Mientras el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, advertía que su país podría utilizar contra Irán «armas que todavía no ha usado», en unas declaraciones ciertamente amenazantes, el Pentágono ordenó este martes un bombardeo contra la isla de Jark al tiempo … que la aviación israelí se empecinaba en destruir infraestructura civil iraní, como puentes y trazados ferroviarios. Teherán, pese al aumento de la presión militar de sus adversarios a solo unas horas del final del ultimátum dado por Donald Trump para sentarse a negociar, dio señales de todo lo contrario, e incluso de abandonar la negociación. Fuera de Oriente Próximo, diferentes gobernantes, como los del Reino Unido y Canadá, clamaron por una «desescalada» al filo de la noche que se preveía larga.
Los estadounidenses volvieron a castigar la isla de Jark, que gestiona el 90% de las exportaciones de crudo iraní, sobre la una y media de la tarde (en España); casi doce horas antes del final de la moratoria decretada por Trump. La Guardia Revolucionaria reaccionó con un comunicado en el que señaló que «la contención ha terminado» y que atacará infraestructuras para privar a Estados Unidos y sus aliados de petróleo y gas «durante años». Los objetivos alcanzados en la isla fueron búnkeres, una estación de radar y almacenes de munición, nada relacionado con la infraestructura del crudo, según el Ejército. Los dos primeros intentos de respuesta por parte de Irán fueron en Arabia Saudí, donde restos de un misil interceptado cayeron cerca de instalaciones energéticas en el este del país, y Emiratos Árabes Unidos.
Antes de que expirase el plazo dado por la Casa Blanca, Israel se adelantó y su fuerza aérea bombardeó alrededor de diez tramos ferroviarios y puentes «clave» en Irán, según dijo un responsable de seguridad al diario ‘The Times of Israel’. Netanyahu confirmó poco después estas operaciones que suponen todo un castigo colectivo para la población. En las horas anteriores, el Ejército advirtió a los ciudadanos que se mantuvieran alejados de los trenes hasta la noche y ciudades como Mashad, la segunda más importante del país, decidieron suspender el servicio. Dos personas murieron cuando un misil impactó contra Kashan. Los ataques obligaron a Teherán a detener los trenes en las dos principales líneas del país, la del sur y la de Zagros.
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David Alandete
La Media Luna Roja iraní condenó las acciones contra infraestructuras ferroviarias, y también las dirigidas contra edificios residenciales y lugares religiosos, incluidas iglesias cristianas y una sinagoga de Teherán en la noche del lunes. «Estas acciones son un crimen flagrante y una señal de la desesperación del enemigo», dijo el jefe de la Media Luna Roja en un comunicado. Los ataques llegaron incluso al Gran Bazar de Teherán, centro de la economía nacional y lugar en el que estallaron las protestas contra el régimen en enero.
Catorce millones de combatientes iraníes
Ante el aumento de las amenazas y los bombardeos, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, anunció que «catorce millones de personas se han ofrecido como voluntarias para luchar en defensa de Irán. Yo también estuve y seguiré estando entre quienes se sacrifican por Irán», dijo, solemne, en una declaración que alimentó los peores augurios.
Los bombardeos contra objetivos civiles han creado una mayor unidad nacional y las voces críticas con el régimen se suman ahora a las movilizaciones que consideran que esta es una guerra contra los iraníes en general, no solo contra el sistema islámico. Muchos temen que Irán se convierta en un Estado fallido.
La vía diplomática siguió en marcha ‘in extremis’ y lo hizo mirando a Pakistán, centro del intercambio de mensajes entre las partes. Reza Amiri Moghadam, embajador persa en Islamabad, afirmó en redes sociales a primera hora de la mañana que los esfuerzos de mediación paquistaníes estaban «acercándose a una fase crítica y sensible». Por la tarde, se multiplicaron los mensajes pesimistas sobre la persistencia de una gran brecha entre Washington y Teherán
La tarde del martes se multiplicaron los mensajes pesimistas sobre la persistencia de una gran brecha entre Washington y Teherán
Contrapropuesta
Los iraníes movieron ficha el lunes y enviaron una contrapropuesta al plan de quince puntos de Trump. El régimen ha buscado en todo momento garantías de no volver a ser atacado. También pide que se ponga fin a los ataques israelíes contra Hizbolá, su milicia aliada en Líbano. A cambio, levantaría su bloqueo del estrecho de Ormuz, donde planea imponer una tasa de aproximadamente dos millones de dólares por cada barco que atraviese esta vía marítima, cuyos ingresos compartiría con Omán.
El portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar, Majed Al Ansari, advirtió que «estamos cerca del punto en el que la situación en la región podría descontrolarse» y dejó claro que la prolongación del conflicto no beneficia a ningún Estado a largo plazo. En opinión de Al Ansari, «Ormuz es un estrecho natural, no un canal, y todos los países de la región tienen derecho a utilizarlo libremente», algo que no comparten los iraníes. Qatar es uno de los grandes aliados de Trump en la región y sufre ataques diarios por parte de la república islámica porque alberga bases y empresas estadounidenses. En el pasado reciente ha sido un mediador clave en conflictos como el de Gaza, pero en esta guerra ha evitado asumir ese rol.
Según Reuters, en la recta final del ultimátum transmitió un mensaje iraní a Washington: si la situación se descontrola, sus aliados en Yemen podrían cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb. Este es el punto de paso clave para la ruta comercial entre Asia y Europa y en el pasado demostraron su capacidad para bloquearlo.