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El vídeo del histórico despegue de la misión Artemis II rumbo a la Luna más de 50 años después

Pasaban 35 minutos de la madrugada ya del jueves 2 de abril cuando la misión Artemis II despegaba de Cabo Cañaveral para poner rumbo a la Luna más de medio siglo después del histórico viaje de Neil Armstrong y Buzz Aldrin.Ha sido una cuenta atrás llena de tensión, pues el despegue corrió peligro unos minutos antes por un pequeño problema que pudo ser resuelto a tiempo. Poco después, el reloj volvía a pararse diez minutos antes del momento clave, pero era solo un pequeño susto, pues estaba previsto para dar el repaso final a todos los sistemas. Uno por uno, todos los responsables fueron dando el ok: el momento se acercaba.Y, por fin, llegó la cuenta atrás y todo Cabo Cañaveral tronó por encima de los 175 decibelios, un nivel de ruido más que perjudicial para la salud humana, cuando el cohete despegó y puso rumbo a la historia, en una secuencia recogida por todos los medios de comunicación y multiplicada hasta el infinito en las redes sociales.

Llegó la hora de Artemis II, la misión de la NASA para probar que la humanidad está preparada para colonizar la Luna

La misión Artemis II de la NASA ya ha despegado de la Tierra rumbo a la Luna. Es un momento histórico para la humanidad, pues será la primera vez en más de 50 años que una nave tripulada viaje hasta nuestro satélite natural. A diferencia de Neil Armstrong y Buzz Aldrin en 1969, los astronautas en esta ocasión no abandonarán la cápsula espacial y su aventura se limitará ‘solo’ a recorrer la órbita lunar y volver a casa.Se podría pensar que es un hito menor si se tiene en cuenta que los humanos ya hemos estado allí. Pero muchas cosas han cambiado en este medio siglo y, pese a que los tripulantes de Artemis II no pondrán sus pies en la superficie lunar, su misión es mucho más importante que eso: los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hanse serán los encargados de probar toda la tecnología que hará posible que, dentro de un par de años según los planes de la NASA, podamos establecer una base humana en la Luna.Esta misión es el resultado de un esfuerzo de más de quince años y de muchos países implicados, incluido España, que ha participado en diferentes aspectos, como por ejemplo en el sistema que mantendrá con vida a los astronautas rumbo a la Luna. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Cuando la NASA definió el calendario del programa la humanidad no sabía que se iba a producir una pandemia mundial. Pero la COVID no es la única culpable: Artemis II no llega tarde por una sola razón, sino por una acumulación de problemas técnicos, decisiones políticas y complejidad industrial.Por qué Artemis II se ha retrasado tantoEl primer gran aviso llegó tras el éxito de Artemis I, la misión no tripulada que voló alrededor de la Luna en 2022. Aunque el vuelo cumplió sus objetivos, el análisis posterior detectó un comportamiento inesperado en el escudo térmico de la cápsula Orion durante la reentrada en la atmósfera terrestre. No fue un fallo crítico, pero sí lo suficientemente relevante como para obligar a la NASA a revisar el diseño de la nave y realizar nuevas pruebas.El cohete Space Launch System (SLS), la pieza central del lanzamiento, también ha contribuido a los retrasos. Se trata de uno de los vehículos más potentes jamás construidos por la NASA, pero también de uno de los más complejos. Su desarrollo ha estado marcado por problemas de integración, revisiones técnicas, una cadena de suministro extremadamente fragmentada, con decenas de contratistas implicados, y tensiones políticas y económicas. Incluso, hace menos de un año, hubo una explosiónArtemis II no es una repetición de Artemis I, sino el primer vuelo tripulado del programa. Eso implica certificar todos los sistemas para uso humano, desde el soporte vital o la protección ante la radiación hasta los controles manuales o los protocolos de emergencia. Cada uno de estos elementos debe superar estándares mucho más exigentes, lo que alarga inevitablemente los tiempos.A esa complejidad industrial se añade el contexto externo. El programa Artemis ha estado sujeto a cambios de calendario, presión política para acelerar plazos y ajustes presupuestarios que, en algunos momentos, fijaron objetivos poco realistas.Cuál es el objetivo de la misiónDurante décadas, la exploración espacial tripulada se ha quedado en la órbita baja terrestre. La Estación Espacial Internacional ha sido el principal laboratorio humano en el espacio, pero no hemos ido más allá desde las misiones Apolo. Artemis II será la primera vez en más de medio siglo que humanos se adentren en el espacio profundo, aunque, a diferencia de los viajes de los años 70, en esta ocasión no se trata solo de plantar una bandera y demostrar que se puede llegar.
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Ahora la meta es mucho más ambiciosa: establecer una presencia sostenida en la Luna y utilizarla como banco de pruebas para futuras misiones a Marte. Artemis II es, en esencia, el primer paso real hacia ese nuevo modelo de exploración.Qué va a pasar exactamente durante el viaje de Artemis IITodo comenzará en la histórica rampa 39B del Centro Espacial Kennedy. El cohete SLS despegará con un estruendo (176 decibelios) que no se escucha desde la era Apolo y, en apenas ocho minutos, habrá hecho su trabajo: primero se desprenderá de los propulsores laterales, después del sistema de escape y, finalmente, apagará su etapa central para dejar a la cápsula Orion viajando sola por el espacio.Pero la misión no apunta directamente a la Luna. Antes, la nave se colocará en una órbita alta alrededor de la Tierra, donde pasará unas 24 horas comprobando que todo funciona: los astronautas tomarán el control manual durante un par de horas, testearán los sistemas de navegación y pondrán a prueba el soporte vital en condiciones reales. También simularán maniobras clave, como un acoplamiento, que serán esenciales en futuras misiones.Solo cuando todo esté validado llegará el momento decisivo: la inyección translunar. Es el encendido que saca a la nave de la órbita terrestre y la lanza hacia la Luna. A partir de ahí comienza un viaje de unos cuatro días en el que Orion recorrerá cientos de miles de kilómetros, alejándose de la Tierra hasta entrar en el espacio profundo.El punto álgido llegará al sobrevolar la cara oculta de la Luna, a unos 6.500 kilómetros de su superficie. Allí, los astronautas estarán a unos 400.000 kilómetros de casa, más lejos de lo que ha llegado ningún ser humano en décadas (7.500 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna). No habrá alunizaje: la nave aprovechará la gravedad lunar como una honda para darse la vuelta y emprender el regreso en una trayectoria diseñada para que, incluso si algo falla, la cápsula pueda volver por sí sola.El viaje de vuelta durará otros cuatro días. Durante ese tiempo, se realizarán pequeños ajustes para afinar la trayectoria hasta el último momento. Antes de entrar en la atmósfera, Orion se separará de su módulo de servicio y comenzará una de las fases más críticas: la reentrada. La cápsula impactará contra el aire a unos 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas, antes de desplegar sus paracaídas y amerizar en el océano Pacífico.Si todo sale según lo previsto, diez días después del despegue, los cuatro astronautas habrán recorrido más de un millón de kilómetros y completado el primer viaje humano más allá de la órbita terrestre en más de medio siglo.Quiénes son los tripulantes de Artemis IIA bordo de la nave Orion viajarán cuatro astronautas con perfiles muy distintos, pero complementarios:Reid Wiseman, comandante y veterano de la Estación Espacial Internacional.Victor Glover, piloto, que se convertirá en el primer hombre negro en viajar hacia la Luna.Christina Koch, ingeniera y astronauta, que será la primera mujer en una misión lunar.Jeremy Hansen, de la agencia espacial canadiense, el primer no estadounidense en esta clase de misión.Más allá de su trayectoria, representan algo más amplio: una nueva etapa de la exploración espacial más diversa, internacional y menos centrada en un solo país.Cuatro astronautas listos para hacer historiaLos cuatro astronautas dieron el pasado domingo una rueda de prensa en la que respondieron preguntas de los medios de comunicación. Para la tripulación de Artemis II, lo que está a punto de ocurrir no es una hazaña épica en el sentido clásico, sino un vuelo de prueba que servirá para dar un primer paso. “Esta es la primera vez que vamos a intentarlo”, reconocía el comandante Reid Wiseman ante las preguntas de la prensa.No lo decía como una advertencia, sino casi como una declaración de intenciones, algo que atraviesa toda la misión: Artemis II no se concibe como una gesta cerrada, sino como un proceso abierto, un ensayo en condiciones reales en el que cada fase debe validarse antes de dar el siguiente paso. De hecho, el propio Wiseman insistía en rebajar cualquier expectativa de automatismo en el calendario: “Iremos cuando este vehículo nos diga que está listo”, asumía, dejando claro que incluso a pocos días del lanzamiento la posibilidad de aplazamientos forma parte del plan tanto como el propio despegue.Esa forma de entender la misión —más cercana a la ingeniería que a la épica— se trasladaba también a la manera en la que la tripulación describía su trabajo a bordo. Lejos de la imagen del astronauta como figura individual, la operación se plantea como un ejercicio coral en el que cada miembro cumple un rol preciso y complementario. “Es una actividad de tripulación de principio a fin”, explicaba Wiseman, detallando cómo, durante maniobras críticas, uno de ellos pilotará la nave mientras otro gestiona las comunicaciones con Tierra, un tercero supervisa los procedimientos y un cuarto vigila los sistemas de seguridad. “Somos los cuatro en los controles”, resumía, casi como una forma de desmontar cualquier narrativa heroica tradicional.Ese enfoque se vuelve especialmente relevante en uno de los momentos clave de la misión: el control manual de la cápsula Orion. Allí, en pleno espacio, los astronautas deberán ejecutar maniobras complejas en seis grados de libertad y aproximarse a su etapa superior hasta apenas unos metros, sin la ayuda de instrumentos habituales en este tipo de operaciones. “No hay datos que nos digan la distancia”, explicaba Victor Glover, subrayando la naturaleza casi artesanal de una tarea que, paradójicamente, se desarrolla en uno de los entornos tecnológicos más avanzados jamás construidos. “Estos ojos serán el sistema principal de evitación de peligros”, añadía, reivindicando el papel insustituible del juicio humano incluso en una misión profundamente automatizada.Pero más allá de la tecnología, lo que Artemis II pone a prueba es también al propio ser humano. La misión servirá para recoger datos sobre el comportamiento del organismo en el espacio profundo, un entorno que no ha sido explorado por astronautas desde hace más de medio siglo. “Tenemos experimentos científicos a bordo que van a observar nuestras propias células”, señalaba Wiseman, en referencia a una batería de estudios que buscan entender cómo afecta la radiación o el aislamiento prolongado al cuerpo y a la mente. En ese mismo sentido, Christina Koch recordaba que incluso los trajes espaciales forman parte de ese sistema de seguridad integral: “No son solo trajes, son sistemas de supervivencia”, diseñados para mantener con vida a la tripulación “hasta 144 horas, seis días” en caso de una emergencia grave. Ese margen, explicaba, no es casual, sino que define los límites operativos de la misión y marca el punto hasta el cual sería posible un regreso seguro.Aun así, en medio de esa precisión técnica, hay espacio para una dimensión más amplia, casi filosófica, que atravesaba en la rueda de prensa buena parte de las respuestas de la tripulación. Artemis II no se presenta como un proyecto exclusivamente estadounidense, sino como un esfuerzo colectivo con vocación global. “No somos tres estadounidenses y un canadiense”, señalaba Jeremy Hansen, subrayando que, en realidad, “son personas literalmente en todo el mundo” las que forman parte de este viaje. La Luna, en ese contexto, deja de ser un objeto distante para convertirse en un destino compartido, en una idea que, como apuntaba Wiseman, aspira a ser apropiada por cualquiera: “Esperamos que esta misión sea el comienzo de una era en la que todos puedan mirar a la Luna y pensar en ella como un destino”.Quizá por eso, cuando se les preguntaba por su estado de ánimo a las puertas del lanzamiento, el tono no era de tensión ni de solemnidad, sino de una calma sorprendente, casi doméstica. Había referencias a desayunos compartidos, a familias recién llegadas al centro espacial, a la necesidad de proteger el estado mental antes de afrontar lo que describían como un “sprint de diez días”. En ese equilibrio entre la magnitud histórica y la rutina cotidiana se movía toda la conversación, como si la mejor forma de enfrentarse a lo extraordinario fuera, precisamente, despojarlo de cualquier gesto innecesario. “Nuestro trabajo es simplemente hacer para lo que nos han entrenado y dejar que el entrenamiento tome el control”, resumía Glover, en una frase que, sin pretenderlo, encapsula el verdadero espíritu de Artemis II.Todo listo para despegar (y preparado para lo inesperado)En la última rueda de prensa, celebrada el lunes 30 de marzo, los responsables de la misión confirmaron que el Equipo de Gestión de la Misión (MMT) ha dado luz verde al despegue.Los sistemas del vehículo, las comunicaciones y el hardware se encuentran en condiciones óptimas, y las soluciones aplicadas a problemas detectados en el pasado —como las fugas en los sellos de hidrógeno y helio— han sido validadas. A ello se suma una previsión meteorológica favorable: la ventana de lanzamiento, de dos horas, cuenta con un 80% de probabilidad de condiciones adecuadas. Mientras, la tripulación afronta las últimas horas antes del despegue centrados en descansar, completar las reuniones informativas finales y pasar tiempo con sus familias.Uno de los aspectos que también se abordó fue el impacto del entorno espacial. Ese mismo día se había producido una erupción solar, pero la NASA descartó cualquier efecto relevante sobre la misión. Según explicó el administrador asociado Amit Kshatriya, no se espera que la eyección de masa coronal afecte al vuelo, aunque el equipo mantiene una vigilancia constante del clima espacial a través de organismos como la NOAA y grupos especializados en análisis de radiación. En caso de que se produjera un evento durante la misión, Orion dispone de un área preparada como refugio, donde la tripulación podría protegerse hasta que el nivel de radiación volviera a ser seguro.La seguridad, de hecho, atraviesa todo el diseño de Artemis II. Durante la rueda de prensa se recordó que la NASA cuenta con escenarios de aborto definidos desde el lanzamiento hasta el regreso a la Tierra. Si se produjera un problema durante el ascenso, la misión podría desviarse hacia el océano Atlántico o completar una única órbita antes de amerizar en el Pacífico. Además, se han preparado instalaciones en distintas regiones del Atlántico con equipamiento médico específico para atender a la tripulación en caso de emergencia.Más allá del lanzamiento, también existen planes alternativos para cada fase del viaje. Durante las primeras horas, antes de la inyección translunar, los equipos evaluarán todos los sistemas de la nave. Si algo no funciona como debería, la misión podría transformarse en un vuelo en órbita terrestre alta y regresar sin dirigirse a la Luna. Incluso una vez iniciado el viaje, la trayectoria está diseñada para priorizar la seguridad: en lugar de realizar maniobras bruscas, Orion puede seguir una ruta de retorno libre, utilizando la gravedad de la Luna para volver a casa de forma natural y predecible.En el escenario más extremo, como una pérdida de presión en la cabina, los astronautas cuentan con trajes que funcionan como sistemas autónomos de supervivencia durante un máximo de seis días. Un margen que, como ya explicaron los propios tripulantes, condiciona todas las decisiones críticas de la misión.

