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Leocenis García: «No se puede hacer la transición desde la oposición, se hace desde el poder»

Desde 2008, el opositor venezolano Leocenis García ha sido detenido en nueve ocasiones y ha acumulado cerca de seis años de confinamiento en distintas prisiones durante los mandatos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro –incluyendo 86 días de huelga de hambre–. Tras año y … medio en el Rodeo I, una cárcel tristemente conocida por las condiciones infrahumanas que padecen sus reclusos, García ha recuperado la plena libertad, beneficiado por la Ley de Amnistía y tras mediaciones de José Luis Rodríguez Zapatero y del estadounidense Roger Carstens con el Gobierno de Delcy Rodríguez. ABC conversa con él a su paso por Madrid para conocer su visión sobre el complejo escenario político en Venezuela.
—¿Qué país encontró al salir de prisión tras casi dos años de encierro?

—Encontré un espíritu general de prudencia y resiliencia. Veo a una población, y este es el gran peligro para nosotros los políticos, que es mucho más madura que su dirigencia. Mientras la clase política brama y grita, el país está tranquilo, ordenado y con un optimismo contenido. La prioridad absoluta de la gente es la urgencia económica, estabilizarse y normalizar lo que ya es la realidad en la calle: una economía dolarizada. Lo dicen las encuestas más serias, como la presentada recientemente por Mark Feierstein en Washington. La gente quiere resolver su economía, no está pidiendo elecciones de forma desesperada. [Según el estudio citado, los venezolanos priorizan la economía frente a la consolidación democrática en una proporción de 8 a 1. Sin embargo, dos tercios de los encuestados mantienen su deseo de celebrar elecciones este mismo año].

