La fiesta -sobria y nada pomposa- está fijada en Bari el próximo 4 de septiembre. El fermento será político, salvo algunas pinceladas musicales para celebrar que el ejecutivo italiano -liderado por Giorgia Meloni- ya es el más longevo de la República. Apunta a … una demostración de potencia y solidez de partido, un hacer ver que Hermanos de Italia sigue siendo la fuerza popular y atractiva que mordió la historia del ‘belpaese’ (forma poética de referirse a Italia) hace ya cuatro años, y que aspira a restar en Palazzo Chigi hasta, al menos, 2027. Las legislativas están a la vuelta.
Sin ir demasiado lejos, no ha sido un mes sencillo para la premier italiana, envuelta en un frenesí de emociones. Por un lado, su enfrentamiento a Sánchez por el tema Ceuta; por el otro, el adelantamiento al gobierno Berlusconi II (1.412 días de duración, entre 2001-05) para colocarse en primera línea de perdurabilidad. Un botín, un orgullo que aprovechará para orquestar la estrategia de su discurso en vistas al final de mandato.
Todo en un evento organizado en gran parte por los militantes de Gioventù Nazionale, y donde también acudirán Ignazio La Russa (presidente del Senado) y los números dos del ejecutivo conservador: Matteo Salvini y Antonio Tajani, últimamente envueltos en fricciones sobre las ínclitas carpetas de seguridad, defensa, fondos SAFE y Monte dei Paschi de Siena.
Aunque esto crea una cierta aprensión, la escaleta está clara -pues- para alguien que ya mira por el retrovisor otros mandatos duraderos que también alcanzaron la mayoría de edad, como el Berlusconi IV (1.287 días), Craxi I (1.093), Renzi (1.024), Prodi I (886) o Moro III, con 852 días repartidos entre 1966-68. Arropada por este pequeño éxito, Giorgia Meloni tiene previsto tocar puntos capitales y candentes, como el intento de mitigar el impacto económico en asuntos energéticos (subida de precios carburante), además de una posible reducción de impuestos en autónomos, tema clou sobre el que podría pivotar la próxima ley de presupuestos, aún virgen y con el folio en blanco, pero con muchos focos puestos ahí.
«Estamos orgullosos de estos cuatro años. Comenzamos reduciendo la cuña fiscal. Después, hemos recortado en impuestos hasta treinta y tres mil millones. En veinte años, por vez primera se invierte en el valor del poder de compra (frente a la inflación). En temas de empleo, durante esta legislatura hemos creado casi un millón trescientos mil puestos de trabajo más. El índice de paro está por debajo de la media europea, fijada en el 6%…», desgrana, para ABC, Marco Osnato, presidente de la Comisión Financias y responsable del departamento económico FDI, un partido robusto, estable y compacto que ha conseguido erigirse en la piedra angular de un gobierno que apuntaba a exprés en las primeras encuestas. Algunas, le dieron seis meses de vida, quizás movidas por voces que lo asociaban al neofascismo (cuando ganó las elecciones, la revista italiana Internazionale abrió con una bota militar nazi en portada). Así lo resumió siempre el historiador italiano Renzo de Felice, factótum en sombras negras: «Cuando no se comprende el Fascismo, cualquier cosa es susceptible de serlo». Esto tampoco fue una excepción.
Revertir la situación
El récord que batirá el próximo 4 de septiembre será, en realidad, el último de tantos conseguidos hasta ahora. Y es que hasta Giorgia Meloni, ningún gobierno en la historia de la República estaba regido por una mujer. Además, supone el primero en el cual la derecha italiana manifiesta directamente su presidente del Consejo.
Newsletter
Una argucia total para revertir algo prácticamente imposible, y que le aleja de convertirse en el enésimo gobierno víctima y rehén de su propia ley electoral: histórico bicameralismo perfecto que implica la necesidad de negociar el nombramiento de miembros de su gabinete con los partidos que representan la mayoría. En muchos casos, acuerdos rápidos -sin contrapartidas exageradas- para sobrevivir sin solvencia. Con pies de barro. Así lo explica siempre el histórico periodista Alessandro Sallusti, director de ‘Libero’. «Nuestra unidad fue obra y gracia de los Mil de Garibaldi, no del pueblo. Hasta entonces teníamos estados, reinos, divisiones culturales y políticas que todavía existen. Se creó el Comité de Liberación Nacional para evitar otro Fascismo y así fraccionar el poder. Eso ha traído cambios de partido en gobiernos cosidos con alfileres». En algunos casos prematuros, cortos y pocos sólidos. También longevos, aunque con serios problemas de identidad ideológica.
Desde la II Guerra Mundial, Italia tuvo setenta gobiernos con una media de 400 días en el poder cada uno
Solo por citar un ejemplo, la presidencia de Craxi en 1983 supuso el primer Gobierno laico de las últimas décadas. Lo forjó en coalición con los democristianos. Se formó el famoso pentapartido. El esbelto CAF: Craxi, Andreotti, Forlani. Dos democristianos y un socialista, y con ellos republicanos y liberales, que entraron dentro de esta receta de sopa mixta casi imposible de descifrar y etiquetar. Era un cubo de Rubik.
Así, asiduamente hasta la llegada de Giorgia Meloni al poder para, de alguna manera, revertir la situación. Dotando Italia de mucha más credibilidad en el panorama internacional, muy seductora -además- para inversores externos, quienes ya no divisan la nación de la bota sujeta a gatillazos políticos o jeroglíficos indescifrables que componen su libro: desde la II Guerra Mundial, Italia tuvo setenta gobiernos con una media de 400 días en el poder cada uno. Todo un récord (negativo) en Occidente, donde Alemania, por ejemplo, contabilizó tan solo 24. Lo más exagerado en este sentido fue la DC de múltiples cabezas (Moro, Del Gasperi, Andreotti…), capaz de gobernar de 1947 a los noventa, aunque con nueve fracciones contrapuestas.
Dossier migraciones
«Imposible describir lo orgullosos que nos sentimos por devolver a Italia esta ansiada estabilidad. Supone ventajas en muchos sentidos… Economía, a nivel político internacional, identidad, sentido de pertenencia… En lo que a mí respecta, el dossier migratorio, decir que hemos reducido el 50% (respecto al curso anterior) el número de llegadas y desembarcos de inmigrantes irregulares. Es significativo. Trabajamos interna y externamente, tanto con la presidenta del Consejo como el titular del dicasterio de Interior (Matteo Piantedosi). Hemos aumentado las repatriaciones ostensiblemente, y esto es clave para este gobierno», afirma Sara Kelany, responsable de inmigración del ejecutivo Meloni.
Un partido, sí, que se asoma a la sureña Bari con las líneas de ruta perfectamente cinceladas, y esa autoestima que la eleva como líder total y absoluta, secular ya, de la historia democrática de la República, nacida en junio de 1946 tras un referéndum institucional. Sí, por delante de monstruos sacros como Il Biscione, Mario Draghi (12º más longevo, con 616 días) o incluso, ya con menos carisma, Antonio Segni (1955-57), al frente entonces de un centrismo orgánico compuesto por DC, PSDI (Partido Socialista italiano), PLI (Liberales) y un apoyo externo. Italia irrumpe con fuerza para gobernar un terreno escurridizo e inexplorado, y que solo las próximas elecciones dirán hasta qué punto lo hizo con solvencia. Si el precipicio estaba alto o no, y si pudo amortiguar bien los lacerantes golpes.