Cuánto dura la misión Artemis II alrededor de la Luna

Tan solo quedan unas horas para que la misión Artemis II de la NASA parta de la Tierra con destino la Luna. Es un nuevo hito para la humanidad porque será la primera ocasión en más de medio siglo que una nave con tripulación se dirige a nuestro satélite. La gran diferencia con respecto a Neil Armstrong y Buzz Aldrin es que en esta ocasión los cuatro astronautas no descenderán a la superficie, sino que su travesía se limitará a orbitar la Luna. Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch y Jeremy Hansen de la CSA (Agencia Espacial Canadiense, por sus siglas) despegan a bordo del cohete Space Launch System de la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy (Florida) con la nave espacial Orion. Los días de duración de la misión Artemis IIUna vez despegue, la cápsula pondrá rumbo al satélite en una trayectoria en forma de ocho. Este recorrido se prolongará durante cuatro días hasta llegar a la cara oculta de la Luna, es decir, a más de 370.000 kilómetros de la Tierra. Una vez cumplido ese punto, la nave iniciará el regreso mientras que la tripulación seguirá realizando pruebas y comprobaciones en los sistemas a bordo. El viaje de vuelta se extenderá alrededor de otros cuatro días, completando así una misión de unos diez días en total. Esta previsto que el final de la misión sea el 9 de abril. Ese día la cápsula volverá a entrar en la atmósfera terrestre en una de las etapas más complejas de todo el viaje. El amerizaje se producirá en el océano Pacífico, muy cerca de la costa de California. Allí un equipo especializado estará preparado para recoger a todos los tripulantes. La tripulación tendrá que soportar las elevadas temperaturas del reingreso. Se activará un sistema de paracaídas que irá frenando progresivamente la cápsula. En una primera fase, la velocidad se reducirá hasta aproximadamente 494 kilómetros por hora, y posteriormente descenderá hasta unos 27 kilómetros por hora.

Lanzamiento de Artemis II a la Luna, en directo: última hora de la misión espacial de la NASA y los cuatro astronautas que forman la tripulación

La humanidad está a punto de volver a la Luna después de 50 años. La misión Artemis II de la NASA despega este 1 abril a las 18:24 hora local de Florida (Estados Unidos), lo que se traduce en la madrugada del 2 de abril a las 00:24 hora en la península española. Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch y Jeremy Hansen de la CSA (Agencia Espacial Canadiense, por sus siglas) despegan a bordo del cohete Space Launch System (SLS, por sus siglas en inglés) de la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy (Florida, Estados Unidos) con la nave espacial Orion a bordo, siendo vehículo en el que viaja la tripulación para empezar a consolidar una presencia permanente en el satélite de la Tierra.De producirse el lanzamiento con éxito, los cuatro astronautas demostrarán una amplia gama de funciones y capacidades del cohete SLS y de Orion que son necesarias en las misiones al espacio profundo. Además, gracias a Artemis II, se comprobará que los sistemas de soporte vital críticos de Orion están listos para misiones de mayor duración.Después de Artemis II, Orion volverá a viajar a la Luna con tripulación, esta vez para hacer historia cuando los próximos astronautas caminen sobre la superficie lunar durante la misión Artemis IV.

