Europa ya nota los efectos de la guerra en Oriente Próximo. Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán han provocado un incremento de precios de seis décimas, impulsando el IPC de la región de la moneda única al 2,5% en marzo, el incremento más alto desde enero de 2025. El encarecimiento de la energía con la cotización del petróleo y el gas desbocada, presionan al índice tras dispararse un 4,9% en tasa interanual. De hecho, el componente de la energía es la única categoría de productos que repunta con respecto a febrero, cuando experimentó un retroceso del 3,1%, según el avance publicado por Eurostat. De su lado, los alimentos frescos subieron un 4,1%, medio punto porcentual menos que en febrero. Los datos publicados este martes arrojan cómo las tensiones vienen sobre todo por la energía y los alimentos frescos, que pasan del 3,6% al 4,1%. En contraste, los servicios suben de precio, pero lo hacen en menor proporción, -3,2% frente al 3,4%-. La subida de la alimentación preocupa porque afecta a los hogares de menor renta, dado que son los que tienen que dedicar un mayor porcentaje de ingresos a gastos básicos. De extenderse, las tensiones pueden derivar en un incremento de los combustibles que encarezca el transporte de este tipo de productos, factor que acabaría repercutiendo en los consumidores. En este contexto, la tasa subyacente, que excluye los alimentos frescos, la energía, el tabaco y el alcohol, creció pero lo hizo dos décimas por debajo de lo registrado en el segundo mes del año, hasta el 2,3%, frente al 2,5% del mes precedente. Estas cifras han alimentado la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) cambie de marcha con los tipos de interés y retome las subidas. La presidenta del organismo, Christine Lagarde, mostró su disposición a dar un giro en su política monetaria, aunque siempre que los datos respalden su actuación. «La indecisión no nos paralizará», comentó para dejar entrever que no cometerán el mismo error que en 2022, cuando no movieron ficha hasta que la inflación se disparó al 10%. En su última reunión, el organismo optó por mantener el precio del dinero en el 2% por sexta vez consecutiva, si bien se vio obligada a revisar al alza las previsiones de IPC para este año y a empeorar la cifra de crecimiento. En concreto, su cálculo de inflación para este año se eleva siete décimas hasta el 2,6% y rebaja tres décimas el de PIB hasta el 0,9%. Eso, en su escenario central, porque en el más severo -si la guerra se alarga y el estrecho de Ormuz sigue bloqueado- la inflación se dispararía hasta el 4,4% y la economía prácticamente se estancaría al crecer solo un 0,4%. El IPC se dispara en España al 3,3%A nivel agregado por países, en el caso de España cerró marzo en el 3,3%, frente al 2,3% de febrero y el 2,2% de hace un año. Esto le sitúa como uno de los países de la región de la moneda única en el que más ha aumentado el coste de la vida durante las últimas cuatro semanas. El avance es incluso superior en Irlanda (3,6% frente al 1,8%), Luxemburgo (3,8% vs. 1,6%) o Francia (1,9 vs. 0,9%). Por el contrario, modera los ascensos en Bélgica (2% vs. 3,6%), Bulgaria (2,6% vs. 4%) o Italia (1,5% vs. 2,1%). En el caso de Alemania y Francia, el encarecimiento es de cinco y diez décimas, respectivamente, hasta el 2,8% y el 1,9%. Hay que tener en cuenta que las consecuencias derivadas de la tensión en Oriente Próximo dependerán de la intensidad y la duración del conflicto, pero también de la propagación, concretamente de los efectos de segunda ronda. No obstante, el mayor riesgo a corto plazo se concentra ahora en el impacto «significativo» que tendrá en la inflación la escalada de los precios del petróleo y del gas, así como en sus efectos en los precios del consumidor y la economía. Marzo de 2026 será recordado en el mercado petrolero por registrar la mayor subida mensual de su historia, con crecimientos que rondan el 50% tanto en el Brent como en el West Texas.