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Entrevista

Andrés Gerlotti Slusnys

—¿Esa «tranquilidad» no es una consecuencia directa del miedo y el trauma por la represión que se desató tras el fraude?
—En Venezuela no hay miedo hoy día, hay escepticismo. La gente critica al Gobierno abiertamente en espacios públicos y privados. El tema es que las redes sociales superan a la realidad y generan una falsa imagen. Si te guías por internet, crees que el país entero clama por la caída de Delcy Rodríguez. Pero si vas a Las Mercedes o Altamira [zonas de clase media-alta de Caracas] o a los barrios, ves que Venezuela está en calma, esperando soluciones reales. Hemos empezado con una amnistía política, pero debemos avanzar hacia una amnistía económica para que la empresa privada pueda funcionar. Esta última etapa de transición, presidida por Delcy Rodríguez, debe terminar en democracia: y la democracia significa alternancia y pluralidad. Hoy, tanto en el chavismo como en la oposición, operamos bajo el catecismo estalinista del líder único.
—Cuando habla de esa «calma», asume que la gente no clama por la destitución de Delcy Rodríguez. Pero en diciembre, bajo el mando de Maduro, también se veía ese intento ciudadano de llevar una vida normal, y eso no quitaba que la inmensa mayoría quisiera que abandonara el poder…
—Yo no soy psiquiatra, y tampoco puedo hablar de ese país que usted vio porque yo estaba en una cárcel, aislado y sin acceso a noticias. Le hablo del país que me encontré al salir. Yo vengo del mundo empresarial y de los medios de comunicación; yo tenía el grupo editorial 6to Poder, que me expropió Maduro. Para mí es muy fácil hablar con los factores reales de poder: el sector financiero –que es el único sector privado que sobrevive–, los gremios, las universidades y los militares. En ellos veo un ambiente de reposo. Quieren ir hacia la democracia, pero saben que no podemos saltar de la situación de facto de Maduro a otro extremismo. La realidad es que el nuevo ministro de Defensa ha dejado claro que la doctrina militar es nacionalista y chavista. Para garantizar la estabilidad, no puedes apartar la mirada de la Fuerza Armada Nacional. No se puede hacer una transición desde la oposición, se hace desde el poder. La transición ya empezó y la preside Delcy Rodríguez. Nuestro papel es ayudar a que tenga éxito.
—¿Confía en que el chavismo se desmantele a sí mismo para que se concrete esa transición?
—El chavismo tiene hoy alas de derecha y de izquierda, y se preparan para el futuro. Para lograr la alternancia necesitamos reformar la Constitución de 1999 [modificada por Hugo Chávez]. Hay que eliminar la reelección presidencial indefinida, recortar el periodo de mandato, blindar el respeto a la propiedad privada y definir claramente que nuestro modelo es una economía social de libre mercado, abandonando este andamiaje socialista. Eso sí, somos el reservorio petrolero más importante de Occidente, no podemos hablar frívolamente de privatizarlo todo; el Estado debe mantener una concepción social estratégica.
—¿Cree que habrá elecciones a corto plazo?
—No. Habrá una transición construida y colegiada, que requiere un gran pacto nacional con la Iglesia, los empresarios, los trabajadores y la comunidad internacional. Cuando bajen los aplausos y la emoción, la gente no elegirá al que grite más, sino a una figura de consenso respaldada por los factores de poder reales.
—Usted valora a Zapatero porque medió en su liberación. Pero es íntimo de la cúpula represiva, su entorno está salpicado de corrupción y ha avalado fraudes electorales. ¿Cómo puede verlo como parte de la solución y no del problema?
—Soy pragmático: para Europa y Estados Unidos, Zapatero es un mal necesario. Quienes ostentan el poder en Venezuela solo confían en él como actor internacional de la izquierda. Si quieres lograr la transición y que la dictadura no se eternice, lo necesitas. De hecho, tras los comicios donde ganó Edmundo González, Zapatero jamás dijo que hubiese ganado Nicolás Maduro.
—Tampoco dijo lo contrario.
—Porque la diplomacia es prudencia y tragar grueso. Una cosa es hacer activismo político, que solo masajea el ego, y otra es hacer política. Yo opté por callar las graves torturas que sufrí en Rodeo I porque quiero ser un factor de unidad y respaldar la estabilidad democrática del actual Gobierno de transición. El problema de la oposición es que llevamos 25 años sin gobernar, y aun así queremos darle lecciones a figuras que saben lo que es el poder. Y le envío un mensaje a mis amigos del Partido Popular en España: están cometiendo el error histórico de apoyar el activismo en lugar de la política.
—¿Cuál es su relación con María Corina Machado?
—Lo único que diré es que, como premio Nobel de la Paz, ella tiene ahora la gran oportunidad de contribuir a la concordia, aunque lamento que no vaya a tener protagonismo interno en los próximos años. Hablé con ella hace cuatro años y le advertí: «El problema no es electoral, es de confianza militar. Mientras digas que la Fuerza Armada son unos narcotraficantes, jamás llegaremos al poder».

«La oposición venezolana padece de infantilismo político; un líder que no puede hablar con su adversario es un fracasado»