Horario y dónde ver en directo el lanzamiento de la misión Artemis II a la Luna

La misión Artemis II de la NASA despegará  hoy, 1 de abril, marcando el regreso de astronautas al entorno lunar más de medio siglo después del programa Apolo. No será un alunizaje, pero sí un paso imprescindible para que la Luna deje de ser un destino puntual y pase a ser un lugar donde se pueda desarrollar una actividad organizada. Para ello, la NASA incluye una inversión de unos 20.000 millones de euros.La primera ventana de lanzamiento se abrirá a las 18:24 hora local de Florida, lo que en España se traduce en la madrugada del 2 de abril, a las 00:24 en la península. De sufrir cualquier imprevisto, el nuevo intento tendría lugar el 2 de abril a las 19:22 (01:22 del 3 de abril en España).La misión estará protagonizada por el megacohete Space Launch System (SLS), el más potente desarrollado por la NASA, y despegará desde el Centro Espacial Kennedy con la nave Orion en la parte superior. Dicha nave llevará a cuatro astronautas a viajar alrededor de la Luna y regresar a la Tierra, algo que no ocurre desde las misiones del programa Apolo en los años 70.Como decimos, no aterrizarán, pero sí se adentrarán en el espacio profundo para probar todos los sistemas que permitirán futuras misiones tripuladas. En concreto, habrá un recorrido de más de 1,1 millones de kilómetros y un sobrevuelo lunar que llevará a la tripulación incluso más allá de la cara oculta del satélite.Horario y dónde ver en directo Artemis IILa misión contará con una cobertura exhaustiva por parte de la NASA, que retransmitirá desde los preparativos previos hasta la totalidad de la misión. La primera oportunidad de lanzamiento para Artemis II será el 1 de abril y la ventana de 120 minutos se abrirá a las 18:24 hora local de Florida, lo que en España se traduce en la madrugada del 2 de abril, a las 00:24 en la península.Se podrá seguir por el canal de YouTube de la NASA, el cual te dejamos a continuación. 

La tripulación de Artemis II de la NASA: así son los cuatro astronautas que viajan durante 10 días rumbo la Luna

La tripulación de Artemis II no es una incógnita reciente. La NASA desveló los nombres de los cuatro astronautas el 3 de abril de 2023, en un anuncio que marcó el inicio de una nueva etapa en la exploración lunar tripulada. Desde entonces, sus perfiles y trayectorias han estado en el foco como parte de una misión llamada a hacer historia.Esta misión será clave dentro del programa Artemis: supondrá el regreso de astronautas a la órbita de la Luna por primera vez desde la era Apolo. A bordo de la nave Orion, la tripulación realizará un sobrevuelo alrededor del satélite para poner a prueba los sistemas antes de futuras misiones con alunizaje.Artemis II también refleja un cambio de enfoque en la exploración espacial. La NASA ha apostado por una tripulación diversa y con experiencia en distintos ámbitos —desde la aviación militar hasta la ingeniería y la ciencia—.A bordo de Orion estarán el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen y los astronautas de la NASA Christina Koch, Victor Glover y Reid Wiseman. Y están a punto de despegar rumbo a la Luna.Reid WisemanWiseman ha sido designado comandante de la misión Artemis II de la NASA. Veterano de la Marina con 27 años de servicio y también piloto e ingeniero. Obtuvo una licenciatura en Ciencias del Instituto Politécnico Rensselaer en Troy, Nueva York, y una maestría en Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. Fue seleccionado como astronauta por la NASA en 2009 y se desempeñó como Ingeniero de Vuelo a bordo de la Estación Espacial Internacional para la Expedición 41 desde mayo hasta noviembre de 2014. Se desempeñó como Jefe de la Oficina de Astronautas.Durante la misión de 165 días, Reid y sus compañeros de tripulación completaron más de 300 experimentos científicos en áreas como fisiología humana, medicina, ciencias físicas, ciencias de la Tierra y astrofísica. Este fue el primer vuelo espacial de Reid, que también incluyó casi 13 horas como líder de caminatas espaciales durante dos viajes fuera del complejo orbital.Christina Hammock KochChristina Koch es ingeniera y exploradora, que fue seleccionada como astronauta en 2013, iniciando así una destacada carrera en la exploración espacial. Su experiencia previa incluye su participación en las Expediciones 59, 60 y 61 a bordo de la Estación Espacial Internacional durante casi todo 2019.Para esta misión viajó en el cohete Soyuz, tras un exigente entrenamiento en Rusia, y permaneció un total de 328 días consecutivos en el espacio. Durante ese tiempo, también hizo historia al participar en las primeras caminatas espaciales realizadas únicamente por mujeres.Tras regresar a la Tierra, asumió responsabilidades clave dentro de la NASA, como Jefa de la División de Tripulación Asignada y asistente de integración técnica en el Centro Espacial Johnson. Antes de ser astronauta, trabajó en el desarrollo de instrumentos científicos y en ingeniería de campo en regiones extremas como la Antártida y el Ártico. Victor GloverVictor J. Glover fue seleccionado como astronauta en 2013 mientras trabajaba como asesor legislativo en el Senado de Estados Unidos. Más recientemente, se desempeñó como piloto de la nave Crew-1 Dragon «Resilience», con la que viajó a la Estación Espacial Internacional. Allí también ejerció como ingeniero de vuelo en las Expediciones 64 y 65, consolidando su experiencia en misiones espaciales. Nacido en California, obtuvo un título en ingeniería mientras destacaba como atleta en dos deportes y servía a su comunidad.También es aviador naval y piloto de pruebas, con experiencia en aeronaves como el F/A-18 Hornet, Super Hornet y EA-18G Growler, habiendo estado destinado en diversas bases en Estados Unidos y Japón, tanto en misiones de combate como en tiempos de paz.Jeremy HansenJeremy Hansen es un astronauta de la Agencia Espacial Canadiense (CSA), seleccionado en 2009 y, antes de convertirse en astronauta, fue piloto de combate en la Real Fuerza Aérea Canadiense, donde operó aviones CF-18 en Alberta. Con el tiempo, alcanzó el rango de coronel, consolidando una sólida carrera militar y aeronáutica. A los 17 ya contaba con licencias de piloto de planeador y privado, y posteriormente se graduó con honores en ciencias del espacio, además de obtener una maestría en física.Hansen continuó desarrollando su experiencia como piloto y oficial de operaciones antes de completar su entrenamiento como astronauta en 2011. En 2014 participó como acuanauta en la misión submarina NEEMO 19 de la NASA, ampliando su preparación en entornos extremos.

Llegan las primeras Ray-Ban Meta con cristales graduados: se pueden adaptar a la forma de la cara

Los rumores se han confirmado. Meta acaba de presentar sus primeras gafas con IA que están optimizadas para cristales graduados. La compañía de Mark Zuckerberg ha dado a conocer en un comunicado que los nuevos modelos Ray-Ban Meta Blayzer Optics (Gen 2) y Ray-Ban Meta Scriber Optics (Gen 2) integran una tecnología óptica avanzada que admite casi todas las graduaciones, de esta manera, «satisfacen las necesidades de quienes usan gafas graduadas durante todo el día».Acorde a la información compartida por Meta, el modelo Blayzer tiene un diseño rectangular y el Scriber tiene una montura más redondeada, además, ambas gafas cuentan con bisagras de sobreextensión, plaquetas nasales intercambiables y puntas de las patillas ajustables para que se adapten a la forma de la cara.Respecto a la disponibilidad de estos dispositivos,  los modelos Ray-Ban Meta Blayzer Optics (Gen 2) y Ray-Ban Meta Scriber Optics (Gen 2) ya están disponibles para su preventa en Estados Unidos con un precio que parte de los 499 dólares (más de 430 euros en España, aproximadamente). Meta ha indicado que estarán disponibles en mercados internacionales seleccionados a partir del próximo 14 de abril.Llegan nuevas funciones con IA a las gafas Ray-Ban MetaAparte de este anuncio, la compañía de Zuckerberg también ha hecho oficial las nuevas funciones de IA para las gafas Ray-Ban Meta. Concretamente, ahora se puede registrar el seguimiento de nutrición en la aplicación de Meta AI a través del manos libres, se han incorporado los resúmenes y la recuperación de mensajes de WhatsApp en manos libres en el Programa de Acceso Anticipado (EAP) y, además, se extiende la escritura neuronal en las gafas Meta Ray-Ban para redactar un mensaje de manera discreta al mover los dedos sobre cualquier superficie.Por otro lado, la compañía ha presentado nuevos colores y combinaciones para las monturas Ray-Ban Meta, con el color ‘Shiny Transparent Peach’ (melocotón transparente brillante), lentes marrones para el modelo Skyler y lentes grises para Headliner, y el color ‘Shiny Transparent Grey’ (gris transparente brillante) con lentes zafiro para el modelo Wayfarer.Y por último, Meta ha anunciado novedades para las monturas de Oakley Meta, en las que se incluyen las gafas Prizm Dark Golf y, por primera vez, la compatibilidad con las lentes Prizm Transitions para las gafas Oakley Meta Vanguard.

