Según fuentes en Estados Unidos, el enviado especial de Donald Trump Ric Grenell ya ha comenzado a mantener contactos discretos con empresarios y fondos de inversión para explorar oportunidades de gran escala en Venezuela, en paralelo a un posible desembarco en Caracas con un … cometido centrado en comercio e inversiones.
Esos contactos iniciales, según esas mismas fuentes, buscan localizar proyectos con capacidad de atraer capital relevante en sectores estratégicos, entre ellos la energía, en un momento en que Washington conserva el control de las licencias que permiten a las compañías estadounidenses operar en el país bajo el actual régimen de sanciones. ABC contactó a Grenell pero no respondió a las peticiones.
Grenell dejó la presidencia del Kennedy Center el 13 de marzo, después de algo más de trece meses al frente de la institución desde su llegada en febrero de 2025. Trump anunció su salida con un elogio público, al afirmar que había hecho un «trabajo excelente» y agradecerle su «labor extraordinaria» durante la transición a su sucesor.
Reunión con Maduro en 2025
La relación de Grenell con Venezuela, sin embargo, viene de antes y ha sido una constante en esta Administración. El 31 de enero de 2025 viajó a Caracas como enviado especial de Trump, se reunió con Nicolás Maduro y regresó con seis estadounidenses liberados, en una misión en la que también se abordaron la reanudación de los vuelos de deportación de venezolanos y el marco general de la relación bilateral.
Meses después, ya consolidado como uno de los hombres de confianza del presidente para la liberación de rehenes, volvió a implicarse en otro expediente y negoció la entrega del exmilitar estadounidense Joseph St. Clair, que regresó a EE.UU. en mayo de 2025 tras contactos con funcionarios venezolanos en un tercer país.
Ese canal no era nuevo. Ya en 2020 Grenell participó en una vía discreta de interlocución con Caracas cuando viajó a México junto a Erik Prince, fundador de Blackwater, para reunirse con Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, en unas conversaciones centradas en un posible canje de estadounidenses presos en Venezuela por Alex Saab, el empresario colombiano al que Washington señalaba como testaferro de Maduro.
Aquella operación no prosperó entonces, pero dejó abierta una línea de contacto que años más tarde desembocó en la decisión de Joe Biden de indultar a Saab en diciembre de 2023 dentro de un intercambio de prisioneros.
En paralelo, Trump mantiene formalmente las sanciones sobre Venezuela, incluidas las medidas personales contra figuras como Delcy, pero al mismo tiempo ha reabierto de hecho los lazos comerciales en sectores estratégicos. En las últimas semanas, el Departamento del Tesoro ha emitido licencias que permiten a empresas estadounidenses operar con petróleo y oro venezolanos bajo supervisión directa de Washington, con pagos canalizados a cuentas o fondos controlados por EE.UU.
Negocios con PDVSA
Al mismo tiempo, altos cargos de la Administración han viajado a Caracas para apuntalar ese giro. El secretario del Interior, Doug Burgum, se reunió con Rodríguez, respaldó la apertura del sector minero y dio por inminentes nuevas licencias para compañías interesadas, mientras Washington ampliaba también la autorización para negocios con PDVSA y reforzaba así el flujo comercial del crudo venezolano hacia el mercado estadounidense.
Ese cambio de rumbo encaja con la estrategia más amplia que Delcy trata de consolidar. Su prioridad es desbloquear cerca de 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro del FMI, congelados desde 2019, una operación que exige reconocimiento político internacional y, sobre todo, el visto bueno de EE.UU., principal accionista del organismo.
En paralelo, Rodríguez ha intensificado su ofensiva diplomática y económica, con mensajes de apertura a los inversores y con la aspiración de ser recibida en Washington, en un intento de presentar a Venezuela como un socio de negocios fiable y de facilitar tanto el retorno de capital como el acceso a esos fondos bloqueados.
En el primer mandato de Trump, Grenell ocupó tres puestos de relieve. Primero fue embajador de Estados Unidos en Alemania, desde donde ejerció una diplomacia de confrontación pública con Berlín en asuntos como Irán, la OTAN y la dependencia energética de Rusia. Después, Trump lo nombró director interino de Inteligencia Nacional en febrero de 2020, cargo que ocupó hasta mayo de ese año, con la misión de coordinar el conjunto de las agencias de inteligencia.
Enviado a Serbia y Kosovo
Además, entre 2019 y 2021 fue enviado especial para las negociaciones entre Serbia y Kosovo, un proceso que la Casa Blanca presentó como uno de sus éxitos diplomáticos en Europa.
La dimensión petrolera de ese plan quedó expuesta de forma explícita en enero, cuando Trump reunió en la Casa Blanca a ejecutivos de algunas de las mayores compañías energéticas del mundo para hablar de Venezuela.
El presidente les planteó la necesidad de reactivar a gran escala la industria venezolana y llegó a hablar de inversiones de hasta 100.000 millones de dólares para recuperar producción, infraestructuras y capacidad exportadora. Aquella cita confirmó que la Casa Blanca no contempla ya a Venezuela solo como un expediente diplomático o de seguridad, sino también como una pieza central de su estrategia energética, con participación directa de grandes petroleras estadounidenses bajo licencias y condiciones marcadas por Washington.