—¿Qué autocrítica hace a la oposición?
—Padecemos de infantilismo político. No puede ser que Donald Trump bromee con que Venezuela será el estado 51 de EE.UU. y la clase política opositora se ría y calle en lugar de responderle que eso es inaceptable. Le cuento un secreto: a finales de 2023, el embajador James Story me pidió ir a Boston a ver al asesor de una importante dirigente opositora. Le advertí que, aunque ganara Edmundo González, sin una gramática que los militares aceptaran, no habría éxito. Ese señor nunca me entendió. El chavismo lleva 25 años gobernando; nosotros llevamos años haciendo activismo. Un líder opositor que no puede hablar con su adversario es un fracasado.
—Hace seis años aseguraba que no respetaba a Delcy Rodríguez. ¿Sigue pensando así?
—La gente cambia de opinión. Hoy reconozco a una mujer académicamente formada, que es fría, pragmática y sabe leer los tiempos. La respeto como adversaria. Según la línea sucesoria y los dictámenes tras la salida de Maduro, a ella le corresponde terminar el mandato, y nosotros respaldamos esa estabilidad. A cambio, le exigimos que respete a quienes estamos contribuyendo a esta transición, que libere al resto de presos políticos y escuche nuestras urgencias económicas.
—¿Cómo visualiza el fin de esta etapa que lidera Delcy Rodríguez?
—La política es cambiante, no tengo el catalejo de un almirante ni soy adivino. Pero la lógica indica que, por el apoyo que tiene de la Fuerza Armada Nacional, por su entendimiento con Estados Unidos y por el ambiente de amnistía que promueve, ella va a terminar el mandato. El principal problema que tenemos todos –los que están en el Gobierno y quienes estamos en la oposición aspirando a llegar al poder– es el tiempo. Para salir de esto, existe una propuesta, apoyada por los expresidentes Ernesto Samper [Colombia], Martín Torrijos [Panamá] y José Luis Rodríguez Zapatero, que plantea una reforma constitucional para ir preparando el camino hacia unas elecciones competitivas y aceptadas por todos. Soy de las pocas voces que insiste en esta salida, porque no es verdad que vaya a haber elecciones en nueve meses, como dicen algunos sectores.
—¿Cuáles son sus próximos planes en este nuevo escenario?
—Contribuir a la transición. Voy a Washington a explicar que el viejo esquema de la tiranía se acabó. No podemos seguir con el disco rayado de repetir que Delcy Rodríguez es una criminal. Tenemos que discutir estabilidad y economía. El país no quiere más gritos; quiere certidumbre, que la economía funcione y que la gente valga mucho y los políticos valgan poco. Que a la gente le importe muy poco todos los discursos que dan todos los días al presidente porque la economía marcha bien, porque las sociedades tienen seguridad.

El mito de Mythos

Hay algo deliciosamente irónico en que una inteligencia artificial se llame Mythos y que no la podamos tocar ni con un palo, como los dioses antiguos, omnipotente, invisible y con un departamento de comunicación bastante eficaz. El nombre escogido viene de mythos, ese relato griego que no tenía por qué ser verdad, pero que sonaba lo suficientemente bien como para colarse en la cabeza de la gente y convertirse en creencia. Y aquí estamos, veintimuchos siglos después, escuchando un relato bastante parecido: Anthropic ha creado una IA tan lista, tan brillante, tan peligrosamente eficaz que ha decidido no sacarla al mercado, porque podría encontrar fallos en sistemas críticos y explotarlos, vamos, que no es que rompa cosas, es que sabe exactamente dónde apretar.Hasta aquí, la historia tiene todos los ingredientes de tragedia griega: poder desmedido, peligro latente, prudencia heroica; solo falta una banda sonora épica y Nolan explicando las necesidades metafísicas de hacer la película. Pero conviene detenerse un segundo, porque no estamos hablando sólo de tecnología, estamos hablando de narrativa y de cómo se cuenta la tecnología, y Mythos, más que un producto, es un argumento, la IA que no puedes usar porque es demasiado buena, la máquina que, por responsabilidad, se queda en el cajón, la empresa que, en mitad de la carrera armamentística digital, levanta la mano y dice hasta aquí.Si nos ponemos clásicos ya sabemos cómo acaban estas cosas, alguien termina abriendo la caja y entonces sí que se acaba el mito y empieza el problemaUno casi se imagina a los ingenieros mirándose entre ellos con gesto solemne, diciendo que han ido demasiado lejos y apagando el interruptor, la imagen de Schwarzenegger diciendo adiós con la mano mecánica porque skynet nunca va a existir gracias a estos anónimos héroes, pero también hay una lectura menos épica y más terrenal. ¿Que pasa si este relato no habla tanto de lo que Mythos hace como de lo que quieren que creas que hace? Porque, seamos sinceros, pocas cosas generan más fascinación que lo prohibido, inaccesible, o “demasiado peligroso para el público general”, que es una frase que siempre funciona de maravilla, el truco es antiguo, se usa desde las tragedias griegas: no hace falta enseñar al monstruo si consigues que todo el mundo se lo imagine.Y mientras tanto nosotros encantados, porque Mythos encaja perfectamente en el momento cultural, desconfiamos de la tecnología pero no podemos dejar de usarla, nos inquieta pero nos seduce, nos promete soluciones y nos vende problemas nuevos a estrenar, eso sí, con una diferencia importante respecto a los mitos clásicos, antes al menos sabíamos que eran mitos, ahora el relato viene envuelto en titulares bastante serios, y eso le da un aire de verdad que cuesta discutir, aunque en el fondo siga siendo una historia bien contada.No se trata de decir que Mythos no exista o que todo sea humo, el punto es otro, entender que también estamos consumiendo un relato sobre esa tecnología, uno que mezcla realidad, prudencia, estrategia y un poquito de espectáculo, porque en el fondo Mythos no es sólo una inteligencia artificial, es una historia sobre una inteligencia artificial, y como toda buena historia funciona porque queremos creerla, aunque si nos ponemos clásicos ya sabemos cómo acaban estas cosas, alguien termina abriendo la caja y entonces sí que se acaba el mito y empieza el problema.

