Estados Unidos ha comenzado a someter a sus aliados europeos a un examen de tipo político y militar antes de decidir qué tropas y capacidades mantiene en el continente y si sigue permitiendo la transferencia de armamento. La Administración Trump, inmersa ya en una … revisión de seis meses de todo su despliegue militar en Europa, ha enviado a los países que integran al alinza militar de la OTAN un cuestionario en el que pregunta por su grado de apoyo a la política exterior estadounidense, las restricciones que imponen al uso de las fuerzas norteamericanas y hasta sus compras a empresas de defensa de Estados Unidos.
La existencia del cuestionario fue revelada por Bloomberg y ha sido confirmada este viernes a ABC por una fuente militar conocedora del proceso. La revisión debe concluir en diciembre y servirá para determinar el futuro de parte de la presencia estadounidense en Europa, incluidos efectivos, bases y capacidades que Washington mantiene a disposición de la defensa de la Alianza.
El documento introduce además un elemento especialmente relevante para España. Entre las preguntas figura expresamente si los aliados han impuesto restricciones al uso de sus bases por las Fuerzas Armadas estadounidenses y, en caso afirmativo, si estarían dispuestos a «reducir o eliminar» esas limitaciones. España acaba de protagonizar precisamente uno de los enfrentamientos más graves con Washington por esta cuestión, después de que el Gobierno de Pedro Sánchez negara el uso de Rota y Morón para operaciones relacionadas con la guerra contra Irán.
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David Alandete
El cuestionario, al que ha tenido acceso este diario, pregunta a cada aliado si ha sido «públicamente favorable» a la política exterior de EE.UU. y hace referencia específica a las iniciativas de Washington en Oriente Próximo y en el contienente americano. Son dos escenarios en los que la Administración Trump ha emprendido operaciones militares que han generado importantes diferencias con varios gobiernos europeos: la guerra contra Irán y la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
No significa esto que una respuesta concreta determine automáticamente la retirada de tropas, dice esa fuente militar a ABC. La revisión incluye consideraciones militares, estratégicas y presupuestarias mucho más amplias. Pero el cuestionario incorpora de forma explícita el comportamiento político de los aliados a un proceso que acabará determinando dónde mantiene Washington parte de sus fuerzas, incluidos países como España, Italia o Alemania.
Para España, el examen llega después de meses de deterioro de la relación con la Administración Trump en materia de defensa. El primer gran enfrentamiento se produjo por el gasto militar. Sánchez se resistió a asumir el objetivo reclamado por Trump para que los aliados eleven hasta el 5% del PIB el esfuerzo relacionado con defensa y seguridad.
Tensión por la crisis iraní
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Después llegó la crisis de Irán. El Gobierno español negó en febrero autorización para utilizar Rota y Morón en apoyo de las operaciones estadounidenses contra la República Islámica. El Gobierno español defendió que cualquier utilización de esas instalaciones debe ajustarse al Convenio de Cooperación para la Defensa y a sus obligaciones conforme al derecho internacional.
La decisión provocó una reacción particularmente dura en Washington. El fallecido senador republicano Lindsey Graham, uno de los aliados más próximos de Trump en política exterior, llegó a pedir al presidente que sacara las bases estadounidenses de España. «España, no nos dejáis usar vuestras bases aéreas, nuestras bases en vuestro país. Estoy animando al presidente Donald Trump a trasladar todas nuestras bases fuera de España», afirmó entonces Graham. «Si existe un compromiso bajo el artículo 5 de la OTAN, no deberíamos tener bases en un país que no nos deja utilizarlas». Ese artículo es el de la defensa mutua, que obliga a todos los miembros, incluido EE.UU. a actuar en caso de ataque a cualquiera de los demás.
Trump elevó posteriormente la presión y acusó a España de no comportarse como un socio fiable dentro de la Alianza. El enfrentamiento llevó al Pentágono a estudiar escenarios para reducir parte de la presencia militar en España o trasladar determinadas capacidades a otros países europeos, como ABC adelantó en abril. Entre las posibilidades examinadas figuraba trasladar parte de las funciones de Rota a Grecia, aunque una operación semejante exigiría años, importantes inversiones y la construcción de nuevas infraestructuras.
Ahora, aquellas discusiones encajan dentro de una revisión mucho más amplia de la presencia estadounidense en todo el continente. El cuestionario va más allá de las bases. Washington pide también pruebas de que los aliados están cumpliendo sus nuevos compromisos de gasto militar y pregunta expresamente si ese dinero se utiliza para comprar material a empresas estadounidenses.
