poco antisemitismo que se encontraron en América y, la tercera, la comunidad judía que crecía en esa parte del mundo.
Fue tal la cantidad de talento que se quedó en EE.UU. que el equipo vienés comenzó a perder potencial competitivo e inició una decadencia no solo en lo deportivo, sino también por motivos políticos. Y es que, por su condición religiosa, llegaron a ser expulsados de la liga austriaca. Ante la incertidumbre del futuro, muchos de los que habían retornado a Europa decidieron abandonar la disciplina de fútbol austriaco para marcharse a Palestina, en ese momento bajo el mandato británico.
El equipo vienés perdió buena parte del plantel, que decidió quedarse en EE.UU., y por su condición religiosa llegó a ser expulsado de la liga austriaca
Aunque continuaban la lucha libre y otras disciplinas, superando así las injusticias sufridas por ser judíos bajo el yugo de los nazis, el club fue ilegalizado en 1938 y sus terrenos fueron expropiados. Se cerraba, de manera abrupta, la historia de un club que fue imagen de lucha y resistencia ante las injusticias.
El club pareció quedar en el olvido. Sin embargo, siempre quedó un germen, un halo de rebeldía. Al final de la Segunda Guerra Mundial, unos valientes retomaron la actividad en 1948, pero de forma muy breve. Pronto se vieron obligados a cerrar debido a los obstáculos que se encontraban por el todavía latente antisemitismo. Unos años más tarde, a comienzos de los 2000, llegaría un nuevo intento, este sí definitivo.
Equipo de fútbol de Hakoah Wien.
(SC Hakoah)
Sobre esta reinauguración del club, Matthias Marschik relata que los objetivos fueron los de preservar y continuar con las tradiciones. Pero con la mirada puesta en la idiosincrasia con que se constituyó al principio, es decir, para esa ‘diferenciación judía’ que intenta llevar por bandera el club. Estas palabras las ratifica el consejero delegado del Hakoah y vicepresidente de la entidad, Ronald Gelbard, quien indica que «después [de la guerra] quedaban [en Viena] unos 30.000 judíos. Así que los que volvieron tenían como objetivo refundar el Hakoah Wien. Y ese fue el propósito de Karl Haber, quien empezó junto con otras personas a hacer crecer el club nuevamente».
Desde 2006, el club volvió a concentrar toda su actividad deportiva en un único centro con el propósito de «reunir nuevamente a la comunidad judía en un mismo lugar, para tener vida de club», aunque «estamos en una pequeña parte del centro original de antes de la guerra». Hoy queda poco en la memoria colectiva de aquel equipo del periodo de entreguerras y mantener esa historia «no es tan importante», pese a que en septiembre del año pasado recordaron el centenario del título de liga en «una celebración realmente estupenda».
«Hacer deporte con otros judíos»
Efemérides al margen, la misión sigue siendo «formar atletas y fortalecer la comunidad judía de Viena», porque «el objetivo principal es hacer deporte con otros judíos (…) pero estamos abiertos a todas las demás culturas». Por eso, sus hinchas presumen de un deportista olímpico en judo, Stephan Hegyi. Sobre el fútbol, Ronald Gelbard recuerda que existe el Maccabi Wien y «no queríamos tener dos equipos de fútbol judíos en Viena».
Aunque el Hakoah ha recuperado su hogar en Viena, parte de su esencia quedó marcada por la diáspora. Aquellos jugadores y personas que no regresaron a Viena antes o después de la guerra, llevaron consigo el sentimiento de pertenencia al club, dando lugar a nuevas ramas en diferentes lugares del mundo.
El ejemplo más reconocido se encuentra en EE.UU., con el New York Hakoah, que llegó a proclamarse campeón de la National Challenge Cup en 1929. Como curiosidad, mantienen viva su memoria histórica en la red social X con la cuenta @NewYorkHakoah.
También surgió el Hakoah 1909 Tel Aviv, nacido de los desplazados al Mandato británico de Palestina. Dicho club compitió bajo ese nombre hasta 1943, año en que adoptó el de Hakoah Tel Aviv tras una fusión. Tiempo después recibiría un último bautizo, pasando a llamarse Maccabi Ironi Ramat Gan, denominación con la que continúa hoy compitiendo únicamente en baloncesto.
Para finalizar, procede hacer referencia a una de las preguntas habituales en el fútbol: ¿qué sería de un club sin sus grandes jugadores? El más célebre del Hakoah Wien fue Béla Guttmann.
Detalle en el museo Hakoah del reloj que llevó Béla Guttmann en la final de la Copa de Europa de 1962, regalado por el Real Madrid.
(T. Asensio)
Béla fue un jugador húngaro que debutó en el MTK Hungaria FC y de ahí pasó como profesional por el Hakoah Wien, con el que ganó aquella histórica liga de 1924-25. Luego, en la gira por EE.UU., Béla fue uno de los que se quedó allí, donde fundó el Hakoah New York. Tras retirarse, pasó también por los banquillos y puso en práctica un juego con modificaciones, que fueron copiadas por la selección húngara para alcanzar el éxito en el Mundial de 1954 (finalista). Luego entrenó al Milán y al Benfica, equipo con el que ganó dos Copas de Europa y lanzó su archiconocida y temible maldición: «Tardaréis 100 años en ganar una Copa de Europa». Desde entonces, el equipo portugués ha perdido ocho finales de títulos europeos. Béla falleció en 1981 en la ciudad del club con el que ganó su primer título como jugador, Viena. En el museo de Hakoah se encuentra el reloj que llevó Béla Guttmann en la final de la Copa de Europa de 1962, que le fue regalado por el Real Madrid en un encuentro que el Benfica venció a los merengues por 5 a 3.
Con el deporte cada vez más empañado por el antisemitismo, la fuerza del Hakoah de Viena se antoja más necesaria que nunca para los judíos y para quienes ven en el fútbol un elemento de superación y unión, no de odio y división.