El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha abierto la puerta a la contribución de Alemania en la operación en el estrecho de Ormuz. «Esta guerra es un desastre para las economías del mundo. Los efectos ya son evidentes tras poco más de dos semanas», … ha lamentado. «No nos consultaron antes. No es nuestra guerra. Y por eso no queremos que nos arrastren a esta guerra. Mientras la guerra continúe, no nos implicaremos militarmente», se ratifica en anteriores declaraciones. Pero por primera vez ha añadido que «estamos dispuestos a asegurar cualquier paz y garantizar el libre tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz», una vez finalizada la guerra. «Tras un alto el fuego o la paz, por supuesto que podemos imaginar y estamos dispuestos en principio a participar en una operación para asegurar la libertad de navegación a través del estrecho de Ormuz».
Prueba de que Alemania ha cedido en su hasta ahora férrea negativa es que el jefe de la OTAN, Mark Rutte, en una entrevista con la cadena de televisión CBS, ha ofrecido la posibilidad de ayuda y ha justificado que «es lógico que los países europeos necesiten unas semanas para coordinarse». Una reciente serie inédita de roces diplomáticos con Israel configura el trasfondo de esta decisión. La República Federal de Alemania se fundó después de la Segunda Guerra Mundial con la seguridad de Israel como «cuestión de Estado», defendida sin fisuras por todos sus gobiernos hasta hoy.
Ni siquiera la dura situación humanitaria en Gaza, causada por la respuesta israelí al ataque de Hamás de 2023 logró quebrar la adhesión alemana. El ataque contra Irán, sin embargo, está abriendo una visible grieta en las relaciones entre los dos países, por primera vez en la historia de ambos. El embajador alemán en Tel Aviv ha sido convocado por el Gobierno israelí para quejarse y el embajador israelí en Berlín critica públicamente los discursos del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. La frase de Pistorius, «no nos consultaron antes, no es nuestra guerra», ha sido utilizada también por el canciller Friedrich Merz para distanciarse de Israel por primera vez en la historia del país.
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Mikel Ayestaran
El actual embajador de Alemania en Tel Aviv, a punto de terminar su misión allí, es Steffen Seibert, el que fuera portavoz del Gobierno de Merkel durante la mayor parte de sus 16 años en el cargo. Cuando la eterna canciller alemana dejó de presentarse a las elecciones, Seibert pidió voluntariamente ese destino, precisamente con la intención de terminar su carrera política honrando la «especial responsabilidad de Alemania hacia Israel», justificada por motivos históricos evidentes.
El hecho de que Seibert haya lamentado recientemente las bajas civiles que causa el Ejército israelí, sin embargo, le ha valido el desprecio público del ministro de Exteriores, Gideon Saar. En un mensaje en la red X, Seibert se había dolido por la muerte de un agricultor israelí de aguacate que había sido asesinado por la milicia chií libanesa Hizbolá, los más de cien israelíes heridos en Arad y Dimona por los bombardeos iraníes y los ataques contra palestinos, «que se están volviendo cada vez más frecuentes y brutales». Sa’ar respondió celebrando su pronta marcha de Israel y destacando que «es bueno que su sucesor llegue cuanto antes».
En el Weltsaal del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Berlín, donde esta semana se ha celebrado su 75º aniversario y ante todas las representaciones diplomáticas, el presidente federal Frank-Walter Steinmeier pronunció un discurso en el que se refirió al ataque a Irán como «violación del derecho internacional» y «error político desastroso». Si estos términos son novedosos, el tono de la respuesta del embajador israelí en la capital alemana es también desconocido y no exento de amenaza. En un artículo publicado en ‘FAZ’, Ron Prosor comenta que «la interpretación de Steinmeier equivale a impedir no solo la ley israelí, sino también la capacidad de Alemania para defenderse si lo peor ocurre… Eso sería un sueño para el eje Moscú-Teherán: bajo el paraguas del derecho internacional, pueden amenazar sin temer nunca las consecuencias».
«Ingenuidad de Occidente»
Prosor se ha referido a la «sabiduría de la política exterior», ha hablado de la diplomacia como un «brazo cojo» y ha calificado a Steinmeier de «admonista». Ha tachado a Alemania de «ingenua» y señala que, «mientras la gente en Berlín filosofa sobre la diplomacia, Teherán está construyendo misiles balísticos que también están dirigidos a capitales europeas y sus células terroristas llevan mucho tiempo activas allí».
El último acuerdo bilateral de seguridad fue firmado en Jerusalén por Benjamin Netanyahu y el ministro de Interior alemán, Alexander Dobrindt, ampliando la cooperación en materia de contraterrorismo, ciberseguridad y «tecnologías avanzadas». No está claro si hoy volvería a firmarse. Alemania ha suspendido parcialmente las exportaciones militares a Israel y la última encuesta de YouGov revela que el 62% de los alemanes cree que Israel comete «genocidio», una frase que, pronunciada en voz alta, constituye en Alemania delito de antisemitismo. Incluso entre los votantes del bloque conservador CDU/CSU del canciller Friedrich Merz, el 60% considera las acciones de Israel genocidas.