Ucrania es un país de veteranos que todavía afronta una guerra sin final a la vista. Aquellos civiles sin experiencia militar en 2022 son ahora soldados u oficiales curtidos en batalla. Sobre sus hombros cayó el mayor peso en la defensa del país. Miles … de personas tomaron esta decisión de forma instintiva e impulsiva durante los primeros compases del conflicto. Pocos pensaron en el coste personal.
Las ambiciones de una rendición rápida prevista por el Kremlin se hicieron añicos gracias a los que se alzaron en armas entonces. Pelearon por una retaguardia que aguanta en 2026 mientras los combates feroces se alargan por quinto año. Durante este tiempo muchos militares ya han emprendido el camino de vuelta a la vida civil. Pero su lucha no termina en el frente. Después toca lidiar con lo vivido y lo perdido. Nadie es el mismo tras conocer la guerra.
Los millones de fragmentos de esta resistencia nacional recorrerán para siempre los recuerdos punzantes de sus protagonistas. Maxim Stefanovsky, Oleksandr Khvorovstyna y Vladislav Olikseychuk son veteranos de un conflicto en constante cambio. En sus propias carnes sintieron la importancia de sentirse acompañados por sus semejantes cuando colgaron el uniforme. Por ello fundaron la organización Cuerpo de Veteranos de Ucrania. Su misión es ayudar a los que, como ellos, retornan después de experimentar la violencia bélica. Un capítulo vital extremo que define quienes son ahora.
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Miriam González
«Te sientes como una persona diferente. Has visto demasiadas cosas: personas muertas, cadáveres de los rusos y de tus propios compañeros», apunta Maxim con un tono sosegado. «No es normal coger una bolsa, meterse en una trinchera, recoger los restos de un camarada y sacarlos para, digamos, poder enterrar algo». Escenas viscerales se repiten en de manera recurrente en su interior, explican los tres.
Adentrarse en el abismo de la guerra y seguir vivo para contarlo conlleva plantearse en la centralidad de la propia existencia humana. «En el momento en el que llegas al Ejército sientes que la vida no vale nada, ni la tuya ni las de los que rodean», apunta Maxim. Esta percepción nace cuando uno ha sido testigo de que «un proyectil puede caer a tu lado sin alcanzarte y a la vez romperte los órganos internos. Se genera un cortocircuito, la persona muere y se pone pálida».
Veteranos entre civiles
La invasión rusa a gran escala impuso una fractura social que aleja combatientes y el resto de sus compatriotas. Especialmente clara entre los varones. Las vacaciones o el descanso se reducen o no existen porque las colas de voluntarios se extinguieron hace tiempo. No hay reemplazos. Y eso, entre otras muchas cuestiones, genera una fricción profunda. Los tres veteranos destacan la necesidad de una adaptación mutua entre el Ejército y la sociedad.
Vladislav reconoce que justo después de volver no le gustaba cruzarse con ningún hombre civil. «Me molestaba la preocupación de la gente por el TSK [los encargados de reclutar]; lo que era un castigo para ellos, para mí es heroísmo. Es muy complicado asumir ese doble paradigma cuando regresas», sostiene. «Y en ese preciso momento piensas también que fuiste un tonto al servir. Tienes la sensación de que esta persona ya es tu enemigo. Sientes odio».
Los primeros seis meses son los mas complicados debido a un bloqueo interno. Lo más importante es saber que reconocer esta necesidad de reparación personal.
«La relación con los que han perdido al alguien, especialmente las viudas, es realmente difícil. Te miran pensando que tú volviste y los suyos no»
Vladislav Olikseychuk
Veterano de la guerra de Ucrania
En cuestión de pocas horas un combatiente puede pasar de la furia de primera línea a la calidez de un tranquilo restaurante en Kiev. La vida en la capital se sucede con la mayor normalidad posible ante la circunstancia general de guerra y bombardeos. Y en este escenario a los veteranos les toca gestionar el contacto con la sociedad por la que se han sacrificado. «Cuando llegas como veterano, todos piensan que eres fuerte, incluso si te falta un brazo o una pierna. La gente simplemente no lo entiende», señala Maxim.