La Administración Trump quiere saber asimismo sii los gobiernos aliados se han opuesto públicamente a las iniciativas europeas destinadas a favorecer la compra de armamento fabricado dentro de Europa. Y, cuando no lo han hecho, plantea una pregunta directa: si estarían dispuestos a hacerlo.
Ese punto introduce en la revisión militar una disputa comercial que lleva meses creciendo a ambos lados del Atlántico. Europa pretende que una parte importante del enorme incremento de sus presupuestos militares fortalezca su propia industria de defensa. Washington quiere evitar que ese proceso cierre oportunidades a compañías estadounidenses, y quiere que se mantenga la importación y la dependencia.
Récord de compras en defensa
La paradoja es que España llega a este examen de Washington como uno de los principales compradores europeos de tecnología militar estadounidense. Según datos del Departamento de Defensa facilitados a ABC, las adquisiciones españolas se dispararon desde la invasión rusa de Ucrania: alcanzaron 1.682 millones de dólares en 2023 y el récord de 2.907 millones en 2024, más de 4.500 millones en apenas dos años. Entre las operaciones figuran helicópteros MH-60R Seahawk, sistemas Patriot, munición, radares y otros equipos. A ello se suma la modernización prevista de las cinco fragatas F-100, con sistemas Aegis y otros componentes estadounidenses, en un paquete autorizado por Washington por hasta 1.700 millones de dólares. Es precisamente este tipo de compras el que la Administración Trump pregunta ahora a cada aliado al evaluar su relación militar con Estados Unidos.
El cuestionario fue distribuido inicialmente a las delegaciones de los aliados en Washington y después circuló en la sede de la OTAN en Bruselas
El cuestionario fue distribuido inicialmente a las delegaciones de los países aliados en Washington y posteriormente comenzó a circular en la sede de la OTAN en Bruselas, según afirma Bloomberg. EE.UU. tiene previsto reunirse con sus socios allí a finales de este mes para abordar la revisión.
El Pentágono ya ha anunciado la retirada de 5.000 militares de Alemania y el redespliegue de otras fuerzas sin reemplazarlas. Al mismo tiempo, Trump se ha comprometido a reforzar la presencia estadounidense en Polonia tras la elección del nacionalista Karol Nawrocki.
Washington estudia también reducir algunas de las capacidades que tendría disponibles para responder a una agresión contra territorio aliado. Entre los medios afectados podrían encontrarse bombarderos estratégicos, drones y buques de guerra. La cuestión resulta especialmente sensible porque algunas de esas capacidades, particularmente los bombarderos estratégicos, no tienen un equivalente europeo suficiente.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha intentado presentar la revisión como una consecuencia natural del aumento del gasto europeo en defensa. Según Rutte, una Europa que invierte más puede asumir una proporción mayor de su propia seguridad y permitir que Estados Unidos redistribuya recursos hacia otras prioridades.
Rota y Morón adquieren una importancia especiaI, por ser parte del dispositivo de proteción de la OTAN ante cualquier amenaza procedente de África. En España hay más de 3.800 militares estadounidenses destinados de forma estable, una cifra considerablemente inferior a la de Alemania, Italia o Reino Unido, pero las dos instalaciones ofrecen una posición geográfica difícil de sustituir.
Rota permite a la Armada estadounidense operar simultáneamente hacia el Atlántico, el Mediterráneo, África y Oriente Próximo y alberga destructores equipados con el avanzado sistema Aegis, integrados en la defensa antimisiles de la OTAN. Morón es una plataforma esencial para transporte, repostaje y despliegue rápido de fuerzas hacia África y Oriente Próximo.
Las dos son instalaciones españolas de uso compartido, no bases estadounidenses sobre las que Washington disponga de soberanía. Su utilización está regulada por el Convenio de Cooperación para la Defensa, que permite a Madrid autorizar o limitar determinadas operaciones cuando quedan fuera del marco acordado.
Precisamente esa capacidad de España para decir no es ahora una de las cuestiones que Washington ha decidido incorporar a su examen general de los aliados. Lo que hasta ahora había sido una trifulca bilateral sobre Rota, Morón, Irán y el gasto militar pasa así a formar parte de una revisión mucho más amplia: dónde quiere EEUU. mantener sus fuerzas en Europa y qué espera, política, militar y económicamente, de los países que las acogen.