INTERNACIONAL

Un discurso para ganar tiempo en casa, pero que no aclara el rumbo de la guerra

El 1 de abril es ‘April Fool’s Day’ en EE.UU., el equivalente al 28 de diciembre en España, el Día de los Inocentes. Los estadounidenses tratan de colarse engaños, comparten noticias imposibles en redes sociales y algún descuidado cae en la trampa. Ha … sido un 1 de abril cuando Donald Trump ha decidido dar un discurso a la nación sobre la guerra de Irán y alguno se temió que la cosa fuera una chanza. Es un día que el propio Trump ha desaconsejado para hacer grandes anuncios. El año pasado tenía pensado hacer la presentación histórica de sus aranceles a todos los países del mundo el 1 de abril. Lo movió al día siguiente para que nadie creyera que aquello de reformular el comercio mundial a golpe de arancel era un chiste (no lo era, pese a que el Tribunal Supremo se los haya tumbado por pasarse en el ejercicio de sus poderes ejecutivos).
Trump se asomó a los televisores de todos los estadounidenses a las nueve de la noche, entre gran expectación. Había rumores de anuncio gordo y era el escenario para esas ocasiones. ¿Comunicaría que EE.UU. se sale de la OTAN, con lo que lleva amagando varios días, frustrado por la negativa de sus socios a echar una mano para desbloquear el estrecho de Ormuz? ¿Declararía que los objetivos militares de EE.UU. han sido conquistados y la guerra de Irán pasa a la historia?

El que esperaba algo de esa envergadura, encontró en las palabras del presidente de EE.UU. una inocentada. Trump no hizo ningún anuncio, no trajo nada nuevo, no aclaró el rumbo de la guerra. Su discurso fue un refrito de los mensajes que ha compartido en los últimos días en redes sociales y en sus intercambios con la prensa: la capacidad militar de Irán está arruinada, EE.UU. «está cerca» de alcanzar sus objetivos militares, la guerra durará «otras dos o tres semanas» y recomienda a los países afectados por Ormuz -un dardo a sus socios europeos- que compren petróleo estadounidense y se impliquen ellos mismos en el desbloqueo de ese paso marítimo clave.

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Enrique Serbeto

El objetivo de Trump era ante todo doméstico: ganar tiempo con los estadounidenses, cada vez más frustrados con la guerra de Irán, que ha llevado el precio de la gasolina por encima del umbral psicológico de los cuatro dólares por galón, donde no llegaba desde el verano de 2022, en el comienzo de la guerra de Ucrania.
El discurso fue una petición de prórroga para «completar la misión». Porque esas dos o tres semanas más de guerra implican que Trump no cumplirá con la duración de la que ha hablado desde el comienzo de la guerra: estamos en el final de la quinta semana y aseguró que la campaña duraría entre cuatro y seis semanas.
Fue un discurso efectivo en la justificación de las razones para la guerra: en esencia, evitar la amenaza nuclear que puede suponer Irán, un objetivo que es popular en EE.UU. dentro de una guerra que es impopular. Pero, una vez más, no quedó claro qué objetivos busca cumplir Trump para poner fin a la implicación de EE.UU. en esta campaña militar.
El presidente de EE.UU. no ofreció un camino a la resolución de las cuestiones principales que dominan la guerra. Sobre el estrecho de Ormuz, dijo que se reabrirá «por sí solo» cuando acabe el conflicto. Sobre la determinación del fin de la amenaza nuclear, deslizó que EE.UU. podría vigilar por satélite las instalaciones nucleares de Irán y «atacarlas con dureza con misiles si vemos movimientos». Sobre la idea del cambio de régimen, defendió que «nunca» era un objetivo, aunque lo describió con claridad como tal cuando anunció los ataques a Irán el 28 de febrero, cuando comenzó la guerra. Pero que, al mismo tiempo, «ha habido cambio de régimen porque sus líderes han muerto». Es decir, trató de vender como una victoria que Irán ha pasado de un Jamenei (Alí, el Líder Supremo de la República Islámica hasta su muerte en la guerra) a otro Jamenei (Mojtaba, su hijo) y con una cúpula del régimen endurecida por la guerra. El presidente de EE.UU. tampoco dio pistas sobre la posibilidad de una operación terrestre, en medio del despliegue de miles de efectivos -marines y miembros de la 82ª división aerotransportada- especializados en ese tipo de misiones.
La claridad que ofreció el discurso es que el final de la guerra no será inmediato. Salpimentado con su retórica agresiva -«en las próximas dos o tres semanas, vamos a devolver a Irán a la Edad de Piedra, a la que pertenecen»-, Trump mostró que quiere seguir golpeando a la teocracia para dejar en ruinas al régimen o forzarlo a un acuerdo. Algo que será muy bien recibido en Israel y en los países del Golfo. Pero que provocó mucho menos entusiasmo en los mercados: tras el discurso, el barril de petróleo se disparó un 5% y se hundieron las bolsas asiáticas, que ya estaban abiertas, igual que los futuros de los mercados estadounidenses.
La mejor noticia para la orilla contraria del Atlántico es que Trump ni siquiera mencionó a la OTAN. La guerra en Oriente Próximo está creando una fractura atlántica que, al menos en este discurso, no aumentó de tamaño.

Tropas de élite, elementos anfibios y avisos de «destrucción»: todas las pistas que da Trump sobre una posible incursión terrestre en Irán

Trump juega con los tiempos en lo que tiene que ver con la guerra de Irán. Esta semana quiso dejar claro que EEUU ya ha logrado sus objetivos y da a la ofensiva «dos o tres semanas más» mientras los expertos miran al despliegue y aumento de tropas que ha hecho Washington sobre el Golfo y se dividen entre quienes creen que la Casa Blanca está «ganando tiempo» para lanzar una ofensiva terrestre sobre Teherán y quienes simplemente lo ven como una medida de presión sobre los ayatolás.»Hemos logrado un cambio de régimen. Ahora bien, el cambio de régimen no era uno de mis objetivos. Mi objetivo era que no tuvieran armas nucleares, y ese objetivo se ha alcanzado. No tendrán armas nucleares. Pero estamos terminando el trabajo, y creo que lo lograremos en unas dos semanas, tal vez un par de días más», sostuvo el propio Trump en sus últimas declaraciones, en las que repitió además que los nuevos mandamás iraníes «son mucho más razonables». Durante su discurso a la nación este miércoles, el mandatario insistió en los mismos plazos y no aclaró una de las grandes incógnitas de la acción estadounidense: la posibilidad de una invasión por tierra.En paralelo a estas palabras EEUU ha decidido enviar a 10.000 soldados más al Golfo Pérsico y está movilizando las mejores unidades, con la vista puesta en Ormuz. De hecho, miembros de los Navy Seal, Delta Force, Rangers y una brigada completa de paracaidistas llegan a las bases de la región y ya están preparando su despliegue, que según medios estadounidenses se encuentra solo a falta del visto bueno del Pentágono en caso de que la Casa Blanca decida lanzar el ataque por tierra. Desde Washington ven esto como una medida de presión para que Teherán acepte el acuerdo… o de lo contrario «desatar el infierno», según palabras del propio presidente.En este sentido, según The Wall Street Journal, el presidente baraja una incursión militar en Irán para requisar casi media tonelada de uranio enriquecido, pero los riesgos son muy altos y no hay una decisión tomada. Según los datos, en esa nueva movilización destacan por ejemplo 2.000 efectivos de 82ª División Aerotransportada de paracaidistas, histórica por su participación en el desembarco de Normandía en 1944: tal es su eficiencia que están preparados para actuar en cualquier parte del mundo en un margen de solamente 48 horas. Además, Estados Unidos también tiene preparadas dos unidades de ataque anfibio, según han ido explicando diferentes medios a lo largo de estos días.Daniel Gil, analista en The Political Room, explica a 20minutos que hay un poco de todo en la decisión de Trump: «Existe una parte de presión, pero también está el hecho de que necesita tener una alternativa» en caso de que haya una escalada. Washington en realidad está desplazando tropas «porque ahora los cazas o los anfibios en el Pacífico no le sirven», sino que tiene que contar con ellos en el Golfo, matiza el experto. «Hay una posibilidad real de incursión porque están las tropas en la zona», añade un Gil que insiste en esta doble vía: capacidad presión real también desde unas negociaciones y una posibilidad operativa que ya no es una hipótesis. «Ese es el juego en el que está ahora Estados Unidos», sentencia.Por su parte, el analista iraní Daniel Bashandeh va a más al hecho de la presión. «Podría ser una medida de presión similar a la que ocurrió durante las últimas negociaciones previas a la guerra: Trump reforzaba militarmente la región mientras avanzaban las negociaciones», expone a este medio sobre el despliegue, aunque reconoce la imprevisibilidad del presidente estadounidense.Con todo, las últimas palabras del presidente estadounidense alejan la probabilidad de una incursión terrestre -un «componente» que si defiende con ahínco el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu-. «Quieren llegar a un acuerdo más que yo», expuso sobre la situación actual con la República Islámica. Pero esto contrasta o convive con los avisos de «destruir» todo lo que queda del país, dijo, si los iraníes no llegan a un acuerdo previsiblemente antes del 6 de abril, que es cuando acaba la tregua anunciada por Trump para no atacar instalaciones energéticas.Hay una posibilidad real de incursión porque están las tropas en la zonaOtra posibilidad defendida en cierto modo por Bashandeh es que la ofensiva por tierra se limite solo al Estrecho de Ormuz. «La estrategia pasaría para lograr un desbloqueo. Está creando un contexto para centrar la atención en el bloqueo e intentar reducir la guerra a una gestión de crisis», comentó al respecto, y por eso considera que el presidente estadounidense «no puede vender solo éxito militar, necesita vender posesión y eso pasa por intentar lograr un control de Ormuz».Menos clara tiene la vía terrestre el almirante retirado de la Armada Juan Rodríguez Garat, quien explica a este medio que ese ‘asalto’ está lleno de matices. «Es posible desplegar unidades de operaciones especiales, acostumbradas a actuar tras las líneas enemigas. Es posible, aunque mucho más difícil, alguna intervención aislada en alguna isla -como el caso de Jark, que alberga grandes yacimientos de petróleo-. Una invasión no. Aunque Trump quisiera, ni siquiera ha desplegado las tropas necesarias, un proceso que tardaría al menos tres meses», sostiene. Y da en la verdadera clave: el tiempo. «Hablando de viabilidad y no de política, solo puede hacerse en las islas del Golfo Pérsico. Para ir más allá, tendría que desplegar al menos veinte veces lo que tiene previsto, y se tardarían varios meses en prepararlo», concluye el militar.Sea como sea, esa intervención no contará con los europeos y el secretario de Estado, Marco Rubio, volvió este martes a evidenciar el enfado con los aliados. «Lamentablemente, una vez que este conflicto termine, tendremos que reevaluar esa relación. Tendremos que reevaluar el valor de la OTAN y de esa alianza para nuestro país», comentó en una entrevista en Fox News. Así, dejó claro que las restricciones al uso de bases europeas -en España, pero también en Italia o Francia- hace repensar a Washington si tiene que apoyar la defensa europea. «Se trata simplemente de que tenemos tropas en Europa para defenderla, pero cuando necesitamos su ayuda, no les pedimos que realicen ataques aéreos, cuando necesitamos que nos permitan usar sus bases militares, ¿su respuesta es no?», terminó Rubio.

