La desconexión puntual entre el petróleo y las bolsas plantea dudas sobre el impacto del crudo
El petróleo ha llegado a superar en varios momentos los 110 dólares durante el conflicto en Irán, pero aun así las bolsas han conseguido aguantar el tipo. Ha habido sesiones en las que, pese a la presión del crudo, los principales índices lograron sostenerse e incluso cerrar en positivo, una anomalía suficiente como para abrir un debate en el mercado. Si el encarecimiento del crudo está dejando de tener el mismo impacto inmediato que tenía hasta hace no tanto.Durante marzo, de hecho, la relación había funcionado sin fisuras. Las subidas del crudo vinieron acompañadas de caídas bursátiles que en varios índices se movieron entre el 5% y el 10%, en línea con lo que suele ocurrir cuando la energía encarece el escenario macro.A comienzos del mes pasado, la correlación a 20 días entre el S&P 500 y el petróleo estadounidense rondaba el -0,813, una relación inversa muy intensa que encajaba con ese mismo esquema. Si el crudo encarece la energía, presiona la inflación y complica la política monetaria, la bolsa tiende a corregir. Con esa referencia todavía vigente, se han producido algunas excepciones.En Renta4 sitúan ese desacople en dos sesiones muy concretas. La primera fue la del martes 30 de marzo, cuando las bolsas repuntaron tras las palabras de Trump sobre una posible salida de Estados Unidos de Irán, mientras el petróleo tardó un día más en corregir y no cayó por debajo de los 100 dólares hasta el 1 de abril.La segunda llegó el jueves 2 de abril. Ese día el WTI se disparó un 12% hasta 112 dólares y el Brent subió un 8% hasta 109,2 dólares, pero Wall Street consiguió girarse y cerrar sin apenas daños, con leves avances en el S&P 500 y el Nasdaq.Ese tipo de desconexión no es del todo nuevo, aunque sí poco frecuente en el corto plazo. En otros momentos en los que el petróleo ha seguido subiendo pese a señales de enfriamiento económico, el origen no ha estado en la demanda, sino en la oferta.Es lo que ocurrió en los años 70 tras los shocks energéticos y lo que volvió a verse en episodios como 2001 y 2002, cuando el crudo se mantuvo tensionado mientras la economía global perdía tracción.En esos escenarios, el petróleo deja de actuar como reflejo del ciclo y pasa a condicionarlo. Puede subir incluso cuando la actividad se debilita, bien por restricciones de suministro, bien por tensiones geopolíticas que alteran los flujos de energía. Ese cambio de lógica es el que en otros momentos ha terminado generando un entorno más complejo, con crecimiento más débil y precios energéticos elevados. Algo de esa dinámica volvió a aparecer en 2022, cuando el crudo recuperó los 100 dólares en un contexto de subidas de tipos y creciente riesgo de recesión.¿Qué ha cambiado entonces?La diferencia entre entonces y ahora es que en el pasado el mercado interpretaba ese repunte del crudo como una amenaza más persistente para la actividad, mientras que en las últimas sesiones la reacción de la bolsa sugiere que parte de los inversores lo está tratando como un shock más transitorio y más ligado a factores de oferta que al ciclo.En ese contexto, empiezan a ganar más peso otras variables como los beneficios empresariales, las expectativas sobre tipos de interés y el ciclo tecnológico estadounidense.UBS, que ha rebajado su objetivo para el S&P 500 por el conflicto en Oriente Medio, redujo su previsión de cierre de 2026 a 7.500 puntos desde 7.700 y la de mitad de año a 7.000 desde 7.300. Aun así, la entidad mantuvo una visión favorable para la bolsa estadounidense apoyada en la evolución de los beneficios, en una Reserva Federal todavía relativamente favorable y en el impulso de la inteligencia artificial. El crudo sigue pesando, pero ya no ocupa por sí solo todo el centro del escenario.Ese desplazamiento de foco explica mejor por qué la renta variable ha resistido en algunos momentos con el petróleo todavía alto. Si el mercado considera que el shock energético no altera de forma duradera el crecimiento, o que su impacto puede ser absorbido por otros motores de mercado, la bolsa gana margen para no reaccionar de forma instantánea.Un petróleo caro sigue siendo un problema para la inflación, pero su efecto sobre la economía podría no ser tan lineal como en ciclos anteriores, según Renta 4. “Parte del mercado parece estar asumiendo que economías más diversificadas, mayor eficiencia energética y el avance de fuentes alternativas pueden amortiguar una parte del golpe”, explican.Eso no elimina, ni mucho menos, el riesgo macro. El economista de Wharton Jeremy Siegel, ha advertido que la guerra con Irán puede mantener al mercado atascado durante dos o tres meses por las presiones inflacionistas derivadas del petróleo.Jamie Dimon, por su parte, señala que el conflicto puede traducirse en más inflación y en tipos de interés más altos. La posibilidad de un escenario de menor crecimiento con inflación más resistente sigue abierta, y eso devuelve al crudo al centro del tablero cada vez que el mercado teme que la tensión geopolítica se alargue más de lo previsto.
