Eran viejos rivales que se enfrentaron en la guerra civil de Siria y, por esos vaivenes de la diplomacia, ahora parecen amigos. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, recibió este miércoles en el Kremlin al líder interino sirio, Ahmed al Sharaa, el … antiguo yihadista que derrocó en diciembre de 2024 a su hombre en Damasco, el dictador Bashar al Assad, exiliado precisamente en Moscú.
Con ese turbulento pasado entre ambos, pero también con pragmatismo ante las nuevas realidades de la escena internacional, el principal asunto que ambos dirigentes trataron fue la continuidad de las bases rusas en territorio sirio. Su presencia se remonta al régimen de Al Assad, que fue el mayor aliado de Moscú en el este del Mediterráneo.
Antes de la reunión entre Putin y Al Sharaa, el secretario de Prensa de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, ya lo avisó: «No me cabe duda de que todos los temas relacionados con la presencia de nuestras tropas en Siria también se tratarán en las negociaciones». Además, Peskov destacó que «tenemos muchos temas que podemos abordar y discutir. Y espero que los discutamos en detalle durante nuestra reunión y que esta sea fructífera».
Sobre la mesa estaban las bases militares rusas de Jmeimim, Tartús y Qamishli. Según informa la agencia Afp, Rusia retiró esta semana sus fuerzas y armamento del aeropuerto de Qamishli, en la zona autónoma kurda del noreste de Siria. Moscú había desplegado sus fuerzas allí a finales de 2019, en virtud de un acuerdo con Turquía.
Las fuerzas kurdas aún controlan Qamishli, pero han sufrido un importante revés en las últimas semanas frente al Ejército sirio, al que han tenido que ceder zonas extensas del norte y noreste de Siria.
Rusia sigue conservando otras dos instalaciones militares en el país: la base aérea de Jmeimim, situada junto al aeropuerto de Latakia, y la base naval de Tartús, en la costa del Mediterráneo.
Damasco, por su parte, está interesado en tener buenas relaciones con Rusia y poder extraditar a Bashar al Assad, protegido del Kremlin y residente en Moscú.
Esta es la segunda vez que Putin recibe al presidente interino sirio, con quien ya se reunió el pasado 15 de octubre. En aquella ocasión, el principal tema de conversación fue el reinicio de las relaciones entre Damasco y Moscú.
Aunque no hubo declaraciones públicas ni de Al Sharaa ni de Putin sobre la presencia militar rusa, ambos mostraron unos gestos de cordialidad que prueban su buena relación, al menos aparentemente.
Antiguos enemigos
Putin apreció los intentos de restaurar la integridad territorial de Siria. «Quiero felicitarlo por el impulso que está adquiriendo este proceso. Siempre hemos abogado por la restauración de la integridad territorial de Siria», expresó. Además, celebró el estado de las relaciones entre ambos Estados. «Hemos logrado mucho en el restablecimiento de nuestras relaciones interestatales. También hemos logrado impulsar la cooperación económica», dijo Putin.
Por su parte, el invitado al Kremlin aseguró que no hay páginas negras en las relaciones entre ambos países desde el reconocimiento a su independencia. «En todos estos años, nunca ha habido páginas sombrías a nivel interestatal. Pero ahora, en las nuevas realidades, gracias, entre otras cosas, a sus esfuerzos, las relaciones entre Siria y Rusia se están desarrollando», afirmó.
Al Sharaa también valoró positivamente el rol de Moscú en la región. «Rusia desempeña un papel histórico en la cuestión de lograr la unidad y la estabilización de la situación, no solo en Siria, sino también en la región en su conjunto», aseveró. Rusia ha tenido importantes aliados en esta zona desde hace décadas, siendo los más relevantes Siria e Irán.
«Gracias, entre otras cosas, a sus esfuerzos, las relaciones entre Siria y Rusia se están desarrollando»
Ahmed al Sharaa
Líder interino de Siria
A tenor de Afp, la visita del presidente sirio se produce en medio de temores de los europeos y estadounidenses a que los yihadistas vuelvan a tomar terreno en Siria, sobre todo los de Daesh (Estado Islámico). Rusia fue un aliado clave de Al Assad durante la sangrienta guerra civil de 14 años y lanzó bombardeos en zonas de Siria controladas por los rebeldes y las fuerzas islamistas, incluida la facción de Al Sharaa. El derrocamiento de Al Assad asestó un duro golpe a la influencia de Rusia en la región.