La guerra contra Irán en gráficos: casi 3.600 ataques y la amenaza de una crisis energética global

Una serie de bombardeos aéreos por parte de Estados Unidos e Israel para destruir infraestructura militar e institucional de Irán que han terminado por sentirse en la factura energética de todo el mundo. Así podría resumirse, a muy grandes rasgos, lo sucedido desde que efectivos … estadounidenses e israelíes decidieran lanzar de forma conjunta, el pasado 28 de febrero, la operación ‘Furia Épica’ con el fin de hacer caer el régimen de los ayatolás.
El balance que deja hasta el momento la escalada bélica en Oriente Medio es de 3.596 ataques ofensivos o en defensa propia entre las partes involucradas, al menos 1.527 civiles iraníes fallecidos (según datos de la ONG Activistas por los Derechos Humanos en Irán, con sede en EE.UU.) y más de un centenar de fallecidos fuera de las fronteras del país persa.
En el frente económico, el alza del crudo (+49 %) y del gas natural (+58,8 %) se han traducido ya en un encarecimiento del combustible en las gasolineras. En algunos países asiáticos ya se han adoptado restricciones en el consumo mientras la Comisión Europea pide a los Estados miembros medidas de ahorro ante el temor a una futura escasez de suministros.

Fuego cruzado que no cesa

Mientras EE.UU. e Israel valoran una posible invasión terrestre en Irán, los bombardeos, lanzamientos de misiles y ataques con drones entre las partes en conflicto se han mantenido en todo este tiempo. El país hebreo ha protagonizado en solitario más de la mitad (55,5%) de las ofensivas (todas ellas sobre territorio iraní) hasta este 30 de marzo, según se desprende del análisis de ABC a partir de los datos facilitados a este diario por ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project), organización no gubernamental que se encarga de recopilar información en tiempo real sobre eventos en conflictos armados de todo el mundo.

Trump amenaza con llevar a Irán «a la Edad de Piedra» y anuncia las semanas más duras de la guerra

En un discurso solemne desde la residencia presidencial, Donald Trump ha dicho este miércoles que va a devolver a Irán «a la Edad de Piedra». Esa fue la frase más cruda de una comparecencia en horario de máxima audiencia, de unos 18 minutos, concebida como … un compendio de todos los argumentos con los que ha intentado justificar la guerra contra Irán.
No ha presentado una novedad estratégica, sino una síntesis de su doctrina, pidiendo a la ciudadanía comprensión por esta misión y paciencia hasta que concluya «en unas dos o tres semanas», cuando, según ha dicho, llegarán los ataques más duros de toda la campaña. Ausentes quedaron, en cambio, las amenazas a los socios de la OTAN y su voluntad de abandonar la Alianza, con la que amagó en varias entrevistas horas antes.

Trump ha vuelto a retratar a Irán como una amenaza inminente, ha asegurado que el régimen estaba «a las puertas» de lograr un arma nuclear y ha sostenido que había acumulado un arsenal de misiles balísticos con capacidad potencial para alcanzar «el territorio continental de Estados Unidos, Europa y prácticamente cualquier otro lugar del planeta». Su tesis central ha sido que durante años se dijo que Irán no podía tener la bomba, pero que «esas son solo palabras si no estás dispuesto a actuar cuando llega el momento».

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Con esa idea, el presidente ha tratado de presentar la guerra no como una elección política más, sino como una obligación que le imponía la realidad. No ha hablado de dudas, ni de costes a largo plazo, ni de un posible desgaste interno. Ha hablado, más bien, como quien se siente llamado a terminar una tarea que, en su relato, otros presidentes dejaron pendiente. Irán aparecía en su discurso no solo como un enemigo militar, sino como una amenaza acumulada durante décadas, finalmente confrontada por un presidente dispuesto a actuar.
Para sostener que esta guerra no es otra de las largas aventuras militares que han marcado a anteriores presidentes republicanos y demócratas, Trump ha recurrido a una comparación histórica muy calculada. Ha recordado que la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial duró un año, siete meses y cinco días; en la Segunda Guerra Mundial, tres años, ocho meses y 25 días; en Corea, tres años, un mes y dos días; en Vietnam, 19 años, cinco meses y 29 días; y en Irak, ocho años, ocho meses y 28 días. Frente a todo eso, ha señalado que esta operación contra Irán lleva solo «32 días».
Con esa lista quiso transmitir que no está metiendo a Estados Unidos en otra guerra interminable, con tropas sobre el terreno, sino en una campaña breve, demoledora y, según él, cerca de completarse. Era una forma de hablarle al electorado cansado de las guerras largas, de marcar distancia con los errores de Washington en Oriente Próximo y de blindarse frente a una de las críticas más sensibles dentro y fuera de su propia base: la de estar arrastrando al país a otro conflicto sin salida clara.
A partir de ahí, Trump ha enumerado los objetivos de la operación con tono de balance militar casi triunfal. Ha dicho que Estados Unidos está «desmantelando sistemáticamente la capacidad del régimen para amenazar a América o proyectar poder fuera de sus fronteras» y ha afirmado que ya ha destruido la Armada iraní, anulado su Fuerza Aérea, castigado su programa de misiles y «aniquilado su base industrial de defensa». Lo ha presentado como una campaña destinada a dejar a Irán sin capacidad para sostener a sus milicias aliadas, sin herramientas para intimidar a sus vecinos y sin margen para fabricar una bomba atómica. «Su Armada ha desaparecido, su Fuerza Aérea ha desaparecido», ha insistido.
Todos esos son mensajes que Trump ha ido desgranando en redes sociales, comparecencias y declaraciones en los últimos días. Por eso, esta intervención, para la que bloqueó espacio televisivo en horario de máxima audiencia en las grandes cadenas en abierto y en cable, no fue tanto un anuncio nuevo como la puesta en escena más solemne y concentrada de su relato de guerra. Necesitaba una escenificación presidencial, con la solemnidad del marco institucional, para convertir una sucesión de mensajes dispersos en una doctrina coherente de guerra.
El mensaje más duro ha llegado al final, cuando ha dejado claro que la ofensiva no ha terminado. Trump ha asegurado que los objetivos estratégicos están «cerca de completarse», pero ha advertido de que «vamos a golpearles con extrema dureza durante las próximas dos o tres semanas». Ha sido la frase que, más allá de todo el envoltorio, ha dejado claro que la Casa Blanca prepara una nueva fase de la campaña y que la presión militar sobre Irán no se reduce, sino que se intensifica.
Al mismo tiempo, ha intentado mantener una rendija diplomática abierta. Dijo que «las conversaciones siguen en marcha», ha negado que el objetivo inicial fuera un cambio de régimen y ha sostenido que «el cambio de régimen no era nuestro objetivo», aunque ha añadido de inmediato que ese cambio «se ha producido porque todos sus líderes originales han muerto». La frase encerraba una de las paradojas centrales de su discurso: niega buscar oficialmente una caída del régimen, pero describe un escenario en el que ese régimen ha quedado decapitado y sustituido de hecho.
Esa mezcla de ultimátum y oferta condicionada ha recorrido toda la intervención. Trump ha afirmado que, si no hay acuerdo, Estados Unidos tiene ya identificados nuevos objetivos y ha amenazado con atacar «todas y cada una de sus plantas de generación eléctrica, con enorme dureza y probablemente de manera simultánea». Ha subrayado además que no ha golpeado todavía el petróleo iraní, «aunque es el objetivo más fácil de todos», porque eso privaría al país de cualquier posibilidad de supervivencia o reconstrucción. Ha sido una forma de presentarse no solo como comandante en jefe, sino como el hombre que decide cuánto castigo administra y cuánto margen de vida deja al enemigo.
Ese punto ha sido uno de los más reveladores de toda la comparecencia. Trump quiso exhibir poder militar absoluto, pero también control sobre la escala de la devastación. Ha sugerido que podría haber ido mucho más lejos y que no lo ha hecho todavía. En su lógica, eso no era moderación, sino dominio. La guerra, según la ha presentado, está calibrada al milímetro por Washington: suficiente para destruir, pero aún con una reserva de castigo disponible si Teherán no cede.
El discurso también le ha searvido para conectar la guerra con su relato económico y energético. Trump ha culpado a Irán de la reciente subida de la gasolina por sus ataques contra petroleros y países vecinos, ha asegurado que Estados Unidos no necesita el petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz y ha presumido de fortaleza energética con su habitual retórica de abundancia. «Tenemos de sobra», ha dicho, antes de recordar que Estados Unidos produce más petróleo y gas que Arabia Saudí y Rusia juntas y de deslizar, una vez más, que también está recibiendo «millones de barriles» procedentes de Venezuela gracias a sus políticas. El mensaje ha sido claro: la guerra, según él, no debilita la economía estadounidense, sino que la reafirma.
Ahí ha enlazado dos de sus grandes obsesiones políticas: la seguridad nacional y la autosuficiencia energética. Trump ha querido transmitir que Estados Unidos puede sostener esta guerra sin ahogarse en sus consecuencias económicas, sin depender de rutas estratégicas vulnerables y sin quedar expuesto a un chantaje petrolero. En su relato, Irán desestabiliza el mercado; Estados Unidos, en cambio, lo rescata desde una posición de fuerza, producción y abundancia.
También ha habido espacio para la dimensión emocional. Trump ha recordado a los militares estadounidenses muertos, ha evocado sus viajes a la base aérea de Dover para recibir sus restos y ha dicho lo que sus familias le pidieron: «Por favor, señor, termine el trabajo». Con esa escena ha buscado presentar la continuación de la ofensiva no como una decisión política discutible, sino como una deuda moral con los caídos. Era un recurso clásico de su retórica: convertir la guerra en una obligación sentimental, casi íntima, legitimada por el dolor de las familias.
En conjunto, Trump ha dicho que Estados Unidos tiene «todas las cartas» y que Irán «no tiene ninguna». Ha reivindicado la guerra como una inversión en la seguridad futura de Estados Unidos, ha prometido más ataques si detecta cualquier intento iraní de reactivar su programa nuclear y ha presentado la campaña como una demostración incontestable de fuerza. No ha ofrecido una salida política detallada, ni una arquitectura para el día después, ni un marco claro para medir el final del conflicto. Lo que ha ofrcido fue otra cosa: la imagen de un presidente que quiere convencer a su país de que esta guerra no será larga, que está ganada en lo esencial y que solo falta rematarla.
Ha sido, en esencia, un discurso de guerra total con una puerta entreabierta a la negociación, pero solo bajo una premisa, la de que Teherán acepte rendirse desde una posición de derrota absoluta, aunque aún no haya acabado el conflicto.