Trump anuncia un alto el fuego entre Israel y el Líbano de diez días

Uno de los grandes frentes de la guerra de Irán se destensa: Donald Trump ha anunciado este jueves que Israel y el Líbano han acordado un alto el fuego de diez días que comenzará en la medianoche del jueves al viernes.«Acabo de mantener … conversaciones excelentes con el muy respetado presidente Joseph Aoun, del Líbano, y con el primer ministro israelí Bibi Netanyahu», comunicó el presidente de EE.UU. en su red social. «Estos dos líderes han acordado que para llegar a la paz entre sus países, comenzarán de manera formal un alto el fuego de diez días a las cinco de la tarde de la costa este de EE.UU. (medianoche en Oriente Próximo)».

El multimillonario neoyorquino añadió que ha instruido a su vicepresidente, J. D. Vance; a su secretario de Estado, Marco Rubio; y al jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, que «trabajen con Israel y el Líbano para conseguir una paz duradera».
En su mensaje, sin embargo, no hay ninguna mención al principal factor de la guerra entre los dos países: Hizbolá, la guerrilla terrorista apoyada por Irán, que controla buena parte del Líbano. Después, ante la prensa, Trump se mostró confiado en que la milicia respetará el alto el fuego: «Creo que lo harán», dijo, y aseguró que será el Líbano quien «se ocupe» de ellos para lograrlo.

El alto el fuego se produce en medio de una intensificación de la mediación de Pakistán para que EE.UU. e Irán retomen las conversaciones directas que fracasaron el pasado fin de semana. El objetivo prioritario de Trump es que Teherán acepte renunciar a su programa nuclear. El multimillonario neoyorquino volvió a tirar este jueves de optimismo para asegurar que el acuerdo «está muy cerca» y defendió que quizá no haya que estirar la tregua de dos semanas que concluye el próximo miércoles.
El bloqueo del estrecho de Ormuz y la expansión de la guerra al Líbano son dos dificultades añadidas para lograr la paz. Los ataques israelíes han dejado más de 2.000 muertos hasta ahora en el Líbano y han forzado el desplazamiento de más de un millón de personas.

Décadas de guerra

Israel y el Líbano están técnicamente en guerra desde la misma creación del Estado judío en 1948. Su fundación fue respondida por sus vecinos con la primera guerra árabe-israelí y ha tenido fogonazos de campañas militares de forma sucesiva, las últimas tras los atentados de Hamás en Israel en octubre de 2023. Al ser preguntado por cuál es la diferencia esta vez para que haya paz duradera entre ambos países, Trump respondió: «Yo».
La reunión de Washington fue la primera conversación directa entre delegaciones de ambos países desde 1993, como Trump celebró en su mensaje. Pero el presidente de EE.UU. quería mucho más. En la víspera, anunció que los líderes de ambos países tendrían conversaciones directas este mismo jueves, lo que hizo pensar en una negociación entre Netanyahu y Aoun o el primer ministro libanés, Nawaf Salam.
Pero eso no ha ocurrido. Aoun mostró durante el jueves su negativa a hablar con Netanyahu mientras no hubiera un alto el fuego y todo apunta a que el cese de las hostilidades se ha logrado de forma indirecta.
Trump se implicó con fuerza en estos esfuerzos diplomáticos y descolgó el teléfono para hablar con Aoun. No consiguió la conversación directa, pero poco después de su mensaje publicó uno nuevo con un anuncio de futuro: «De forma adicional al último comunicado, voy a invitar al primer ministro de Israel, Bibi Netanyahu, y al presidente del Líbano, Joseph Aoun, a la Casa Blanca para las primeras conversaciones significativas entre Israel y el Líbano desde 1983», dijo en un posible referencia al acuerdo firmado el 17 de mayo de aquel año, con la intermediación de EE.UU. La cumbre podría ocurrir «en cuatro o cinco días», detalló el presidente después.

