Coacción y hostilidad: más de cuatro millones de refugiados, forzados a volver a sus países de origen
Casi dos millones de afganos que huyeron de los talibanes han sido expulsados de sus países de acogida y forzados a volver al lugar del que escaparon. De la misma manera, más de 1,3 millones de sirios han sufrido un periplo similar, viéndose … obligados a retornar a su país.
La agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) denuncia, en su último informe anual ‘Tendencias Globales’, que estos retornos forzados se dan «bajo condiciones coercitivas y de extrema hostilidad en los países de acogida primarios». En datos cuantitativos, alrededor de 4,4 millones de refugiados se vieron forzados el año pasado a retornar a sus países de origen, un dato tres veces superior al de 2024, y el 90% de ellos se concentran en Afganistán, Siria y Sudán.
Afganistán se ha consolidado como uno de los casos más flagrantes de desplazamientos forzados. La constante fuga de sus habitantes, prolongada en el tiempo, se acentuó con la salida de Estados Unidos del país y la llegada de los talibanes a Kabul en 2021. En cambio, la tendencia ha sufrido un vuelco y ahora se ha incrementado el flujo inverso, especialmente a raíz de la expulsión de afganos desde Irán y Pakistán. Acnur asegura que este flujo de retorno ha estado impulsado por «políticas de seguridad nacional» de Teherán e Islamabad cuyo objetivo, según la ONU, era la «expulsión sistemática de poblaciones indocumentadas y documentadas».
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Ivannia Salazar
Por su parte, Pakistán impulsó el ‘Plan de Repatriación de Extranjeros Ilegales’ para expulsar a los refugiados afganos mediante «redadas domiciliarias nocturnas sin órdenes judiciales, demoliciones de campamentos, extorsión y retención de activos financieros» que se ha sentenciado con un millón de expulsados. Por eso mismo, Acnur denuncia que «estas operaciones provocaron separaciones familiares severas y la deportación de menores no acompañados hacia Afganistán».
En la misma línea, la República Islámica de Irán optó por seguir el ejemplo de su país vecino e impuso un programa similar, con restricciones masivas a la residencia y al empleo, además de cometer detenciones arbitrarias y «permitir la expiración automática de documentos censales», lo que ha provocado la expulsión de casi dos millones de personas, –1,4 de ellas estaban registradas como refugiados–.
Europa sigue la misma estela: Alemania también optó por negociar con los talibanes la deportación de refugiados afganos, a pesar de que el Ejecutivo teutón no reconoce al grupo terrorista como Gobierno legítimo, por lo que carece de interlocutor institucional para negociar las deportaciones.
El plano sirio
La caída del dictador Bashar al Assad en Siria y la posterior ascensión del presunto Gobierno interino del también presunto exyihadista Ahmed al Sharaa ha impulsado el regreso de un millón de sirios, siendo Turquía, Líbano y Jordania los principales países desde los que han vuelto. A pesar de que una mayoría muy significativa de los sirios en países de la UE han manifestado su intención de volver, rechazaron en un grado similar retornar el año pasado ya que señalan la «falta de garantías de seguridad y servicios básicos» como argumentos de peso para no emprender la travesía inversa.
Apoyados en el cambio de régimen, el mismo Donald Trump recibió en la Casa Blanca a Al Sharaa como un jefe de Estado más. También el canciller alemán, Friedrich Merz, optó por «suspender la tramitación de solicitudes de asilo de ciudadanos sirios» y pactar con el exyihadista el retorno del «80% del aproximadamente millón de sirios residentes en Alemania en un plazo de tres años».
Inestabilidad y desplazamientos
La reanudación de los conflictos en Oriente Próximo ha incrementado la inestabilidad en una región ya complicada y «ha generado nuevas olas de desplazamiento agudo». Las ofensivas israelíes sobre el Líbano –y las continuas órdenes de evacuación– provocaron al menos un millón de desplazados internos a finales de marzo según reza el informe de Acnur. Igualmente, más de 3,2 millones de iraníes fueron desplazados temporalmente dentro del país a raíz de los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos.
En otros focos de conflicto la situación no es muy diferente. La guerra de Sudán se ha ensañado especialmente con la población, forzando más de nueve millones de desplazamientos internos en 2025. También en la República Democrática del Congo, casi seis millones de habitantes se han visto obligados a abandonar sus hogares en busca de un lugar más seguro, según cifras de Acnur. Este es un caso paradigmático, pues a pesar de su inestabilidad interna, el país alberga a más de 500.000 refugiados extranjeros.
«La ayuda humanitaria salva vidas, pero no puede ser el destino final»
Barham Salih
Alto comisionado de la ONU para los refugiados
El alto comisionado de la ONU para los refugiados, Barham Salih, ha avisado en la presentación del documento que «para demasiadas personas refugiadas, el desplazamiento comienza como una tabla de salvación, pero acaba prolongándose toda una vida». Y sentencia: «La ayuda humanitaria salva vidas, pero no puede ser el destino final ni permite a los refugiados tomar las riendas de su futuro. Necesitamos un cambio de paradigma que abra nuevas oportunidades y devuelva la esperanza a quienes huyen de la guerra y la persecución».