De Ucrania a Irán pasando por Groenlandia: crónica del divorcio anunciado de EE.UU. y la OTAN

En los casi 80 años de historia de la OTAN, no se había producido una situación como la que ha desencadenado Donald Trump al poner sobre la mesa la posibilidad cierta de que decida abandonar la Alianza. El desenlace de esta crisis es todavía imprevisible, … pero en todo caso ha levantado un muro de desconfianza en Europa que será muy difícil de superar.
Después de una sucesión de encontronazos, el choque más fuerte se produjo en la reunión de ministros de Exteriores del G-7 de la semana pasada en París, donde el norteamericano Marco Rubio pedía el apoyo de los europeos en Irán y se encontró con los reproches de la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas, que le exigía primero una postura más firme contra Rusia.

Kallas le recordó que, en la misma reunión del año pasado, Rubio dijo que si Moscú obstaculizaba sus esfuerzos para poner fin a la guerra, Estados Unidos perdería la paciencia y tomaría más medidas contra el Kremlin. «Ha pasado un año y Rusia no se ha movido ¿Cuándo se te va a acabar la paciencia?». Rubio contestó visiblemente irritado: «Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si creen que pueden hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos haremos a un lado». Ante semejante amenaza, los demás ministros europeos (Francia, Alemania e Italia además del Reino Unido) trataron de rebajar las tensiones e insistieron en que están a favor de que Washington continúe tratando de encontrar un acuerdo entre Ucrania y Rusia.

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Los europeos ya estaban seriamente preocupados con la actitud hacia el Kremlin de los enviados de Donald Trump, que desde el principio ponían en un plano de igualdad al invasor y al invadido. Después se constató una reducción de la ayuda militar a Ucrania, incluyendo los valiosos datos de la Inteligencia espacial. A ello se añadió la tensión en torno a la isla de Groenlandia, territorio danés que Trump codiciaba y amenazaba con anexionar, si bien finalmente se logró rebajar la tensión mediante un acuerdo para aumentar allí la presencia militar estadounidense.
Todo parecía señalar el rumbo de una confrontación entre las dos orillas del Atlántico. Pero desde la UE y la OTAN se decidió que la única posición posible era preservar la cohesión en el seno de la Alianza Atlántica porque, pese a los ingentes esfuerzos para rearmarse, los europeos dependen inevitablemente de la tecnología y la potencia de fuego de los norteamericanos. De hecho, el nuevo secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Mark Rutte, ha aceptado humillaciones inéditas para un responsable político de su altura, con el único objetivo de mantener a Estados Unidos en la organización.
Sin embargo, el equilibrio precario se rompió estrepitosamente a raíz de la incursión de Trump en la política en Oriente Próximo junto a Israel y sin haber consultado previamente con los aliados europeos. Desde Europa se le ha advertido a los norteamericanos que Rusia está ayudando a Irán a atacar bases estadounidenses, pero Washington ha respondido con indiferencia, con el argumento de que Rusia está centrada en otros asuntos. Y, cuando Estados Unidos mencionó por primera vez sus peticiones para involucrar a la OTAN o al menos a algunos países, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanzó una propuesta que parecía una broma: «Si Estados Unidos quiere que la UE se involucre en la guerra de Irán, a cambio deberían involucrarse ellos directamente con nosotros en la guerra de Ucrania». Como era de esperar, nadie respondió a esa idea.

La oposición de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido el más evidente a la hora de criticar la operación americano-israelí contra Irán, pero no el único que piensa que ha sido un error. Y, pese a ello, en el último Consejo Europeo, en el que Sánchez hubiera querido ser aplaudido, no se introdujo ninguna referencia al carácter ilegal de la operación. De hecho, ni siquiera se mencionaron críticas directas a Trump para tratar de no romper todos los puentes, al menos mientras Rusia sea percibida como una amenaza y la UE no disponga de recursos propios para defenderse con garantías.
La guerra en Irán no solo ha provocado una crisis económica innecesaria con la subida del precio de los combustibles, sino que ha ha provocado una gran ansiedad en los principales dirigentes europeos. Especialmente después de que Estados Unidos autorizara -otra vez sin consultar con nadie- la venta de petróleo ruso, de tal modo que el Kremlin puede defenderse así mejor de las sanciones económicas que debían haber empezado a minar la estabilidad financiera en Rusia.

La guerra de Ucrania, en segundo plano

En realidad, para la UE la principal prioridad sigue siendo la guerra de Ucrania pero, dado que para la Administración Trump no tiene la misma importancia, hasta los ucranianos están empezando a vacilar. Hace dos semanas, una delegación ucraniana de alto nivel visitó Miami y se reunió con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para hablar sobre el proceso de paz. A la semana siguiente, Kallas y varios de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros fueron a la localidad ucraniana de Bucha para reafirmar su apoyo.
La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, anunció este martes la adopción de las «medidas preparatorias» para poder entregar a Ucrania los 90.000 millones de euros prometidos para que pueda sostener la guerra los dos próximos años, que siguen bloqueados por el primer ministro húngaro Vikror Orbán. Aunque en Bruselas confían que las elecciones de este día 12 puedan descabalgarlo del poder, la Comisión necesita mantener al menos esta promesa para mantener su horizonte estratégico.

En plena tensión con EE.UU., Sheinbaum reemplaza a su canciller

En plena tensión bilateral con Estados Unidos, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum cambió este miércoles de canciller: despidió a Juan Ramón De la Fuente y designó al subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, como nuevo responsable de la política exterior.«El Doctor Juan … Ramón de la Fuente tomó la decisión de dejar el cargo de secretario de Relaciones Exteriores por motivos de salud. Es parte de nuestro proyecto y, cuando termine su rehabilitación, se reincorporará con nosotros en otra tarea», informó Sheinbaum en un mensaje en X.

