Las nuevas sanciones golpean a Rusia cuando su economía empieza a ceder
Rusia ha llegado a la nueva ofensiva de sanciones de Estados Unidos con las refinerías bajo ataque, el déficit disparado y el precio del dinero todavía en el 14,25%. El Senado estadounidense prepara aranceles de hasta el 100% contra los principales compradores de energía rusa, una amenaza que coloca a China e India ante una elección que Moscú no puede controlar. El Kremlin necesita que estos países sigan comprando justo cuando cada barril vale menos para sus cuentas.La legislación todavía debe superar el Congreso, pero ya cuenta con más de 60 apoyos en el Senado. Su objetivo no es impedir directamente que Rusia extraiga petróleo. Washington pretende convertir cada compra china o india en un riesgo comercial para las empresas que venden después sus productos en Estados Unidos.Moscú encontró en Asia la salida que Europa cerró después de febrero de 2022. Los petroleros cambiaron de ruta, los pagos abandonaron el dólar y una flota de buques con propietarios opacos mantuvo abiertos los puertos rusos. China e India absorbieron más del 80% de las exportaciones marítimas de crudo.La nueva amenaza alcanza esa correa de transmisión. Un arancel del 100% puede resultar más caro para un exportador chino que el descuento obtenido al comprar petróleo ruso, incluso antes de calcular seguros, financiación y posibles sanciones secundarias.Refinerías heridasEl problema aparece en el peor momento para las refinerías de Rusia. Los drones ucranianos han obligado a Moscú a sacar más petróleo sin procesar por sus puertos occidentales. Las exportaciones de crudo crecieron un 15% en mayo y se acercaron a los tres millones de barriles diarios en junio, y no porque Rusia encontrara una demanda nueva, sino porque varias instalaciones dejaron de convertir esos barriles en gasolina, queroseno y diésel.El golpe también ha llegado a las gasolineras, puesto que Rusia prohibió las exportaciones de diésel después de que los embarques cayeran hasta 234.000 barriles diarios durante los primeros días de julio, frente a una media de 817.000 barriles en 2025. Los ataques redujeron también la producción interna y han provocado escasez, aumentos de precios y colas en algunas regiones.Caja de guerraEl déficit federal alcanzó 5,73 billones de rublos durante el primer semestre, equivalentes al 2,5% del PIB. El desfase superó en un 70% el registrado un año antes, después de que los gastos crecieran un 16,1% y los ingresos avanzaran apenas un 5,8%.El Gobierno ya calcula que los desembolsos de 2026 llegarán a los 45,11 billones de rublos, más de un billón por encima del presupuesto aprobado. Los ingresos siguen previstos en 40,28 billones, una cifra que depende de que el petróleo continúe fluyendo hacia Asia y de que sus compradores acepten el coste político de mantener las operaciones.El ministro de economía, Anton Siluanov, intenta contener el agujero sin disparar la emisión de deuda. El Ministerio de Finanzas ha preparado recortes de hasta el 10% en partidas consideradas no sensibles, entre ellas, carreteras y proyectos de construcción, mientras mantiene el gasto militar y los compromisos sociales.El problema de fondos es que menos inversión civil deja a las constructoras sin contratos, reduce la demanda de materiales y debilita unos sectores que hasta ahora habían resistido gracias al gasto público.Mientras tanto, Moscú ha recurrido a las entidades rusas para financiar empresas, refinanciar préstamos y mantener abiertas industrias afectadas por las sanciones. Sin embargo, esa intervención acumula nuevos riesgos en los balances cuando los tipos elevados encarecen el servicio de la deuda y la actividad pierde impulso.Un informe confidencial de los servicios de inteligencia de un Estado europeo, al que tuvo acceso Reuters, advirtió a comienzos de julio sobre la posibilidad de una crisis bancaria vinculada al esfuerzo de guerra.Con esas limitaciones, el Banco de Rusia apenas ha podido bajar los tipos de interés. La rebaja de 25 puntos en junio ha dejado la referencia en el 14,25%, por encima de lo esperado por parte del mercado, y el Gobierno ha cedido a la presión reduciendo su previsión de crecimiento para 2026 desde el 1,3% hasta el 0,4%. La cifra deja a Rusia cerca del estancamiento después de dos años en los que la fabricación de armamento, las primas militares y el gasto presupuestario habían sostenido el PIB.
