El exgeneral prorruso y euroescéptico Rumen Radev habría ganado las elecciones legislativas celebradas este domingo en Bulgaria con hasta el 39% de los votos, según la encuesta a pie de urna de la agencia Alpha Research. De confirmarse en el recuento, sería una victoria clara, … pero insuficiente para gobernar en solitario. Otras encuestas dan a Bulgaria Progresista, la formación creada por Radev después de dimitir como jefe de Estado en enero, el 37,5 % y el 39,2 % de los votos.
El desencanto con la política y con la corrupción, además de la carestía de la vida, en el país más pobre de la Unión Europea (UE)y que ha tenido siete primeros ministros diferentes en los últimos cinco años, parece haberse volcado a favor de este líder de estilo autoritario. Tras la derrota del domingo pasado de Viktor Orbán en Hungría, Putin cuenta ahora con un hombre cercano menos en el seno de la UE. Durante su presidencia, ha mantenido la posición oficial de Bulgaria como miembro de la OTAN, pero se ha opuesto al envío directo de armas búlgaras a Ucrania.
De acuerdo a estas encuestas a pie de urna, el partido Vazrazhadane, de tendencia nacionalista, euroescéptica y prorrusa, habría obtenido apenas un 5% de los votos; mientras que Izquierda Unida (BSP), socialdemócrata tradicional, no entraría en el parlamento. Fuerzas más liberales y proeuorpeas como GERB-UDF y PP-DB, tampoco podrían sumar fuerzas para formar gobierno, una tarea que se presenta por lo tanto complicada. «Estamos preparados para ofrecer diferentes opciones para que Bulgaria tenga un gobierno estable», ha dicho Radev en sus primeras declaraciones tras el cierre de las urnas.
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Juan Ramón Rallo
«Dos cosas son seguras hasta ahora. Una es que estamos ganando las elecciones de forma convincente. La segunda es que formaremos un gobierno», ha declarado por su parte Anton Kutev, que ha recordado que «vinimos no porque queramos poder, sino para cambiar Bulgaria. La Unión que buscamos será la que nos permita formar un gobierno estable y reformar el Consejo Supremo Judicial para cambiar al Fiscal General. Estos son los puntos de partida. Si miramos la reforma judicial, no creo que GERB sea un posible socio, y el gobierno no durará mucho si no llevamos a cabo la reforma judicial».
Identidad propia
Cuando Rumen Radev apareció por primera vez en la escena política búlgara, fue descrito por analistas internacionales como un «presidente accidental». Era un general de las Fuerzas Aéreas, sin partido, sin aparato y sin ambición pública conocida, que ofrecía solamente la imagen de un liderazgo efectivo y aferrado a las tradiciones búlgaras, a la decencia y a la línea de mando. Ahora, una década después, su figura se ha convertido en uno de los ejes alrededor de los cuales gira la política del país. Su pensamiento, su idea de Bulgaria y su relación con Rusia han terminado convertidos en un proyecto político con identidad propia.
Nacido en 1963 en Dimitrovgrad, Radev creció en un entorno marcado por la disciplina y la movilidad social a través del mérito. Su carrera militar fue impecable: piloto de caza, comandante de base aérea, general de división y, finalmente, comandante de las Fuerzas Aéreas. Sus colegas lo describen como un hombre metódico, reservado y extremadamente exigente consigo mismo. Su formación en la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Alabama, un detalle que suele recordarse para subrayar su familiaridad con estructuras militares occidentales, reforzó su reputación de profesional técnico, más que ideológico.
«Estamos preparados para ofrecer diferentes opciones para que Bulgaria tenga un gobierno estable», ha dicho Radev en sus primeras declaraciones
En 2016, aceptó ser candidato presidencial, lo hizo como independiente apoyado por el Partido Socialista, pero sin integrarse en él. Su discurso no encajaba del todo en las categorías tradicionales: hablaba de soberanía, de dignidad nacional, de instituciones limpias y de un Estado que no debía ser «ni satélite ni vasallo». Ese lenguaje, que algunos interpretaron como populista y otros como republicano en sentido clásico, comenzó a conectar sin embargo con un electorado cansado de la inestabilidad, hasta su dimisión el pasado enero.
Su programa gira constantemente en torno a la soberanía nacional. Para Radev, Bulgaria debe actuar como un Estado plenamente autónomo dentro de la UE y la OTAN, no como un actor subordinado. En sus intervenciones públicas insiste en que la integración europea no debe confundirse con obediencia automática. El segundo eje de su pensamiento político es la lucha contra la corrupción, un tema que ha marcado toda su presidencia.
Un proyecto regenerador
Rumen Radev dimitió como presidente de Bulgaria el pasado mes de enero por una combinación de crisis política interna, protestas masivas y el colapso del último gobierno. Las manifestaciones contra el proyecto de presupuestos de 2025 habían tumbado al gobierno anterior y dejaron al país bajo un ejecutivo interino, lo que agravó la inestabilidad institucional. Radev presentó su dimisión en ese contexto de vacío de poder y con la intención declarada de impulsar un nuevo proyecto político regenerador: «consenso antimafia». Ha prometido control estricto de todo el gasto público, auditorías exhaustivas de grandes contratos estatales, sanciones a contratistas que incumplan o entreguen mala calidad, registros públicos de empresas morosas, identificación de «intermediarios» que conectan intereses oligárquicos con instituciones y limitación de monopolios y precios de referencia en obras públicas.
Radev ha sido uno de los críticos más duros de los gobiernos de Boyko Borissov, a los que acusó repetidamente de capturar instituciones y de permitir redes de influencia oligárquica. Su enfrentamiento con el fiscal general Ivan Geshev reforzó su imagen de presidente dispuesto a desafiar estructuras de poder tradicionales. Para sus partidarios, fue símbolo de regeneración institucional; para sus detractores, fue una muestra de intervencionismo político. Su tercer pilar es su visión social del Estado. Aunque no se define como socialista, insiste en la desigualdad, las mejoras de los servicios públicos y la protección social.