De la Fuente es un político allegado al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo tuvo destinado como embajador ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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Velasco, por su parte, se acercó a Sheinbaum a partir de las tensiones con Estados Unidos y la acompañó en todas sus comunicaciones con Donald Trump, incluso en algunas de las que ni el ahora excanciller participaba.
El nuevo responsable de la Cancillería tiene, según fuentes diplomáticas, fuerte sintonía con el equipo del secretario de Estado Marco Rubio, concretamente con su segundo, Christopher Landau quien fue embajador en la Ciudad de México en el primer gobierno de Donald Trump.
Este vínculo es clave debido a la tensión de una relación bilateral marcada por la presión de Washington para que Sheinbaum embista contra el crimen organizado. Trump, de hecho, ha presionado en reiteradas ocasiones para intervenir militarmente en México contra los cárteles, algo que Sheinbaum rechaza.
El frente no solo es de seguridad. Hace dos semanas México y EE.UU. comenzaron a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la zona de libre mercado más pujante del mundo que integra también a Canadá.
De la Fuente, en su despedida, dijo que reconocía la capacidad de Velasco, su liderazgo y su lealtad, además de que consideró que será un gran apoyo para Sheinbaum en la conducción de la política exterior del País.
«Me da mucho gusto, de verdad, que mi amigo, un colaborador que lo ha sido muy cercano y un hombre al que todos y todas ustedes conocen, el maestro Velasco, se haga a partir del día de hoy de la titularidad de la Cancillería mexicana», indicó.
En tanto, Velasco agradeció a De la Fuente por la posibilidad de colaborar con él, primero como titular de la Unidad para América del Norte y después como subsecretario.
«Quiero decirle que ha sido un gran privilegio trabajar con usted en estos poco más de un año, que sin duda han sido los más complejos para la diplomacia mexicana en la historia moderna de México», dijo el nuevo canciller.

Herido el exministro de Exteriores de Irán Kamal Kharrazi en un ataque en Teherán: su mujer ha muerto en el bombardeo

El exministro de Exteriores de Irán Kamal Jarazi ha resultado herido en un bombardeo efectuado este miércoles sobre la capital iraní, Teherán, en el marco de la guerra desatada hace más de un mes con la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra el país asiático.En el ataque habría muerto su esposa, según ha recogido la agencia de noticias iraní Mehr, que señala a un bombardeo contra edificios residenciales de la capital por parte del «enemigo estadounidense-sionista», si bien hasta el momento las autoridades no han hecho declaraciones al respecto del suceso.El diplomático de 82 años ejerció como ministro de Exteriores durante casi una década, desde 1997 hasta 2005, y en los últimos años ha sido estrecho asesor del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, muerto en la primera jornada de ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní el pasado 28 de marzo.Las autoridades de Irán han confirmado de momento más de 2.000 muertos por la ofensiva desatada por Estados Unidos e Israel a finales de febrero, entre ellos destacadas figuras como el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, AlíLariyani; y los ministros de Defensa e Inteligencia, Aziz Nasirzadé e Esmaeil Jatib, respectivamente, así como altos cargos de las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad.

VIDA GERENTE

La SEPI propone a Ángel Simón para ocupar la presidencia de la nueva Indra

La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) ha propuesto a Ángel Simón (Manresa, 9 de noviembre de 1957) para pilotar Indra tras la dimisión de Ángel Escribano, que se ha hecho efectiva este miércoles después de catorce meses en el cargo y tras un largo pulso con el Gobierno a cuenta de la fusión fallida con EM&E. El exconsejero delegado de CriteriaCaixa entre 2024 y 2025, cargo del que fue cesado tras perder la confianza de Isidro Fainé, ha sido propuesto por el brazo inversor del Ejecutivo, que ostenta un 28% del capital de la firma del Ibex 35, según ha avanzado La Vanguardia. El de Simón era uno de los nombres que sonaban en las quinielas para suceder al directivo madrileño, junto a los de Miguel Sebastián, consejero dominical de la compañía en representación de la SEPI, o Raül Blanco, actual director de Estrategia de Sapa y expresidente de Renfe. Pero Simón también sonaba para liderar el fondo soberano ‘España Crece’ que prepara el Gobierno. Finalmente, el elegido ha sido un directivo que con anterioridad fue también presidente de Aguas de Barcelona (Agbar) entre 2018 y 2024 y vicepresidente de Veolia Suez para Iberia y Latam entre 2018 y 2022. Simón ejerció, además, como gerente de la Mancomunidad del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y gerente general de la Empresa Metropolitana de Obras Sanitarias (Emos). En el año 2020, en plena pandemia de coronavirus, Foment del Treball le nombró Empresario del Año. Ángel Simón es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).El relevo en la presidencia de Indra llega tras el pulso que han mantenido desde hace días los hermanos Escribano y el Gobierno que, a través de su brazo inversor, intervino en la fusión en marcha con la empresa familiar. Un pulso que afectaba a la principal compañía nacional del sector de la Defensa, en un momento crítico para la industria, que se juega miles de millones de euros en contratos a raíz del incremento de gasto proyectado por la Unión Europea.El choque entre ambas partes deriva del malestar en el seno del Gobierno porque Indra fuera a Integrar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), grupo de la que es copropietario el citado Ángel Escribano, dando lugar a la creación de un gigante de la defensa europea. Esta operación no ha gozado del respaldo de Moncloa, desde el que alegaban conflicto de interés y se escudan en que no tenían conocimiento previo en el momento que se produjo el nombramiento de Ángel Escribano como presidente, designado por el propio Ejecutivo. La salida del directivo se produce después de dar marcha atrás a la fusión de la empresa que lidera junto a su hermano, Javier Escribano, con Indra, zanjando de raíz cualquier posible conflicto de interés. La situación ha penalizado a la compañía en bolsa, que pierde más de un 22% en bolsa desde el estallido de la crisis a mediados de marzo, que se traduce en casi 2.000 millones de euros menos de valoración, hasta los 8.600 millones. El mercado ha castigado a este valor en unas semanas marcadas por la injerencia política. Con los últimos movimientos, el consejo de administración busca cerrar esta crisis y abrir una nueva etapa en un momento álgido para el sector de la defensa. Durante la presentación de los resultados anuales anticiparon la expectativa de superar los 7.000 millones de facturación al cierre de 2026, cuando culmina su plan estratégico, así como la meta de obtener un beneficio de 700 millones y un flujo de caja libre de más de 375 millones. 

La guerra en Irán dinamita la entrada de dinero a los fondos de inversión españoles y rompe una racha de 64 meses

Los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán han desatado una ola de volatilidad en los mercados financieros. La bolsa española no ha sido una excepción, arrastrando al Ibex 35 a vivir su peor mes en casi cuatro años y su mayor caída para un tercer mes desde la pandemia de Covid-19. Como consecuencia, las entradas de dinero a los fondos de inversión rompen una racha de 64 meses consecutivos al alza. Ni el conflicto en Ucrania ni la guerra arancelaria consiguieron frenar la llegada de flujos que se venía registrando ininterrumpidamente desde octubre de 2020 y que ha finalizado este marzo, computando una inversión de 127.325 millones, según el avance provisional publicado por Inverco este miércoles. En este sentido, los reembolsos netos -la diferencia entre el dinero que entra y sale- ascienden a 751 millones. No obstante, el patrimonio disminuyó en 11.983 millonees, un 2,6% menos en comparativa interanual, situándose en 435.127 millones, como consecuencia tanto a la caída registrada en las bolsas como a los reembolsos contabilizados en el mes, marcado por un entorno de elevada incertidumbre geopolítica. Pese a ello, el patrimonio acumula un incremento de 2.271 millones, equivalente al 0,5%, en lo que va de año. Los fondos monetarios, enfocados en deuda a corto plazo, figuran como la única categoría que salda marzo en positivo con un aumento patrimonial de 24 millones (0,1%), gracias a la mayor rentabilidad, que permite compensar las salidas de dinero. En términos absolutos, los mayores descensos se contabilizan en los fondos de renta variable internacional (4.509 millones) debido en exclusiva a los ajustes en sus valoraciones por efecto de mercado, pues el conjunto de esta categoría experimentó flujos de entrada positivos. En el mismo sentido, los fondos globales experimentaron un descenso de 2.401 millones debido a los reembolsos y rentabilidad negativa, mientras la renta fija cae en 1.914 millones tanto por las pérdidas sufridas como por las retiradas de dinero. En la misma línea, los mixtos registraron un descenso en su volumen de activos de 1.873 millones, siendo de mayor intensidad en aquellos con mayor peso de la renta variable. De hecho, los vinculados a la evolución de los índices españoles son los que más sufren (-10,5%), en línea con la evolución de los mercados bursátiles.Entre enero y marzo, los fondos mantienen un volumen significativo de suscripciones netas positivas, que superan los 5.129 millones, reflejando la continuidad del interés inversor en este tipo de vehículos. Todo ello a pesar de las pérdidas medias del 0,6% que sufren en estos primeros tres meses y que se ve agravada por la rentabilidad media negativa del 2,4%. Este cambio podría suponer un bache si se confirma el fin de la guerra en Irán. En cambio, de continuar el conflicto, la inflación se resentiría aún más ante la subida de los precios energéticos, empujando al Banco Central Europeo (BCE) a reconsiderar las subidas de los tipos de interés antes de lo esperado y a la Reserva Federal (FED) a pausar cualquier posible bajada en el precio del dinero. 