Un estudio de Rating Group de finales de 2025 revela que un 30% de los veteranos sienten que la sociedad no los respeta. Además, un 58% de los antiguos combatientes consideran que sus paisanos no están informados sobre sus problemas y necesidades.
«Hay quienes te respetan. Otros quizás nos culpan por no haber terminado la guerra todavía», explica Vladislav. «La relación con los que han perdido al alguien, especialmente las viudas, es realmente difícil. Ellos te miran pensando que tú volviste y los suyos no».
Oleksander interrumpe un momento el relato de su compañero para resaltar el efecto contrario y más positivo. «Muchas de las mujeres que perdieron sus maridos, o los familiares de los caídos son los que más trabajan y se preocupan por nosotros», añade.
Las culpas
Para los veteranos de Ucrania no es posible desconectarse de una guerra en marcha. Sus compañeros de armas siguen allí, luchando. A menudo reciben las peores noticias desde el frente. «Cuando te llaman para contarte que algunos de tus hombres han muerto piensas: ¿Quién es el culpable? Te informan con si todavía fueses el comandante, pero tu ya no estás. En ese momento solo quieres beber alcohol solo o como mucho con alguien que te comprenda» admite Vladislav. «Por otro lado, hay que afrontar también un cierto resentimiento por parte de tu familia que de alguna manera se ha sentido abandonada por tu partida».
«No es normal coger una bolsa, meterse en una trinchera, recoger los restos de un camarada y sacarlos para, digamos, poder enterrar algo»
Maxim Stefanovsky
Veterano de la guerra de Ucrania
Esto es lo que se denomina la «herida moral». Según un estudio publicado en 2023 por la Revista Europea de Psicotraumatología, muchos excombatientes experimentan culpa, ira, o pérdida de confianza cuando consideran que han quebrado sus valores éticos. Buscan, por ejemplo, la razón de por qué ellos siguen vivos y sus compañeros no.
Un amigo de Maxim está desaparecido desde hace 3 años. Su mujer piensa que todavía puede volver y dejó una hija de la misma edad que la suya. «Intento comportarme como si fuese algo parecido a un padre. Le compro regalos. Mi propia hija lo ha notado y se enfada porque cree que le presto más atención a su amiga. Yo lo hago porque en el fondo me siento culpable», confiesa.
Abordar el futuro
El Cuerpo de Veteranos de Ucrania o el proyecto Veteran Snae (Un veterano sabe) de Mijail Karabut, militar del Tercer Cuerpo de Ejército, son tajantes: queda mucho por hacer.
El Instituto de Investigación para la paz de Oslo estima que unos cinco millones de personas entre veteranos y familiares –un 10% de la población ucraniana– necesitarán apoyo para la reintegración al final de la guerra.
«El apoyo estatal a los veteranos debería ser claro y comprensible. Actualmente, el estatus de veteranos se asocia a un beneficio para los servicios públicos y el transporte en metro. No debería ser así. Necesitamos resolver problemas críticos de vivienda, educación y empleo», explica Karabut.
Maxim, Vladislav y Oleksander ponen el foco en el retorno de los miles de ucranianos que pasarán su juventud en guerra. Ellos necesitarán desarrollarse y aprender de nuevo a habitar la vida civil. De estas generaciones bélicas saldrán los próximos líderes del país en el vivirán sus hijos.
El Cuerpo de Veteranos de Ucrania ya ofrece una gama de herramientas bajo el programa ‘Gracias por su servicio’. Deportes, cursos de idiomas como el español y un espacio de alivio donde recargarse de energía. Pero el reto es inmenso, reconocen desde la organización. «La tarea principal es hacer políticas para evitar las peores consecuencias, y esto hay que hacerlo ya, no dentro de 10 años».