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¿Qué tan diferente vemos el mundo según el idioma que hablamos?

En el mundo se hablan cerca de 7.000 idiomas distintos. ¿Significa eso que hay 7.000 formas diferentes de apreciar una misma cosa?

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

En algunos idiomas aborígenes de Australia no existen palabras para «izquierda», «derecha», «delante» o «detrás». En su lugar, los hablantes nativos de esas lenguas utilizan el equivalente a «norte», «sur», «este» y «oeste», incluso en situaciones rutinarias, como en una cena: «Por favor, pasa la sal al este».

Puede parecer complicado, pero resulta que estas personas, en general, tienen un mejor sentido de la orientación. ¿Quiere esto decir que la «realidad» se siente diferente de acuerdo al idioma que hablas?

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Nombrar un color

Sophie Scott, profesora de neurociencia cognitiva en el University College de Londres, dice que «la forma en que los idiomas dividen el mundo también influye en la forma en que lo vemos». Por ejemplo, la palabra «puente» puede ser masculina o femenina dependiendo de la lengua en que se hable. Como resultado, Scott explica que las personas pueden reconocer distintos atributos a la hora de describir un puente.

«Su utilidad o poder puede ser asociado más a lo femenino, mientras que su fortaleza y tamaño más vinculado a lo masculino», dice Scott.

Por poner otro ejemplo de cómo los idiomas afectan nuestro pensamiento, Athanasopoulous habla sobre un experimento que implica nombrar un color en alguna escala entre el azul y el verde. «En varias lenguas hay términos para nombrar conjuntamente al azul y verde. Esto se encuentra en idiomas como el himba, hablado por tribus en Namibia», dice.

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Encontrándole sentido al mundo

La idea de que los idiomas condicionan la forma en que percibimos la realidad ha experimentado altibajos en popularidad durante los años.

Pero existen formas en la que los idiomas fuerzan a sus hablantes a estructurar y verbalizar sus ideas, según Christopher Hart, profesor de lingüística en la Universidad de Lancaster en Reino Unido. «La estructura de un idioma fuerza nuestra atención sobre ciertos aspectos de la realidad relevantes para un idioma en el momento en que se habla», dijo.

Esta idea es llamada pensar-para-hablar, que significa que hablantes de diferentes idiomas piensan distinto, mientras preparan mentalmente el contenido del discurso.

Lera Boroditsky, profesora asociada de ciencia cognitiva en la Universidad de California en San Diego, lo muestra con este ejemplo, la oración Bush read Chomsky´s latest book» (Bush leyó el último libro de Chomsky).

El idioma inglés requiere usar el tiempo adecuado (en este caso, el pasado), mientras que en indonesio no hay que cambiar el verbo para señalar el tiempo.

En ruso, se cambiaría el verbo para indicar tanto el tiempo como el género (especificar si se trataba de George Bush o su esposa Laura la que leyó el libro) e incluir información sobre si el libro fue leído parcial o completamente.

En turco, se tendría que indicar en el verbo cómo se obtuvo esa información: si se presenció o si fue contada por una tercera persona.

Obviamente es posible que todos pensemos de la misma manera pero que lo hablemos de forma distinta.

Boroditsky afirma que va más allá de usar un vocabulario diferente. Los diferentes idiomas requieren que recolectemos la información adecuada para incluirla en lo que decimos.

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Visualizando el tiempo

Así que la próxima vez que hables con alguien que nació y se crió con un idioma diferente al tuyo, recuerda que las percepciones pueden ser ligeramente distintas, incluso si se trata de cosas que consideramos universales, como el paso del tiempo.

De hecho, los hablantes del inglés tienden a ver el tiempo como algo «por pasar» que sitúan «detrás». Mientras, los que hablan mandarín pueden situarlo al frente, atrás, encima o debajo.

A pesar de que muchos idiomas difieren, el profesor Athanasopoulos dice que esto no debe frenar que nos comuniquemos con personas de distinto origen.

«De hecho hay una muy buena otra razón para aprender un idioma… ganar otra perspectiva del mundo», explica.

El profesor reitera que, de hecho, nuestras diferencias pueden unirnos.

«La diversidad está en el corazón de la naturaleza humana y probablemente es la primera verdad universal de la humanidad», concluye el profesor.

*Esta nota fue adaptada de un video de BBC Ideas. Puedes ver el video original en inglés en este enlace.

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