Las bolsas europeas se disparan y el petróleo cae a plomo tras el anuncio de Trump sobre la guerra

Jornada de movimientos intensos en los mercados financieros. Las bolsas europeas afrontan el miércoles con fuertes subidas, mientras el precio del petróleo se hunde más de un 12% para volver a cotizar sobre los 103 dólares después de cerrar ayer sobre los 118 dólares el barril. El motivo son las últimas declaraciones de Donald Trump, que apuntan a una resolución del conflicto. Según el presidente americano, que tiene previsto comparecer esta madrugada (en España) la guerra finalizaría en dos o tres semanas. Este comentario dio lugar a una sesión de fuerte rebote en Wall Street, que ha servido también de empuje para las bolsas asiáticas. El Ibex 35 se dispara un 2,7% y recupera la cota de los 17.500 puntos con prácticamente todos sus valores en verde, liderados por constructoras, banca y energéticas. Entre los más alcistas se sitúan ACS (+5,1%), Sacyr (+4,6%), ArcelorMittal (+4,6%) e IAG (+4,5%). Dentro del sector bancario destacan Banco Santander (+4,2%), Unicaja Banco (+3,4%) o CaixaBank (+3,6%). Solamente Repsol experimenta caídas (-2,7%) arrastrado por el crudo. El avance del selectivo español es similar al de otros grandes índices europeos: el MIB de Milán se anota un 2,8%, el Dax de Fráncfort sube algo más del 2,1%, el CAC40 de París se revaloriza un 1,6% y por debajo de ese nivel se revaloriza el FTSE 100 de Londres (+1,7%). En el mercado de materias primas, el Brent se mueve en el entorno de los 103 dólares por barril, al tiempo que el crudo ligero estadounidense West Texas Intermediate (WTI) cotiza también con fuertes caídas desde los 100 dólares. La posibilidad de un final del conflicto da algo de oxígeno al oro, que recupera sólo una pequeña parte del terreno perdido las últimas jornadas. La onza se revaloriza más del 1,8% hasta los 4.763 dólares, si bien cotiza todavía un 11% por debajo de sus máximos del año, que tocó en los 5.354 dólares. Este miércoles el euro recupera algo de valor frente al dólar, en 1,15 unidades, mientras que la prima de riesgo española, el sobrecoste que los mercados exigen a país con respecto a Alemania por emitir deuda, se rebaja hasta los 47 puntos básicos. Las trabas para la paz en Oriente Próximo»No descartamos tampoco que Trump dé la guerra por concluida aun sin acuerdo, afirmando que ya ha conseguido sus objetivos (que Irán no tenga armas nucleares)», sostienen desde Renta4, e inciden en que para el mundo, la clave está en que se reabra el Estrecho de Ormuz. Hoy todas las miradas estarán puestas en el discurso a la nación que dará el jefe de la Casa Blanca. Esta noche drones iraníes han seguido atacando esta madrugada infraestructuras energéticas de países del Golfo Pérsico, concretamente tanques de combustible en el Aeropuerto Internacional de Kuwait. Además,  el gobierno de Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha declarado que está listo para ayudar a EEUU y otros aliados a abrir el estrecho de Ormuz por la fuerza, al tiempo que diplomáticos emiratíes han instado a EEUU y a las potencias militares de Europa y Asia a formar una coalición para abrir el estrecho por la fuerza. «Todo ello indica que, si bien parece que las cosas marchan por el buen camino en lo que hace referencia a alcanzar un posible alto el fuego en la región, todavía queda mucho por hacer», añaden desde LinkSecurities. 

La guerra de Irán empuja al petróleo a su mayor subida mensual de la historia

Cuando marzo se despida en apenas unas horas, el barril de Brent, el petróleo de referencia para Europa, habrá registrado su mayor subida mensual de la historia. Si nada lo remedia, se habrá encarecido alrededor del 63% desde que el 28 de febrero Estados Unidos e Israel iniciaron con sus ataques el conflicto para superar los 100 dólares, un nivel que si se mantiene en el tiempo puede resultar dañino para muchas economías por su impacto en los precios de la cesta de la compra.Este martes el Brent cotiza por encima de 118 dólares, un nivel que no tocaba desde junio de 2022. Para encontrar un alza similar del ‘oro negro’ hay que remontarse a principios de ese mismo ejercicio, en plena invasión rusa de Ucrania. Entonces, el barril de Brent se disparó cerca del 58% pero necesitó varios meses para ello, desde enero hasta mayo, ambos incluidos. En esa horquilla temporal escaló de los 77,78 dólares a los que cerró el año 2021 hasta los 122,84 a los que despidió mayo. La crisis energética ya había empezado unos meses antes y el estallido del conflicto agravó el aumento de precio de la materia prima en el mercado mundial, del que Rusia era el tercer productor por detrás de Estados Unidos y Arabia Saudí, con cerca del 11% de la cuota global. Por entonces, bombeaba entre 10 y 11 millones de barriles diarios, frente a entre 9 a 10 actualmente. Con anterioridad a esta situación, la pandemia de coronavirus provocó una fuerte subida del precio del petróleo en mayo de 2020, del 39,8%, según Bloomberg, que sólo tendría dos precedentes similares en mayo de 2009, en plena crisis financiera internacional, cuando se incrementó un 29% hasta 65,5 dólares; y en septiembre de 1990, cuando fue del 46%, en un contexto convulso a nivel global en el que el cártel de la OPEP y otros países productores decidieron aplicar un recorte drástico de la producción -de 2,1 millones de barriles diarios-. Aquella medida impulsó el barril de los 10,9 a los 15,24 dólares. Los mensajes contradictorios de Trump sobre la guerraEn el contexto actual, los mensajes contradictorios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generan todavía más incertidumbre, dado que por un lado habla de avance en las negociaciones con Irán -asegura que ese país está dejando pasar por el estrecho de Ormuz un mayor número de petroleros- y por otro sigue amenazando al régimen de Teherán con la destrucción de plantas eléctricas.Según The Wall Street Journal, Trump habría comentado a sus asesores que estaría considerando poner fin a la guerra con Irán, incluso sin un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz. Según el diario, el mandatario dejaría ahora que sea la diplomacia, concretamente de los países del Golfo Pérsico y de los aliados europeos, la que logre convencer a Teherán para que reabra el estrecho. Trump daría por bueno el resultado del conflicto, al haber debilitado militarmente a Irán, y no estaría por la labor de que la guerra dure mucho más, algo que ocurriría si EEUU intentara reabrir Ormuz a la fuerza. «Como viene siendo la norma, todas estas noticias/filtraciones habrá que tomarlas con mucha prudencia ya que, en cualquier momento, el mensaje puede cambiar radicalmente», sostiene Juan J. Fernández-Figares, de LinkSecurities. En cualquier caso, «el conflicto reaviva las preocupaciones en torno a los precios de la energía, especialmente relevantes para Europa y sus perspectivas de inflación», recuerda Raphaël Thuin, desde la gestora Tikehau Capital.La tensión sobre el oro negro se ha agudizado después de que el mandatario haya pedido a sus aliados que se encarguen de tomar la vía marítima de Ormuz por la fuerza o compren petróleo a Estados Unidos. «Todos esos países que no pueden conseguir combustible para aviones por culpa del estrecho de Ormuz, como el Reino Unido, que se negó a participar en la decapitación de Irán. Tengo una sugerencia para ustedes: número uno, compren a EEUU, nosotros tenemos en abundancia; y número dos, reúnan ese coraje tardío, diríjanse al estrecho y simplemente TÓMENLO», ha escrito. Desde Irán, por su parte, la Guardia Revolucionaria ha amenazado con atacar empresas tecnológicas estadounidenses que operan en Oriente Próximo y ha recomendado a los empleados y a las personas que viven en las cercanías a evacuar de inmediato. «Dado que el elemento principal en el diseño y seguimiento de objetivos terroristas son las empresas estadounidenses de TIC e IA, de ahora en adelante, estas instituciones principales serán nuestros objetivos legítimos», recoge un comunicado difundido por la agencia de noticias iraní Tasnim. Un petróleo por encima de 100 dólares al menos hasta julioLas previsiones apuntan a que el precio del petróleo podría seguir subiendo. En concreto, se mantendría por encima de los 100 dólares al menos hasta julio. El motivo es que, si bien las conversaciones de paz con mediadores están en marcha, se mantiene el ultimátum del 6 de abril fijado por el presidente Trump para que Irán acepte un acuerdo o se exponga a ataques sobre su infraestructura energética, ante los que previsiblemente respondería. El impacto trasciende al petróleo, en opinión de Anthony Willis, experto de Columbia Threadneedle Investments, quien advierte de que «las disrupciones en el suministro de gas, helio, amoníaco y urea afectan al conjunto de las materias primas, con implicaciones directas sobre la producción de fertilizantes y, en consecuencia, sobre los precios de los alimentos».

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