Reacción libanesa

«Doy la bienvenida al anuncio de un alto el fuego por parte del presidente Trump, una exigencia central del Líbano que hemos buscado desde el primer día de la guerra y nuestro principal objetivo en la reunión en Washington del martes», reaccionó el primer ministro Salam en redes sociales. «Al tiempo que felicito a todos los libaneses por este logro, rezo por los mártires que han caído, afirmo mi solidaridad con sus familias, con los heridos y con los ciudadanos forzados a huir de sus ciudades y pueblos».
El alto el fuego en el frente libanés era una de las exigencias planteadas por Irán desde el primer día de la tregua acordada con EE.UU. Israel se oponía de manera firme e intentó separar los dos frentes, pero finalmente Trump ordenó el cese temporal de las hostilidades. Washington presentó el alto el fuego como una muestra de confianza en el trabajo del Gobierno de Beirut, pero Teherán clamó victoria por este éxito y el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que un alto el fuego en el Líbano es «tan importante» como en Irán.

El alto el fuego en el frente libanés era una de las exigencias planteadas por Irán desde el primer día de la tregua acordada con EE.UU.

El llamado Eje de la Resistencia, formado por Hizbolá, las milicias chiíes de Irak y los hutíes de Yemen, ha resultado clave durante la guerra de 40 días para expandir el conflicto a nivel regional y los iraníes no podían abandonar al Partido de Dios. Una de las grandes incógnitas es saber si este alto el fuego será como el que entró en vigor en noviembre de 2024, que se quedó en papel mojado porque los israelíes no pararon de bombardear en ningún momento. Tampoco parece factible que la tregua llegue acompañada de la retirada del Ejército hebreo, que ocupa una amplia zona del sur y donde planea levantar al menos quince bases.

Los ataques continúan

La cuestión clave es si Israel y Hizbolá respetarán la tregua. Un diputado veterano asociado con la milicia proiraní, Hassan Fadlallá, aseguró a Reuters poco antes del anuncio de Trump que habían sido informados de la posibilidad de un alto el fuego por parte del embajador de Irán en Beirut. Al ser preguntado si Hizbolá respetará el cese temporal de hostilidades, Fadlallá aseguró que eso dependía de que Israel también lo hiciera.
En el Líbano, un país con sus facciones políticas fracturadas y donde Hizbolá tiene el mando ‘de facto’ en amplias zonas, la recepción de la tregua apunta a ser desigual. «Mientras persista la ocupación de nuestra tierra, el Líbano y su gente tienen el derecho de resistir por todos los medios», aseguraron fuentes de Hizbolá a Al Yasira.
Desde Israel, el anuncio de la tregua fue acogido con indignación por los sectores más derechistas del país: consideran que permitirá a Hizbolá tomar aire y rearmarse y hará más vulnerables a las comunidades cercanas a las frontera con el Líbano, las que más sufren los ataques de las milicias pro-iraníes.
Como ha ocurrido en anteriores altos el fuego, se esperaba que ambos bandos continuaran con ataques hasta la entrada en vigor de la tregua. Poco después del anuncio de Trump, la agencia nacional de noticias del Líbano informó de un ataque mortal israelí en el área de Zahrani, con al menos ocho civiles muertos y más de treinta heridos. Se trata de uno de los ataques más destructivos de los últimos días.

