Warsh (Fed) avisa de que la inflación no está aún controlada y abre la puerta a las subidas de tipos
El presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, ya ha debutado en Jackson Hole. Lo ha hecho con un discurso en el que expresa su preocupación por el repunte de la inflación y deja la puerta abierta a una posible subida de los tipos de interés desde el rango del 3,5-3,75% en el que están anclados en el momento actual. «Aunque las cifras de PCE (el indicador de referencia) y de IPC de este verano fueron mejores de lo esperado, no me indican que las tendencias subyacentes hayan mejorado de forma significativa», ha comentado para añadir que «la tarea de los responsables de política económica consiste en captar la tendencia subyacente de la inflación, es decir, el cambio generalizado de los precios en la economía, descontando los factores idiosincrásicos». En este sentido, ha dicho que queda «trabajo por hacer» hasta tener la certeza de que la tasa subyacente -que excluye el precio de los alimentos y la energía- se mueve hacia su objetivo con «claridad» y a una «velocidad suficiente». «Ese es nuestro trabajo…nuestro mandato… y nuestra responsabilidad que debemos cumplir», ha indicado. Tras recordar que realiza este discurso en su día 100 en el cargo, en sustitución de Jerome Powell, el presidente del organismo ha remarcado que la Fed debe actuar con humildad y «nunca ingenua», porque «desempeña un papel esencial en la economía y los mercados», mensajes que van encaminados a apagar el cuestionamiento de su independencia como banco central. Warsh ha mostrado su predisposición a encaminar a la Fed hacia un banco central de perfil más discreto en sus comunicaciones, como ya avanzó hace unos meses. Entre las medidas estrella se encuentra la eliminación de las comunicaciones públicas de la denominada ‘orientación futura’ -forward guidance- que brindaba a los mercados una idea de las expectativas sobre los tipos de interés. «La transparencia en las comunicaciones sobre futuras decisiones no es una virtud por sí misma. Las comunicaciones deben estar al servicio de la responsabilidad primordial de la Fed: hacer bien la política monetaria», ha detallado. Así, recuerda que la citada práctica de orientación futura fue adoptada durante la crisis financiera global de 2008 como una herramienta «esencial» en aquel momento, pero al igual que ocurre en otros legados, «ha permanecido más tiempo del conveniente». «En tiempos normales, el papel de la orientación figura debería ser limitado y estar claramente acotado. De lo contrario, corre el riesgo de crear ambigüedad en nombre de la claridad. Compartir en exceso las deliberaciones y comprometerse demasiado con decisiones futuras puede llevar a los mercados, las empresas y los hogares por el camino equivocado», ha puntualizado. Warsh considera que para hacer política monetaria se debe «establecer correctamente la relación entre los mercados financieros y el banco central». «Es improbable que los participantes del mercado asuman los mayores costos del problema de la distorsión de la realidad. El daño más grave probablemente recaerá sobre quienes carecen de activos financieros. Si la Reserva Federal se equivoca con la inflación y evalúa erróneamente la economía, ¿quiénes serán los más perjudicados? No los magnates financieros. Los estadounidenses que trabajan arduamente serán quienes tengan que lidiar con una inflación excesiva o empleos que de repente parecen menos seguros», ha expuesto. De forma paralela, en su discurso también ha hecho referencias a la inteligencia artificial, que emerge como una nueva variable -potencialmente un nuevo factor de producción- que tendrá consecuencias tanto para la economía como para la conducción de la política monetaria. La Fed se reunirá a mediados de septiembre para dirimir sobre la tasa de referencia del dinero en un momento crítico para la economía estadounidense, pues el favorable comportamiento de la economía y la robustez del mercado laboral se topan con un incremento de precios por encima del deseado. Además, en pocas semanas Trump se juega el control del Congreso con las elecciones de medio mandato. En el último año había presionado a Jerome Powell para que bajase los tipos. El BCE apuesta por la tokenizaciónEl foro de Jackson Hole se celebra en un paraje idílico en las montañas de Wyoming y sirve para congregar a los principales gobernadores de los bancos centrales del mundo, aunque este año no han viajado ni el responsable del Banco de Japón, Kazuo Ueda, ni la líder del Banco Central Europeo (BCE). En su lugar lo ha hecho Isabel Schnabel, la representante alemana en el Comité Ejecutivo del organismo.Precisamente, en su intervención, ha apelado a la tokenización, que consiste en convertir un bono u otro activo en unidades digitales llamadas tokens, como una solución para abordar la fragmentación financiera en Europa, dado que los beneficios pueden ser «particularmente pronunciados» en la región. En concreto, ha destacado que esta tecnología podría mejorar la eficiencia del mercado, así como ayudar a superar la histórica fragmentación de las infraestructuras financieras. Pero para su despegue es necesario contar con un activo de liquidación seguro y escalable, ecuación en la que no entrarían las criptomonedas. «Lo ideal es que lo proporcionen los propios bancos centrales», ha añadido. Para Schnabel, un activo de liquidación debe ser seguro y contar con una oferta necesaria para su expansión automática si aumenta la liquidez. A este respecto, una criptomoneda podría ser segura, pero su emisor no tiene capacidad para expandir la liquidez en situaciones de tensión en los mercados de financiación. El BCE tiene previsto impulsar el proyecto Pontes a finales del tercer trimestre con el objetivo de liquidar transacciones mayoristas de activos tokenizados en dinero del banco central.
