Cucarachas y medusas
Más allá de las consecuencias en la Bolsa de la penúltima rueda de prensa del presidente Trump sobre la guerra en Irán, lo que es indiscutible es que la incertidumbre económica se ha instalado en el mundo. La inflación ha repuntado desde el ataque americano-israelí del 28 de febrero; los economistas sabemos de la inelasticidad de los precios y cómo una vez que suben es muy difícil que baje rápidamente y es que como el colesterol que se pega a las arterias, en este caso hacen los mismo las alzas del IPC a la actividad económica.Los analistas han apostado por subidas de los tipos de interés en Europa a medio plazo, de cara a luchar contra este auge de los precios. Pero serán leves las actualizaciones por parte del BCE ya que el riesgo de estanflación, es decir precios desbocados y crecimientos rácanos de la producción, aconsejan no matar ese crecimiento con una política monetaria restrictiva. Estados Unidos en cambio dispondrá de un margen mayor para seguir manteniendo el precio del dinero inalterable debido a la mayor fortaleza del crecimiento de su PIB, por lo menos mientras la inflación no se inocule en el torrente circulatorio de su economía.En cualquier caso, con tipos al alza o congelados, la financiación se va a encarecer. Se da una tormenta perfecta para que se lesione el crédito empresarial. En primer lugar, la susodicha guerra en Irán con el estrangulamiento de la oferta de combustibles fósiles ha elevado los precios. Este shock ha encarecido también la financiación porque se está redirigiendo la liquidez por parte de los bancos centrales, reduciendo la oferta monetaria, con lo que hay menos dinero en el mercado porque el grifo se ha cerrado. De modo y manera que eso se está notando en las líneas de descuento comercial que están subiendo puesto que los bancos son más selectivos y cobran más por adelantar ese dinero a las empresas. También en el coste de las líneas de crédito que están subiendo ya que los bancos aplican diferenciales más altos (aunque el tipo base no suba, el «riesgo» que percibe el banco es mayor, por lo que la empresa acaba pagando más). Y en general las entidades financieras están en un proceso imparable de endurecimiento de las condiciones de acceso a la financiación pidiendo más garantías y analizando con lupa la solvencia, lo que en la práctica supone una «subida invisible» del coste financiero empresarial. A este hecho coyuntural se une la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) que está drenando recursos financieros hacia las empresas intensivas en IA que necesitan financiar sus centros de datos e inversiones intensivas en la reconversión de sus modelos de negocios. Un cúmulo de desgracias que coinciden en el tiempo y que han de tener en cuenta las pymes españolas.Por eso la metáfora de las cucarachas y las medusas ha vuelto a la actualidad. En apenas unas semanas dos directivos bancarios, El CEO de JP Morgan y la presidenta del Banco Santander han hablado de estos bichos. Las empresas «cucaracha» se definen por un modelo de negocio orientado a la supervivencia extrema. Disponen de un balance poco atractivo, pero con endeudamiento nulo o muy bajo. Su fortaleza reside en la capacidad de operar sin depender de los mercados de crédito. Cuando ocurre un shock de liquidez, su estructura «dura» y austera le permite ser el único organismo que sobrevive al colapso del ecosistema crediticio. En cambio, las empresas «medusa» actúan como ese animal con su luz y movimientos hipnóticos y generan una atracción irresistible con valoraciones altas y disponiendo de abundante capital. Pero su cuerpo es un 95% «agua» (deuda) y mientras el entorno es favorable, flotan y brillan, pero ante una subida de tipos de interés o una restricción del crédito, pierden su forma y mueren por su incapacidad de sostenerse sin el flujo constante de financiación externa. Informes recientes sobre el mercado de crédito privado advierten que nos encontramos en un cambio de ciclo donde las «medusas» (empresas sobre apalancadas) morirán con el fin del dinero barato. De ahí que los economistas han alertado de una plaga de medusas por el auge -en este cuarto de hora- de la banca en la sombra y la necesidad de buscar cucarachas (empresas resilientes) que sobrevivan al colapso de la financiación.Y la metáfora también aplica a las personas. Piensa en esos amigos, tan proclives a las redes sociales, con lujosos coches y vacaciones de ensueño, financiadas eso sí por una buena línea de crédito. Y ahora en esos otros ahorradores con sus austeras costumbres tan poco sexis para postear en internet.Empresa o particular, no es fácil tomar una decisión porque a priori es mejor optar por una sugerente medusa que por una repulsiva cucaracha. Pero es el endeudamiento la variable que determina si eres medusa o cucaracha, no la belleza. Si optaste en la bonanza por el atractivo de la medusa alimentada por el crédito barato lo pasarás mal, pero si elegiste la resistencia de la cucaracha y crecer con recursos propios, no te afectará la guerra en Irán. Si aún así tienes dudas piensa cuántas veces te ha picado una cucaracha y cuántas una medusa. Feas sí, pero seguras.
