Daniel Taub, exembajador de Israel en Londres y experto en derecho internacional, ha visitado Madrid en el marco de las crecientes tensiones en Oriente Medio y las recientes acusaciones formuladas contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Taub, que es abogado … internacional y director de estrategia del brazo judío (Hanadiv) de la Fundación Rotschild, defiende el papel de su país en el conflicto en la región, analiza el rol de España y el futuro con la llegada de la Administración Trump.
Sudáfrica ha acusado a Israel de genocidio ante la CIJ. ¿Cuál es su posición legal sobre esta acusación?
Es fundamental distinguir entre dos planos. En un conflicto militar como el que afrontamos, existen dilemas legales complejos, especialmente cuando el ‘modus operandi’ de organizaciones terroristas como Hamás consiste en crear deliberadamente esos dilemas: utilizar a civiles como escudos humanos, esconderse en hospitales y zonas densamente pobladas, etc. Es inevitable que surjan cuestiones legales muy delicadas. Puede que no siempre actuemos correctamente, y cuando eso ocurre, debemos investigarnos a nosotros mismos. Ahora bien, la acusación de genocidio es una perversión del derecho internacional. Es revelador observar que algunos países ya acusaban a Israel de genocidio el 8 de octubre, es decir, un día después de la masacre de Hamás y antes de cualquier respuesta militar.
¿Qué hechos considera usted relevantes para desmontar esta acusación?
Por ejemplo, antes del 7 de octubre, Israel permitía que unos 20.000 palestinos de Gaza entraran a trabajar cada día. Varios de los israelíes asesinados eran personas que ayudaban a palestinos a recibir atención médica en Israel. Además, desde que Israel tomó el control de Gaza en 1967, la población allí se ha multiplicado por cinco. Difícilmente puede hablarse de un genocidio si la población objetivo crece de forma tan exponencial. Si lo de Gaza fuera un genocidio, sería el menos exitoso de la historia. Incluso Irlanda, que apoya la causa palestina, solicitó a la CIJ redefinir el concepto de genocidio. Esto muestra que saben que su caso es muy débil en términos jurídicos. Hamás, en cambio, declara abiertamente que su objetivo es eliminar, no ya solo a todos los israelíes, sino a todos los judíos.
¿Qué opinión le merece la declaración de Sira Rego, ministra de Infancia de España, quien calificó a los ataques del 7 de octubre como «resistencia legítima»?
Me parece escandaloso. Considerar la masacre de civiles, mujeres, niños y ancianos como resistencia legítima es una ofensa, no solo contra las víctimas, sino también contra el propio pueblo palestino. No se les ayuda bajando los estándares morales hasta el punto de justificar actos terroristas. Ayudarles sería apoyar la construcción de un Estado responsable, no eximirlos de toda responsabilidad.
Usted ha trabajado como jurista asesor del Gobierno de Israel. ¿Cómo funciona el sistema legal en el Ejército israelí para evitar crímenes de guerra? ¿Es cierto que disparan con un abogado?
Hay cuatro niveles en los que interviene el sistema legal militar. Primero, todos los oficiales reciben formación en derecho internacional humanitario. Segundo, en la planificación de los ataques, los abogados evalúan qué objetivos son válidos, qué armamento, etc. Tercero, durante los combates, los juristas están disponibles, pero no pueden intervenir en cada decisión del comandante en el terreno porque no puedes enviar a las tropas con un abogado a cuestas. En un conflicto a gran escala siempre se dan situaciones impredecibles y hay personas que no siempre se comportan de la manera en que se espera de ellas. Y, por último, hay mecanismos de investigación interna si se sospecha que ha habido errores o abusos. Este proceso contrasta con Hamás, que investiga por qué no mataron a más israelíes o no causaron más víctimas palestinas para alimentar su narrativa internacional.
¿Cuál cree usted que fue el principal error de Israel?
El fallo más grave fue de inteligencia. Pensamos que los acuerdos humanitarios, la barrera física y nuestros sistemas de defensa impedían un ataque de esta magnitud. Fue una trágica subestimación.
