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¿No duermes bien? Cinco recomendaciones para un sueño reconfortante

Haz notado que durante el confinamiento, ¿tu sueño no es igual de reparador o has tenido dificultades para dormir bien? No necesariamente se trate de insomnio, más bien, puedes estar experimentando dificultades para dormir asociados al estrés y a la ansiedad.

Por : Angela Potes

Son las 2 am y no te puedes dormir. Te has bebido la leche caliente, has apagado el televisor y el celular desde las 8pm, tomaste una ducha y te tomaste tu té de valeriana (de marca orgánica, por cierto) para relajarte. Aún así, no logras dormirte y constantemente te preocupas porque quieres levantarte fresco para esa reunión con tu equipo de trabajo a las 8am…

El ser humano es producto de su pensamiento. Es decir, si un pensamiento no te deja dormir, no dormirás.

Hemos de diferenciar el no dormir bien del insomnio, conocido como el trastorno de sueño más común en la población adulta (Morin et al., 2006). El insomnio ocurre como un resultado repetitivo de una incapacidad de dormir bien un tiempo prolongado, y es únicamente diagnosticado bajo criterios clínicos. Es interesante también recalcar que el insomnio y los trastornos de salud mental, como la depresión, también están relacionados (Alvaro et al.,2014)

Desde la perspectiva de la medicina mente y cuerpo, cuando hablamos de la incapacidad de dormir bien, nos referimos a la magna manifestación de una mente que no descansa y que al vivir en constante incertidumbre, manifiesta un efecto dañino en el cuerpo. En este contexto, el cuerpo te advierte (a través del insomnio como un sistema de alarma), que algo no anda bien, y que necesitas desconectarte. Si no te permites soltarte, si no “te dejas ir”, no podrás entrar en un sueño profundo. No importa si has seguido absolutamente todas las recomendaciones para inducir tu sueño, es bastante probable que en un estado de estrés elevado, aún no lo logres.

¿Entonces, qué hacer?

1- Comprende la relación entre la mente y el cuerpo

Cuando duermes, descansas y tu cuerpo se recarga. Cuando estás despierto, tu cuerpo, por naturaleza, está dirigido a movilizarse y a actuar. No tiene sentido entonces pedir a tu cuerpo que se desconecte y permanezca inmóvil cuando tu mente permanece activa. ¿Qué tanto pasa por tu mente? ¿Puedes identificar cómo  la asociación de tus pensamientos afectan la respuesta de tu cuerpo y de tus emociones?

2- Respira

Ya que lo has comprendido, vas a ayudarte con la herramienta de la respiración. A pesar de que sabemos que lo único que tenemos para permanecer vivos es el respirar, seguimos pasando por alto nuestra respiración. Cuenta del uno al diez y toma inhalaciones y exhalaciones conscientes. Rápidamente notarás el cambio a nivel corporal y verás como empiezas a relajarte.

3. Se compasivo con tus pensamientos

Observa lo que tus pensamientos dicen. Nota si estás entrando en una crítica hacia ti mismo (por no poder dormir, por ejemplo). Háblate mentalmente con un tono bondadoso y date palabras de apoyo, de aliento, y de seguridad. Llénate de emociones que transmitan tranquilidad.

4-Escucha tu cuerpo

El  cuerpo es perfecto y sabe exactamente como autoregularse. Cuando no es fácil conciliar el sueño, tu cuerpo (literalmente) enviará todos los mensajes necesarios para que caigas en cuenta que tus pensamientos te están jugando una mala pasada. Tal vez estás muy estresado por una situación laboral y ni te has dado cuenta. Confía plenamente en tu cuerpo, te está hablando, e inicia la búsqueda de una solución para que ayudes a tu cuerpo.

5. Acepta

Aceptar es no querer cambiar la situación, pero atravesarla desde una perspectiva compasiva y amorosa. Tal vez no puedes dormir por tres noches seguidas, pero honra tu proceso, tente paciencia, y reconoce que entre más trates de querer cambiarlo, más persistirá. A la final, sabes que tu cuerpo volverá a dormir (nada perdura para siempre), y sabes que en la aceptación está la clave para atravesar esos días en que te sientes mucho más cansado con paz y tranquilidad. Suelta el control y acepta.

Psicóloga y magíster en psiquiatría de la Universidad de McGill, Canadá. 

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