Bruselas se libra de Orbán, el hombre de Putin en Europa

El derecho de veto en política exterior, que exige unanimidad de todos los miembros de la UE en las decisiones, ha convertido a Viktor Orbán en un palo entre las ruedas europeas. Hungría no solo es el país que más ha utilizado el veto … en la negociación de los presupuestos comunitarios, sino que también ha vetado los fondos europeos para Ucrania, las sanciones contra Rusia, varias medidas migratorias e incluso la declaración de condena del fraude electoral de Nicolás Maduro en Venezuela.
Por un motivo u otro, Orbán siempre ha hecho el papel de hombre de Putin en el Consejo Europeo. El ultranacionalista húngaro ha designado a Bruselas y sus instituciones como su némesis y ha elaborado una narrativa política basada en poderes externos que pretenden dominar subrepticiamente a los húngaros.

Sin embargo, hubo un día en el que Orbán era el más europeísta del panorama político de Budapest y el más empeñado en hacer girar la brújula política húngara hacia Occidente. Su gran olfato para los cambios políticos y su capacidad de adaptación le han permitido sobrevivir incluso en los peores momentos.

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Rosalía Sánchez

Orbán comenzó a ganar perfil como miembro de la disidencia liberal anticomunista de finales de los años 80. Nacido en 1963 en Székesfehérvár y crecido en un entorno rural de clase trabajadora, con el que nunca ha perdido la conexión y en el que ha seguido hasta hoy ganando la partida política, presume de que en su casa no había ni agua corriente.
Fue uno de los pocos del pueblo que fue a la universidad. Estudió Derecho Budapest, donde se integró en círculos opositores al régimen comunista, y saltó a la escena pública el 16 de junio de 1989, con sólo 26 años, durante el funeral simbólico de Imre Nagy, líder de la revolución húngara de 1956. Decenas de miles de alemanes de la RDA huían ese verano a través de Hungría y estaba ya a punto de caer el Muro de Berlín. Orbán supo leer el devenir político y, ante cientos de miles de personas, pronunció un discurso que exigía elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas que consolidó su imagen audaz y anticomunista.
Fidesz (Alianza de Jóvenes Demócratas), el partido en cuya fundación participó, fue inicialmente liberal, secular y prooccidental. En los noventa, representaba la modernidad política frente a los restos del antiguo régimen. En 1989 disfrutó de una beca de la Fundación George Soros para estudiar en Oxford y fue como cachorro del liberalismo occidental como aprendió a hacer política y pudo llegar al poder. Pero después lideró una metamorfosis de la formación política, tras su primera etapa en el gobierno (1998–2002), transformándolo en un partido de derecha nacional-conservadora, que absorbió a formaciones menores en torno a una estructura altamente centralizada. Supo ver una Hungría que se sentía arrollada por los cambios y deseaba retroceder, de manera que reorientó sus principios hacia la protección de la identidad cultural y la soberanía frente a influencias externas, ya fueran económicas, políticas o migratorias. Fue ese cambio radical el que le permitió volver al poder en 2010.
Y, en cuanto estuvo de vuelta, comenzó a encargarse de no ser desalojado nunca más de la jefatura de gobierno a través de una profunda reconfiguración del Estado. Reformó la Constitución, reorganizó el sistema judicial, reforzó el control sobre los medios públicos y favoreció la creación de conglomerados mediáticos afines. Durante la crisis migratoria, se convirtió en uno de los principales opositores a las cuotas de reubicación de refugiados. Su gobierno construyó vallas fronterizas y adoptó un discurso que vinculaba migración, seguridad y preservación cultural. En un célebre discurso de 2014, definió su proyecto como una «democracia iliberal», inspirándose en modelos como Turquía o Rusia, según análisis académicos ampliamente citados. Orbán ha centralizado poderes significativos en sus propias manos que, cuando su política estaba ya agotada, le han permitido ganar una vez más las elecciones.