En realidad, le quería preguntar por los errores que pudieran lamentar en la operación posterior.
No tengo toda la información para responder, pero para la población resultó especialmente doloroso que el Ejército disparara sobre rehenes creyendo que eran terroristas de Hamás.
Israel suele denunciar que el número de víctimas gazatíes en el conflicto no es real y que son informaciones interesadas por Hamás. ¿Cuál es, por lo tanto, el número de bajas que asumen?
Es muy difícil de saber. Hamás no solo impide que los civiles sean evacuados, sino que en ocasiones dispara contra quienes intentan huir. Además, hasta una quinta parte de sus cohetes caen dentro de Gaza. Un caso notable fue el del hospital Al Ahli: se culpó a Israel, pero quedó demostrado que fue un misil fallido de Hamás. A los minutos dijeron la cifra de muertos, cosa que no es posible. Se tardan días en conocerlo. Sus cifras son poco fiables: no distinguen entre civiles y combatientes, y no reconocen a sus propios milicianos como tales, ni a los niños soldados que emplean.
Hamás parece haber buscado otra guerra no solo para atacar, sino para desencadenar un ataque, un martirio que jugará aún más a su favor en la opinión pública internacional, como así ha sucedido. ¿Israel ha caído en esa trampa?
Es un desafío complejo. Israel debe enviar dos mensajes contradictorios: uno de fortaleza a sus enemigos regionales y otro de vulnerabilidad a las democracias occidentales. Hamás quería provocar una reacción fuerte, con muchas víctimas, para alimentar una narrativa internacional. Desde ese punto de vista, lograron su objetivo parcialmente. También pretendían desencadenar una respuesta de los aliados iraníes en la región y encerrar a Israel en un anillo de fuego. Eso no se produjo y los terroristas están decepcionados con la reacción de Hizbolá. Hamás calculó mal.
El diplomático israelí es abogado internacional y director de estrategia del brazo judío (Hanadiv) de la Fundación Rotschild
TANIA SIEIRA
«Israel debe enviar dos mensajes contradictorios: uno de fortaleza a sus enemigos regionales y otro de vulnerabilidad a las democracias occidentales»
¿Qué piensa del supuesto plan del presidente Trump de trasladar palestinos de Gaza a terceros países?
Ese plan, si es que se puede llamar así, ha sido malinterpretado. No hablaba de traslado forzoso, sino de facilitar salidas voluntarias con incentivos. No creo que vaya a ocurrir a gran escala, pero sí ha servido como catalizador para que países árabes, especialmente Egipto, piensen en su rol futuro en Gaza. Antes evitaban involucrarse; ahora proponen alternativas.
¿Ve alguna posibilidad de que los sectores más radicales de la Knesset (Parlamento) acepten cesar la operación militar en Gaza?
El giro a la derecha en Israel es más un reflejo del sentir ciudadano que una causa en sí. El campo de la paz ha sido golpeado duramente. Muchos de los asesinados el 7 de octubre eran activistas por la paz, personas que hablaban árabe, que creían en la convivencia. Será muy difícil reconstruir esa esperanza.
Sobre España, ¿cómo interpreta usted la actitud del Gobierno hacia Israel?
Entiendo que los gobiernos tienen agendas internas, alianzas y otros factores. Pero diría que, si el Gobierno de España de verdad quiere ayudar al pueblo palestino, debería adoptar posturas que lo acerquen a un futuro mejor. Décadas de resoluciones en la ONU y campañas contra Israel no les han acercado a sus objetivos. España, como anfitriona de la Conferencia de Madrid, debería promover ese camino, no los atajos simbólicos.
Por último, ¿cree usted que una nueva Administración Trump pondría fin al conflicto o a la guerra?
No haré predicciones. En política, cinco minutos pueden cambiarlo todo. Pero hay que reconocer que la anterior administración logró avances inéditos, como los Acuerdos de Abraham. También ahora se han logrado liberaciones de rehenes bajo ciertas condiciones. Es evidente que Trump tiene capacidad de lograr resultados que otros no han conseguido.