Batería de recursos para aferrarse al poder

Cuando la corrupción había devorado ya buena parte de sus sistema y su retórica soberanista resultaba agotada para una nueva generación de húngaros mayoritariamente proeuropea, cuando la economía estancada y la debilidad interna amenazaban claramente con dar la victoria electoral al opositor Peter Magyar, surgido también del sustrato político de Fidesz, Orbán conservó un apoyo sólido en las zonas rurales, se apoyó en el miedo a una posible guerra contra Rusia y puso a funcionar su batería de recursos. Ha contado con el apoyo de empresarios cercanos al partido y que a su sobra han adquirido posiciones dominantes en sectores estratégicos, especialmente en medios de comunicación, construcción y energía. A esta red, a menudo descrita como el «ecosistema económico-político Orbán», pertenecen también las directivas de universidades, museos y centros culturales, orientados hacia una visión nacionalista de la historia y la identidad. Y, desde el exterior, ha contado tanto con el apoyo de Moscú y Pekín como de Washington, que le han proporcionado acuerdos energéticos y de inversión alternativos, cuando no abiertamente contrarios, a la política de alianzas estratégicas de la UE.
Orbán se ha convertido en referente para círculos conservadores en toda Europa, que ven en su modelo una alternativa al liberalismo occidental y una justificación a su propio estilo autoritario de hacer política. Ha contado muchas veces que su padre lo disciplinaba con dureza y que así desarrolló una regla vital que ha aplicado tanto desde la oposición como desde el gobierno: «Si me golpean una vez, yo golpeo dos».

Trump arremete contra el papa León XIV: «No quiero un papa que critique al presidente de EEUU»

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha arremetido contra el papa León XIV y ha dicho que es «terrible en política exterior» aludiendo a sus críticas sobre Irán y Venezuela, y le instó a «dejar de complacer a la izquierda radical».»El papa León es DÉBIL con el crimen y terrible en política exterior», ha escrito el mandatario en su red Truth Social, en un largo mensaje en el que le insta a «concentrarse en ser un gran papa, no un político», porque «está perjudicando a la Iglesia católica».»No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un papa que considere terrible que Estados Unidos haya atacado a Venezuela (…). Y no quiero un papa que critique al presidente de Estados Unidos cuando estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido», ha declarado.Asimismo, Trump ha sugerido que León XIV que fue elegido papa «porque era estadounidense, y pensaron que sería la mejor forma de lidiar» con el republicano, y le insta a «estar agradecido».»León debería ponerse las pilas como papa, usar el sentido común, dejar de complacer a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran papa, no un político», ha dicho el presidente, entre otras cosas.»Prefiero mucho más a su hermano Louis que a él, porque Louis es totalmente MAGA (Hacer Estados Unidos Grande de Nuevo, su lema de campaña). Él lo entiende, y León no», ha apostillado.En este casi primer año de pontificado, aunque siempre en tono muy cauto, León XIV ha denunciado algunos riesgos de la política global, ha lamentado guerras como la de Irán y ha instado a «garantizar la soberanía» de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.Ayer sábado, en el Vaticano, instó a los gobernantes del mundo a contener toda «exhibición de fuerza» y a «sentarse en mesas de diálogo y mediación», y aunque no mencionó casos concretos, ese mensaje coincidió con las negociaciones de EEUU e Irán en Pakistán.

Orbán reconoce su derrota electoral en Hungría: «El resultado es doloroso»

El aún primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, reconoció este domingo su derrota en las elecciones legislativas y felicitó por la victoria a su rival, el opositor conservador Péter Magyar.»Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos otorgado la responsabilidad de gobernar», dijo ante sus seguidores el mandatario magiar, cuyo partido Fisdez, obtuvo solo 56 de 199 escaños, con el 60 % de los votos escrutados, frente a los 136 de Tisza, la formación de Magyar.Aún así, el líder populista, en Gobierno desde 2010 con una mayoría parlamentaria de más de dos tercios, prometió servir la patria desde la oposición.»¡No nos rendimos! ¡Nunca, jamás nos daremos por vencidos!», exclamó Orbán en su breve discurso ante sus seguidores en Budapest.Orbán ha advertido de que «no sabemos lo que significa el resultado de las elecciones de esta noche para el destino de nuestro país y de la nación». «El tiempo lo dirá», pero ha prometido que trabajará desde la oposición para servir al país y a la nación.Además, Orbán ha felicitado a sus seguidores por su «duro trabajo» y por los 2,5 millones de votos conseguidos y ha abogado por «fortalecer nuestras comunidades».